Del hilemorfismo

Época II Año 6 Número 4 Julio - Agosto 2008
La lectio está cerrada. Ha comenzado la disputatio.

Verba Doctoris

Entre los seres hay unos que permanecen en el mismo estado siempre y necesariamente, no a consecuencia de esa necesidad que equivale a la violencia, sino de la que se define diciendo que es la imposibilidad de ser de otra manera; mientras que los otros no permanecen necesariamente, ni siempre, ni de ordinario: he aquí el principio, la causa del ser accidental. Lo que no subsiste, ni siempre, ni en la mayoría de los casos, es lo que llamamos accidente. Hace gran frío y viento en la canícula, y decimos que es accidental; y nos servimos de otras expresiones, cuando hace calor y sequedad. Esto último es lo que sucede siempre, o al menos ordinariamente, mientras que lo primero es accidental. Es un accidente que el hombre sea blanco, porque no lo es siempre, ni ordinariamente; pero no es accidental el ser animal. Que el arquitecto produzca la salud no deja de ser un accidente, porque no es propio de la naturaleza del arquitecto producir la salud, sino de la del médico, y es un accidente que el arquitecto sea médico. Aun cuando el cocinero sólo atienda a satisfacer el gusto, puede suceder que sus viandas sean útiles a la salud; pero este resultado no proviene del arte culinario, y así decimos que es un resultado accidental: el cocinero llega a veces a conseguir este resultado, pero no absolutamente. Hay seres que son producto de ciertas potencias: los accidentes, al contrario, no son productos de un arte, ni de ninguna potencia determinada. Lo que existe o deviene accidentalmente, no puede tener sino una causa accidental. No hay necesidad ni eternidad en todo lo que existe o deviene: las más de las cosas no existen sino frecuentemente; es preciso, pues, que haya un ser accidental. Y así, lo blanco no es músico, ni siempre, ni ordinariamente. Esto se verifica algunas veces, y esto es un accidente, porque de otro modo todo sería necesario. De suerte que la causa de lo accidental es la materia, en tanto que es susceptible de ser otra de lo que es ordinariamente.

Commentaria

  • Confieso que me cuesta entender el léxico de mis amigos comentaristas. Y temo que la dificultad sea recíproca. Pero tratando de hacer un esfuerzo para facilitar el diálogo, estuve reflexionando sobre las explicaciones vertidas sobre este texto de la Metafísica sobre la materia como causa de lo accidental. Expongo aquí lo que creí entender, y espero que no sea tan descabellado.

    La materia es causa de lo accidental en sentido potencial (o condicional). Esto cuesta entenderlo porque en realidad lo accidental no tiene causa propiamente dicha. La materia sería entonces lo que posibilita que haya entes accidentales, sin ser propiamente causa de ellos. Esto ocurre, según este texto de Aristóteles, porque la materia admite otro modo de ser además del general. En otras palabras, si no existiera la materia no habría cosas innecesarias (ni accidentales ni generales) sino sólo cosas eternas. La materia es entonces condición necesaria (pero no suficiente) de lo que no es necesario. Además la materia es lo que hace posible superar la idea de que toda la realidad es un único ente, ya que introduce la multiplicidad por la cual dos cosas son distintas a pesar de no tener diferencias específicas.

    Publicado por Alejandro Clausse el 29 de Julio de 2008
  • Estimados amigos:

    Cuando nuestro texto habla de "causa accidental", en realidad Aristóteles se está refieriendo ahí, entiendo, a la "causa por accidente", es decir, a que algo que "per se" o esencialmente no tiene causa, sí tiene causa por accidente. El ejemplo clásico de Santo Tomás, o uno parecido, es el de dos personas que van al mismo pozo a beber y se encuentran ahí. El encuentro, "per se", no tiene causa, porque es accidental, fortuito, pero "per accidens" sí la tiene, a saber, que cada uno quiso ir a beber al mismo pozo, a la misma hora, etc. Esta causa "por accidente" no es potencial, sino actual, pero no es una causa "per se" o de suyo, porque entonces el encuentro no sería accidental. Sería, o bien natural, como que el fuego queme, o bien intencional, como una acción libre. Así se satisface a la vez al principio de "razón de ser" y al carácter accidental de lo accidental: todo tiene razón de ser, "per se" o "per accidens".

    Lo accidental requiere de la materia, porque ante todo requiere de un mundo de individuos materiales concretos, situados en el tiempo y en el espacio, que puedan por ejemplo encontrarse por casualidad en un pozo. En el mundo de las puras esencias, de las formas desprovistas de materia "signata", aunque más no sea por la abstracción del pensamiento, no hay nada accidental, casual ni azaroso: el hombre es racional, el triángulo tiene tres lados, etc. Todo allí es necesario. La materia, siendo justamente de orden no formal, agrega ese factor de ininteligibilidad que es la "esencia" misma de lo accidental - que precisamente, por serlo, no tiene esencia, y por eso, no es en sí mismo inteligible.

    Dios mismo, que intelige absolutamente todo, también lo accidental, no lo intelige sin embargo a partir de lo accidental mismo, sino a partir de su propia Esencia, origen y ejemplar de todas las cosas, en la cual también contempla el plan de su Providencia sobre cada detalle del mundo material. Por eso Santo Tomás pone el ejemplo de los dos siervos que se encuentran en el pozo, pero además, fueron enviados allí por su amo con la voluntad (del amo) de que se encontraran: el encuentro es fortuito, dice, casual, mirando la actividad de los siervos, pero no mirando la intención del amo. Así, dice, en la naturaleza, puede darse lo accidental por relación a las causas segundas, no por relación a la Causa Primera.

    Las cosas materiales son "innecesarias" en el sentido de "contingentes": no tienen porqué existir necesariamente. Pero eso lo tienen en común con todo lo creado: en realidad, sólo Dios es el ser Necesario. Es cierto, sí, que los seres materiales tienen un grado más de contingencia por la materialidad, justamente: la materia puede perder su forma y adquirir otra.

    El modo de ser "general" sólo existe en nuestra mente. En la realidad existe lo mismo que nosotros entendemos en forma "general", es decir, universal, (por ejemplo, el hombre) pero existe de modo singular, individual (por ejemplo, este hombre). Y existe así, es decir, como este hombre distinto de aquel otro, por la materia, "signata quantitate". Y esa misma materia "signata", al hacer posible la extensión, el espacio y el tiempo, hace posible lo accidental.

    Sin la materia, el hombre, por más internamente necesario y no accidental que sea en sí mismo, simplemente no existiría, ni tampoco ninguna de las esencias de las cosas materiales. Un hombre inmaterial sería una contradicción, porque precisamente, una de las notas necesariamente componentes del hombre, ser animal y corpóreo, es la materialidad. Sólo existirían el ángel, en caso de que Dios hubiese querido crearlo, y Dios, que no puede no existir.

    Finalmente, es cierto que la materia es principio de multiplicidad, pero sólo dentro de cada especie (este hombre, aquel hombre) y por tanto, supone una multiplicidad anterior, más básica, que es la de las especies mismas (hombre, perro, gato). Eso quiere decir, según Santo Tomás, que lo común a todo es el "acto de ser" (esse), pues todo es algo, precisamente, en la medida en que es. Y lo que diversifica el "acto de ser", de modo análogo a como la materia diversifica la forma, es la forma misma, pues es la que distingue al ser del perro del ser del caballo. Así que la forma es, por un lado, acto respecto de la materia, que la diversifica, y potencia respecto del "acto de ser", al cual diversifica. Porque siempre el acto es diversificado por la potencia.

    Saludos cordiales

    Néstor Martínez.

    Publicado por Néstor Martínez el 30 de Julio de 2008

Novum commentarium

La lectio de este número está cerrada.
Santos de hoy
www.santopedia.com