Las palabras del que enseña –verba doctoris- son causa más próxima de la ciencia que las cosas sensibles que existen fuera del alma
(Tomás de Aquino, De Veritate q.11, a.1 ad 11).
La lectio es la primera parte del Studium bimestral de e-aquinas. Tiene lugar durante el primer mes del Studium.
Consiste en la lectura y comentario de textos de Santo Tomás de Aquino o de otros maestros. Primero, se proponen textos (verba doctoris) que iluminen el tema de estudio. Segundo, se comentan (commentarium) los textos propuestos.
Tomás de Aquino, Summa Theologiae I, q.4, a.1
Parece que no convenga a Dios ser perfecto.
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3. [objeción] Se ha mostrado más arriba que la esencia de Dios es el ser mismo; pero el ser mismo parece ser imperfectísimo, ya que es comunísimo y receptor de todas las adiciones. Por tanto, Dios es imperfecto.
Respondo que hay que decir que, como narra el Filósofo en el libro XII de la Metafísica, algunos filósofos antiguos, a saber, los pitagóricos y Espeusipo, no atribuyeron al primer principio lo mejor y la máxima perfección. La razón de esto es que los filósofos antiguos consideraron únicamente el principio material, y el primer principio material es imperfectísimo. Ya que, siendo la materia, en cuanto tal, en potencia, es necesario que el primer principio material sea máximamente en potencia, y, así, máximamente imperfecto.
Pero Dios se pone como primer principio, no material, sino en el género de la causa eficiente, y esto es necesario que sea perfectísimo. Así como la material, como tal, es en potencia, el agente, como tal, es en acto. Por esto el primer principio activo es necesario que máximamente sea en acto, y, por consiguiente, que máximamente sea perfecto. Puesto que se dice que alguna cosa en perfecta en tanto que es en acto, porque se denomina perfecto a aquello que nada le falta según el modo de su perfección.
3. [Respuesta] A la tercera objeción, pues, hay que decir que el ser mismo es lo más perfecto de todo. En efecto, se compara con todas las cosas como acto, porque nada tiene actualidad, sino en tanto que es. Por tanto, el ser mismo es la actualidad de todas las cosas, y hasta de las mismas formas. De manera que no se compara a las otras cosas como el recipiente a lo recibido, sino más bien como lo recibido al recipiente. Ya que cuando digo el ser del hombre o del caballo, o de cualquier otra cosa, el ser mismo se considera como formal y recibido, y no como aquello a lo que pertenece ser.
Tomás de Aquino, Summa contra gentiles I, c. 28
259. Aunque los entes que son y viven sean más perfectos que aquellos que sólo son, Dios, sin embargo, que no es otra cosa que su ser, es el ente universalmente perfecto. Y llamo universalmente perfecto a aquello a lo que no le falta ningún género de nobleza.
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260. Efectivamente, a cualquier cosa le es propia toda nobleza según su propio ser: por ejemplo, el hombre no tendría ninguna nobleza por su propia sabiduría, si no fuera que por ella el hombre es sabio; y así sucede con las otras cosas. Así pues, según en qué medida la cosa tiene ser, así es la medida de su nobleza; ya que una cosa se dice que es más o menos noble, según que su ser se contrae a alguna medida especial, mayor o menor, de nobleza. Por tanto, si hay algo a lo que compete toda la virtud del ser, no le puede faltar ninguna nobleza que convenga a alguna cosa.
Ahora bien, a la cosa que es su propio ser, le compete ser según toda la potestad de su ser. Así, si existiera alguna blancura separada, nada le podría faltar de la virtud de la blancura. Ya que, a alguna cosa blanca le falta algo de la virtud de la blancura por defecto del recipiente de la blancura, el cual la recibe según su propia medida, y tal vez no según todo el poder de la blancura. Por tanto, Dios, que es su propio ser, como se ha probado más arriba, tiene el ser según toda la virtud del mismo ser. No puede, por tanto, faltarle ninguna nobleza que convenga a otra cosa.
261. Ahora bien, así como toda nobleza y perfección residen en la cosa en tanto que es, todo defecto reside en la cosa en tanto que de alguna manera no es. Pero Dios, así como tiene el ser totalmente, así se aparta totalmente de Él el no ser; porque en la medida en que algo tiene ser, se separa del no ser. De Dios, pues, todo defecto se aparta. En consecuencia, es universalmente perfecto.
262. Aquellas cosa, en cambio, que sólo son, no son imperfectas por una imperfección del ser absoluto mismo, ya que no tienen el ser según todo su poder, sino que lo participan en cierta medida particular y imperfectísima.
Tomás de Aquino, Summa Theologiae I, q.3, a.4 in c.
Respondo que Dios no sólo es su esencia, como se ha mostrado, sino también su ser. Lo que puede mostrarse de muchas maneras (…) Segundo, porque el ser es la actualidad de toda forma o naturaleza; pues la bondad o la humanidad no son significados en acto, sino en cuanto significamos que son. Se sigue, pues, que el mismo ser se compare a la esencia, que es distinta de aquél, como el acto a la potencia. Y como en Dios no hay nada que sea potencial, como se ha mostrado más arriba, se sigue que en Él la esencia no es otra cosa que su ser. Luego su esencia es su ser.
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