Del hilemorfismo

Época II Año 6 Número 4 Julio - Agosto 2008
La lectio está cerrada. Ha comenzado la disputatio.

Verba Doctoris

“Pero si los hombres y los animales y sus varias partes son fenómenos naturales, entonces el filósofo naturalista debe considerar no sólo las substancias primarias de que están hechos, sino también la carne, el hueso, la sangre y todas las demás partes homogéneas; y no sólo éstas, sino asimismo las heterogéneas, como la cara, la mano, el pie; y debe examinar la manera cómo cada una de ellas llega a ser lo que es, y en virtud de qué fuerza. Porque indicar las substancias primas de las que se formó el animal, afirmar, v. gr., que está hecho de fuego o tierra, es tan insuficiente como afirmar lo mismo refiriéndose a una cama o cosa parecida. Porque no debemos satisfacernos con decir que la cama es de bronce o de madera o sea lo que fuere, sino que hay que procurar describir su objeto o manera de estar compuesto con preferencia al material; o, si se tratase del material, sería de todas maneras concretándonos a su materia y forma. Porque una cama es tal o cual forma que toma ésta o aquella materia, o tal o cual materia con ésta o aquella forma; de manera que su forma y estructura deben ir incluidas en nuestra descripción. Porque la naturaleza formal tiene más importancia que la naturaleza material”.

Commentaria

  • En este texto entiendo que se expone el hilemorfismo en su relación con la causalidad material y formal. Por eso me perturbó la palabra "fuerza" en lo que parecería referirse a la causa. Quizás alguno de los participantes tiene información sobre qué se entendía por "fuerza" en la época de Aquino.

    También me dejó pensando la última sentencia que afirma que la naturaleza formal tiene más importancia que la naturaleza material. ¿Qué significa que es más importante?

    Publicado por Alejandro Clausse el 15 de Julio de 2008
  • Señor Clausse:

    La traducción del texto de Aristóteles deja bastante que desear, y quizá no vale la pena discutir qué significa tal o cual palabra que aparece ahí, porque vaya usted a saber lo que en realidad dijo el autor.

    De todos modos le daré mi opinión. La "fuerza" en cuestión parece ser efectivamente una causa, y de las cuatro que distingue Aristóteles, parece que la que más cuadra ahí es la eficiente o agente. Viene a decir, creo, que para explicar la formación del animal, no basta con tener en cuenta la causa material (la tierra, el agua, etc.; y la carne, el hueso, etc.), sino que hay que tener en cuenta también, y con más razón, a su autor (al autor del animal, que o es Dios o la naturaleza hecha por Dios).

    Que la forma es más importante que la materia significa, entre otras cosas, que la materia está subordinada a la forma. Por ejemplo, si se quiere hacer una sierra, conviene elegir hierro como materia, y si se quiere hacer una casa, piedra. La materia es 'para' la forma, y en función de ella, por decirlo así. La forma es fin, y la materia medio para ese fin; y como el fin es más importante que el medio, la forma es más importante que la materia. Además cuando se dice qué es una cosa, se dice la forma, pues la forma es el 'qué', y la materia el 'de qué'; pero no decimos, cuando se nos pregunta qué es esto, que es de madera, sino que es una cama, etc; y eso es decir la forma. Luego las cosas son su forma más que su materia. Luego "la forma es más importante que la materia".

    Saludos.

    Publicado por Ernesto López el 25 de Julio de 2008
  • Le agradezco a Ernesto el comentario a mi pregunta sobre el texto de Santo Tomás. Es claro entonces que fuerza debe entenderse aquí como causa.

    Me resulta más claro también el asunto de la importancia de la forma. Pero me queda una duda viéndolo desde la perspectiva de un ingeniero. Efectivamente dada una forma (ejemplar), se debe buscar materiales apropiados. Pero también se da el proceso de selección contrario en el diseño. A menudo se dispone de un material con propiedades interesantes, y el ingeniero se pregunta qué se podría hacer con ello. En tal caso, parecería ser que la materia es más importante.

    Publicado por Alejandro Clausse el 26 de Julio de 2008
  • Estimado Señor Ernesto López: No recuerdo quien dijo que leer una obra traducida es como ver un tapiz del revés. Por eso toda traducción siempre deja algo que desear. Respecto del Texto de Aristóteles, el mismo corresponde a De partibus animalium, Libro I, capítulo 1 (640 a) y la traducción que utilicé corresponde a la versión inglesa de Smith & Ross: Aristotle (Eds: Smith & Ross) Works, Volume V: De Partibus Animalium, by William Ogle; De Motu and De Incessu Animalium, by A.S.L. Farquharson; De Generatione Animalium, by Arthur Platt, Oxford: Clarendon Press (The Works of Aristotle. Translated into English), reprint, 1965 (1912). Se trata de una de las versiones más autorizadas de las obras del Filósofo a una lengua moderna. No tengo a mano el texto griego original. Si usted puede aportarlo, sería muy bueno. De todos modos, transcribo el texto en su versión inglesa: “But if men and animals and their several parts are natural phenomena, then the natural philosopher must take into consideration not merely the ultimate substances of which they are made, but also flesh, bone, blood, and all other homogeneous parts; not only these, but also the heterogeneous parts, such as face, hand, foot; and must examine how each of these comes to be what it is, and in virtue of what force. For to say what are the ultimate substances out of which an animal is formed, to state, for instance, that it is made of fire or earth, is no more sufficient than would be a similar account in the case of a couch or the like. For we should not be content with saying that the couch was made of bronze or wood or whatever it might be, but should try to describe its design or mode of composition in preference to the material; or, if we did deal with the material, it would at any rate be with the concretion of material and form. For a couch is such and such a form embodied in this or that matter, or such and such a matter with this or that form; so that its shape and structure must be included in our description. For the formal nature is of greater importance than the material nature”. Un cordial saludo

    Publicado por Mario Caponnetto el 26 de Julio de 2008
  • Señor Caponetto:

    No sabía que la traducción era suya. En todo caso lamento tener que mantener lo que dije: la traducción deja bastante que desear, lo cual se advierte en que muchas partes del texto son ininteligibles. En esto me baso para decir lo que digo, no en que yo sepa el suficiente griego o inglés para hacer una traducción mejor. Claro que la ininteligibilidad podría achacársele al inglés del que usted traduce (que por cierto no es Smith-Ross sino Ogle) o incluso al mismísimo Aristóteles. Pero viendo lo que usted escribe y cómo lo escribe, creo que el primer responsable es usted. En efecto usted traduce por ejemplo “ultimate substances” por “substancias primarias”, y dos líneas más abajo por “substancias primas”. Después traduce “design” nada menos que por “objeto”. ¿De dónde se ha sacado ese “objeto”? Aristóteles se refiere al plan, idea o proyecto según el cual se fabrica la cama, el cual no es ningún objeto. Dice usted que “hay que procurar describir su objeto o manera de estar compuesto”. El antecedente de ese “su” debe de ser la cama de la que habla inmediatamente antes. Entonces ¿por qué dice “su ... manera de estar compuesto” (en masculino)? Además en el texto inglés da la impresión de que “its design or mode of composition” son expresiones sinónimas. ¿Pretende usted que “objeto o manera de estar compuesto” son también sinónimos? Y la frase entera: “hay que procurar describir su objeto o manera de estar compuesto con preferencia al material”, no hay por dónde cogerla, entre otras cosas porque no está claro si usted usa “material” como sustantivo o como adjetivo. Tampoco tiene sentido la frase que viene a continuación: “si se tratase del material, sería de todas maneras concretándonos a su materia y forma”. ¿De qué “material” está hablando? “Material” en inglés puede ser sustantivo y adjetivo, como en español, pero si es sustantivo convendría traducirlo por “materia”, para no liarse. En todo caso ¿qué es eso de “concretarse” (yo creo que este verbo no existe, por lo menos así en forma pronominal o reflexiva) “a su materia y forma”? ¿A la materia del material? ¿A la forma del material? Esto no tiene pies ni cabeza.

    Además, como traduce del inglés (cosa que no nos había advertido) y no del original, nos coloca de matute los prejuicios del traductor inglés, como esa “estructura” y esa “descripción”. Supongo que la “estructura” será el “to ti en einai” de Aristóteles, que nadie sabe lo que significa; pero para usted no es problema: fusila del inglés, y adelante. En cuanto a la “descripción”, me extraña que Aristóteles se preocupe por descripciones: supongo que se tratara de definición.

    Y ¿cómo es posible que el autor termine una argumentación diciendo “porque” en vez de “por lo tanto” o algo así? Dice en efecto: “porque la naturaleza formal tiene más importancia que la material”, como si eso fuera un presupuesto de lo que dice. Pero parece que no es un supuesto, sino una conclusión.

    Y ¿qué es eso de la “naturaleza formal” y la “naturaleza material”? Ni la forma ni la materia son naturalezas, pues la naturaleza (de los entes finitos) se compone de las dos cosas, de materia y de forma. Por tanto ¿qué naturalezas son esas? Dirá usted quizá que eso es lo que dice el inglés, y que él sabrá lo que dice, y que la traducción tiene mucho prestigio, etc.; pero yo le digo que todo eso no sirve para entender a Aristóteles, que era de lo que aquí se trataba.

    Además, yendo más al fondo del asunto, yo dije que la traducción dejaba bastante que desear cuando le contesté al señor Clausse a algunas preguntas que hacía sobre ese texto, diciéndole lo que, a pesar de todo, creía yo que quería decir Aristóteles. Si usted pretende, como parece que pretende, que la traducción es buena (aunque no está claro si se refiere a la suya o a la del inglés), ¿por qué no le contesta usted al señor Clausse, explicándole lo que dice Aristóteles, cosa que debería poder hacer mejor que yo, tanto más cuanto que es usted mismo el que ha elegido el texto?

    Saludos.

    Publicado por Ernesto López el 27 de Julio de 2008
  • Estimado Sr. López: No veo motivo para tanta agresividad. No pretendo sostener que mi traducción es buena por la sencilla razón de que no es mía; sólo traté de poner en español una versión inglesa de reconocida autoridad ante la falta (para mi, no digo que no exista) de una buena versión española. Por otra parte, le he pedido si usted podía aportar el texto griego como modo, justamente, de aclarar las dudas no para poner a prueba su conocimiento del griego. Si hay entre los foristas alguien que pueda hacerlo, será bievenido. En lo que no coincido con usted es en que el texto es ininteligible; por el contrario, creo que está suficientemente claro su sentido central: la preeminencia de la causa formal sobre la material. Que ofrece dificultades, de acuerdo. Procuremos aclararlas en paz. Mi más cordial saludo.

    Publicado por Mario Caponnetto el 27 de Julio de 2008
  • Lamento que mi pregunta haya sido motivo de enojos. Por lo menos el entredicho sobre traducciones sirvió para percatarme que el texto es de Aristóteles y no de Aquino.

    Me quedé pensando en lo que comenta Néstor que la forma es fin. Me trabé allí. Yo tenía entendido que la forma es la causa formal. ¿El fin no es la causa final?

    Por favor, Néstor, no se enoje con mi pregunta. No estoy atacando de ninguna manera su explicación. Sólo que en el punto que le menciono, evidentemente no llegué a entenderla cabalmente. Le agradecería mucho si me puede ayudar con sus explicaciones.

    Publicado por Alejandro Clausse el 27 de Julio de 2008
  • Discúlpeme de nuevo. Donde dije Néstor, quise decir Ernesto.

    Publicado por Alejandro Clausse el 27 de Julio de 2008
  • Sr. Caponetto:

    ¿Llama usted agresividad a la explicación de sus errores? Me parece que usted tiene tanto interés por entender a Aristóteles como yo por aprender guaraní.

    ¿Cómo que no es suya la traducción? ¿No es usted el que ha puesto en español lo que venía en inglés? ¿No es eso una traducción?

    Yo no discuto la “autoridad” de la traducción inglesa, porque no sé ni el suficiente griego ni el suficiente inglés, como para hacer eso; lo que digo es que su traducción, pues es suya, aunque usted diga que no, deja bastante que desear; y esto que digo lo demostré en mi escrito anterior.

    Yo no he dicho que el texto sea ininteligible: he dicho que lo son ciertas partes, y también lo demostré. Pero a usted las demostraciones parece que no le impresionan gran cosa.

    Si a usted le basta con que esté claro el sentido “central” del texto, ¿para qué nos obsequió con el resto? Podía haberse limitado a decir: según A, la forma es más importante que la materia; y nos habríamos ahorrado todo lo demás.

    Invita usted a aclarar “en paz” las dificultades del texto. Pero al único que hasta ahora ha intentado hacer eso, lo acusa usted de agresivo, y desde luego no le reconoce ni le acepta las explicaciones. Repito: el señor Clausse ha preguntado qué “fuerza” es esa de la que habla A. Puesto que mi explicación no le gusta, pues no la reconoce, ¿por qué no se lo explica usted? Usted debería saberlo mejor que nadie, pues fue usted el que propuso el texto. Vamos, no se haga de rogar, explíqueselo.

    Saludos.

    Publicado por Ernesto López el 27 de Julio de 2008
  • Sr. Clausse:

    Efectivamente la causa final es en principio distinta de la causa formal. Pero en cierto modo la final es anterior a todas las demás, y las engloba. Limitándonos a la formal y a la final, veámoslo con algún ejemplo. Supongamos que se trata de la formación de un cuhillo, o sea de su fabricación. La forma que se le da a la materia es su causa formal, y el estado final de la fabricación, el cuchillo hecho y perfecto, es la causa final. ¿No es cierto que coinciden? Y lo mismo ocurre en la formación de los seres naturales (fíjese: “formación”): la forma de un perro es su estado adulto y perfectamente desarrollado, y ese es también el fin de su generación, pues todos los sucesos de ella conducen a ese fin, llegados al cual, la generación se detiene.

    Pero acaso usted diga: pero si son la misma causa, ¿por qué se distinguen? Pues porque aunque en la realidad son lo mismo, en la idea se pueden distinguir y con frecuencia conviene hacerlo, por la misma razón por la que a veces conviene designar el mismo número con nombres distintos. En efecto la forma se opone a la materia, y son complementarios; como el fin se opone al medio, y lo mismo. Y si quiero compararla con la materia (como hace ahí Aristóteles), conviene que la conciba y la nombre como forma o causa formal (y no como fin); pero si quisiera relacionarla con el medio (como hice yo en mi escrito), conviene concebirla y nombrarla como fin (y no como forma).

    Eso sobre la forma como fin. En cuanto a la “fuerza” aristotélica por la que usted se interesaba, es decir la que produce los seres naturales y sus partes, le dije que creía que era la causa eficiente de ellos, y relacioné esta causa con Dios o con la naturaleza, en tanto que obra de Dios. Ahora pienso que es simplemente la naturaleza, y que no es preciso relacionarla expresamente con Dios (aunque sea verdad que es obra suya). En efecto Aristóteles dice en otra parte que la naturaleza es un principio interno que causa el movimiento propio de los seres naturales, entendiendo por “movimiento” cualquier tipo de cambio o suceso en ellos, siempre que proceda ... precisamente de su “naturaleza”. No sé si me explico...

    Saludos.

    Publicado por Ernesto López el 27 de Julio de 2008
  • Le agradezco a Ernesto sus explicaciones, que son muy clarificantes. Me quedó, por último, la duda sobre el argumento de la importancia de la forma sobre la materia, basado en la subordinación. Ernesto ponía el ejemplo de la sierra y la casa (si se quiere hacer una sierra, conviene elegir hierro como materia, y si se quiere hacer una casa, piedra). Al respecto, me había quedado la duda de que también se da a veces en el diseño una especie de subordinación opuesta cuando, al descubrirse un material con propiedades peculiares, el ingeniero se suele preguntar qué se podría hacer con él. En esos casos, ¿la materia sería más importante que la forma?

    Publicado por Alejandro Clausse el 27 de Julio de 2008
  • Sr. López: Es norma de este Foro que el Moderador hable en la Determinatio y no intervenga en el intercambio de opiniones de los foristas. Pero cuando usted expresó que uno de los textos propuestos presentaba una traducción defectuosa ("deja bastante que desear") lo que provocaba algunas dificultades para su interpretación, me pareció que debía intervenir para aclarar el origen de la traducción y pedirle a usted si podía aportar el texto griego, único modo de aclarar la duda. No fue una defensa de la traducción sino, al contario, una admisión de que ésta tenía sus dificultades. Eso es todo. No pretendo, insisto, defender mi traducción ni negar mis errores. Gracias a Dios, no tengo el don de la inerrancia. Le deseo un buen domingo.

    Publicado por Mario Caponnetto el 27 de Julio de 2008
  • Sr. Clausse:

    Incluso en el caso que usted dice, la materia estaría subordinada a la forma. Pues el hecho de que primero se descubran las propiedades del material, y después se haga cierto uso de ellas, inventando quizá una cosa nueva (como pasó por ejemplo con el titanio y los implantes), no invierte la subordinación esencial de la materia respecto de la forma. A la materia le convendría cierta prioridad temporal, pero no absoluta. Absolutamente la materia seguiría estando subordinada a la forma, pues seguiríamos diciendo que tal materia “sirve” para hacer tal cosa, o sea para tal forma; y lo que sirve o está al servicio de otro, es subordinado suyo.

    También se podría decir ciertamente que los implantes sirvieron para darle un uso al titanio. Pero como usar una cosa es hacerla servir, lo que estaríamos diciendo en definitiva es que los implantes sirvieron para que el titanio sirviera, siendo pues el titanio el servidor o subordinado definitivo.

    Saludos.

    Publicado por Ernesto López el 27 de Julio de 2008
  • Es muy sugerente la afirmación de Don Ernesto acerca de la generación en orden a la forma, que coincide con aquello tan aristotélico del Aquinate: “generatio est motus ad formam” (De principiis naturae, cap.1), esto es, “la generación es movimiento hacia la forma”. Recuerdo al respecto la disputa que hubo en este mismo foro hace ya cierto tiempo acerca de la mal denominada “animación retardada”, en la que el Dr. Caponnetto intervino magistralmente; a ella remito a los foristas. Mas volviendo ahora al principio referido, veo que lo interpreta Don Ernesto de este modo, aplicándolo a la generación del perro: “la forma de un perro es su estado adulto y perfectamente desarrollado, y ese es también el fin de su generación, pues todos los sucesos de ella conducen a ese fin, llegados al cual, la generación se detiene”. La crianza y educación de la prole, que siguen a la generación, son, ciertamente, una prolongación de ésta; y de ahí que afirme Santo Tomás: “El matrimonio está principalmente establecido para el bien de la prole, no tanto para engendrarla, porque esto puede ser realizado sin el matrimonio, cuanto para promoverla al perfecto estado, porque cualquier cosa tiende naturalmente a llevar su efecto al perfecto estado” [Matrimonium principaliter institutum est ad bonum prolis, non tantum generandae, quia hoc sine matrimonio fieri posset, sed etiam promovendae ad perfectum statum: quia quaelibet res intendit effectum suum naturaliter perducere ad perfectum statum (In IV Sent. dist.39, q.1, a.2 in c). Me confunde entonces la identificación de la forma con el “estado adulto y perfectamente desarrollado”, fin de la generación y no tanto de la crianza o de la educación. Y que el estado adulto es el estado perfecto del que habla aquí el Aquinate nos lo confirma esta otra cita: “De donde el Apóstol compara en Gal 3 el estado de la ley antigua al del niño, que se halla sometido al pedagogo; y compara el estado de la ley nueva al estado del hombre perfecto, que ya no está bajo el pedagogo” (Unde apostolus, ad Gal. III, comparat statum veteris legis statui puerili existenti sub paedagogo, statum autem novae legis comparat statui viri perfecti, qui iam non est sub paedagogo (Summa Theologiae I-II, q.91, a.5 in c). ¿Significa esto, en la interpretación que hace Don Ernesto del pensamiento de Aristóteles o de Santo Tomás, que hasta que no se alcanza el estado adulto, que es el estado de perfección, no dispone el viviente de la forma a la que se ordena la generación? Ruego disculpen mis traducciones, sin duda perfectibles –espero que sólo accidentalmente-. Un saludo cordial,

    Enrique Martínez

    Publicado por Enrique Martínez el 27 de Julio de 2008
  • Este mes el foro me ha pillado fuera de juego. El Dr. Caponnetto me ha facilitado una intervención sencilla. Es Cervantes el que dice en El Quijote, que las traducciones, sobre todo las de idiomas sencillos (se refiere al italiano), son como ver un tapiz por la parte de atrás. Intentaré ponerme al día en este interesante tema del bimestre, que veo que ha tenido éxito. Un cordial saludo.

    Publicado por el 27 de Julio de 2008
  • Estimados amigos:

    He estado releyendo la Metafísica de Aristóteles en sus referencias a la materia, y encontré un texto que agrega otro elemento intrigante al tema del hilemorfismo. En el capítulo 2 del libro 6, Aristóteles habla sobre el ser accidental (per accidens), y dice:

    “Entre los seres hay unos que permanecen en el mismo estado siempre y necesariamente, no a consecuencia de esa necesidad que equivale a la violencia, sino de la que se define diciendo que es la imposibilidad de ser de otra manera; mientras que los otros no permanecen necesariamente, ni siempre, ni de ordinario: he aquí el principio, la causa del ser accidental. Lo que no subsiste, ni siempre, ni en la mayoría de los casos, es lo que llamamos accidente. Hace gran frío y viento en la canícula, y decimos que es accidental; y nos servimos de otras expresiones, cuando hace calor y sequedad. Esto último es lo que sucede siempre, o al menos ordinariamente, mientras que lo primero es accidental. Es un accidente que el hombre sea blanco, porque no lo es siempre, ni ordinariamente; pero no es accidental el ser animal. Que el arquitecto produzca la salud no deja de ser un accidente, porque no es propio de la naturaleza del arquitecto producir la salud, sino de la del médico, y es un accidente que el arquitecto sea médico. Aun cuando el cocinero sólo atienda a satisfacer el gusto, puede suceder que sus viandas sean útiles a la salud; pero este resultado no proviene del arte culinario, y así decimos que es un resultado accidental: el cocinero llega a veces a conseguir este resultado, pero no absolutamente. Hay seres que son producto de ciertas potencias: los accidentes, al contrario, no son productos de un arte, ni de ninguna potencia determinada. Lo que existe o deviene accidentalmente, no puede tener sino una causa accidental. No hay necesidad ni eternidad en todo lo que existe o deviene: las más de las cosas no existen sino frecuentemente; es preciso, pues, que haya un ser accidental. Y así, lo blanco no es músico, ni siempre, ni ordinariamente. Esto se verifica algunas veces, y esto es un accidente, porque de otro modo todo sería necesario. De suerte que la causa de lo accidental es la materia, en tanto que es susceptible de ser otra de lo que es ordinariamente.”

    La última oración es la que se refiere a la materia. Según Aristóteles, la materia es la causa de lo accidental. ¿Qué consecuencias se podría sacar de esto? Por otro lado, un poco antes, en el mismo texto citado, se afirma que lo accidental sólo tiene causa accidental. Entonces, la materia ¿es un accidente? Hasta aquí llegué y quedé enredado. Parece haber algo interesante y denso en ese texto, pero no llego a captar el sentido profundo de la relación entre materia y accidente.

    La versión de Metafísica (traducción de Patricio de Azcárate) la extraje de www.cervantesvirtual.com.

    Publicado por Alejandro Clausse el 28 de Julio de 2008
  • Entiendo que el foro puede perder el necesario ambiente de sano intercambio de enfoques,-y por ende mutuo enriquecimiento,-cuando se produce una situación de agresividad como la que aprecio en anteriores intervenciones.Si llegamos a afirmar,por una discrepancia referente a una traducción,que la otra persona tiene tanto interés en entender a Aristóteles como en aprender guaraní,podemos perder la necesaria serenidad en nuestros debates.Busco personalmente el estudio del Aquinate,su vigencia para la filosofía actual,mas allá de exquisiteces sobre ciencia y superando crispaciones sobre temas en los que hay

    Publicado por Jorge Andregnette el 28 de Julio de 2008
  • ....que ponerse de acuerdo sin perder la paciencia. Perdonen,pero complemento mi pensamiento ya que un contratiempo de la máquina dejó trunco mi mensaje anterior,y perdonen mi vehemencia en esto que digo. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 28 de Julio de 2008
  • Estimados amigos:

    En lo que tiene que ver con la forma como fin de la generación, ésa es sin duda la tesis aristotélica y tomista, pero no se refiere al “estado adulto”, sino a la mera posesión actual de la forma, la cual se da desde que existe en acto el ente que luego desarrollándose llega a adulto. Una semilla de naranjo es un naranjo en acto, no en potencia. Y en ese sentido, es “perfecto” en cuanto a la especie a la que pertenece, naranjo. Lo que es en potencia es un naranjo adulto, lo que representa una perfección agregada a la perfección del naranjo como tal, y por tanto, accidental. Lo que sucede, posiblemente, es que “perfecto” puede tomarse en dos sentidos: la perfección esencial, que consiste en la posesión de la forma, por la que se pertenece a la especie, y la perfección accidental, que se agrega a la anterior, y que en un sentido, el del desarrollo natural del ente, puede identificarse con el estado adulto. En otro sentido, aún, el de la perfección moral, también accidental, ni siquiera bastaría para ella el estado adulto. O no sería necesario, si miramos el caso de los niños santos.

    Se puede objetar que según Aristóteles las cosas se nombran y se definen ante todo por su estado perfecto, o sea, en este caso, por su estado adulto. Pero, además de la distinción arriba señalada entre los dos sentidos de “perfecto”, entiendo que eso es así, porque el estado perfecto del adulto nos muestra con mayor claridad las notas constitutivas de algo, ya que llegamos a la esencia de las cosas a partir de sus accidentes sensibles y esto exige el pleno desarrollo de la cosa en cuestión. Pero desde un punto de vista ontológico, es necesario que la cosa sea ella misma desde que comienza el proceso de su desarrollo, pues de lo contrario, no sería el desarrollo de esa cosa, sino el pasaje de una cosa a otra. En efecto, el pasaje de lo inmaduro a lo adulto no es ello mismo un cambio sustancial, que implique un cambio de especie, lo que sería si la perfección esencial, debida a la forma sustancial, se alcanzase solamente al llegar a la adultez.

    En cuanto al primado de la forma, en el ejemplo que pone el Sr. Clause, me parece que lo esencial es que, aunque se piense qué forma le convendría a esta materia, son muchas siempre las formas posibles, y va a ser la forma elegida la que determine qué cosa será la cosa resultante, y no la materia, como dice el texto de Aristóteles que estamos comentando. Aunque tengamos primero la madera, y luego nos preguntemos qué vamos a hacer con ella, y decidamos hacer una cama, va a ser “cama” por la forma, y no por la materia.

    El tema de la materia como causa accidental de lo accidental es muy interesante. Por un lado, tiene que ver con que “todo tiene razón de ser”, y por otro lado, con que la razón de ser de lo accidental no puede ser la forma, pues lo accidental es justamente lo que se aparta de lo que debería ser según la forma, es decir, de lo natural, esencial, necesario.

    Pero esa causa material no es “accidental” en el sentido del accidente metafísico, es decir, el opuesto a la sustancia. Hay dos clasificaciones, una, ontológica, que es la de las Categorías o Predicamentos, que incluye a la sustancia y los nueve “accidentes”. Y otra lógica, que es la de los Predicables, que son los modos posibles de atribuir un predicado a un sujeto.

    Son cinco: la especie, el género, la diferencia específica, la propiedad, y el accidente lógico. Éste último se caracteriza por no ser ni la esencia del sujeto, ni parte de ella, ni derivarse necesariamente de ella, pero sí darse en ella en forma contingente, como dice Aristóteles en el texto citado, a veces sí y a veces no. Por ejemplo: “Sócrates está sentado”.

    La causa material es “accidental” en este segundo sentido, porque su efecto, cuando es accidental, a veces se da y a veces, como corresponde justamente a lo accidental. En realidad, el efecto propio de la causa material se da siempre, no es accidental, y es ser aquello de lo que está hecha la cosa.

    Saludos cordiales Néstor Martínez.

    Publicado por Néstor Martínez el 28 de Julio de 2008
  • Estimados Señores:

    Adjunto a ustedes la traducción en español del texto que el Dr. Camponetto nos ofreció el pasado 26 de julio -aunque concuerdo con él que toda traducción es una interpretación del texto y las ideas del autor-, la versión que tomo es de Elvira Jiménez Sánchez-Escariche y Almudena Alonso Miguel publicada por Editorial Gredos:

    "Pero si el ombre y los animales son seres naturales, así como sus partes, habría que hablar también de la carne, el hueso, la sangre y todas las partes homogéneas. E igualmente también las no homogéneas, como el rostro, la mano, el pie, cómo se caracteriza cada una de ellas y según qué capacidad. No es, pues, suficiente el decir a partir de qué elementos se produce, por ejemplo el fuego o de tierra, igual que, si estuviésemos hablando de un lecho o de alguna otra cosa semejante, intentaríamos determinar la forma más que la materia (por ejemplo bronce o madera); o si no, al menos la del conjunto: pues un lecho es esto en tal materia o esto de tal forma, de modo que habría que hablar de su configuración o de cuál es su forma. En efecto, la naturaleza según la forma es más importante que la naturaleza material ..." Aristóteles, Parte de los Animales, 640b18-28 (p. 57).

    Esperando que el texto ayude a clarificar los argumentos expuestos.

    Saludos cordiales, Ivonne Vera Cervantes

    Publicado por Ivonne Vera Cervantes el 28 de Julio de 2008
  • Las verdades soteriológicas de Santo Tomás parten de las verdades antropológicas pensadas y reflexionadas, es decir meditadas, por Aristóteles. El Hombre-símbolo que nos descubren estos hombres sabios tienen vigencia, ya que son verdades a-temporales que tienen fuerza para dinamizar la existencia de la persona humana, en la medida en que podamos meditar sobre estas verdades en el sentido platónico y agustiniano. Cada una de las afirmaciones o cuestiones planteadas debe referirse al potenciamiento de la persona en el aquí y en el ahora en el marco de una meditación. Dicho precepto le da vida y le otorga una fuerza-activa potenciadora a las acciones de nuestro ser. La suma y más grande meditación: la Santísima Trinindad.

    Publicado por Felipe Cárdenas el 28 de Julio de 2008
  • Estimados foristas: A estas alturas, cualquiera se pone a la altura de las intervenciones con que nos estáis ilustrando y estimulando y en algún caso fácilmente identificable, mareando. El hallazgo de Aristóteles, de la composición hilemórfica del ser que asume Santo Tomás, tiene unos precedentes muy interesantes, que me parece que no riñen precisamente con hablar ahora de una materia primera, por tanto una auténtica arké, más otras cosas. No sabría decir sin problemas que los primeros filósofos no fueron más allá de las realidades corporales. Tales dice que la arké es el agua, pero también que todo está lleno de dioses o “daimons”. La idea más próxima a la de materia primera pura tal vez es el ápeiron de Anaximandro. Pero no, porque en el seno de este ápeiron están los contrarios caliente-frío-húmedo-seco que se separan y combinan, y alguna fuerza o causa los separa y combina y con ello se evoluciona. Anaxímenes no sólo pone el aire, sino funciones de condensación y rarefacción. En resumen, ninguno de estos explica el ser por solo un elemento. Pitágoras admite una materia, pero la existencia de las cosas se explica por algo que sólo puede captar la mente, el número; este número anticipa el concepto de forma, y anticipa la matematización del conocimiento de las cosas. Heráclito pone atención en el cambio, y supone una materia siempre en movimiento, simbolizando ambos con el fuego, pero es un movimiento regido por un Logos, que regula la materia “según medida” que ya no es la materia misma; y ordena regulando la oposición de contrarios. Nuestra participación de este Logos permite el conocimiento, no basta la simple visión de las cosas. El Logos hace que el todo sea uno, pero las cosas siempre cambian, o sea son y no son. Parménides niega a su manera valor al ver, y sólo lo da al pensar. Sólo es verdadero el ser que descubre el pensar, o sea el logos. Etc. Etc. Etc. Una materia primera en estado puro no sale en los abuelos filósofos. De manera que la teoría hilemórfica de Aristóteles que sabía todo esto, y aceptada por nuestro Santo fraile, da para mucho, en el que pueden entrar con comodidad los conceptos científicos de nuestros tiempos, en parecidas condiciones a como pensaban nuestros abuelos: sin precisar mucho por anticipado. El estatuto definitivo de la materia primera es la de ser sólo potencia, que puede ser cualquier cosa, no es en si nada y tiene la condición de infinito imperfecto hasta que recibe la forma, que al limitar este infinito imperfecto, hace perfección del ser la cantidad, en definitiva un número. Pero a la vez es fácil ver que esta materia, siendo imperfecta, contagia a la forma de imperfección y reduce su alcance, limita la universalidad de la especie y a la vez, contribuye a la perfección de la forma, hasta el punto de la individuación por la cantidad. O sea hasta el ser concreto, la sustancia primera. ¿Oposición de contrarios más o menos regulada, pero regulada al fin? No es mi deseo marear. Hoy por hoy la teoría hilemórfica sirve para ver con muy aceptable claridad las cosas en general, y la causa material, como posibilidad de ser, pensada por analogía y en la multiplicidad, como dice Grenet, se puede pensar a lo largo del devenir en lo que permanece presente en el porvenir, y del pasado en el presente. Su comprensión, creo, siempre será un perpetuo y torturante cuestionario metafísico aunque en si, como dice el Dr. Echevarria, ante todo ha de considerarse físicamente. Quiero de paso felicitar y animar a nuestro Moderator, Dr. Caponnetto, por el valor de plantearnos esta tan difícil como importante cuestión, y su prudencia. Un cordial saludo en Santo Tomás. Hug

    Publicado por Hug Banyeres Baltasa el 28 de Julio de 2008
  • Tras leer las críticas que ha recibido mi tesis de que la forma (sustancial) es la del adulto, concluyo que estaba equivocado, y pido disculpas al señor Clausse si le he inducido a error por ello.

    Como sugiere Enrique Martínez, la forma sustancial (pues de ella se trataba) está tan presente en el viviente joven como en el adulto, pues de lo contrario no sería uno sino muchos, y además de distinta especie. En cuanto a la frase de Santo Tomás de que “la generación es movimiento hacia la forma”, al principio me parecía que podía apoyar mi tesis, pues si la generación es movimiento, entonces no es instantánea, y por tanto se puede prolongar tanto como se prolongue el desarrollo del viviente individual, es decir hasta su estado adulto, que era lo que yo pensaba. Pero ahora pienso que aunque la generación del viviente sea instantánea, se puede concebir también como un movimiento, es decir como la sucesión de los actos previos a la fecundación o generación propiamente dicha.

    En cuanto a lo que dice Néstor Martínez, estoy en general de acuerdo con él y, aunque al principio me sorprendió, me parece muy acertada su afirmación de que una semilla de naranjo es un naranjo. En cambio no me parece tan acertado el considerar el estado adulto como una perfección accidental del viviente. Según eso también sería accidental cualquier otro estado, anterior o posterior a ese, y así se reduciría la vida entera a un mero accidente.

    Saludos.

    Publicado por Ernesto López el 29 de Julio de 2008
  • A raíz de la discusión sobre la forma del adulto, he releído los Principios de la Naturaleza de Santo Tomás, y esto me ha sugerido un modo de entender una parte del texto de Aristóteles, que consideramos, esa que dice:

    “la carne, el hueso, la sangre y todas las demás partes homogéneas; y ... las heterogéneas, como la cara, la mano, el pie”

    Desde el principio me pregunté por qué llama a unas partes “homogéneas” y a otras “heterogéneas”. Pues bien creo que llama “homogénas” a las que cuando se dividen, resultan otras de la misma especie que la inicial, y “heterogéneas” a aquellas que cuando se dividen resultan otras de otras especies. O sea de la división de la carne resulta carne, de la del hueso, hueso, etc.; en cambio de la división de la cara no resultan caras, ni de la de la mano resultan manos, etc.

    Publicado por Ernesto López el 29 de Julio de 2008
  • Don Ernesto: Para el estado nauseoso le irán bien 50 mg. de piridoxina,unos 10 miligramos de metoclopramida. Puede añadir para asegurar el tiro 25 mg.de dimenhidrinato, todo cada 8 horas. Mano de santo. Pero como soy apenas compatible con la verdad, consulte al farmacéutico. No es el tema, pero la forma se realiza siempre mejor en una materia mejor dispuesta. Un cordial saludo. Dr. Hug

    Publicado por Hug Banyeres Baltasa el 29 de Julio de 2008
  • Está buena la observación de Ernesto sobre lo homogéneo y lo heterogéneo. Juntando esto con su explicación de la sobordinación de la materia a la forma, me surgió otra duda. Como dice el texto, cuando uno pregunta sobre una cama "¿qué es esto?", no se responde "madera", sino "una cama". Ahora cambiemos "cama" por "sociedad". Si preguntamos ¿qué es esto? No parecería tan incorrecto responder "seres humanos". Pero un análisis más detallado nos llevaría a darnos cuenta de que una sociedad no es simplemente un conjunto de seres humanos. Por ejemplo, si el conjunto es una colección arbitraria de humanos (e.g. tomando al azar un individuo de cada país), no constituye una sociedad. La pérdida de la importancia de la forma parecería entonces ser análoga al nominalismo.

    Publicado por Alejandro Clausse el 29 de Julio de 2008
  • Estimados amigos:

    Respecto del estado adulto y lo accidental, el asunto es que, como bien dice Ernesto, no puede haber cambio de especie desde el comienzo hasta el final de la vida de un determinado ser vivo. Eso implica la permanencia de la misma esencia o naturaleza, y entonces, todo cambio que se dé en ese intervalo es accidental. Y entonces, toda cualidad o perfección que deje de existir o comience a existir con esos cambios, es un accidente.

    Pero hay que recordar la distinción entre el accidente metafísico y el accidente lógico. Que algo sea un accidente metafísico no quiere decir que sea accidente lógico: hay accidentes (metafísicos) necesarios, como es la propiedad, cuarto predicable.

    Lo que sí es cierto que es todo cambio accidental, no esencial, implica el accidente metafísico. ¿Entonces toda la vida será algo de orden accidental? Hay que distinguir. La vida de un ente, a cada instante, comprende tanto lo que ese ente es sustancialmente, como lo que es accidentalmente. Si miramos entonces al conjunto, nunca la vida será algo "meramente accidental". Si miramos solamente a los cambios que se dan entre el comienzo y el fin de la vida, y a las perfecciones que se suceden gracias a a esos cambios, sí, son accidentales.

    Eso no quiere decir que no sean importantes, sino solamente que no cambian la sustancia, es decir, que se sigue tratando siempre del mismo ser vivo. Tampoco quiere decir que esos cambios y esas perfecciones accidentales no afecten a la sustancia: la afectan, sí, pero en el orden accidental, no en el sustancial. Es decir, la afectan en cuanto son, precisamente, modificaciones o afecciones de la sustancia, no en cuanto a que constituyan a la sustancia misma y por tanto hagan variar su naturaleza.

    En cuanto a la sociedad humana, es muy cierto que hay una diferencia entre su forma y la forma de un ser sustancial, por ejemplo, un perro, pero precisamente, porque la sociedad no es un ser sustancial, es un agregado accidental de sustancias, que son los individuos humanos, siendo los accidentes agregantes precisamente las relaciones entre esos individuos en cuanto miembros de esa sociedad. La forma de la sociedad, por tanto, es un entramado de accidentes, es decir, de relaciones, y es ella misma, en ese sentido, de orden accidental. La "materia" de un agregado accidental de sustancias son precisamente esas sustancias, la materia de una sustancia no puede ser otra sustancia u otras sustancias.

    Por eso mismo sigue habiendo forma, aunque sea accidental, a diferencia de lo que sería un agregado meramente casual, por ejemplo, si mentalmente agrupamos los nombres de un conjunto de personas al azar. En ese caso, la única "forma" que habrá ahí será la que en nuestra mente une esos objetos; mientras que la forma que hace a todos los franceses hijos de Francia es, aunque accidental, real.

    Saludos cordiales

    Néstor Martínez.

    Publicado por Néstor Martínez el 30 de Julio de 2008
  • Sr. Clausse: No entiendo su duda. Usted mismo reconoce que una sociedad no es lo mismo que un conjunto de hombres individuales. Como, para decirlo en términos de la teoría que estamos viendo, estos individuos serían su materia, y la ley su forma, creo que todo encaja bastante bien, incluso la subordinación de la materia a la forma, pues en el Estado los individuos están subordinados a la ley, y por eso es un Estado. Pero... ¿por qué dice usted que "la pérdida de la importancia de la forma parecería entonces ser análoga al nominalismo". ¿Qué pérdida es esa? Un saludo.

    Publicado por Ernesto López el 30 de Julio de 2008
  • Efectivamente como señala Ernesto lo que expuse no es una duda, sino más bien la evolución de mi razonamiento. Las explicaciones de Ernesto y Néstor me parecen muy claras. Me pareció que es posible concluir que cuando se resta importancia a la forma (e.g. la ley) un ser queda reducido a una colección de componentes, lo que según tengo entendido es un postulado nominalista. Pero es sólo una opinión con temor a equivocarme.

    Me gustó mucho en particular la distinción que señaló Néstor entre forma substancial (e.g. la de un ser viviente) y forma accidental (la de una sociedad). Esa distinción me parece un canal interesante para el diálogo con la ciencia contemporánea, ya que deja al descubierto la confusión del emergentismo, que pretende la generación de seres vivos a partir de formas accidentales.

    Publicado por Alejandro Clausse el 31 de Julio de 2008

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