Del ser como acto

Época II Año 7 Número 3 Mayo - Junio 2009
La lectio está cerrada. Ha comenzado la disputatio.

Verba Doctoris

Parece que no convenga a Dios ser perfecto.

3. [objeción] Se ha mostrado más arriba que la esencia de Dios es el ser mismo; pero el ser mismo parece ser imperfectísimo, ya que es comunísimo y receptor de todas las adiciones. Por tanto, Dios es imperfecto.

Respondo que hay que decir que, como narra el Filósofo en el libro XII de la Metafísica, algunos filósofos antiguos, a saber, los pitagóricos y Espeusipo, no atribuyeron al primer principio lo mejor y la máxima perfección. La razón de esto es que los filósofos antiguos consideraron únicamente el principio material, y el primer principio material es imperfectísimo. Ya que, siendo la materia, en cuanto tal, en potencia, es necesario que el primer principio material sea máximamente en potencia, y, así, máximamente imperfecto.

Pero Dios se pone como primer principio, no material, sino en el género de la causa eficiente, y esto es necesario que sea perfectísimo. Así como la material, como tal, es en potencia, el agente, como tal, es en acto. Por esto el primer principio activo es necesario que máximamente sea en acto, y, por consiguiente, que máximamente sea perfecto. Puesto que se dice que alguna cosa en perfecta en tanto que es en acto, porque se denomina perfecto a aquello que nada le falta según el modo de su perfección.

3. [Respuesta] A la tercera objeción, pues, hay que decir que el ser mismo es lo más perfecto de todo. En efecto, se compara con todas las cosas como acto, porque nada tiene actualidad, sino en tanto que es. Por tanto, el ser mismo es la actualidad de todas las cosas, y hasta de las mismas formas. De manera que no se compara a las otras cosas como el recipiente a lo recibido, sino más bien como lo recibido al recipiente. Ya que cuando digo el ser del hombre o del caballo, o de cualquier otra cosa, el ser mismo se considera como formal y recibido, y no como aquello a lo que pertenece ser.

Commentaria

  • Para orientar el comentario de este texto, propongo tratar de aclarar si el ser, "actualidad de todas las cosas, y hasta de las mismas formas", es en este mismo sentido "comunísimo y receptor de todas las adiciones", como se afirma en la objeción.

    Publicado por Enrique Martínez el 4 de Mayo de 2009
  • Me llamó la atención la acotación del segundo párrafo "los filósofos antiguos consideraron únicamente el principio materia". Es notable cómo la historia se repite, ya que la misma afirmación se puede hacer del cientificismo de nuestros tiempos.

    Aquino deja aquí bien claro una diferencia crucial entre su doctrina y la del materialismo: en éste el ser lo origina la materia, mientras que en Santo Tomás el ser "se considera formal".

    Publicado por Alejandro Clausse el 9 de Mayo de 2009
  • Estimados amigos:

    Resulta muy esclarecedora la lectura del texto que se pone a nuestra consideración. En el corpus del artículo, Santo Tomás subraya que Dios es perfectísimo en tanto es el primer principio; pero no un primer principio a la manera de una causa material (como juzgaron los primeros filósofos materialistas) sino a la manera de una causa eficiente. Y en tanto es causalidad eficiente es necesariamente perfecto pues así como la materia es potencia el agente es acto. Vemos, pues, claramente la siguiente correlación: causa eficiente, acto, perfección. Ergo, la suma causa eficiente, es el sumo acto y, por ende, la suma perfección. Hasta aquí, Santo Tomás discurre siguiendo las categorías aristotélicas de acto y potencia y de la perfección del acto respecto de la potencia.

    Pero la objeción tercera, y su consiguiente respuesta, introducen una perspectiva radicalmente distinta que tiene que ver con la tesis capital de la metafísica tomista, el ser como acto. A diferencia de las dos objeciones anteriores -en las que, o bien se apunta a la inconveniencia de aplicar el nombre de perfecto a Dios pues se dice perfecto lo que es hecho, o bien se alude a un primer principio material y potencial-, esta tercera toma otro camino. Recuerda el objetor que antes se ha establecido que la esencia de Dios es su mismo ser; pero el ser es imperfectísimo porque es lo más común a todas las cosas y el recipiente de todas las adiciones. ¿Cómo puede ser perfecto un ser cuya esencia es ser? Santo Tomás responde lo que se lee: que el mismo ser (ipsum esse) es lo más perfecto de todo porque es acto; es la máxima actualidad de todas las cosas hasta de las mismas formas. Por tanto no se compara a las otras cosas como el recipiente a lo recibido sino más bien como lo recibido al recipiente. Y agrega, cuando se dice el ser de algo en particular (el de un hombre o el de un caballo) el ser mismo de cada uno de esos seres se considera como formal y recibido y no como aquello a lo que pertenece ser. Quiere decir que sólo Dios es el ser; todo lo demás, fuera de Dios, no es el ser sino tiene ser, esto es, es un habens esse. La doctrina tomista del ser como acto tiene, pues, en este pasaje una de sus formulaciones más claras y precisas.

    Siguiendo la orientación del Moderador, se mos pide aclarar si el ser, entendido como máxima actualidad de todo, es en este mismo sentido comunísimo y recipiente de todas las adiciones como se sostiene en la objeción. Tal vez pueda servirnos a este propósito una distinción que hemos hallado en un valioso trabajo del P Álvaro Calderón, titulado “Ser y persona”, (publicado en la Revista “Circa Humana Philosophia”, n. II, Buenos Aires, 1997, páginas 85 a 131). Distingue el autor entre el “ser como acto” (esse ut actus) y el “ser en acto” (esse in actu). El primero es el ser propiamente “tomista” del que aquí se habla, el que emerge como máxima actualidad por sobre toda forma o naturaleza; el segundo, es el ser “aristotélico”, el “esse” tomado como el infinitivo abstracto de “ens”, y el ente es propiamente la substancia. Este “esse in actu” se predica de la substancia, ya en abstracto, lo que tiene el ser, ya en concreto, lo que es. Y en este sentido puede decirse que el ser es común a todas las cosas y recipiente de todas las otras adiciones.

    Me interesa muchísimo conocer qué opina al respecto el Dr. Martínez y, desde luego, los demás colegas del Foro.

    Un cordial saludo

    Mario

    Publicado por Mario Caponnetto el 11 de Mayo de 2009
  • Alude el Dr. Caponnetto a la distinción del P. Álvaro Calderón según la cual el ser puede ser comprendido de dos modos, bien como la “máxima actualidad por sobre toda forma o naturaleza” (esse ut actus), bien como “infinitivo abstracto de ‘ens’, común a todas las cosas y recipiente de todas las otras adiciones” (esse in actu).

    En este planteamiento parece, de entrada, hacerse una distinción en la que el concepto de ser es resultado, por un lado, de una consideración formal del ente y, por otro, de una consideración material. En la primera, se atiende a lo actual y determinante en el ente, abstrayéndolo de lo potencial e indeterminado; se sirve aquí el entendimiento de aquel modo de abstracción denominada “formal”. En la segunda, el ente es considerado materialmente, atendiendo a lo potencial e indeterminado, abstrayéndolo de lo actual y determinante; se sirve aquí el entendimiento de aquel otro modo de abstracción denominado “total”.

    En el primer caso, en que el ente –“id quod habet esse”- es considerado formalmente, resulta un concepto de ser como acto, esto es, como “lo más perfecto de todo … la actualidad de todas las cosas, y hasta de las mismas formas; de manera que no se compara a las otras cosas como el recipiente a lo recibido, sino más bien como lo recibido al recipiente” (S.Th. I, q.4, a.1 ad 3); es lo que califica acertadamente el P. Calderón como “esse ut actus … máxima actualidad por sobre toda forma o naturaleza”. No hay que olvidar, sin embargo, que en este concepto del ser como acto se incluye en cierto modo la esencia, como explica el Ferrariense: “el ser es importado como el significado principal y formal, por el hecho de que es lo abstracto de este concepto: ente; mientras que lo que tiene el ser es importado secundariamente, como sujeto receptor del ser” (In I Contra Gentes, c.26).

    En el segundo caso, en que el ente es considerado materialmente, entonces “el ser no es lo abstracto, sino la esencia –continúa explicando el de Ferrara-; y por ello su significado principal no es el ser, sino la esencia” (idem); aquí, por tanto, se atiende a lo “comunísimo y receptor de todas las adiciones” -como leemos en la objeción que pone el Aquinate en el texto propuesto para ser comentado-, sin que por ello se deje de atender indirectamente al ser; es lo que el P. Calderón describe como lo “común a todas las cosas y recipiente de todas las otras adiciones”.

    Cierto es que no acabo de comprender la denominación “esse in actu” que usa para hablar de este modo de concebir el ente, pues a mi entender no se trata aquí tanto del “esse” cuanto de la “essentia”, por lo que agradeceré al Dr. Caponnetto más información acerca de la posición del P. Caldera al respecto.

    Un saludo cordial a todos,

    Enrique Martínez

    Publicado por Enrique Martínez el 16 de Mayo de 2009

Novum commentarium

La lectio de este número está cerrada.