Del ser como acto

Época II Año 7 Número 3 Mayo - Junio 2009

Quaestio

La tercera cuestión que deseo plantear se deriva de la distinción presentada por el Dr. Caponnetto entre “esse ut actus” (principio del ente, opuesto a la esencia -en sentido amplio- como el acto se opone a la potencia o lo participado al participante) y “esse in actu” (existente, predicable del supósito tanto en concreto, “id quod est”, como en abstracto, “id quod habet esse”): ¿Es lo mismo ser y existencia?

Responsiones

  • ¿El ser y la existencia son lo mismo?

    Parece que existen razones suficientes para afirmar cualquiera de las dos posibilidades. Por eso es necesario, para dilucidar bien el problema, partir, como lo sugiere el método clásico, por la delimitación de los términos que entran de juego de este problema.

    Nominalmente “Existencia” es la forma abstracta de existir. Como tal, puede ser considerada desde dos perspectivas: a) En sentido lógico, la existencia sería aquello que responde a la pregunta “si acaso algo es en la realidad”, en contraposición a esencia, que respondería a la pregunta “qué es algo”; b) en sentido ontológico, “existencia” se entiende gracias a la consideración de su opuesto: el estado de mera posibilidad. Así, algo existe cuando se ha constituido formal y actualmente fuera del estado de mera posibilidad y fuera de sus causas.

    De lo anterior se desprende que, existe una diferencia perceptible sólo por medio de una división de razón entre ser y existencia. Ello es palpable desde la definición que da Tomás de Aquino de ser o ente como aquello que existe o puede existir. Si ser y existir fueran lo mismo, entonces esta definición no pasaría de ser una necedad, o en términos filosóficos, una tautología, en donde el predicado no estaría agregando nada nuevo al sujeto como, en otro contexto, sostiene el mismo Tomás en "De Veritate", q.1 a. 1 s.c. 2. Y ello sería así porque “ser” y “Existir” serían idénticos. Pero en la mente, se puede descubrir que el concepto “existir” añade algo, “in conceptibus” al de “ser” y es la afirmación de que una esencia ha adquirido la actualidad en la realidad de las cosas. Sin embargo esta realidad es más extensa que la mera realidad física. En ese sentido, puede afirmarse que aquellas coas que no existen “in re”, posee algún tipo de existencia, al menos como objeto de conocimiento en la mente divina.

    En efecto, en la consideración tomista del ser, existe el ser que es existencia en acto, el “primus ese subsisten” y aquéllos que poseen la existencia como mera posibilidad; si aquélla se actualiza se hablaría de un ser realmente existente en acto. Y es que en la mente de Dios, todas formas en como su esencia, que es idéntica a la existencia, se encuentran presentes todas las formas posibles en cómo ésta puede ser actualizada. De esta manera, en los seres contingentes, que pueden ser o no ser, es posible realizar una división de razón que distinga entre lo que son como posibilidad, la esencia, y el hecho de estar siendo, su existencia.

    Así, aunque en sentido estricto ser y existir son lo mismo “in re”, no lo son bajo la consideración de la mente, la cual puede distinguir entre la característica de mera posibilidad de ser en acto y el ser en acto realmente existente, es decir cuando el ser se posee como hábito. El mismo Tomás de Aquino así lo reconoce, cuando haciendo referencia a la introducción de la Metafísica de Avicena, reconoce que éste tiene razón al afirmar que “quod ens sumitur ab actu essendi, sed nomen rei exprimit quidditatem vel essentiam entis” y en libro De Causis, el mismo Comentador sostiene que “prima rerum creatarum est esse” ["De veritate", q. 1 a. 1 s.c. 4]; y ello no, porque el ser sea creado, pues el ser por excelencia es Dios, sino en el sentido que cualquier esencia requiere primero, lógicamente hablando, de la noción de ser, que actualice la esencia tenida en la Dios, para que adquiera la actualidad en acto.

    Publicado por Jorge Luis Ortiz Rivera el 19 de Junio de 2009
  • Me sumo a al contundente aporte de Jorge Luis Rivera. En sentido estricto, "ser" Y "EXISTIR" son lo mismo in reribus. En el libro Teoría del Objeto Puro del profesor Millán-Puelles, se hace la distinción con mayor claridad, ya que aquellos entes "irreales" de algún modo son pero no existen, como son, por ejemplo, los potenciales, las ilusiones, las ideas, los números, de algún modo son, no in re, sino a su modo, pero no podemos decir que existan, ¿o si?

    Publicado por Pablo Gaston Maillet Aranguiz el 20 de Junio de 2009
  • Pues habría que distinguir. Los potenciales, las ilusiones, las ideas, los números no forman parte de un sólo grupo, por lo que la respuesta no puede ser unívoca desde este planteamiento del problema.

    Desde la metafísica escolástica en general y, especialmente la de santo Tomás de Aquino, un ente que existe en la mente no necesariamente es un ente razón. Éste último debe entenderse como "aquello que sólo puede existir objetivamente en la mente" y, en este caso podría aceptarse que "son, no in re, sino a su modo" como acertadamente dice Pablo Gaston Maillet en la nota anterior.

    Sin embargo, debe tenerse en cuenta que para que ello sea así, las características enunciadas en la definición de ente de razón deben estar todas presentes, de lo contrario, se extendería o otro tipo de ente. En este sentido, no debe obviarse, por ejemplo, que sólo pueden existir "objetivamente" en la mente.

    Esto es importante para responder a una de las cuestiones planteadas por Pablo, ya que, por ejemplo, las ideas, existen en la mente de manera efectiva, no objetiva, a modo de acto de conocimiento por medio de la simple aprehensión y, en este caso, el hecho de que estén en la mente, no es óbice para negar también su existencia en la realidad, como es fácil deducir de la definición de idea.

    Ahora bien, los potenciales, si con este nombre nos referimos a los entes meramente posibles, (lo cual parece desprenderse del hecho de que Pablo enuncie los números al final de su aportación) tienen una existencia, en el pensamiento del Aquinate, al menos en la mente de Dios como forma posibles de actualizar su ser.

    En cuanto los números, ahí sí aplicaría la observación anotada, ya que éstos se caracterizan por ser entes de razón "cum fundamento in re" relativos, con una relación fundada en la segunda operación mental. Sin embargo, en la medida que no son exclusivamente "nada", es decir, no ser, no puede afirmarse que no existan, pues en tanto que son "entes" de razón deben conservar la conformación de esencia y existencia y en ese sentido existen, claro que no con una existencia "in re", sino con una existencia intramental, es decir, en tanto que objeto conocido.

    Publicado por Jorge Luis Ortiz Rivera el 30 de Junio de 2009
  • A riesgo de ser caer en el platonismo, y quizás por acostumbramiento de tanto trabajar en matemática aplicada, para mi los números existen también en las cosas reales, es decir extramentalmente, no sólo intramentalmente. El número dos que se abstrae al ver un par de ojos es el mismo que se entiende al sumar uno más uno, o sacar la raíz cuadrada de cuatro.

    Un indicio de que los números existen son los teoremas de existencia de la matemática. Por ejemplo: "No existe ningún número natural que elevado al cuadrado dé un resultado menor que 1".

    Publicado por Alejandro Clausse el 3 de Julio de 2009
  • La respuesta a la objeción está en el mismo planteamiento del problema: "El número dos se abstrae al ver un par de ojos".

    Es verdad que a través de la abastracción se logra llegar a la conceptualización de las cosas, pues "no hay nada en el intelecto que no haya pasado por los sentidos", como lo afirmó Aristóteles y en varias ocasiones lo recuerda Tomás de Aquino.

    Sin embargo, de ello no se desprende la existencia extramental de todo lo que obtenemos por medio de la abstracción. Si así fuera, tendríamos que afirmar la existencia de muchas cosas que son producto de la imaginación y que, sin embargo, tienen su origen en los datos obtenidos por el intelecto a través del proceso de abastracción.

    No conozco los "teoremas de existencia", pero el ejemplo expuesto por Alejandro puede también servir para explicar el pensamiento de Santo Tomás. La frase "No existe ningún número natural que elevado al cuadrado dé un resultado menor que 1", debe entenderse como no existe, en el rango de existencia al cual pertenece el conjunto de los números naturales. Y éste es al rango de los entes de razón "cum funamento in re". En este sentido, las dos objeciones se unen para dar la razón al Santo de Aquino, pues el "dos" se abstrae a partir de entes que son susceptibles de ser considerados cuantificables, es decir, de los entes materiales.

    Al fin y al cabo, la cantidad es el accidente de los entes que poseen "partes extra parte" y, ello sólo es posible, en la medida que están compuestos de materia. A partir de ellos, en el pensamiento tomista, la mente elabora la noción de todo número como una agregación o suma de unidades. Pues debe recordarse que todo ente, por el hecho de ser ente, es uno. La unidad se logra captar cuando al ente se le considera desde una negación, en este caso, una negación de multiplicidad.

    Así, es verdad que los números existen, pero como accidente de cantidad en lo entes sometidos a la extensión. Pueden tener una existencia intramental, "cum fundamento in re" y dentro de este rango es que funcionaría los teoremas de exisetncia, cuando éstos se refieren a números considerados en abstracto.

    Usando el ejemplo de Alejandro en sentido contrario, Los dos ojos demuetra la exisetncia de dos entes de los cuáles es posible abstraer la noción de "dos" y ésta es a la que llamamos número.

    Publicado por Jorge Luis Ortiz Rivera el 6 de Julio de 2009
  • Estimados amigos:

    Disculpen, la primera vez lo envié a la página equivocada.

    Comenzando con una cuestión de vocabulario, vamos a llamar "ser" a lo que Santo Tomás llama "esse", o sea, el acto de ser, y "ente" a lo que Santo Tomás llama "ens", o sea, el sujeto del acto de ser. Si admitimos que hay entes posibles, entonces "ente" es el sujeto actual o posible del acto de ser. En este último caso, es la esencia meramente posible. No existe, sino que puede existir. ¿No existe en la mente de Dios? No como esencia real, sino como objeto de conocimiento o esencia conocida por Dios. ¿Es lo mismo, entonces, ser y existencia? No parece, porque la existencia no admite grados: algo existe, o no. Mientras que el ser sí los admite, desde los seres inanimados hasta el Acto Puro de Ser, pasando por los vegetales, los animales, los humanos y los ángeles.

    Saludos cordiales

    Publicado por Néstor Martínez el 6 de Julio de 2009
  • Ahora bien, que ser y existencia sean distintos, no quiere decir que sean realmente distintos. En ese sentido, estoy de acuerdo con Jorge Luis en que se trata de una distinción de razón. En efecto, los entes no se componen de esencia, ser y existencia. La existencia sería entonces un cierto modo nuestro de considerar la posesión del acto de ser.

    Saludos cordiales

    Publicado por Néstor Martínez el 6 de Julio de 2009
  • Primero que nada, agradezco el lenguaje claro y fluido de las explicaciones de Jorge Luis y Néstor. Es notable lo atrayente que es la filosofía cuando no se presenta en forma rebuscada.

    La última conclusión de Nestor parece darle la razón a Kant. Si la existencia es un "modo nuestro de considerar", que exista la computadora en la que estoy escribiendo dependería de mi.

    Respecto a la discusión del número dos, no llegué a entender la conclusión de Jorge Luis. Si los números pueden existir "en las cosas", quiere decir que son extramentales. A no ser que aceptemos el postulado idealista de que todas las cosas sólo existen en la mente. Que podamos abstraer implica que los números también pueden existir "en la mente", además de "en las cosas". La existencia de los numeros "en la mente" (i.e. en abstracto), se deduce de las relaciones entre ellos que podemos descubrir al hacer matemática. Eso es lo que quise decir con el ejemplo del número dos: lo abstraigo de ver un par de ojos, pero luego lo trabajo en abstracto y descubro por ejemplo que está relacionado con el 4 de varias maneras (2+2=4, raiz(4)=2, etc.). Esto último lo elaboro en la mente, pero tampoco quiere decir que por eso es meramente imaginación. En una tercera operación vuelvo sobre las cosas extramentales, y "aplico" estas relaciones descubiertas en abstracto. Algunas "aplicaciones" encuentran su correlato en las cosas, otras no. Estas últimas son meramente imaginaciones. Pero las otras, no, son bien reales, existen efectivamente fuera de la mente.

    Otra cosa sería decir que la existencia del número dos es igual a la existencia de una cosa concreta (e.g. esta computadora con la que escribo). Para mi, no son formas de existir iguales. El número dos es inmaterial, por lo que su existencia es más "estable"; mientras que la existencia de esta computadora es contingente.

    De todos modos, creo que lo que confunde en estos casos es que cuando se dice que algo es meramente una distinción de razón, se implica que es lo mismo que una alucinación, una apariencia. Jorge Luis dice al respecto:

    "Es verdad que a través de la abastracción se logra llegar a la conceptualización de las cosas, pues "no hay nada en el intelecto que no haya pasado por los sentidos", como lo afirmó Aristóteles y en varias ocasiones lo recuerda Tomás de Aquino. Sin embargo, de ello no se desprende la existencia extramental de todo lo que obtenemos por medio de la abstracción. Si así fuera, tendríamos que afirmar la existencia de muchas cosas que son producto de la imaginación y que, sin embargo, tienen su origen en los datos obtenidos por el intelecto a través del proceso de abstracción."

    Yo agregaría que de que descubramos que algunas abstracciones -las imaginaciones- no tienen existencia extramental, no se desprende que todas las abstracciones son meramente imaginaciones. Esto sería caer en el empirismo.

    Publicado por Alejandro Clausse el 7 de Julio de 2009
  • Estoy de acuerdo con el excelente resumen que presenta Nestor de lo discutido en esta cuestión. Ha logrado, en pocas palabras dejar en claro lo principal del problema.

    Ahora, sobre lo último que dice Alejandro,no queda sino reconocer que ha expuesto con claridad lo que yo había comentado más arriba. Sólo una aclaración. Mi intención no era afirmar que los números existen en las cosas. Si así fuera, como dice Alejandro acertadamente, estaríamos suscribiendo la tesis idealista.

    Quizá la confusión surge de una frase que escribí en mi anterior intervención, que decía que los números existen como accidente en los entes. Esto no significa que exitan como tal, sino como "aquello que requiere de la substancia para poder existir", es decir, en tanto que accidente, es un tipo de ser, con respecto al sujeto que conoce al ente. Lo que se descubre en los entes es el accidente de cantidad, el cual, para poder ser entendido, recurre al concepto de unidad y, a partir de él se elabora, por agregación el concpeto de cada uno de los números. De manera tal que lo que existe en el ente es el accidente de cantidad, no los números.

    Suscribo yo también la conclusión a la que llega Alejandro al final de su intervención

    Publicado por Jorge Luis Ortiz Rivera el 8 de Julio de 2009
  • Apreciados amigos,

    Iba a cerrar la disputatio de este mes, pero viendo las últimas intervenciones he decidido aplazarla unos días, dando opción a continuar el diálogo iniciado. Un saludo cordial,

    Enrique Martínez

    Publicado por Enrique Martínez el 8 de Julio de 2009
  • Estimados amigos:

    La respuesta de Alejandro muestra lo que faltaba precisar en la mía anterior. El hecho de que la existencia, en tanto que distinta del acto de ser, sea un modo nuestro de considerar, no quiere decir que la existencia no sea algo en sí, independiente de nuestro pensamiento. Es como si dijéramos que el emperador de Francia, en tanto que distinto del esposo de Josefina, es un modo nuestro de considerar. Napoleón sigue siendo una realidad (pasada) independiente de nuestro pensamiento.

    Saludos cordiales Néstor Martínez.

    Publicado por Néstor Martínez el 8 de Julio de 2009
  • Estimados amigos: Me disculpo por introducirme algo tarde en la discusión, pero hay un par de cosas que me gustaría puntualizar. Si entiendo bien a santo Tomás, el esse como actus essendi, es la perfección primera, más formal, fundante e íntima de todo ente. Corresponde a lo que Fabro llama "esse ut actus". Este "esse" se distingue de lo que este mismo autor llama "esse in actu", que es el mero "hecho de ser", es decir, el que una esencia no sea una mera posibilidad, sino que se dé efectivamente en la realidad. La distinción entre "esse ut actus" y "esse in actu" se sigue de la distinción (real y no sólo de razón) entre acto y potencia. Aquí se deben discernir: los estados de una potencia, que puede "estar en potencia" o "estar en acto" (v.g. la potencia visual, puede estar en potencia respecto del acto de ver, o estar en acto de ver); y el acto, recibiendo el cual, la potencia pasa de su estado potencial al estado actual (v.g., cuando la potencia visual recibe la "species" de lo coloreado, species que es su acto). De modo semejante, el ente (creado)que no se identifica con su esse (ut actus) es potencia respecto del acto de ser. El ser es el acto, gracias al cual el ente "está en acto", es de hecho. Por este motivo, si por esse in actu entendemos la existencia, considero que hay distinción real entre ser (esse ut actus) y existir (esse in actu). La existencia, así entendida, está del lado de la potencia, es un estado suyo, el estado de actualidad. La existencia es uno de los posibles estados del ente o de la esencia, y no es realmente distinto de ella, sino sólo según la razón. El esse ut actus, en cambio, es realmente distinto, tanto de la esencia, como de la existencia, que es uno de sus estados. Otro tema distinto a discutir es si ente, esencia y forma significan necesariamente limitación, potencialidad, modo. Claramente es así en las criaturas. Pero también pueden ser pensadas como perfecciones puras, y por ello de Dios no se dice que no tiene esencia, sino que su esencia se identifica con su esse o, como dice santo Tomás, que "no tiene una esencia que no sea su ser".

    Publicado por Martín Federico Echavarría el 9 de Julio de 2009
  • Estimados amigos:

    Me parece exacta la distinción que plantea Martin entre "esse ut actus" y "esse in actu", así como la identificación del primero con el acto de ser y del segundo con el hecho de ser. Igualmente, la afirmación de que el segundo es como un efecto del primero. Y finalmente, la identificación del "esse in actu" con la existencia, al menos cuando el acto en cuestión es el acto de ser.

    Por ahí sí podría plantearse, entonces, una distinción real entre existencia y acto de ser, pero en mi opinión sería, entonces, como la que hay entre el todo y la parte. La parte sería el acto de ser, el todo, el ente actualmente existente, en cuanto tal. Porque no veo forma, en Santo Tomás, de introducir otro principio “a parte rei” además de la esencia y el acto de ser. Lo "otro" de lo que se puede hablar en Santo Tomás no es un principio del ente, sino el ente mismo, que se distingue de todos sus principios intrínsecos como el todo de sus partes (metafísicas).

    Lo que sí se podría hacer es agregar una distinción de razón, diciendo que el “esse in actus” es el ente, pero considerado precisamente en cuanto al hecho de que es en acto y no como mera posibilidad. Dicho hecho, obviamente, se distingue del ente mismo actualmente existente con distinción solamente de razón.

    Pero no me parece que se pueda identificar el “esse in actu”, es decir, la existencia, con la esencia. No veo cómo la esencia podría estar en estado de pura posibilidad si fuese realmente idéntica a la existencia actual. La misma idea de que la existencia actual es uno de los estados posibles de la esencia, va en contra de dicha identificación.

    Saludos cordiales

    Publicado por Néstor Martínez el 10 de Julio de 2009
  • Perdón, donde dice "esse in actus" hay que leer, obviamente, "esse in actu".

    Publicado por Néstor Martínez el 10 de Julio de 2009

Nova responsio

La disputatio de este número está cerrada.