Del hilemorfismo

Época II Año 6 Número 4 Julio - Agosto 2008
La lectio está cerrada. Ha comenzado la disputatio.

Verba Doctoris

1. Observa que algo puede ser, aunque todavía no sea, y que algo ya es. Aquello que puede ser, se dice que es en potencia; aquello que ya es, se dice que es en acto. Pero el ser es doble, esto es, el ser esencial de una realidad o ser substancial, como por ejemplo ser hombre, y esto es ser a secas; y el otro es el ser accidental, como por ejemplo que un hombre sea blanco, y esto es ser algo o según algo. Respecto de uno y otro ser, hay algo que es en potencia: en efecto, hay algo que es en potencia para ser hombre, como el esperma y la sangre menstrual; hay algo que es en potencia para ser blanco, como el hombre. Tanto aquello que es en potencia respecto del ser substancial, cuanto aquello que es en potencia respecto del ser accidental, puede ser llamado materia: como el esperma puede ser llamado materia del hombre, y el hombre materia de la blancura; pero difieren en que la materia que es en potencia respecto del ser substancial, se llama materia a partir de la cual y la que es en potencia respecto del ser accidental, se llama materia en la cual.

2. Asimismo, hablando con propiedad, lo que es en potencia respecto del ser accidental, se llama sujeto; en cambio, lo que es en potencia respecto del ser substancial, se llama propiamente materia. Ahora bien, un signo de que aquello que es en potencia respecto del ser accidental se llame sujeto, es que se dice que los accidentes son en un sujeto, y no que la forma substancial sea en un sujeto. Y según esto la materia difiere del sujeto porque el sujeto es lo que no tiene el ser a partir de aquello que le sobreviene, sino que tiene por sí un ser completo, así como el hombre no tiene el ser a partir de la blancura; la materia, en cambio, tiene el ser a partir de aquello que le sobreviene, porque de suyo tiene un ser incompleto, o más bien no tiene ningún ser, como dice el Comentador sobre el segundo libro Sobre el Alma. Por lo que, hablando pura y simplemente, la forma da el ser a la materia; mas el accidente no da el ser al sujeto, sino el sujeto al accidente, aunque a veces uno sea tomado por el otro, a saber, la materia por el sujeto, y a la inversa.

3. Ahora bien, así como todo lo que es en potencia puede ser llamado materia, del mismo modo todo aquello a partir de lo cual algo tiene ser, cualquiera sea el ser, ora substancial, ora accidental, puede ser llamado forma: así como el hombre, puesto que es blanco en potencia, llega a ser blanco en acto por la blancura, y el esperma, puesto que es hombre en potencia, llega a ser hombre en acto por el alma. Y porque la forma hace ser en acto, se dice que la forma es acto; ahora bien, lo que hace ser en acto a un ser substancial, es la forma substancial, y lo que hace ser en acto a un ser accidental, se llama forma accidental.

Commentaria

  • La teoría del hilemorfismo me parece un tema muy interesante, y coincido en que es olvidada o mal interpretada en la ciencia moderna. Los textos de Aquino elegidos además muestran la íntima relación que existe entre el hilemorfismo y la distinción de esencia y accidente. De hecho, la raíz de las posiciones positivistas de la ciencia moderna están en la negación de esta distinción, confundiendo ambos conceptos bajo la noción ambigua de fenómeno, o de hecho. El correcto planteo de la noción de accidente, y su explicación en un lenguaje actual es por lo tanto muy importante para una buena epistemología. De la lectura de los textos propuestos, sin embargo, me gustaría mencionar que hay un tipo de accidentes , que son difíciles de armonizar con el hilemorfismo, porque su definición es paradojal: los accidentes esenciales, o propiedades. Como estos accidentes son muy importantes en la ciencia, ya que son el medio principal que se usa para definir en ésta, las malas interpretaciones del hilemorfismo llevan a malas metodologías científicas (por ejemplo el positivismo). También es interesante notar que en los textos propuestos no se define la materia en relación al espacio físico, que es como se define a partir de Galileo y Newton. Suele escucharse en los ambientes filosóficos que la materia metafísica no es la materia física. Y es cierto. Sin embargo, en vistas a un diálogo más productivo, sería provechoso estudiar coincidencias y relaciones entre ambas nociones de materia. Sería interesante entender por qué se usó la misma palabra cuando comenzó el mecanicismo.

    Publicado por Alejandro Clausse el 2 de Julio de 2008
  • Entiendo,coincidiendo con Alejandro Clausse,que un previo estudio de las relaciones y tambien las coincidencias entre las nociones de materia metafisica y materia fisica,seria altamente provechoso a los efectos,no solo de un dialogo mas productivo,sino como elemento primordial a tener en cuenta en la discusion del tema.Es de tal trascendencia el tema que abordamos,y se nos pueden presentar tantos interrogantes o inquietudes en el mismo,que no seria tarea perdida,ni mucho menos,el estudio previo que estima Alejandro y que yo suscribo. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 3 de Julio de 2008
  • El texto propuesto de Santo Tomás me suscita algunas dudas, que expongo aquí, por si algún miembro del foro pudiera resolvérmelas:

    1. Según el ejemplo del texto la materia que está en potencia para el ser sustancial que es el hombre, es el esperma. Ahora bien esta materia, a la que llama materia ex qua, parece ser la materia prima, pues esta es la materia sobre la que actúa la forma sustancial, que a su vez es la que constituye al ser sustancial, de que aquí se trata. Pero el esperma no es materia prima, porque esta carece de toda determinación, lo cual no se puede decir del esperma. ¿Entonces...?

    2. En el párrafo 2 se dice que "la forma da el ser a la materia", lo cual es una conocida tesis tomista. Y la razón que se da de esto es que "la materia ... de suyo tiene un ser incompleto". Pero también la forma tiene de suyo un ser incompleto, al menos en el caso de los entes naturales, que están necesariamente compuestos de materia y forma. Así es que tanta razón parece haber para decir que el ser lo de la forma, como para decir que lo da la materia. Además como la materia es el principio de individuación, y solo los individuos tienen ser real, ¿no es esta una buena razón para atribuir a la materia, y no a la forma, el origen del ser?

    Publicado por Ernesto López el 7 de Julio de 2008
  • Estimados amigos:

    Un saludo a todos los participantes del foro, es un gusto poder participar una vez más. El tema elegido es ciertamente muy importante, central en la filosofía aristotélica y tomista y esencial en el diálogo con la ciencia actual. En cuanto a las cuestiones planteadas, apunto algunas reflexiones para continuar el debate.

    Se dice tradicionalmente que las propiedades o “accidentes necesarios” son “aquello que deriva necesariamente de la esencia de la cosa, sin ser parte integrante de la misma.” Es decir, que no son “esenciales” porque integren la esencia y no sean accidentes, sino que, siendo accidentes y por tanto realmente distintos de la esencia, derivan necesariamente de ella.

    Entiendo además que lo que llamamos “materia física” es lo que en el tomismo se llamaría “materia segunda”, o sea, materia ya informada y por tanto, en realidad, sustancia material.

    La dificultad señalada acerca de si se puede decir que el esperma es la materia de la que procede la forma sustancial es real. Fijémonos ante todo que en ese mismo texto Santo Tomás habla luego de la materia como aquello que “ tiene el ser a partir de aquello que le sobreviene, porque de suyo tiene un ser incompleto, o más bien no tiene ningún ser, como dice el Comentador sobre el segundo libro Sobre el Alma.” O sea, que el primer uso que hace del término “materia” en referencia a la forma sustancial no es el que rigurosamente se aplica a la “materia prima”, de la cual habla en ese pasaje poco después. En efecto, no se puede decir que el esperma tenga el ser a partir de lo que le sobreviene o que no tenga ningún ser.

    Se pueden dar, pienso, varias explicaciones del uso de “materia” en el primer sentido, aplicado al esperma, en este texto. Una podría ser, que Santo Tomás no dice en realidad que el esperma sea la materia de la que procede la forma sustancial, sino que la materia del esperma es esa materia. O dicho de otro modo, el esperma, no en cuanto tal, sino en cuanto está “en potencia respecto del ser sustancial”, como dice Santo Tomás, o sea, en cuanto a su aspecto, ahora sí, propiamente “material”. Porque en efecto, es porque la materia prima del esperma, o de lo que sea de lo cual se genera una sustancia, está en potencia para otras formas sustanciales, que es posible el cambio sustancial o generación.

    Respecto de porqué es la forma la que da el ser a la materia, y no a la inversa, si ambas tienen un “ser incompleto”, me parece que hay que distinguir dos sentidos de “ser incompleto”: una es la “incompletez” de los co-principios respecto del todo concreto existente, y otra, la incompletez del co-principio potencial, respecto del co-principio actual. En el primer sentido la forma también es incompleta, no en el segundo. La incompletez de la forma es no ser una sustancia, aun siendo el principio actualizador de la sustancia (en la línea de la esencia); la incompletez de la materia primera es además, la de no ser siquiera en acto por sí misma, sino solamente por la forma que la actualiza, y le da así el ser a ella y a la sustancia a la vez.

    El tema del principio de individuación es ciertamente un tema fundamental que requiere una cuidadosa consideración para entender bien la tesis tomista, y en ese sentido sería muy oportuna una discusión a fondo del mismo. Me parece que para empezar hay que distinguir “individuación” de “individualidad”. Todo lo que existe es individual por el solo hecho de existir, y en ese sentido, parece que habría que decir que la raíz de la individualidad en general es el acto de ser, que no puede ser poseído más que individualmente. Pero la individuación es otra cosa, es el hecho de que en una misma especie hay varios individuos distintos entre sí. Eso es lo que ya no puede explicarse por el acto de ser, porque más bien el acto de ser es lo común a todos los individuos existentes. Tampoco puede explicarse por la forma, que es lo común a todos los miembros de esa especie. Ése es el sentido de la individuación por la materia “signata quantitate”, sellada o marcada por la cantidad, que con la extensión que de ello deriva, permite la “repetición” de la especie, sin que se produzca un cambio de especie, como ocurriría si el principio de individuación fuese formal, como es el caso de los ángeles, introduciendo así una variación de esencia con cada variación individual.

    Por eso me parece que puede decirse, o al menos discutirse, que en los ángeles tampoco es el acto de ser el principio de individuación, aunque sí es la fuente última de la individualidad. Y no lo es, porque es lo común a todos ellos. En los ángeles, según Santo Tomás, el principio de individuación es el mismo que el de especificación, es decir, la forma, que en ese caso, además, a diferencia de los seres materiales, es toda la esencia del ente en cuestión.

    Saludos cordiales Néstor Martínez

    Publicado por Néstor Martínez el 10 de Julio de 2008
  • Saludos cordiales a todos los participantes: Yo pienso que fuera de todo tipo de rebuscamiento innecesario solo podriamos tomar en cuenta lo siguiente; el esperma segun lo escrito por el angelico deberia interpretarse como materia en su sentido metafisico mas radical, pero no se toma en cuenta(quiza por la antiguedad del escrito) esas otras partes necesarias para formar un individuo como en primer lugar la accion divina en ese sentido todo esto luce desde mi optica humildemente limitada, sumamente incompleto, en segundo lugar tambien creo que hace falta analizar el papel que juega el ovulo en la fecundacion humana ya que el esperma no es formadora de absolutamente nada por si misma.

    Se despide: Javier Romero-Gonzalez.

    Publicado por Javier Romero Gonzalez el 11 de Julio de 2008
  • Agradezco a Néstor Martínez sus explicaciones, que sirven para aclarar las definiciones clásicas. Sin embargo, quisiera hacer notar que una buena parte de los términos que usa Néstor pueden confundir en el contexto de la ciencia actual. Con el ánimo de poner en la mesa cuestiones para luego tratar en el debate, menciono:

    -Sobre el asunto de las propiedades. La definición de Néstor me parece que no es correcta. Una propiedad deriva de la esencia, pero no siempre necesariamente. En algunos dominios sí se da la derivación necesaria: por ejemplo en matemática. La propiedad de los triángulos de que la suma de sus ángulos interiores es 180 grados siempre se da, basta juntar tres segmentos por sus extremos y automáticamente se verifica. Pero en otros ámbitos de la realidad no ocurre lo mismo con las propiedades. Por ejemplo, poder hablar es una propiedad de los humanos, pero no siempre se da. Es una propiedad porque “debería” (no debe) darse en cualquier humano. Se reconoce que algo es una propiedad porque si no se da es signo de que algo extraño ocurre (una enfermedad lo impide por ejemplo). Por eso, el verbo “derivar” es complicado de usar en el contexto de la ciencia actual que está embriagado en la matematización de la realidad. El científico moderno ve como una desprolijidad tener que usar el verbo “deber” en tiempo potencial (“debería”). Ni que hablar de los accidentes que no derivan de la esencia (e.g. la posición espacial). La tendencia es a asimilar éstos últimos a las propiedades (e.g. la posición espacial se deriva de las ecuaciones de movimiento), y las propiedades asimilarlas a la esencia (i.e. cuando no se da una propiedad sería porque no conocemos completamente la esencia, si la conociéramos completamente nos daríamos cuenta de que todo está inexorablemente determinado). La anécdota más famosa de esto último es la afirmación de Laplace de que si conociéramos en un momento dado el estado de todas las partículas elementales del universo, podríamos predecir exactamente el futuro. En el debate me gustaría que profundicemos en el papel que juegan las nociones de materia y libertad en este escenario. Espero que esta explicación ayude a comprender los “nudos” mentales que hay que desatar en el diálogo con las ciencia moderna.

    - Respecto a las definiciones de materia y el ejemplo del esperma. Para que el debate posterior a la lectura sea fructífero, propongo que nos pongamos de acuerdo en la definición de materia prima y materia segunda. No se si esto podremos lograrlo usando términos del lenguaje ordinario contemporáneo, pero sería interesante al menos acotar las nociones con ejemplos claros. En este sentido, coincido con los amigos comentaristas que el ejemplo del esperma es complicado. Para no acaparar la conversación ni imponer mi sesgo propio, me gustaría que ustedes planteen los primeros ejemplos para discutir. La pregunta concreta es ¿podríamos dar algunos ejemplos de materia prima y materia segunda en los que todos estemos de acuerdo? La cuestión más difícil es poder encontrar una definición abstracta de ambos conceptos, en términos del lenguaje ordinario.

    - Sobre la nociones de individuación y diferenciación, menciono que me resultó muy instructivo cuando en una ocasión me hicieron dar cuenta que no es lo mismo “distinto” que “diferente”.

    Publicado por Alejandro Clausse el 13 de Julio de 2008
  • Entiendo que Alejandro Clausse deberia ampliar el concepto vertido en el ultimo párrafo de su intervención de 13 de juliode 2008. Son esas nociones de "distinto" y "diferente",las que,en sus definiciones de la Real Academia de la Lengua,parecen confundirse,ya que la voz "DIFERENTE" es definida como "diverso" o "DISTINTO".Aporta el estimado participante un elemento de suma importancia para el tema que se trata,y ,por ende ,entiendo que deberían ampliarse los conceptos,tanto para despejar dudas como para abrir nuevos senderos de investigación o meditación pausada de conceptos claves.La ampliación que propongo al estimado amigo sería la siguiente:que explicitara su afirmación tanto en cuanto a la persona que le hizo notar esa diferencia,como a la argumentación empleada por la misma para fundar sus dichos,ya sea en orden a la filosofía o a lo puramente gramatical. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 14 de Julio de 2008
  • Estimados amigos:

    Una cosa que sin duda es clara es que no se puede considerar al esperma como materia en sentido “metafísico” si con eso se alude a la “materia primera”. Y seguramente que Santo Tomás no lo considera así, pues en el mismo texto, como decíamos, pocos renglones más abajo, da el concepto propiamente metafísico de la “materia primera”, cuando dice que de suyo tiene un ser incompleto, o más bien, ningún ser. Por la misma razón, no pueden darse ejemplos de “materia primera”. La noción de “materia primera” es una noción metafísica a la que sólo se llega por el razonamiento. La materia primera es solamente la materia primera, ella es el único “ejemplo” de ella misma. Su noción es la de una pura potencialidad respecto de las formas sustanciales. Es requerida por la necesidad de evitar el retroceso al infinito en la serie de materias que a su vez tienen materia y por tanto están compuestas de materia y forma.

    El concepto general de “materia” es “aquello de lo que algo se hace”. Ahora bien, esto de lo que algo se hace, o se hace a su vez de otra cosa, o no. En el primer caso, tenemos la “materia segunda”. Es decir, hay “otra cosa” (otra materia) a la cual una determinada forma hace ser esta materia de la que inicialmente hablábamos. En el segundo caso, no hay forma alguna, ni por tanto, acto alguno, sino solamente el “poder ser hecho esto o aquello”, eso es la pura potencialidad, propia de la materia primera. Ahora bien, es imposible que toda materia tenga a su vez materia, porque se entraría en un retroceso al infinito. Luego, existe una materia primera, que es por tanto, de suyo, pura potencialidad, actualizada solamente por la forma sustancial.

    Sin duda que en la época de Santo Tomás la biología no había llegado a descubrir la noción de “óvulo” ni su papel en la fecundación. Se veía la necesidad de un aporte de parte de la hembra, obviamente, y por eso allí Santo Tomás habla de “la sangre menstrual”. Dependía del estado menos desarrollado de la ciencia de su tiempo. Por el contrario, no había necesidad de referirse a la acción divina cuando solamente se trataba de explicar la composición hilemórfica de los cuerpos.

    Estamos de acuerdo, por otra parte, en que la “necesidad” de las propiedades no es siempre la necesidad absoluta. Pero hay también la necesidad hipotética, es decir, bajo ciertos supuestos o circunstancias. Y sin esa necesidad al menos, no se entiende cómo es que la propiedad, el cuarto predicable, haya venido a ser denominado el “accidente necesario”, para contraponerlo al accidente contingente, que es el “accidente lógico”, quinto predicable.

    En efecto, se sigue con necesidad absoluta de la esencia de algo, aquello que se produce con el solo hecho de que esté dada esa esencia misma, como sucede en el ejemplo del triángulo y la propiedad de que la suma de sus ángulos valga 180 grados. En cambio, se sigue con necesidad hipotética, aquello que se produce por el hecho de estar dada la esencia en cuestión, más alguna circunstancia específica. Así, llegada la edad apropiada, y dadas las otras condiciones normalmente requeridas, el ser humano habla.

    Juan de Santo Tomás explica que algunas propiedades no lo son en el sentido estricto del término, porque no se dan en todos los individuos de la especie, o porque se dan en otros individuos que no son de esa especie. Ejemplo del primer caso es la canicie, al cual se equipara el del uso del habla que ha sido mencionado. Ejemplo del segundo es la mortalidad.

    Aristóteles, por su parte, dice que una propiedad del número es ser “par o impar”, en efecto, sólo `puede tratarse de una propiedad “disyuntiva”, puesto que dado un número cualquiera, no es necesario que sea par, ni que sea impar, pero sí que sea “par o impar”. Igualmente, dada la naturaleza humana, es necesario que sea masculina o femenina.

    También me gustaría conocer más el sentido de la distinción entre lo distinto y lo diferente.

    Saludos cordiales Néstor Martínez.

    Publicado por Néstor Martínez el 14 de Julio de 2008
  • Agradezco a Jorge y Néstor por sus comentarios. Voy a tratar de explicarme más claramente.

    Sobre diferente y distinto. Es un tema muy discutido en física cuántica. Dos electrones son indiferenciables, pero no son el mismo electrón, son distintos electrones. Son dos instancias de la misma clase de partícula. En la vida ordinaria hay un ejemplo menos técnico, pero que también es interesante de analizar en el marco del hilemorfismo: el dinero. Si tengo 1 euro en mi cuenta bancaria, y me depositan 2 euros, tendré 3 euros. Los 3 euros de mi cuenta son indiferenciables, pero son distintos, no son el mismo euro. Si mañana extraigo 1 euro no tiene sentido preguntarme cuál de los 3 euros saqué, si el que tenía primero o alguno de los 2 que me depositaron. Sin embargo, es interesante notar que si en vez de tenerlos en una cuenta bancaria guardo los euros en una caja de seguridad, entonces sí los puedo diferenciar (por ejemplo haciéndoles una marca). La diferencia ocurre porque en la caja los euros están “materializados”. Quizás el amigo Néstor pueda darle una prosa más filosófica a este viejo problema de la indistinguibilidad, que aparece en física y en economía.

    Por otro lado, coincido con la aclaración de Néstor de la necesidad hipotética. Eso es lo que quería apuntar, porque había entendido que él se había referido en su primera definición a la necesidad absoluta. Este es otro ejemplo del problema del lenguaje en el diálogo entre los ámbitos de la ciencia y la filosofía (¡ay!, si pudiéramos volver a ser una sola disciplina como en la época de Aristóteles). Hipotético en la ciencia moderna significa conjetural, sugiriendo una suposición explicativa que en principio puede o no guardar relación con la realidad. Por eso es que en mi explicación propuse llamarla necesidad potencial, que es consistente con el modo de la conjugación “debería”.

    Me decepcionó un poco la imposibilidad de encontrar un ejemplo de materia prima. Pero si ese es el acuerdo de todos, habré de conformarme. Confieso que el argumento de que la existencia de la materia prima es consecuencia de que no se puede recurrir a una cadena infinita de compuestos no lo entiendo bien, y he notado que es un hueso duro de roer en los ambientes científicos. Tiene un aire al argumento de la flecha de Zenón que nunca puede llegar al blanco porque debería recorrer una sucesión infinita de fracciones de espacio. Por otro lado, la noción de potencialidad pura es cautivante. Es interesante que esta noción subyace en los principios de la física moderna, donde la noción de partículas elementales es reemplazada por la de operadores de campo, que en última instancia son una herramienta para calcular probabilidades, o sea lo que puede ser.

    Publicado por Alejandro Clausse el 15 de Julio de 2008
  • Estimados amigos: No es mi intención entrar en los pormenores del tema del que se está hablando y que sigo con mucho interés. Sólo quisiera entrar en una puntualización referida a la afirmación de Jorge Martínez de que "La noción de 'materia primera' es una noción metafísica". Tengo entendido que la noción de materia prima es una noción "física" (en el sentido de "filosofía de la naturaleza") y no metafísica. Me parece importante hoy en día rescatar este ámbito del saber filosófico (filosofía "segunda", ciertamente, pero filosofía al fin), que es tan importante para la comprensión de la naturaleza y para el diálogo con la ciencia moderna. Saludos cordiales, Martín Echavarría

    Publicado por Martín Federico Echavarría el 15 de Julio de 2008
  • Muy Apreciados Amigos:

    Respecto a mi intervencion anterior quisiera -en defensa de lo expuesto- transcribir, si se me permite ciertas lineas de la exposicion que hace Santo Tomas del Simbolo de los Apostoles en el articulo 1 dice textualmente lo siguiente:

    "El error es el de los que afirman que Dios hizo el mundo de una materia preexistente. Fueron inducidos a esto por empeñarse en cortar el poder de Dios según el patrón de nuestro poder, y como el hombre nada puede hacer si no es de una materia preexistente, creyeron que lo mismo sucedía a Dios: consiguientemente dijeron que, para producir las cosas, echo mano de una materia que ya existía.

    Pero no es verdad. El hombre nada puede hacer sin materia preexistente porque es hacedor especifico, que solamente puede dar forma a una determinada materia suministrada por otro. Y la razón es que su poder se limita solo a la forma y, por tanto únicamente puede ser causa de esta. Dios, en cambio, es causa general de todas las cosas, que no solo crea la forma sino también la materia; por consiguiente, hizo todo de la nada".

    Esperando que este texto sea para beneficio de todos los que aqui escribimos se despide muy respetuosamente:

    Javier Romero-Gonzalez.

    Publicado por Javier Romero Gonzalez el 15 de Julio de 2008
  • Estimados amigos:con todo respeto,una reflexión en alta voz:No nos apartaremos demasiado de nuestro tema,-enfocado al Aquinate,-si nos sumergimos en la "física cuántica"?Será nuestra tarea el ocuparnos de esas sutiles distinciones entre electrones indiferenciables?No nos ocuparía demasiado tiempo Max Planck? Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 15 de Julio de 2008
  • No se enoje amigo Jorge, pero lamentablemente en 2008 pretender un diálogo sobre la materia y la forma con la ciencia, sin referirse a la física cuántica, es imposible. Si no buscamos introducir el pensamiento del Aquinate en la ciencia moderna, persistirá el fundamento positivista. Sin embargo, coincido que se puede y debe apelar a ejemplos ordinarios, como el que mencioné de economía. Pero le recuerdo la introducción propuesta por Mario Caponnetto: "La ciencia contemporánea exhibe, día a día, una creciente dificultad en la comprensión y explicación del mundo físico y de sus fenómenos y, al parecer, no atina a ir más allá de los límites que le impone la pesada herencia del mecanicismo y de un materialismo acrítico e ingenuo que obnubila el juicio científico y compromete muchas de sus brillantes realizaciones. En este bimestre procuraremos estudiar el hilemorfismo siguiendo el magisterio de Santo Tomás a fin de contribuir a elaborar una propuesta superadora de las dificultades actuales."

    Publicado por Alejandro Clausse el 16 de Julio de 2008
  • Nada mas lejos de mi ánimo que el enojo,amigo Alejandro.Si,como ha señalado correctamente Caponnetto:"la ciencia contemporánea exhibe,día a día,una creciente dificultad".. en sus explicaciones es que ella ya está agotada.No resiste mas a las interrogantes de una humanidad doliente que se ha alejado,cansada y saturada,hasta la náusea,del fetichismo positivista,que creyó,equivocadamente, encontrar todas las soluciones en una "ciencia",henchida de vanidad y fatuidad. Por eso entiendo que esa preocupación suya de introducir el pensamiento del Aquinate en la ciencia moderna,so pena de que,si no lo logramos,prevalecerá el "fundamento positivista"es un tanto pesimista.Si no lo logramos,según su postura,triunfará el positivismo.Y esto no es así,pues,tarde o temprano,estas explicaciones de esa ciencia positivista,que "experimenta crecientes dificultades, caerán ante las realidades del mundo.Solo lo real es verdadero,y finalmente,esa explicaciones de la vana ciencia,caen irremisiblemente ante la fuerza de los hechos. Ante la fuerza de quien requiere certezas,verdades firmes, o bien la Verdad,que es la única que nos hace libres. Reitero,no estoy enojado,téngalo Ud.por buen seguro. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 16 de Julio de 2008
  • Queridos amigos:

    Bueno, si extender los comentarios sobre la materia y la forma a la física nos aparta de nuestro estudio de Santo Tomás, me parece apropiado que no lo hagamos.

    Yo sólo trataba de buscar un punto medio buscando propuestas superadoras que ayuden a los investigadores de buena voluntad a encontrar planteos sanos en un lenguaje entendibles para ellos. No me refería a los investigadores engreídos con mala voluntad.

    Pero, sí, creo que nos estamos alejando de la lectio y entrando en la disputatio. Mis disculpas.

    Publicado por Alejandro Clausse el 16 de Julio de 2008
  • Estimados amigos:

    Tal como la expone Alejandro, la diferencia entre “distinto” y “diferente” es muy parecida a la diferencia entre la diferencia que hay entre dos individuos de la misma especie, y la diferencia que hay entre dos especies. O sea, que en esencia ésa es la teoría tomista de la individuación por la materia. Los electrones, o los billetes, son “indiferenciables” desde el punto de vista específico, son “distintos” porque son individuos distintos, pero eso ya no tiene que ver con la especie, ni con la “forma”, que es la que determina la especie, sino con la materia “signata quantitate”, es decir, un principio de distinción no formal que por eso mismo no introduce variaciones a nivel específico.

    Leibniz, por el contrario, creía en el principio de la “identidad de los indiscernibles”, de modo que si dos electrones o billetes son distintos, es porque en el fondo son de especie diferente. Es que Leibniz dice explícitamente que él aplica a todos los seres lo que Santo Tomás decía de los ángeles, es decir, que al ser inmateriales, se individúan por la misma forma, de modo que cada uno de ellos es una especie diferente. Así es muy difícil entender que pueda haber dos ejemplares de exactamente la misma novela, por ejemplo.

    Sin embargo, aquí aparece, al menos respecto de los electrones, otro problema importante, y es que nada exige, en principio, que consideremos a los electrones o a los átomos como sustancias, es decir, como individuos, en vez de considerarlos, como me parece que es el caso, como partes, actuales o potenciales, del individuo sustancial completo. La herencia mecanicista nos hace pensar espontáneamente que las sustancias, o sea, las verdaderas unidades ontológicas, son los átomos, o los electrones, o los “quarks”, etc. Un perro, según eso, no sería una sustancia, sino un compuesto de sustancias, un agregado. Pero un perro no es un agregado, es un ser, una sustancia.

    Obviamente, aquí hay que aclarar “sustancia”. En general, me parece inevitable el tener que aclarar términos a cada paso, en esto de querer pensar coherentemente la filosofía y las ciencias. Una “sustancia” es un ente puro y simple, es decir, algo que existe “en sí”, o sea, no como propiedad, aspecto, modificación (uso estos términos en forma vaga) de otra cosa, sino como sujeto, precisamente, de propiedades, modificaciones, aspectos, en lenguaje técnico, “accidentes”, que son, justamente, lo que existe “en otro”, como las superficies, los volúmenes, etc.

    Una sustancia no puede ser a la vez varias sustancias, por eso, si el perro es una sustancia, sus átomos u otras partículas no son sustancias, sino partes, actuales o potenciales, de la sustancia. Sobre esto de “potenciales” espero volver más abajo.

    En lo referente a la materia primera, me parece importante el hecho de que no se puedan dar “ejemplos” de la misma, porque entiendo que ésa es la primer e inevitable barrera que tiene que franquear la persona con formación científica para entender la filosofía tomista y poder así establecer el diálogo con ella. La filosofía es distinta de las ciencias experimentales, su diferencia es análoga a la que hay, por ejemplo, entre ver y oír. Tanto la vista como el oído nos ponen en contacto con la realidad, pero de formas muy diferentes y sobre todo, no mezclables. La vista no se encuentra en la prolongación del oído, ni viceversa. El lema que Maritain subrayó se impone: distinguir para unir. En filosofía, el criterio es justamente la evidencia intelectual, carente de toda verificación empírica. Es una actitud mental diferente, pero no se trata de una doble verdad, sino de dos formas distintas de acceso a la única realidad, que por tanto, no pueden contradecirse. Pero tampoco mezclarse.

    Respecto del “retroceso al infinito”, no hay que confundirlo con el infinito puro y simple. Una serie infinita, como potencialmente al menos lo es la de los números, no es un “retroceso al infinito” en el sentido en que esto es siempre rechazable en filosofía. Un “retroceso al infinito” es cuando se pretende que la serie de razones de ser de algo es infinita, o sea, que toda razón de esa cosa, a su vez tiene una razón, y así hasta infinito. Eso, al menos cuando se trata de razones “per se” o esenciales, es imposible. Porque equivale a decir a la vez, que la cosa en cuestión tiene razón de ser, y que no la tiene. No la tiene, porque cualquiera que quisiéramos señalar como tal razón de ser, a su vez apuntaría a otra, que sería razón suya: si el bastón mueve la piedra movido por la mano, en realidad, la que mueve la piedra es la mano. Si seguimos en esa serie hasta infinito, nada mueve a la piedra. Ahora bien, a esto se opone justamente uno de los primeros principios evidentes, el de “razón de ser”, también llamado a veces de “razón suficiente”, y que dice, sencillamente: “Todo tiene razón de ser”. Y como dice Schopenhauer, preguntar porqué esto es así, es buscar la razón de ser de ello.

    La materia de las cosas es una razón de ser, justamente, en orden de la causalidad material, es decir, en el orden de aquello “de lo que” están hechas las cosas. Luego, tampoco en ese orden podemos retroceder hasta infinito, porque entonces al final las cosas estarían hechas de nada, es decir, no estarían hechas de algo. Pues cada “materia” de la que quisiéramos decir: “Esto es, finalmente, de lo que está hecha esta cosa”, estaría hecha de otra cosa, de otra materia, a su vez.

    Aquí entra lo de las partículas y la potencialidad. Sería interesante investigar la relación entre la potencialidad de la materia y la “virtualidad” que la mecánica cuántica, según creo, asigna a las partículas. Especulando un poco, eso iría justamente en la línea de que las partículas no son sustancias, sino partes de sustancias, más aún, que no existen en acto, sino sólo en potencia, antes de la observación, que sería, entonces, algo análogo a la división del continuo, que hace que sus partes pasen de estar en potencia a estar en acto, precisamente, porque ya no son parte de ese continuo, sino otros continuos nuevos. Pero la principal dificultad aquí es la mencionada arriba: la diferencia de niveles entre la ciencia experimental y la filosofía, y la casi seguridad de equivocarse cuando se intenta vincularlos directamente. Es posible que mañana surja otra teoría que elimine esas “virtualidades” de la mecánica cuántica actual, pero la materia primera seguirá siendo siempre una necesidad metafísica.

    Y por eso llegamos aquí a la observación de Martín. En efecto, eso pasa cuando se intenta dialogar con las ciencias modernas, que el vocabulario sufre sus variaciones. Sin duda, en el ámbito de la filosofía aristotélica, la materia primera es algo “físico”, pero a su vez, la “física” aristotélica es algo muy distinto de la “física” moderna. A los ojos de un físico actual, la Fïsica de Aristóteles es “metafísica”, en el sentido, justamente, de que se resuelve en lo inteligible, en la evidencia intelectual, en los razonamientos abstractos, y no en la verificación empírica. Su objeto sigue siendo el ente, si bien no lo enfoca en cuanto ente, como la Metafísica, y por tanto, en toda su amplitud, sino en cuanto móvil, y por tanto, restringido a los entes corpóreos. Pero la física moderna prescinde de todo enfoque ontológico y busca nada más que las relaciones constantes entre los fenómenos sensibles.

    El texto citado del Comentario de Santo Tomás al Símbolo de la Fe muestra justamente cómo Santo Tomás integra el concepto de “materia primera” dentro del concepto de “creación ex nihilo”. Lo que niega ahí Santo Tomás no es que haya una materia primera, sino que sea “preexistente”, es decir, que no haya sido creada por Dios y que haya sido como un material independiente de la acción divina que ésta encontró ya listo para hacer con él el mundo, como hace el Demiurgo de Platón. Por el contrario, la “creación ex nihilo”, que significa “creación no a partir de una materia preexistente”, tiene que ser por eso mismo creación de la misma materia primera, que es lo que dice allí Santo Tomás. Por otra parte, él aclara en otro lugar que ni la materia ni la forma son propiamente “creados”, porque lo que es creado es el individuo concreto, Pedrito, y con él son “concreadas” su materia, su forma, su sustancia, sus accidentes, su esencia y su acto de ser, que son sus componentes metafísicos.

    Finalmente, coincido con Alejandro en el gran interés y necesidad que hay de pensar la filosofía tomista, a la vez con el máximo rigor propio de su forma clásica, y en estrecho diálogo con la ciencia actual, al menos por la simple razón de que las primeras objeciones que se presentarán a la exposición del tomismo, en estos temas, vendrán justamente de allí, y más profundamente, porque la grandeza del tomismo está precisamente en que es como un lente de aumento que nos permite comprender mejor la realidad, y por eso mismo no se puede prescindir de él cuanto más penetra la ciencia en esa misma realidad. De hecho, todo enfoque científico tiene un substrato filosófico, y parte de la crisis intelectual de nuestros tiempos está en que ese sustrato filosófico suele ser cualquiera menos el tomista.

    Sin duda, que como dice Jorge, el error caerá un día ante la verdad, pero también es cierto que nosotros algún papel jugamos en todo ello. Por otra parte, la ciencia misma no es positivista ni racionalista. Es ciencia, y en la medida en que lo es, nos hace avanzar en el conocimiento de la realidad, por lo que no se pueden despreciar sin más sus resultados sin oponerse frontalmente al espíritu del tomismo. Santo Tomás estaba devorado por una curiosidad universal que lo llevaba a buscar la verdad allí donde ésta tuviese la más míníma probabilidad de hallarse escondida.

    Saludos cordiales Néstor Martínez.

    Publicado por Néstor Martínez el 16 de Julio de 2008
  • Estimados Amigos:

    Me parece que el debate esta muy sustancioso en cuanto refiere a la opinión de filósofos y científicos, me parece un tema -y en esto coincido con varios participantes- que es campo de estudio de esas dos ramas del saber humano, pero que al mismo tiempo no tienen respuesta en ninguna de las dos, por que?. Bueno revisemos tanto en la literatura filosófica como en la científica e inclusive en los últimos avances de esta y proposiciones de la otra, y nunca llegaremos en nuestra vida a poder resolver ese enigma y la razón es muy simple.

    Valdría la pena preguntarse a tal fin, estoy en verdad hecho de la misma materia que un perro?, o de la misma materia que una piedra?, o -inclusive aventurando nos aun mas cerca- estoy hecho de la misma materia que mi hermano gemelo?. Y de ser afirmativa la respuesta; por que estando juntos no nos fundimos en uno solo como dos gotas de agua sobre una mesa?. Estas dos cosas están hechas de la misma materia y por eso se funden, pero eso no pasa con nosotros. Entonces somos o no somos de la misma materia?

    Javier Romero Gonzalez.

    Publicado por Javier Romero Gonzalez el 17 de Julio de 2008
  • Por cierto que nadie desprecia,sin mas,los "resultados de la ciencia".Pero tengamos en cuenta,y no perdamos de vista la necesidad de discriminar,en el sentido de seleccionar excluyendo,los resultados de la ciencia que dignifican al hombre de aquellos que lo apartan de la Verdad y lo deshumanizan.La Historia de la Humanidad está llena de ejemplos en tal sentido. Como nos enseña O.Derisi en "S.Tomás de Aquino y la Filosofía Actual",UCA Bs.Aires:"En un hombre deshumanizado,..los bienes materiales,con la economía y la técnica que los proporcionan,pasan a ocupar el primer puesto y se convierten en el fin y razón suprema de la vida humana"Para agregar,con total realismo,aplicable a los tiempos, que existe una... "nueva clase de "consejeros","peritos","expertos",que suplanta de hecho a los órganos naturales de mando o autoridad..."Y,reflexionamos nosotros ahora,cuantas veces estos tales nos imponen,con soberbia,sus soluciones "científicamente comprobadas"?También muchas veces esto ha sido resultado de una ciencia despojada y apartada de la luz de la Verdad. No todos los resultados de la ciencia son buenos por el solo hecho de ser tales. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 18 de Julio de 2008
  • Agudísima la observación de Néstor sobre la cuestión del ser “en sí” de las partículas elementales de la física. La física moderna es claramente heredera en este sentido del atomismo presocrático. Esa es a mi entender una diferencia esencial entre el realismo aristotélico-tomista y la “ciencia” (como es entendida hoy en día). Me parece importante resaltar este punto, ya que su identificación temprana en el diálogo sería muy provechosa.

    A propósito de este conflicto, encuentro dos consideraciones interesantes en las que propongo adentrarnos. Una es el estudio de las causas del error del atomismo, y la otra es la definición de la materia como potencia pura.

    Suponiendo que se actúa de buena fe, todo error tiene su parte de verdad, la cual actúa como atractor (principio de movimiento), pero que falla en que es accidental (principio de negación). Los errores más complicados son los que tienen más apariencia de verdad, porque más que atraer se pegan a las mentes por generaciones. La persistencia de la filosofía moderna es un ejemplo de ello. El atomismo parece ser otro caso. Un antecedente psicológico muy fuerte para la aceptación casi incondicional del atomismo en las clases de física son los juegos para armar. Todo niño que alguna vez tuvo acceso a un juego de “Legos” percibió el poder de atracción del atomismo. Por eso, cuando la noción de que todas las cosas están formadas por partículas elementales que existen por sí mismas, no hay rechazo por parte de los estudiantes. La física basada en el atomismo se transforma en una especie de “juego” cuyas piezas son las partículas. Pero tácitamente la aceptación del atomismo además introduce otro elemento discordante con el realismo: el espacio y el tiempo absolutos. Es decir, el espacio y el tiempo son supuestos como dos substancias “contenedoras”, que hacen de “tablero” del juego. Respecto a esto, es interesante enterarse que Newton mismo al matematizar esta noción se dio cuenta que no era una hipótesis evidente para su época, y elaboró una justificación pragmática “para que pase” (i.e. la matemática del “juego” resultante es más fácil). Hoy en día ocurre al revés: aún un tibio cuestionamiento al espacio-tiempo absolutos requiere una buena justificación para acceder a publicación internacional en física.

    Principios de movimiento (hacia el atomismo) más complicados surgen cuando se presenta la noción de que las formas de las cosas son nada más que manifestaciones “macroscópicas” de la interacción “microscópica” entre las partículas elementales. Esto se enseña implícitamente en varias ramas de la física moderna, pero especialmente en física estadística. Es difícil explicar en palabras la obnubilación que produce esta noción de “emergencia” en la mente. Los fractales son casos arquetípicos: la visualización de figuras geométricas muy hermosas y complejas a partir de reglas reiterativas aburridas (e.g. simplemente dividir un segmento en tres partes y quitar la del medio).

    El otro elemento importante para resaltar en el diálogo es la definición aristotélico-tomista de materia como potencia pura. Esto, que es discordante con la física newtoniana, no es del todo dispar con la física cuántica. Entre los tomistas, notablemente, Fabro ha remarcado esta concordancia en Introducción al Problema Teológico. Sin embargo, esta importante ventana de diálogo a mi entender no se ha aprovechado bien. Hay mucho campo abierto para trabajar aún.

    En resumen, lo que se llama materia en física moderna tiene una diferencia esencial con lo que se Aristóteles y Aquino llaman materia: aquella es una substancia, ésta no. La materia de la física moderna requiere además de otras substancias contenedoras: el espacio y el tiempo. Esto último es válido aún en la física cuántica, la cual aunque comienza a perder la substancialidad de las partículas, hereda el vicio de la substancia contenedora (es más, como las “reglas” entre partículas en un tablero tridimensional no alcanzan, ¡hoy se propone un contenedor de 16 dimensiones!). Sin embargo, la aparición de la noción de potencia pura es un canal de diálogo prometedor que sería interesante profundizar, determinando mejor los alcances de las coincidencias, y proponiendo bases metafísicas sólidas.

    Publicado por Alejandro Clausse el 23 de Julio de 2008
  • Estimados amigos:

    La ciencia, dice Aristóteles, es el conocimiento cierto de las cosas por sus causas, basado en demostración. Eso es siempre un bien, pues es una perfección de la inteligencia, que pasa así de la potencia al acto.

    Desde el punto de vista moral, tampoco existen conocimientos intrínsecamente malos. Incluso conocer las cosas malas, no es malo, de lo contrario no se podría estudiar filosofía moral. Santo Tomás se santificó, en parte, escribiendo sobre los pecados y los vicios en la Summa. Y los sacerdotes, en el confesionario.

    El mal se adhiere a la ciencia, por ejemplo, por el mal uso que se hace de ella, como con la bomba atómica, o bien, por la mala intención del que busca conocer, o bien, por las ideologías erróneas que se adhieren a la ciencia, como el positivismo.

    Pero incluso en este caso, la ciencia, en la medida en que lo es (“conocimiento cierto...etc.”) sigue siendo ciencia, y por tanto, buena. Lo malo es justamente lo que no es ciencia, a saber, la ideología positivista, o materialista, o tecnocrática, etc. Nada impide que un sabio positivista haga un auténtico descubrimiento científico que inmediatamente deformará, sí, con su ideología, pero esa misma deformación no es ciencia, y permanece extrínseca al descubrimiento auténtico que ese mismo sabio hizo. Rechazar ese descubrimiento, en lo que tiene de verdaderamente científico, será rechazar una parte de la verdad. Lo cual ni estratégicamente conviene, porque contra la verdad no se puede y la derrota es a la larga o no tan larga segura.

    Precisamente por eso, es necesario que haya filósofos formados a la vez en la verdadera filosofía, es decir, en la de Santo Tomás, y en los más avanzados resultados científicos, para que puedan purificar a la ciencia de sus adherencias ideológicas y no científicas, y mostrar su armonía con los principios filosóficos eternos.

    Por eso, respondiendo a una de las partes del mensaje de Alejandro, la ciencia “tal como se la entiende hoy día”, no coincide necesariamente con la ciencia sin más, lo cual no quiere decir que no tenga, seguramente, algo de científico.

    En cuanto al atomismo, es una ingenua ilusión de la imaginación, que cree resolver el problema filosófico haciéndolo simplemente retroceder un poco. Las mismas dificultades para explicar la multiplicidad y el movimiento de las cosas, se dan para explicar la multiplicidad y el movimiento de los átomos.

    Por eso, en el fondo no se gana nada con decir que las formas de las cosas macroscópicas son el resultado de las interacciones de partículas elementales. Estas partículas elementales, para que su “interacción” produzca resultados específicos, deberán tener a su vez una naturaleza específica, y por tanto, una forma. ¿Será también el resultado de una interacción, y así hasta infinito? No hay caso, la forma es indispensable, sin ella no llegamos a pensar “algo” dotado de una naturaleza específica.

    Me parece, sí, que no es lo mismo cuestionar el espacio absoluto de Newton que el ”espacio tiempo absoluto” de Einstein, el cual incluye, justamente, la relatividad del espacio. Sobre esto habría que hacer correr también algunos arroyos de tinta.

    El argumento basado en los fractales me parece susceptible de la siguiente objeción: tampoco los movimientos de la mano y los dedos de Miguel Ángel mientras pintaba el techo de la capilla Sixtina deben de haber sido muy interesantes. Pero servían de vehículo, medio, instrumento, a la “forma” que él tenía en su mente y quería realizar imprimiéndola en la materia. Lo que pasa es que la forma, como tal, es siempre de otro orden, es de orden inteligible, no sensible.

    Por eso mismo, para terminar, en la física moderna no puede pensarse en encontrar verdaderas “substancias”. La substancia es de orden inteligible, y por tanto, irremediablemente filosófico. La ciencia moderna maneja imágenes, símbolos imaginativos que sirven de soporte a las fórmulas matemáticas. El mismo método de verificación experimental, basado lógicamente en la “falacia de afirmación del consecuente”, deja el campo abierto a que no sea verdad lo que sin embargo está verificado. El método correcto, entiendo, para dialogar con la ciencia moderna no es substancializarla, sino al contrario, reconocer su carácter no filosófico, no ontológico. Es claro que todos somos filósofos y tenemos sed del ser y de la ontología, pero tenemos que buscarlos allí donde es posible encontrarlos, es decir, en la filosofía. Según la filosofía tradicional, el espacio y el tiempo no son cosas, sino “entes de razón con fundamento en la realidad”.

    Saludos cordiales Néstor Martínez

    Publicado por Néstor Martínez el 28 de Julio de 2008
  • Efectivamente, como observa Néstor, para el tomismo el espacio y el tiempo son entes de razón con fundamentos en la realidad. Lo que yo quise puntualizar es que en la física contemporánea el espacio y el tiempo son más que eso. Son "ideas" platónicas. El libro "La mente del emperador" de Penrose lo plantea explícitamente. Otro planteo similar se puede encontrar en "El fin del tiempo" de Julian Barbour. Barbour llega a llamar "Platonia" al "tablero" contenedor de las partículas elementales.

    Quisiera mencionar que los muy buenos comentarios de Nestor parecen enfocados a buscar los principios de negación de los errores materialistas. Y son muy acertadas las refutaciones. Pero mi propuesta estaba más bien dirigida al análisis de los principios de movimiento, no para buscar las correspondientes refutaciones, sino para entender porqué atraen. Es decir, si fueran tan obvios los errores del materialismo, prácticamente no habría planteos en esa línea. Sin embargo entre gente con buena voluntad (muchos de ellos filósofos) hay una tendencia a dejarse seducir por estos argumentos. Mi pregunta es ¿por qué? ¿Qué es lo que atrae tanto? ¿Se entiende lo que quiero decir? Ya sabemos que es una posición errónea. Pero ¿por qué los seduce tanto?

    Publicado por Alejandro Clausse el 30 de Julio de 2008
  • Estimados amigos:

    En relación a la concepción del espacio y el tiempo en la física contemporánea, aunque aún no estoy seguro de haber entendido bien eso de considerarlos "ideas platónicas", en todo caso, si se tratase, por ejemplo, de algo verdaderamente análogo al platonismo, sería una muestra precisamente de lo que había afirmado en el mensaje anterior: que la ciencia moderna no tiene la misma preocupación de la filosofía por ajustarse a la realidad de las cosas, por paradójico que esto pueda parecer.

    Esto no es una refutación de la ciencia moderna, sino solamente una apreciación de su "status" epistemológico. Chesterton probablemente diría, es más, probablemente lo dijo, que la ciencia moderna es, en ese sentido, mucho más poética y romántica que la filosofía. Dicho en forma algo más austera, la ciencia moderna no necesita que sus hipótesis sean verdaderas en el sentido fuerte y tradicional del término. Las verdaderas protagonistas son las fórmulas matemáticas, y la interpretación física de las mismas es algo secundario: son un soporte para la imaginación.

    En cuanto a la atracción de las fórmulas materialistas, es todo un tema. Pienso que lo que hay es un cúmulo de factores, no uno solo. Trataré de precisar algunos de ellos:

    1) El hombre es un animal (racional) y por tanto, todo su conocimiento arranca de los sentidos. Eso hace que sólo llegue a lo inteligible por abstracción, y la abstracción, todos lo sabemos, es algo penoso, dificultoso. Es mucho más fácil imaginar. Los átomos se "entienden" tan pronto como se los nombra, la forma sustancial requiere una serie de explicaciones, y en el mejor de los casos, al final se entiende. El problema es que los átomos dejan de "entenderse" tan pronto como se empieza a pensar en serio. Pero, en compensación, eso de "pensar en serio" tampoco es algo tan difundido.

    2) En ese sentido, hay que ver si en lo fundamental la dificultad es mayor hoy día que en los tiempos de Aristóteles. También entonces había atomistas, y si nos asomamos a los diálogos de Platón, parece que la dificultad en captar lo inteligible era en lo esencial la misma que hoy. Véase a Sócrates tratando de hacerse entender con sus "formas" y sus "ideas".

    3) Sin embargo, es cierto que hay factores históricos a tener en cuenta. El primero, es que nuestra cultura moderna es, justamente, una cultura no solamente nominalista, sino nacida del nominalismo. Y eso quiere decir, empirismo, y eso quiere decir, insensibilidad para lo inteligible, primado de la imaginación.

    4) Y el segundo, ya teológico, y que, si bien es histórico, afecta a toda la historia por igual, después de Adán y Eva, es el pecado original. Lleva consigo inevitablemente una especie de extraña "aversión" a la verdad. Es lógico que antes de la Caída, los primeros padres hayan tenido una facilidad mucho mayor para la contemplación filosófica.

    Saludos cordiales

    Néstor Martínez.

    Publicado por Néstor Martínez el 30 de Julio de 2008

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