259. Aunque los entes que son y viven sean más perfectos que aquellos que sólo son, Dios, sin embargo, que no es otra cosa que su ser, es el ente universalmente perfecto. Y llamo universalmente perfecto a aquello a lo que no le falta ningún género de nobleza.
260. Efectivamente, a cualquier cosa le es propia toda nobleza según su propio ser: por ejemplo, el hombre no tendría ninguna nobleza por su propia sabiduría, si no fuera que por ella el hombre es sabio; y así sucede con las otras cosas. Así pues, según en qué medida la cosa tiene ser, así es la medida de su nobleza; ya que una cosa se dice que es más o menos noble, según que su ser se contrae a alguna medida especial, mayor o menor, de nobleza. Por tanto, si hay algo a lo que compete toda la virtud del ser, no le puede faltar ninguna nobleza que convenga a alguna cosa.
Ahora bien, a la cosa que es su propio ser, le compete ser según toda la potestad de su ser. Así, si existiera alguna blancura separada, nada le podría faltar de la virtud de la blancura. Ya que, a alguna cosa blanca le falta algo de la virtud de la blancura por defecto del recipiente de la blancura, el cual la recibe según su propia medida, y tal vez no según todo el poder de la blancura. Por tanto, Dios, que es su propio ser, como se ha probado más arriba, tiene el ser según toda la virtud del mismo ser. No puede, por tanto, faltarle ninguna nobleza que convenga a otra cosa.
261. Ahora bien, así como toda nobleza y perfección residen en la cosa en tanto que es, todo defecto reside en la cosa en tanto que de alguna manera no es. Pero Dios, así como tiene el ser totalmente, así se aparta totalmente de Él el no ser; porque en la medida en que algo tiene ser, se separa del no ser. De Dios, pues, todo defecto se aparta. En consecuencia, es universalmente perfecto.
262. Aquellas cosa, en cambio, que sólo son, no son imperfectas por una imperfección del ser absoluto mismo, ya que no tienen el ser según todo su poder, sino que lo participan en cierta medida particular y imperfectísima.
Para orientar el comentario de este texto, propongo aclarar si se deduce del texto que el ser es más perfecto que el vivir, a pesar de que se diga que el viviente es más perfecto que el ente que sólo es.
Aide Hidalgo ( 04 de Mayo de 2009) Venezuela Tenía miedo de continuar participando… bendito sea Dios. La clave es acudir más insistentemente a este conversatorio, para cambiar la visión sobre excesiva complejidad.
“Los entes que son y viven” en un orden maravilloso imitan la infinita belleza de Dios, Principio del ser y de la luz intelectual. “Los entes que son y viven” se van inclinando al Corazón del Verbo y el hombre que es más que “aquellos” frente el Acto en Persona “Cubrió el rostro porque tenía temor de Dios” (Ex 3, 4) Profesó temor ¡”Que temible es este lugar” !“Esto no es otra cosa sino la casa de Dios”! (Gn. 28, 17); Pequeñez “Si los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte” (R, 8, 26). Pobreza “No soy digno de desatarle la correa de la sandalia” (Jn 1, 27).
Desde el abismo de mi nada, los saludo con el Amor excelso, sublime y santo que reina en el Corazon de Cristo, Aide.
A mi me parece que de la primera frase del texto se deduce que vivir es más perfecto que sólo ser. Aunque habría que acotar que para el viviente, ser es vivir. Por eso me parece que el texto propuesto plantea esta otra cuestión interesante e importante: ¿cómo se define vivir usando la palabra “ser”? Lo que remite en última instancia a ¿qué es la vida?
Parece deducirse del texto que en cualquier viviente su esencia es su ser (en cierta medida, claro está). En Dios eso se daría de manera absoluta, mientras que en las criaturas vivientes se daría en forma relativa a los seres inertes o a los vivientes con menor organización.