Las palabras del que enseña –verba doctoris- son causa más próxima de la ciencia que las cosas sensibles que existen fuera del alma
(Tomás de Aquino, De Veritate q.11, a.1 ad 11).
La lectio es la primera parte del Studium bimestral de e-aquinas. Tiene lugar durante el primer mes del Studium.
Consiste en la lectura y comentario de textos de Santo Tomás de Aquino o de otros maestros. Primero, se proponen textos (verba doctoris) que iluminen el tema de estudio. Segundo, se comentan (commentarium) los textos propuestos.
S. Tomás de Aquino, De Malo, q. 1, a. 4
Hay que decir que la naturaleza racional o intelectual se relaciona con el bien y con el mal de un modo especial respecto de las otras criaturas. Porque cualquier otra criatura se ordena naturalmente a algún bien particular, pero sólo la intelectual aprehende la razón misma de bien común por el intelecto, y se mueve al bien común por el apetito de la voluntad. Y por eso el mal de la criatura racional se divide con cierta especial división en culpa y pena. Pues esta división no es del mal sino según que se encuentra en la criatura racional, como se ve por la autoridad de Agustín antes presentada. De la cual también se puede tomar la razón de aquello, porque de la razón de culpa es propio que sea según la voluntad, pero de la razón de pena es propio que sea contra la voluntad; ahora bien, la voluntad sólo se encuentra en la naturaleza intelectual.
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S. Tomás de Aquino, Summa Theologiae, Iª-IIªe, q. 86, a.2
¿Es el reato de pena efecto del pecado?
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A lo primero se procede así. Parece que el reato de pena no es efecto del pecado
1. Pues lo que se refiere a algo por accidente no parece que sea su efecto propio. Pero el reato de pena se refiere accidentalmente al pecado, pues está fuera de la intención de quien peca. Por lo tanto, el reato de pena no es efecto del pecado.
2. El mal no es causa del bien. Pero la pena es buena, porque es justa y viene de Dios.Por lo tanto no es efecto del pecado, que es un mal.
3. Además, Agustín dice en I Confess, que todo ánimo desordenado es castigo para sí mismo. Pero la pena no causa reato de otra pena, porque así se iría al infinito. Por lo tanto el pecado no causa reato de pena.
Contra esto está lo que se dice en Rm 2 [9]: Tribulación y angustia sobre toda alma que haga el mal. Pero hacer el mal es pecar. Por lo tanto, el pecado induce la pena, que se designa con el nombre de tribulación y angustia.
Respondo diciendo que de las realidades naturales a las humanas se deriva que lo que se levanta contra algo, sufra un daño por parte de esto. Pues vemos en las realidades naturales que un contrario obra más vehementemente al sobrevenir su contrario; por eso las aguas calentadas se congelan más, como se dice en I Meteor. Por lo que en los hombres se encuentra esto por inclinación natural, que cada uno humilla al que se levanta contra él. Mas es evidente que todas las cosas que están bajo un orden, en cierto modo, son una sola cosa respecto al principio de su orden. De ahí que, si se levanta alguien contra ese orden, es lógico que sea humillado por el orden mismo o por el que lo preside. Ahora bien, siendo el pecado un acto desordenado, es evidente que quienquiera que peca obra contra algún orden. Y por eso es lógico que sea humillado por ese mismo orden. Esta humillación es el castigo.
Por consiguiente, el hombre puede ser castigado con una triple pena, según los tres órdenes a los que la voluntad está sometida. Pues la naturaleza humana está sometida primero al orden de la razón propia; segundo, al orden de otro hombre de fuera, que gobierna en lo espiritual o en lo temporal, en lo político o económico; tercero, está sometida al orden universal del régimen divino. Mas por el pecado se pervierte cada uno de estos órdenes: en cuanto que el pecador obra contra la razón, contra la ley humana y contra la ley divina. Por consiguiente, incurre en una triple pena: una, por cierto, de sí mismo, que es el remordimiento de la conciencia; otra, de los hombres; y la tercera, de Dios.
A las objeciones:
1. La pena sigue al pecado en cuanto es un mal por razón de su desorden. Por tanto, como el mal es accidental en el acto del pecador, fuera de su intención, así también el reato de pena.
2. La pena justa puede ser infligida tanto por Dios como por el hombre. Por lo tanto, la misma pena no es directamente efecto del pecado, sino sólo dispositivamente. Mas el pecado hace que el hombre sea reo de pena, que es un mal, pues dice Dionisio en el capítulo 4 De div. nom., que ser castigado no es malo, sino hacerse digno de castigo. De ahí que el reato del castigo se ponga como efecto del pecado directamente.
3. Aquella pena del ánimo desordenado se debe al pecado por el hecho de pervertir el orden de la razón. Mas se hace reo de otra pena por pervertir el orden de la ley divina o humana.
S. Agustín de Hipona, De Natura Boni, c. 7
A las criaturas más excelentes, es decir a los espíritus racionales, Dios les ha dado esto: que si quieren, puedan evitar la corrupción. Es decir, si conservaban la obediencia, bajo el Señor su Dios, permanecerían unidas a su incorruptible Belleza. Pero si no hubiesen querido conservar la obediencia se habrían corrompido en las penas sin quererlo, porque se corrompen voluntariamente en los pecados.
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En efecto Dios es el Bien de tal modo que ninguno de los que lo abandonan tiene bien. Y entre las cosas hechas por Dios tan gran bien es la naturaleza racional, que ningún bien puede hacerla feliz sino Dios. Los pecadores en se ordenan en los castigos. Esta ordenación no corresponde a su naturaleza, por lo que es una pena. Pero como corresponde a la culpa, es justicia.