1) ¿Es toda tristeza un mal de pena? Esta pregunta ha surgido de la lectio y hasta ahora se ha dicho que parece que no, porque la misericordia, que acompaña a la caridad y que se da también en Dios, es tristeza del mal ajeno.
Estimados amigos del Foro: Parece claro que Santo Tomás, cuando divide el mal de la criatura racional en culpa y pena, lo hace en atención a lo que es el mal que deriva de su naturaleza intelectual dotada de voluntad y libertad. Y define la culpa como el mal uso de la voluntad, y la pena como lo que, a consecuencia de ese mal uso, le sobreviene y es contrario a la voluntad. Lo que es contrario a la voluntad es un mal y por lo tanto produce tristeza. Pero no son lo mismo el mal de pena que la tristeza sobreviniente. E incluso, la pena puede ser aceptada como un bien para la propia purificación.
La diferencia entre culpa y pena la describe Santo Tomás en el siguiente pasaje tomado del final del Cuerpo de la misma Quaest Disp de Malo, Q. 1 Art 4 que nos propuso el Dr. Martín Echeverría como Lectio:
Así que pena y culpa difieren triplemente: PRIMERO, porque la culpa es un mal de la acción misma, y la pena es una culpa del que la hace. Pero estos dos males se relacionan entre sí de diversa manera según que se las considere en el orden natural o en el orden de lo voluntario. Porque en el orden de la naturaleza, del orden del mal del que actúa se sigue el mal de la acción, por ejemplo, del defecto de la pierna se sigue el caminar rengueando; en cambio, en el orden voluntario es al revés, pues del mal de la acción, que es la culpa, se sigue el mal del que la hace, que es la pena, por la que la divina providencia ordena la culpa mediante la pena. DE UN SEGUNDO modo difiere la pena de la culpa por motivo de que la culpa es voluntaria y la pena es contraria a la voluntad, como consta de la Autoridad de San Agustín antes aducida. DIFIEREN EN TERCER LUGAR la pena y la culpa, debido a que la culpa está en el hacer y la culpa en el padecer, como consta por San Agustín en el libro I de Libero Arbitrio, donde llama culpa al mal que obramos y pena al mal que padecemos.
[Sic ergo tripliciter poena et culpa differunt. Primo quidem, quia culpa est malum ipsius actionis, poena autem est malum agentis. Sed haec duo mala aliter ordinantur in naturalibus et voluntariis; nam in naturalibus ex malo agentis sequitur malum actionis, sicut ex tibia curva sequitur claudicatio; in voluntariis autem e converso, ex malo actionis, quod est culpa, sequitur malum agentis, quod est poena, divina providentia culpam per poenam ordinante. Secundo modo differt poena a culpa per hoc quod est secundum voluntatem et contra voluntatem esse ut patet per auctoritatem Augustini supra inductam. Tertio vero per hoc quod culpa est in agendo, poena vero in patiendo, ut patet per Augustinum, in I de libero arbitrio, ubi culpam nominat malum quod agimus, poenam vero malum quod patimur.]
De modo que el mismo desorden voluntario, tiene consecuencias contrarias a la voluntad. La pena es un mal por ser contrario a la voluntad y por lo tanto, la pena produce tristeza. Ya que la tristeza se produce en presencia del mal. “El objeto de la tristeza es el mal presente” [Q.D. De Malo Q. 11, Art. 1, c.).
PERO EN UN SEGUNDO MOMENTO, la pena puede ser aceptada como saludable y justa, para corrección de los desórdenes de la voluntad.
Por ejemplo alguien que por cometer un pecado de lujuria (culpa), a consecuencia de ese pecado inicial incurre en una adicción u obsesión sexual (pena), puede sufrirla luego, durante el resto de su vida, o si irrumpe con violencia irresistible en la vejez, ocasionándole humillaciones públicas graves, como contraria a su voluntad de convertido, pues no puede dominarla.
Esta realidad del desorden de las pasiones, consecuencia del pecado original y de los pecados personales, la describe San Pablo en Romanos 7, 14-24. Y es también lo que describe bien San Agustín “por decirlo en breves palabras, en la pena y castigo de aquel pecado [original], ¿con qué castigaron o pagaron [nuestros primeros padres Adán y Eva] la desobediencia sino con la desobediencia? ¿Pues qué cosa es la miseria del hombre sino padecer contra sí mismo la desobediencia de sí mismo, y que ya que no quiso lo que pudo, quiera lo que no puede? Porque aunque en el Paraíso, antes de pecar, no podía todas las cosas, con todo, lo que no podía no lo quería, y por eso podía todo lo que quería; pero ahora, como vemos en su descendencia y lo insinúa la Sagrada Escritura, "el hombre se ha vuelto semejante a la vanidad" [en vez de semejante a Dios] ; pues ¿quién podrá referir cuánta inmensidad de cosas quiere que no puede, entretanto que él mismo a sí propio no se obedece, esto es, no obedece a la voluntad, el ánimo, ni la carne, que es inferior al ánimo?” (De Civ. Dei Lib.14, Cap.15)
“A la tercera objeción hay que decir que toda tristeza ha de ser rehuida por sí misma, como se dice en 7 Eth. en cuanto tristeza. Pero sin embargo, la tristeza puede ser abrazada en cuanto se ordena a algún bien, como es el caso de la tristeza del penitente para su salvación, y así también Cristo eligió la tristeza en cuanto era útil para la redención del género Humano [In III Sent. D. 15 Quaestio 2 Art 2, RA3]
[Ad tertium dicendum, quod omnis tristitia, ut dicitur in 7 ethic., inquantum in se est, fugienda est, inquantum hujusmodi: potest tamen eligi tristitia inquantum ad aliquod bonum ordinat, sicut tristitia poenitentis ad salutem; et ita etiam christus elegit tristitiam, inquantum utilis erat ad redemptionem humani generic].
Cordialmente Horacio Bojorge S.J.
Apreciados foristas,
Está claro, como explica el P. Bojorge a partir de los textos de Santo Tomás, que el mal de pena consecuencia del mal de culpa puede ser ordenado a un bien; así, “la tristeza puede ser abrazada en cuanto se ordena a algún bien, como es el caso de la tristeza del penitente para su salvación”. Pero ello no quita que la pena sea un mal, como se significa claramente el nombre, y como enseña el Aquinate: “el mal que que se da por la sustracción de la forma o de la integridad del ser, tiene razón de pena” (S.Th I, q.48, a.5 in c). Si puede apetecerse como un bien no es porque no sea un mal, sino porque se apetece el bien que se puede obtener por su medio; y así, el mal de pena es apetecido accidentalmente: “Pero algún mal es apetecido accidentalmente en cuanto que reporta algún bien. Y esto se da en cualquier tipo de apetito. Pues lo que busca el agente natural no es la privación o la corrupción [que es el mal de pena], sino una forma a la que se le una la privación de otra o la producción de algo que conlleva la corrupción de otro” (STh. I, q.19, a.9 in c). Y es de este modo que se da la aceptación del mal de culpa por parte de Dios: “Por eso, Dios no quiere de ninguna manera el mal de culpa, que conlleva la privación de orden al bien divino. Pero quiere el mal como defecto natural, o el mal de pena, puesto que quiere algún bien que conlleva dicho mal” (STh I, q.19, a.9 in c). Todo ello me recuerda una conferencia que me comentó el Dr. Hug Banyeres de alguien que pretendía negar que Santo Tomás afirmara la existencia del mal; tal vez nos podría recordar aquel episodio. Un cordial saludo,
Enrique Martínez
aide hidalgo.
“La tristeza es un mal, porque impide el reposo del apetito en el bien”. (Suma Teológica. I - II q 39 art 1) saludos, aide
Hola, soy nuevo. Saludos a todos.
Quisera decir algo sobre la quaestio:
Yo no creo que toda tristeza sea un mal de pena, pero no por la razón que se sugiere (a saber porque también se da en Dios), sino porque la tristeza puede no ser consecuencia de una culpa previa, como la tristeza de un enfermo por su enfermedad.
En cuanto a la misericordia de Dios, yo diría que es solo una manera de hablar, pues la misericordia es lo mismo que la compasión, y ésta es una clase de pasión, que naturalmente no puede darse en Dios.
Tampoco creo que la caridad tenga que ir acompañada de la misericordia, pues "Deus charitas est", pero en él, por lo dicho, no tiene por qué haber misericordia (ni su contrario, obviamente). La caridad es el amor, y el objeto del amor no es prima facie la miseria ajena sino más bien lo contrario: su bien y su perfección. De donde se sigue que Dios no nos ama por nuestras miserias sino por lo que, a pesar de ellas, sigue habiendo de bueno en nosotros; de lo contrario procuraríamos su amor pecando aún más.
Saludos.
El Dr. Martínez me invita a un recuerdo del que he hallado antecedentes guardados. En una conferencia pública, organizada principalmente por el Instituto de Ciencias Religiosas de Lleida el Dr. Esquirol, de la UB, definió el mal como una “exageración”, y cuando repasó autores, dijo que San Agustín y Santo Tomás en definitiva acaban afirmando que el mal no existe, que estos Doctores lo desvanecen. En público, y socráticamente, le pregunté estas dos cosas, y contestó afirmativamente y entonces le hice observar que una exageración es siempre privación de la medida debida, y por tanto que se contradecía y tenía tazón Santo Tomás. A este argumento ad hominem contestó por trigonometría, o sea saliendo por la tangente. Al día siguiente un diario local publicaba una entrevista con este profesor, con idénticos disparates, y decidí escribir un artículo. Ayudado por el Index Thomisticum arguí 1) Que la idea del mal como privación ya se halla en Platón y Aristóteles. 2) Santo Tomás nombra el mal unas 71.000 veces en número redondos. 3) Que si el mal no existía, no sabemos cómo se las apañaban San Agustín y Santo Tomás para meditar la Pasión del Señor o rezar el Padrenuestro. 4) Que o bien Santo Tomás perdió mucho tiempo estudiando el tema, o que el profesor Esquirol había empleado poco tiempo en estudiar a Santo Tomás. En fin, vanidad de vanidades. Pero el mal está en que todo un Instituto de Ciencias religiosas invite a un señor que enseña mal el mal. El director del centro no se abstuvo en cuanto tuvo ocasión de llamarme prepotente. Vivimos el mal de que en los estudios religiosos no se sigan las constantes indicaciones de los sucesivos Papas acerca del valor e importancia de discurrir siguiendo a Santo Tomás. Un cordial saludo. Hug
Me presento. Mi nombre es Sebastián Cardona Vélez y deseo participar el las numerosas disputatio acerca de la doctrina de Santo Tomas de Aquino; sin embargo, considero prudente participar cuando se abra la próxima lectio y posteriormente su disputatio.
Gracias
Apreciado amigo Sebastián,
Bienvenido a este foro, dedicado al estudio de la doctrina de Santo Tomás de Aquino, Doctor Común de la Iglesia. Le invito a participar en el mismo cuando lo desee. Un cordial saludo,
Enrique Martínez Director de e-aquinas
Es verdaderamente sorprendente lo que senala Hug:Increible que un profesor pueda afirmar en una conferencia publica de un "Instituto de Ciencias Religiosas",que el mal no existe",para escaparse "por trigonometria",a falta de argumentos validos.como bien senala nuestro amigo Hug,Que el propio director del centro llame "prepotente"a quien sale en defensa de la verdad es algo verdaderamente desconcertante.Parece que en ese caso el enemigo,o sea "el mal", ha ganado bastante terreno.Lea ese profesor a Santo Tomas,medite,y despues salga a dar conferencias!!De lo contrario,absténgase de esparcir los errores que en forma impune,con apoyo de directores,quiere,para mal de todos,realizar.
Me apunté al foro hace unos días, di mi opinión sobre la cuestión, y sugerí otra que no debe de ser ninguna tontería, puesto que después he visto que la toca el propio Santo Tomás. Pero ni mi opinión ni mi saludo inicial para todos mereció el menor comentario. Como si yo no existiera. Y el señor director del foro no se dignó darme la bienvenida, como hizo con alguien que se apuntó después que yo. ¿Qué pasa? ¿Soy transparente?
Apreciado D. Ernesto,
Se queja, y con razón, de no haber recibido ningún saludo de bienvenida al foro, a diferencia de lo sucedido con otro nuevo participante en el foro. Mis disculpas, pues es culpa de un servidor la que ha provocado su enojo, que es un mal de pena; y, con retraso, mi bienvenida a este lugar de estudio del pensamiento de Santo Tomás. Que no haya tenido respuesta su intervención en lo referente a su contenido, ello pienso que no debe disgustarle, pues no hay aquí ninguna culpa en los foristas, que no están en modo alguno obligados a responder; en ocasiones hay intervenciones que son comentadas y en ocasiones no; se trata de un foro abierto, y sólo se exige que no se contradiga el Magisterio de la Iglesia y que las intervenciones sean respetuosas.
Se ve, en mi respuesta, que afirmo que todo mal de pena implica un mal de culpa previo, según aquello de San Agustín: “toda pena es justa y se inflige por algún pecado” (Retract. I). Trato así de responder asimismo al contenido de su intervención. Sucede que a veces la culpa que provoca la pena es propia, pero en ocasiones es ajena, de manera que “uno que no pecó voluntariamente, soporte la pena por otro” (Santo Tomás, Summa Theologiae I-II, q.87, a.7 in c). Y remontándonos al origen podemos hallar la culpa original, cuya pena “consiste en que la naturaleza humana sea dejada a sí misma, desprovista de la ayuda de la justicia original, de lo que se siguen todas las penalidades que acontecen a los hombres por el fallo de la naturaleza … Por consiguiente, lo que hay de penoso en tales cosas se reduce a la culpa original como a su causa”. Y una de "tales cosas" que menciona el Aquinate es, precisamente, la enfermedad, que es el ejemplo al que se refiere D. Ernesto en su intervención.
Y respecto a la misericordia divina, me remito a lo que comenté en la lectio: “La pasión de la misericordia consiste en entristecerse por la miseria ajena como si fuera propia, y ello tiene como efecto desterrar la miseria ajena; lo primero no es posible en Dios, pues en él no es posible la tristeza, sino lo segundo, esto es, el efecto de la misericordia, que consiste en desterrar la miseria ajena. Así es como debe afirmarse la misericordia en Dios según Santo Tomás”.
Un saludo cordial,
Enrique Martínez
Yo no creo que toda tristeza sea un mal de pena, pero no por la razón que se sugiere (a saber porque también se da en Dios), sino porque la tristeza puede no ser consecuencia de una culpa previa, como la tristeza de un enfermo por su enfermedad. En cuanto a la misericordia de Dios, yo diría que es solo una manera de hablar, pues la misericordia es lo mismo que la compasión, y ésta es una clase de pasión, que naturalmente no puede darse en Dios. Tampoco creo que la caridad tenga que ir acompañada de la misericordia, pues "Deus charitas est", pero en él, por lo dicho, no tiene por qué haber misericordia (ni su contrario, obviamente). La caridad es el amor, y el objeto del amor no es prima facie la miseria ajena sino más bien lo contrario: su bien y su perfección. De donde se sigue que Dios no nos ama por nuestras miserias sino por lo que, a pesar de ellas, sigue habiendo de bueno en nosotros; de lo contrario procuraríamos su amor pecando aún más. Estimado Ernesto: Aunque nadie se lo haya dicho aún, un nuevo nombre y una nueva aportación siempre los he visto bienvenidos a nuestro foro, aún sin expresarse formalmente, salvando alguna excepción. Permítame contestar a algunos puntos suyos desde mi situación de ignorante en teología, que a veces es una cierta ventaja. En primer lugar, creo con usted que no toda tristeza es un mal de pena proveniente de un mal de culpa, y el ejemplo que propone es muy adecuado. Pero la misericordia de Dios, que los teólogos le podrán explicar, es una cosa revelada. “Miserere mei Deus, secundum magnam misericordiam tuam”. Creo –le hablo desde modalidades personales de mi fe- que el Señor demuestra o prueba o como quiera decirlo su infinita misericordia ya simplemente tolerando nuestros pecados. Y en el Evangelio nos dice explícitamente que ha venido para los que están mal. O sea que nos ama no por nuestras miserias, sino a pesar de ellas y con ellas. Tal vez las reflexiones de la lectio le ayuden a ver lo que tiene de importante la voluntad, y pueda apercibirse de que el punto último de su mensaje es un disparate colosal, lamento decirlo. Si fuese cierto, Dios amaría más al diablo que al hombre. Siento esta chapucera respuesta. Un saludo cordial en Santo Tomás. Hug
Lamento la mezcla de mi mensaje con la repetición del texto de Ernesto. Cosas de los borradores. Hug
Gracias por sus respuestas a los señores Martínez y Banyeres. Me ha alarmado algo que me dice este último: "el punto último de su mensaje es un disparate colosal"
¿Podría decirme cuál es ese colosal disparate que dice usted que dije yo?
Saludos.
Estimado Ernesto: A mi modo de ver, y no se telogia, el disparate que me parece colosal está en la frase "procuraríamos su amor pecando aún más". Pero no se alarme por ello, porque en estado de alarma solo se piensa en defenderse o huir; doctores tiene la Iglesia que se lo podrán matizar; pero insisto en lo del diablo. Saludos cordiales.Hug
Señor Banyeres: Si presta usted un poco de atención a lo que escribí, advertirá que yo dije exactamente lo contrario de lo que usted dice que dije. Saludos.
Señor Ernesto: no puedo prestar atención. Lo siento. Dr. Hug
Señor Banyeres:
A mí me parece que su atención es más bien selectiva, y que atiende a unas cosas sí y a otras no. Trate, en todo caso, de atender al menos a esto: si en un sitio como este no atiende a lo que los demás escriben, no los entenderá. Pero entonces debería abstenerse de acusarlos de decir "colosales disparates", porque en esas condiciones el que probablemente diga algún disparate colosal será usted.
Saludos.
Sr. López: Toda atención es selección. Mi mensaje se cruzó con el del Dr. Martínez, que de haberlo leído, yo no le hubiera escrito a usted, ya que basta con la lección magistral de nuestro Director. En mi poco afortunada respuesta, lo esencial me pareció señalar que la misericordia de Dios no es sólo una manera de hablar como usted dice, sino una revelación que manifiesta algo muy importante de cómo Dios quiere que le conozcamos. Sigo insistiendo en que ignoro supinamente la teología. Pero tengo presentes los datos necesarios a mi economía espiritual. La antigua Alianza, la mantiene el Señor por encima de las infidelidades el pueblo elegido. El Señor perdona porque es el Dios del amor, del perdón y la misericordia. Y en la nueva Alianza, ya antes de nacer Jesús se revela esta misericordia en el Magnificat: “Et misericordia eius de progenie in progenies”. Y Jesús manifiesta predilección por los pobres, es amigo de pecadores y publicanos, come con ellos, permite que se le acerque la Magdalena y le perdona los pecados, y hasta la pone de ejemplo. Y dice en Lc.19,10 que ha venido “a buscar y salvar lo que estaba perdido”. Es especialmente conmovedora la enseñanza de la parábola del hijo pródigo, donde al padre le basta el gesto, ni deja hablar, etc etc. De manera que la misericordia es nuclear en el mensaje del Evangelio, es tal vez la mayor revelación de Dios, no lo se, que se ha rebajado hasta tal punto que para salvar a su criatura se hace semejante a ella, y por ella sufre la Pasión. Entonces su conocimiento y consideración sólo pueden mover a hacer lo posible para amarle, no a ofenderle más para obtener más misericordia, que es el punto último de su mensaje y que implicaría que Dios es tan bueno que además es tonto. No creo que podamos decir alegremente que nos ama por lo que sigue habiendo de bueno en nosotros, sino porque es la Bondad trascendente, que es un misterio de lo profundo de su Ser, que ha tenido la bondad de revelarnos para que lo que hay de bueno en nosotros, empezando por el ser, se acerque a Él en condiciones de filiación. Por ello nos enseña a llamarle Padre. Él ha venido para salvar la infinita distancia entre Dios y el hombre, y a ayudarnos a sobrellevar el mal de pena, y a librarnos del mal de culpa. Siento haberle alarmado con la expresión “colosal disparate”, y siento no ver lo que dice usted que he de ver, ni lo contrario, ni exactitud. Le pido perdón. Un saludo. Dr. Hug
Estimados amigos:
Un gusto volver a saludarlos. Al argumento "videtur" (parecería) que encabeza el planteo de esta cuestión entiendo que se debe responder así, siguiendo lo ya dicho por el Dr. Enrique Martínez : En Dios se da la misericordia en cuanto al efecto, no en cuanto al afecto. Luego, no se da en Él la tristeza, y por tanto, no puede argumentarse por este capítulo que no toda tristeza sea pena. Otra cosa es si hay otros argumentos.
Saludos cordiales Néstor Martínez
Para Martín o quien tenga la paciencia de leer: ¿qué opinan ustedes que están en Europa acerca del libro de Gesché sobre el mal? A mí me sirvió para mirar más allá del mal de culpa.Si no lo hacemos, no se entienden los problemas de América Latina. Cordialmente Luis Baliña Buenos Aires
Ni que decir tiene que Santo Tomás me parece generalmente admirable, y por eso estoy aquí; pero francamente creo que se equivoca cuando distingue entre la misericordia como afecto y como efecto. En mi opinión esta es la razón más clara por la que puede mantener la misericordia en Dios. Pero me parece falsa, pues solo existe la misericordia afectiva. Es más, si alguien tuviera el afecto, pero sin ningún efecto, ello no le restaria un ápice a su misericordia (siempre, claro, que su inoperancia no le fuera imputable). Por definición la misericordia es un afecto, una pasión, como dije. Hablar de una misericoridia efectiva es como hablar de una tristeza efectiva, suponiendo que la tristeza causa necesariamente algún efecto en quien la tiene, por ejemplo falta de diligencia. El que tuviera falta de diligencia, estaría triste, aunque no experimentara el correspondiente sentimiento. Pero un análisis así sería abusar de las palabras.
Por otra parte me ha sorprendido que ninguno de los resligiosos de aquí haya dicho nada de cómo esa posible falta de misericoridia en Dios podría afectar a la práctica de la oración. Dicho sea con el mayor respeto.
Saludos.
No conozco el libro de Gesché sobre el mal. A ver si lo encuentro para leerlo en las vacaciones. Sobre los otros temas, me pronuncio en la determinatio. Cordiales saludos, Martín Echavarría