Afirma Santo Tomás que "el hombre es el fin de toda generación" (Summa contra Gentiles III, c.22, n.7) -ver lectio-. ¿Es el hombre, por consiguiente, el fin último del universo?
¿Es el hombre, por consiguiente, el fin del universo? En principio se advierte la criatura intelectual como el fin del universo. Luego la mente advierte que el hombre es un fin intermedio entre las demás criaturas y el fin supremo” (SCG. III, c. XII). ). El fin, al que camina el universo determina la acción y explica la transformación o adquisición de la nueva forma. El hombre, no puede determinar la transformación de la totalidad en la “tierra futura” (Ap. 21). Por tanto, no es el fin del universo. La cuestión plantea argumentar sobre el orden del universo, santo Tomás (SCG. III, cap. XXII) dice “Los elementos simples se ordenan a los cuerpos mixtos; estos, a los seres vivos; estos, a las plantas; estas, a los animales; y estos al hombre; el hombre es, pues, el fin de todo el progreso generador universal”. Lo que dice santo Tomás es que el orden universal se perfecciona en el alma humana, ella es “arca” del mundo sensible, el alma humana guarda un tesoro, “la epifanía de la criatura intelectual en la luz increada”, la luz del Corazón de Cristo, donde se consuma la suprema perfección del universo. “El universo sólo logra la más alta perfección, cuando todas las criaturas vuelven a su principio (SCG II c XLVI, Pág. 209), al Corazón del Verbo. La criatura intelectual en la cumbre de la creación que es el lugar humano, el espacio moral del mundo creado, “ordenada a contemplar en forma directa y personal a Dios” (S. T. q 65. a 3) produce el efecto más perfecto, ella hace posible que todo vuelva a su principio. El alma humana es la última y más noble perfección de las cosas, en potencia para engrandecerse en la visión beatifica, es lo más genial para afirmar la infinita ternura de Dios al crear al hombre y cuidar de él. La pregunta anterior se matiza con esta otra forma: ¿Dios es el fin que mueve el universo y explica la transformación o adquisición de la nueva forma? Veamos algunos texto de Santo Tomás: “Todo el universo, con sus partes, se ordena a Dios como a su último fin" (S.T. I, 65, a. 2), en Dios el universo alcanza la más elevada perfección. “Sólo en Dios puede saciarse el hambre y sed de perfección de todo lo que existe. Dios es la plenitud. Es lo que consciente o inconscientemente, apetecen todos (cuerpos). Dios es . Todos le buscan y anhelan, aun sin querer, aun sin saberlo. Dios es el Bien universal, lo que todos apetecen. Es (cuerpo). En cada ser hay una huella de su paso, que se traduce como un grito natural del mismo. Todo confluye hacia Él. Porque es apetecible y perfecto (S.T. q 5 a. 4). Él es el Principio y el fin. Su influjo es de atracción, no de empuje. Porque atrayendo mueve a la humanidad a ponerse en camino hacia la consecución de lo que apetece: el Sumo Bien, que es el fin. > en camino hacia una nueva forma, ya lo dice el Apóstol: “Toda la creación será renovada un día, liberada de la servidumbre de la corrupción, transformada por la gloria de Dios” (Rom 8, 19), Dios es el fin que mueve hacia la “Jerusalén futura” (Ap. 21), el (Os. 2, 16). He estudiado los foros y los libros, lo hago con dedicación en medio de la intensa jornada odontológica. Esta oración de Santo Tomás me ayuda mucho. Creador inefable. Dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facilidad para aprender, sutileza para interpretar, y gracia copiosa para hablar. Dame acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar. Amén.
aide
La maquina por la premura bajo errores como estos “Dios es cuerpo”¡Perdón! por la maquina. ¿Es el hombre, por consiguiente, el fin del universo? En principio se advierte la criatura intelectual como el fin del universo. Luego la mente advierte que el hombre es un fin intermedio entre las demás criaturas y el fin supremo” (SCG. III, c. XII). ). El fin, al que camina el universo determina la acción y explica la transformación o adquisición de la nueva forma. El hombre, no puede determinar la transformación de la totalidad en la “tierra futura” (Ap. 21). Por tanto, no es el fin del universo. La cuestión plantea argumentar sobre el orden del universo, santo Tomás (SCG. III, cap. XXII) dice “Los elementos simples se ordenan a los cuerpos mixtos; estos, a los seres vivos; estos, a las plantas; estas, a los animales; y estos al hombre; el hombre es, pues, el fin de todo el progreso generador universal”. Lo que dice santo Tomás es que el orden universal se perfecciona en el alma humana, ella es “arca” del mundo sensible, el alma humana guarda un tesoro “la epifanía de la criatura intelectual en la luz increada”, la luz del Corazón de Cristo, donde se consuma la suprema perfección del universo. “El universo sólo logra la más alta perfección, cuando todas las criaturas vuelven a su principio (SCG II c XLVI, Pág. 209), al Corazón del Verbo. La criatura intelectual en la cumbre de la creación que es el lugar humano, el espacio moral del mundo creado, “ordenada a contemplar en forma directa y personal a Dios” (S. T. q 65. a 3) produce el efecto más perfecto, ella hace posible que todo vuelva a su principio. El alma humana es la última y más noble perfección de las cosas, en potencia para engrandecerse en la visión beatifica, es lo más genial para afirmar la infinita ternura de Dios al crear al hombre y cuidar de él. La pregunta anterior se matiza con esta otra forma: ¿Dios es el fin que mueve el universo y explica la transformación o adquisición de la nueva forma? Veamos algunos texto de Santo Tomás: “Todo el universo, con sus partes, se ordena a Dios como a su último fin" (S.T. I, 65, a. 2), en Dios el universo alcanza la más elevada perfección. “Sólo en Dios puede saciarse el hambre y sed de perfección de todo lo que existe. Dios es la plenitud. Es lo que consciente o inconscientemente, apetecen todos (cuerpos). Todos le buscan y anhelan, aun sin querer, aun sin saberlo. Dios es el Bien universal, lo que todos apetecen. En cada ser hay una huella de su paso, que se traduce como un grito natural del mismo. Todo confluye hacia Él. Porque es apetecible y perfecto (S.T. q 5 a. 4). Él es el Principio y el fin. Su influjo es de atracción, no de empuje. Porque atrayendo mueve a la humanidad a ponerse en camino hacia la consecución de lo que apetece: el Sumo Bien, que es el fin, en camino hacia una nueva forma, ya lo dice el Apóstol: “Toda la creación será renovada un día, liberada de la servidumbre de la corrupción, transformada por la gloria de Dios” (Rom 8, 19), Dios es el fin que mueve hacia la “Jerusalén futura” (Ap. 21), el (Os 2, 16). He estudiado los foros y los libros, lo hago con dedicación en medio de la intensa jornada odontológica. la oración de Santo Tomás me ayuda mucho. Creador inefable. Dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facilidad para aprender, sutileza para interpretar, y gracia copiosa para hablar. Dame acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar. Amén. aide
Me parece que al respecto de 'toda generacion' se refiere a los seres creados, y la persona humana sería el fin proximo, el beneficiario directo de los bienes creados, pero el fin último de toda generación tendría que coincidir con el fin propio de la persona humana, puesto que ésta no agota su finalidad en sí misma. El fin del hombre es Dios, y podría decirse que el fin último de 'toda generación' es igualmente Dios, a través de un fin próximo que es la humanidad. Excelente comentario de Aide
En realidad si nos basamo en la reencarnación budista o hinduista el hombre no es el fin último del universo sino toda la creación. Por desirlo de alguna manera un Ente que existía antes de la Creación del Universo existía, unos seres que eran sumamente perfectos. El hombre y toda la existencia animal es el resultado de la caída por el pecado de todos esos seres, según vayamos adquiriendo conciencia iremos perfeccionando y llegando como en una carrera de maratón a lo que éramos. También ocurre que si en vez de perfeccionamiento adquirimos podredumbre iremos descendiendo a estados inferiores del ser. Es ese ser caído del Paraíso el fin supremos del Universo. El hombre es la consecuencia de la unión de cuerpo y alma. Es el alma la que le da vida al cuerpo, el alma tiene memoria, entendimiento y libre albedrío. En las catedrales góticas en todos sus símbolos se recrea la creación y todos los seres inferiores que han sido creados. Pero como se ha hecho malo ese ser superior si Dios todo lo hizo bueno, incluso el Demonio y su Legión de demonios también fueron hechos buenos, pero para estos no hay salvación alguna. Comprenetrándose reencarnación y Juicio Final. Ese ser superior caído pasa por una serie de existencias hasta que llega una calificación final de su conducta. Dios deja que el Infierno en el que moran los demonios sea la cárcel del empecinado por mala conducta.
Toda disputa racional debe partir de unos principios comunes (cfr. SCG I, c.3). Así sucede también en la disputatioque tiene lugar en e-aquinas: los principios comunes que se presuponen son los de la divina revelación tal y como la enseña el Magisterio vivo de la Iglesia Católica y los de razón natural; según de qué cuestión se dispute se recurrirá a unos o a otros, pero nunca se podrán poner en entredicho. D. Gregorio Jesús Román apela en su intervención a principios de la doctrina hinduista; pero éstos son ajenos a este foro -excepto en aquello que pueda ser afirmado desde la razón natural- sobre todo cuando contradicen la revelación divina. Y esto es lo que sucede, por ejemplo, cuando afirma la reencarnación. Dice el artículo 1013 del Catecismo de la Iglesia Católica: “La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último destino. Cuando ha tenido fin "el único curso de nuestra vida terrena" (LG 48), ya no volveremos a otras vidas terrenas. "Está establecido que los hombres mueran una sola vez" (Hb 9, 27). No hay "reencarnación" después de la muerte.” En consecuencia, debo pedir que las intervenciones en e-aquinas se ajusten a los principios que le son comunes. Cordialmente,
Enrique Martínez Director del Instituto Santo Tomás de Balmesiana