La segunda cuestión que deseo plantear se deriva del texto en que Santo Tomás dice que viviente es más perfecto que el ente que sólo es (SCG I, c.28): ¿Es el ser es más perfecto que el vivir?
Esta pregunta me pareció fácil en un principio, pero al tratar de contestarla se me complicó.
Parecería que el verbo "ser" contiene al verbo "vivir", ya que todo lo que vive es, pero no todo lo que es vive. En ese sentido parecería que ser es más perfecto que vivir.
Sin embargo, Aristóteles dice que vivir implica algún grado de posesión de la causa. En este sentido, parecería que vivir (es decir, ser con causa intrínseca) es más perfecto que ser con causa extrínseca. Por eso un organismo vivo es más perfecto que una máquina artificial.
La respuesta de Don Alejandro comienza proponiendo considerar el "ser" más perfecto que el "vivir" por cuanto aquél es más universal que éste: "ya que todo lo que vive es, pero no todo lo que es vive". No obstante, más allá de esta consideración material en base a la mayor universalidad del concepto "ser", pienso que es necesario acudir a una consideración formal, que es la que se apunta en la segunda parte de la respuesta.
Explica el profesor Canals: “Conviene que reflexionemos sobre el sentido en que pueda afirmar Santo Tomás la mayor perfección, en la línea de una consideración ‘formal’, según su concepto esencial, del ‘ser’ por encima de la vida. Orienta la respuesta, pero no constituye la respuesta misma, la afirmación de la mayor universalidad del ente respecto de la vida. La respuesta se dará correctamente –sigue Canals- si se respeta como es debido el carácter de la abstracción ontológica, y no se interpreta la ‘universlidad’ de los trascendentales en la línea de una totalidad universal genérica, sino en la de una intensiva comprensión de lo que constituye formalmente la inteligibilidad máximamente universal, pero analógica, de aquellos conceptos” (Sobre la esencia del conocimiento, p.592).
No obstante, el resultado de esta consideración en la respuesta de Don Alejandro es que el vivir es más perfecto que el ser, pues implica un principio intrínseco de operaciones, que no se da en todo ente.
Sin embargo, esto permite afirmar que “el viviente” es más perfecto que “el ente”, pero no que el “vivir” sea más perfecto que el “ser”. Por eso dice Santo Tomás que “aunque los entes que son y viven sean más perfectos que aquellos que sólo son, Dios, sin embargo, que no es otra cosa que su ser, es el ente universalmente perfecto” (SCG I, c.28).
¿No será entonces que el vivir es un grado en la posesión perfecta del ser? De este modo, el viviente sería más perfecto que el mero ente por participar más perfectamente del ser, que “es lo más perfecto de todo, pues se compara con todas las cosas como acto” (S.Th. I, q.4, a.1 ad 3).
Notable el análisis que hace Enrique de mis comentarios simples (los cuales más bien fueron una expresión de mis dudas, y que me alegro que sirvan al menos para que los participantes del foro tengan un dato experimental de cómo piensa un ingeniero).
Agradecería que me acerquen una explicación en un lenguaje más sencillo el texto de Canals, ya que no pude entenderlo. Sobre todo la última oración donde menciona “una intensiva comprensión de lo que constituye formalmente la inteligibilidad máximamente universal, pero analógica, de aquellos conceptos”. En particular:
- ¿Qué es una comprensión intensiva? ¿Quiere decir que se entiende bien algo, o se refiere por intensiva a la propiedad opuesta a extensiva?
- ¿Qué quiere decir que “constituye formalmente”?
No llego a entender la diferencia entre decir que el “viviente” es más perfecto que el "ente”, y decir que “vivir” es más perfecto que “ser”. Me parece que mi confusión puede derivar de que la palabra “perfecto” suele usarse con diferentes acepciones. En la cuestión planteada se usa “perfecto” en su sentido comparativo, es decir que da lugar a un conjunto ordenado (i.e. ser es más perfecto que vivir, o viceversa). La cuestión planteada sería en ese sentido un caso particular de la cuestión general de ordenar verbos según su grado de perfección. Visto así quizás ayudaría a entender mejor la cuestión plantear un ejemplo análogo: “¿caminar es más perfecto que correr?” Si convenimos que perfecto quiere decir poseer el máximo grado de bondad (definición del diccionario), entonces en su acepción comparativa es sinónimo de “mejor”. ¿Qué es mejor, correr o caminar? Depende de la finalidad por la que nos desplazamos. Si lo hacemos para llegar antes a un lugar, es mejor correr (salvo que nuestra condición física sea tan deplorable que corriendo peligra más nuestra salud que caminando). Pero si la finalidad es recorrer un lugar para contemplarlo, lo mejor es caminar. Es decir, la bondad se entiende con respecto a un fin.
¿Cómo queda en esta perspectiva la cuestión del ser y el vivir? Si lo que buscamos es abarcar más, la respuesta es que ser es más perfecto, porque abarca más que vivir. Esa fue mi primera conclusión. Lo que no entiendo es cuál es el fin, i.e. la referencia que deberíamos usar para comparar el grado de bondad, de la “consideración formal” que menciona Enrique al final de su primer párrafo.
Aporto una observación más a la cuestión, que sirve para resaltar la importancia de la cuestión planteada que, si bien en primera instancia parecería una disquisición abstracta sin aplicaciones concretas, no lo es tanto en lo que respecta a sus implicancias. Para la gente de ciencias “duras” nos es muy difícil entender la noción de vivir. Principalmente porque se nos entrena para reducir todo a la dupla causa-formal-causa-material, es decir, ecuaciones genéricas (forma) y condiciones iniciales (aplicación concreta). Por eso es que es tan popular y tentadora en los ambientes de física la pretensión de reducir la vida a una instancia del desplazamiento en el espacio o de una fórmula matemática. “Formal” en este ambiente tiene la implicancia tácita de ser “reducible” a una explicación inerte, es decir sin vida, a través de una “ley fría”, de unas reglas ciegas, sin finalidad. Quizás por eso me cuesta entender la “consideración formal” que propone Enrique. A este respecto, en la cuestión que nos atañe aquí, el último párrafo del comentario de Enrique sobre el vivir como un grado en la posesión perfecta del ser, me pareció muy agudo e instructivo, y responde muy elegantemente a la pregunta que formulé en la lectio: ¿cómo definir vivir en términos del verbo ser? El tratamiento de este tema creo que es una cuestión que sigue vigente, y que se verá reeditado a la luz de los nuevos avances de la biofísica y la informática. La relectura de Aquino debería tener un papel fundamental en estos estudios ya que, como mostró Enrique en las citas de la Suma contra los Gentiles, fue uno de los que logró descubrir principios fundamentales que sirven de guía para la comprensión de estos problemas.