Debemos entender que el universo, en toda su diversidad, reproduce la belleza y bondad de Dios, sin embargo, no la agota, siempre sera infinitamente mayor la belleza de la Fuente, de otro modo no la podría comunicar a la creación.
Estimados amigos: En el artículo del que ha sido extraído el párrafo propuesto, Santo Tomás trata acerca de cuál es la causa de la distinción de las cosas. Antes de establecer su propia doctrina, el Aquinate pasa revista a la opinión de otros filósofos sobre el tema propuesto. Menciona, de este modo, a los primeros filósofos naturalistas que no conocieron nada fuera de la materia. Estos filósofos, materialistas en sentido propio, atribuyeron la distinción de las cosas a la materia, sea a ella sola (Demócrito), sea en conjunción con un agente (Anaxágoras). Escribe, pues, Tomás sintetizando el pensamiento de estos autores: “De diversas maneras asignaron algunos la causa de la distinción de las cosas. Unos, en efecto, la atribuyeron a la materia, sea a la sola materia o bien a la materia junto con un agente. A la sola materia la atribuyeron Demócrito y todos los antiguos filósofos naturales que sólo admitían la causa material; de acuerdo con ellos la distinción de las cosas proviene del azar según el movimiento de la materia. En cambio, atribuyó la distinción y la multitud de las cosas a la materia en conjunción con un agente, Anaxágoras quien postuló un intelecto como principio distintivo de las cosas separando lo que estaba mezclado en la materia” [Causam distinctionis rerum multipliciter aliqui assignaverunt. Quidam enim attribuerunt eam materiae, vel soli, vel simul cum agente. Soli quidem materiae, sicut Democritus, et omnes antiqui naturales, ponentes solam causam materialem, secundum quos distinctio rerum provenit a casu, secundum motum materiae. Materiae vero et agenti simul distinctionem et multitudinem rerum attribuit Anaxagoras, qui posuit intellectum distinguentem res, extrahendo quod erat permixtum in materia]. Resulta interesante analizar los argumentos con los que Santo Tomás refuta estas tesis materialistas. Son dos. Primero, porque, como se ha demostrado (cf S Th I, q 44, a 2), la materia es, también ella, criatura, es decir ha sido creada por Dios; por tanto, si ella fuese la causa de la distinción habría que reducirla, finalmente, a una causa más alta. Segundo, porque la materia existe en razón de la forma y no al revés, pero las cosas se distinguen por sus formas propias. Por tanto, no hay distinción en las cosas en razón de la materia sino más bien al contrario, en la materia creada hay carencia de forma a fin de que pueda ser adaptada a diversas formas [Sed hoc non potest stare propter duo. Primo quidem, quia supra ostensum est quod etiam ipsa materia a Deo creata est. Unde oportet et distinctionem, si qua est ex parte materiae, in altiorem causam reducere. Secundo, quia materia est propter formam, et non e converso. Distinctio autem rerum est per formas proprias. Non ergo distinctio est in rebus propter materiam, sed potius e converso in materia creata est difformitas, ut esset diversis formis accommodate]. Como vemos, el primer argumento es teológico pues se funda en la condición de ser creado que tiene la materia. El segundo pertenece a la filosofía de la naturaleza (con su debida atingencia metafísica) pues remite a la constitución más radical del ente físico, esto es, a su composición real de materia y forma. Pues bien; resulta innegable la asombrosa actualidad de estos textos tomistas de frente a una ciencia, como la de nuestro tiempo, sumida en un materialismo ingenuo y a crítico. Esta ciencia ha engendrado una visión radicalmente falsa y distorsionada del mundo y ha vuelto ciega la mirada del hombre para reconocer el orden del universo. Sin embargo, algunas constataciones fenoménicas de dichas ciencias permiten atisbar una corrección del rumbo. Pero se hace indispensable establecer un diálogo entre dichas ciencias y la filosofía del Doctor Angélico. Saludos cordiales. Mario Caponnetto