Del ser como acto

Época II Año 7 Número 3 Mayo - Junio 2009
Disputatio

La disputa (disputatio) del maestro induce al intelecto a la verdad a la que tiende (Tomás de Aquino, Quodlibet IV q.9, a.3 in c).

La disputatio es la segunda parte del Studium bimestral de e-aquinas. Tiene lugar durante el segundo mes del Studium. Consiste en la discusión en torno a cuestiones relacionadas con el tema de estudio. Primero, se plantean cuestiones (quaestio) y luego se les da respuesta (responsio).

Finalmente, el moderador concluye (determinatio) el tema estudiado.

Quaestiones

  • La primera cuestión que deseo plantear se deriva del texto en que Santo Tomás habla de un esse "comunísimo y receptor de todas las adiciones" [ipsum esse videtur esse imperfectissimum, cum sit communissimum, et recipiens omnium additiones] (STh. I, q.4, a.1 arg.3): ¿Puede identificarse este ser comunísimo con el ser, actualidad de todas las cosas?

    (Publicado por Enrique Martínez el 7 de Junio de 2009)

    Responsiones (1)

  • La segunda cuestión que deseo plantear se deriva del texto en que Santo Tomás dice que viviente es más perfecto que el ente que sólo es (SCG I, c.28): ¿Es el ser es más perfecto que el vivir?

    (Publicado por Enrique Martínez el 7 de Junio de 2009)

    Responsiones (3)

  • La tercera cuestión que deseo plantear se deriva de la distinción presentada por el Dr. Caponnetto entre “esse ut actus” (principio del ente, opuesto a la esencia -en sentido amplio- como el acto se opone a la potencia o lo participado al participante) y “esse in actu” (existente, predicable del supósito tanto en concreto, “id quod est”, como en abstracto, “id quod habet esse”): ¿Es lo mismo ser y existencia?

    (Publicado por Enrique Martínez el 7 de Junio de 2009)

    Responsiones (14)

  • Determinatio

    E-aquinas ha pretendido aproximarse un poco a la comprensión del ser como acto. El profesor Francisco Canals Vidal, fallecido recientemente y a quien pretendemos homenajear en este portal con la propuesta de diferentes cuestiones de metafísica tomista, calificaba el tema de este mes como "el verdadero núcleo de la síntesis metafísica de Santo Tomás".

    El planteamiento general del tema de estudio podría formularse de este modo sintético: ¿es el ser el acto primero y más perfecto?

    Esta cuestión ha podido ser reflexionada durante estos dos meses a partir de diversas aportaciones, que son de agradecer; y lo han hecho principalmente bajo tres aspectos, tanto en la lectio como en la disputatio, que pueden ahora formularse como objeciones:

    En primer lugar, parece que el ser no es acto, porque el acto dice razón de perfección, pero “el ser mismo parece ser imperfectísimo, ya que es comunísimo y receptor de todas las adiciones” (S.Th. I, q.4, a.1 obi.3).

    En segundo lugar, parece que el ser es acto, pero no el más perfecto, porque “los entes que son y viven son más perfectos que aquellos que sólo son” (SCG I, c.28).

    En tercer lugar, parece que el ser es acto, pero no el acto primero, porque la existencia, que en ocasiones se denomina “ser” -como cuando se dice de algo que ha llegado a ser-, es lo último que adviene a la esencia.

    Sin embargo, está lo que afirma Santo Tomás en Summa Theologiae I, q.4, a.1 ad 3: “El ser (esse) es la actualidad de todas las cosas, y hasta de las mismas formas. De manera que no se compara a las otras cosas como el recipiente a lo recibido, sino más bien como lo recibido al recipiente” (S.Th I, q.4, a.1 ad 3).

    Respondo que, en efecto, el ser debe ser entendido como el acto primero y más perfecto. Hay que comenzar distinguiendo dos modos de entender el concepto “ente” según cuál sea el modo de abstracción que se utilice. Siguiendo en esto al Cayetano, podemos distinguir entre un concepto obtenido por abstracción formal, resultando un todo definible, esto es, según lo que en lo conocido es actual y determinante; o entre un concepto obtenido por abstracción total, resultando un todo universal, esto es, según lo que en lo conocido es potencial y determinable. El concepto definible, por cuanto atiende a lo más formal, es más comprehensivo e inteligible que el concepto como todo universal, que al atender a lo más material es más extensivo y menos inteligible en sí mismo.

    Así, cuando el concepto de ente es resultado de una abstracción total, nos encontramos con un concepto máximamente universal en su extensión e indeterminado en su inteligibilidad, pero mínimamente comprehensivo. Por el contrario, cuando el concepto de ente es resultado de una abstracción formal, nos encontramos con un concepto máximamente definible e inteligible, comprehensivo de toda forma. Y eso máximamente formal, actual y determinante, es lo que denominamos “ser”, “actualidad de todas las cosas, y hasta de las mismas formas”. Con ello pienso que queda resuelta la primera objeción, pues no nos referimos al ser considerado desde lo potencial, sino desde lo actual o formal.

    El texto citado del Aquinate, con el que comenzábamos la lectio, era comparado del siguiente modo por uno de los mejores comentadores del Aquinate, el dominico Domingo Báñez: "Aunque el ser mismo, recibido en la esencia compuesta de sus principios esenciales, sea especificado por ellos, sin embargo, en cuanto es especificado, no recibe perfección alguna, sino, más bien, es deprimido y desciende a ser secundum quid (es decir, de algún modo), por cuanto ser hombre o ser ángel no es perfección simpliciter (es decir, hablando de ella en cuanto tal y por sí). Y esto es lo que frecuentísimamente clama Santo Tomás y que los tomistas no quieren oír: que el ser es la actualidad de toda forma o naturaleza, y no se halla en cosa alguna como recipiente y perfectible, sino como recibido y perficiente de aquello en que es recibido" (In Primam q.3, a.4).

    Es sorprendente la protesta de Báñez: que el ser es acto es algo “que frecuentísimamente clama Santo Tomás y que los tomistas no quieren oír”. Podríamos usar las palabras de Báñez para reconocer entre algunos tomistas un cierto “olvido del ser”. Pero lo más sorprendente es que esa tesis tomista es el verdadero núcleo de la síntesis metafísica del Aquinate, que da sentido, por ejemplo, a la célebre tesis de la distinción real entre ser y esencia.

    Sólo desde este principio es posible definir al ente como "lo que tiene ser" o es "partícipe del ser". Y de ahí penden los desarrollos metafísicos acerca de la diversa participación del ser según grados de perfección y de la infinidad de Dios mismo en la perfección (tesis 23 de las veinticuatro tesis): “La esencia divina se nos propone bien al afirmar que está constituida, en una conceptuación metafísica, como identificada con la actualidad ejercida del Ser mismo, o diciendo que es ‘el mismo Ser subsistente’; y por esto mismo, se muestra la razón de su infinidad en su perfección”.

    Respecto a la definición metafísica de Dios no es de extrañar que una comprensión del concepto de ente diversa a la de Santo Tomás dé origen a conclusiones diferentes acerca de Dios, como la de Duns Escoto, que acaba identificando en la “infinidad radical” el constitutivo formal de la divinidad. Pero no parece tan comprensible en el casos de tomistas tan representativos como Gredt, quien habla de Dios "ente por sí, que por sí, por su esencia, tiene la razón suficiente de sí mismo, o cuya esencia es la razón de su existencia" -aunque formule la salvedad de que "esto sólo es pensable porque concebimos imperfectamente la esencia de Dios como anterior a su existencia y la existencia como si fluyese de su esencia"- (Elementa philosophiae aristotelico-thomistae n.801, 1). Este modo de hablar, dice Canals, “sugiere el ambiente y contexto intelectual esencialista de una filosofía racionalista”. Este ambiente racionalista es el que lleva a reducir el ser como la mera existencia que adviene a la esencia; por el contrario, concebir el ser como actualidad de toda forma nos aleja de toda suerte de esencialismo, en el que la existencia es una última perfección que no se distingue realmente de la esencia; o de toda suerte de existencialismo, que al eliminar el mundo de las esencia pasa a entender la existencia como algo ininteligible, sin sentido, arrojado en el mundo. Y con ello pienso que se da respuesta a la tercera objeción.

    Por otra parte, y respecto a la diversa participación del ser según grados de perfección, cito nuevamente al profesor Canals: “La perfección, decía el Padre Orlandis, no es menor perfección por ser perfección. No somos ignorantes ni de saber limitado porque seamos vivientes dotados de entendimiento, sino porque nuestras perfecciones de vivir y conocer están recibidas en un sujeto receptivo y potencial. Por ello, no se añaden el vivir y el entender al ser del hombre como algo extrínseco o sobrevenido. Ni la vida, ni la naturaleza cognoscente, ni la intelectualidad pueden ser adecuadamente concebidas por diferencias genéricas o específicas como determinaciones de la substancia. Se trata de grados de perfección, de más y más perfectas participaciones del ser. Nada de cuanto, en la escala de los seres, se nos presenta como constituyendo un grado de perfección puede ser entendido en su propia razón de ser si lo entendiésemos incluido en alguno de los modos y categorías del ente predicamental, como una categoría del mismo. Son, precisamente, grados de participación del ser mismo.”

    Esta comprensión admirable de la participación del ser formulada por Canals permite afrontar con toda su densidad ontológica y de riqueza vital todos los conceptos referentes a la vida intelectual humana, de suyo infinitamente abierta y por la que puede decirse con Aristóteles que el alma es en cierto modo todo. En esta perspectiva puede decirse que ese olvido del ser entre los tomistas denunciado por Báñez fue el que llevó al Cayetano a constatar la necesidad de un esfuerzo para "meter en la cabeza de los que filosofan" que "sentir y entender no son otra cosa que cierto ser" (Comentario in De anima III, cap. 5).

    Volveremos en otro mes de e-aquinas a estos temas del conocimiento como ser. Baste por hoy estas reflexiones que permiten resolver también la segunda objeción, puesto que al referirnos al ser como acto no lo hacemos como si habláramos del ente o el viviente, sino del ser o del vivir; y siendo el ser acto y perfección, hay que decir entonces que el vivir es un grado de ser.

    (Publicado por Enrique Martínez el 12 de Julio de 2009)

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