Del hilemorfismo

Época II Año 6 Número 4 Julio - Agosto 2008

Quaestio

Segunda cuestión



La ciencia actual admite la existencia espacio temporal de los cuerpos. Todos ellos, en efecto, se ubican en un lugar y en un tiempo los cuales, por otra parte, varían constantemente. Si se admite que la naturaleza específica de los cuerpos no varía a través de los cambios de tiempo y espacio, ¿es posible acordar en la existencia de dos “principios” de los que estarían compuestos los cuerpos, a saber, uno que explicaría por qué los cuerpos conservan su naturaleza a través de los cambios y otro por el que cambian continuamente sin dejar de ser lo que son? ¿Pueden tales principios corresponderse con la materia y la forma de la filosofía tradicional?

Responsiones

  • A propósito de la relación de la filosofía con la ciencia, se me ocurre plantear lo siguiente:

    ¿No permite la teoría que estamos considerando refutar el evolucionismo? En efecto, tratándose de seres vivos, la relación entre la especie y los individuos es como la que hay entre la forma y la materia, o sea que los individuos son a la especie como la materia a la forma. Por tanto los individuos están subordinados a la especie y dependen de ella. Luego, al contrario de lo que dice el evolucionismo, los cambios que sufran los individuos no pueden alterar la especie.

    Además si un viviente cambiara de especie, sufriría un cambio sustancial, es decir moriría, y no podría evolucionar.

    Me gustaría conocer la opinión de los miembros del foro sobre este asunto.

    Publicado por Ernesto López el 3 de Agosto de 2008
  • Entiendo muy interesante la proposición que nos hace Ernesto López.En efecto,si un ser vivo cambia de especie,sufre un cambio sustancial,y por ende,muere,y ya no evoluciona. La evolución,como en forma muy elemental nos señala Jolivet,"no podrá constituir jamás una explicación adecuada de la especie humana,porque entre el animal y el hombre hay un abismo infranqueable.")R.Jolivet.C.de Filosofía.Desclée de Brouwer.Bs.Aires.=Como nos señala el citado profesor de Lyon,la evolución,si realmente fue un hecho,se limitó a una peparación del cuerpo humano,no a su creación,la que se realiza por Dios con el alma espiritual.Las mutaciones de que nos habla De Vries,que disiente con Lamarck y Darwin,equivalen a verdaderas creaciones,y por tanto la teoría se niega a si misma. Es una perqueña contribución a abrir el debate que nos propone Ernesto,y exhorto,mediante la conformidad del moderador,por supuesto, a emprender el sendero que el propone a los integrantes del foro. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 4 de Agosto de 2008
  • Recuerdo que el tema del creacionismo y el evolucionismo fue tratado en febrero de 2007. Remito a las intervenciones en la "hemeroteca" de e-aquinas. Un saludo cordial,

    Enrique Martínez

    Publicado por Enrique Martínez el 4 de Agosto de 2008
  • Estimado amigo Jorge: Desde luego que tiene toda mi conformidad teniendo en cuenta, además, lo que recuerda el Dr. Martínez. Un cordial saludo.

    Publicado por Mario Caponnetto el 5 de Agosto de 2008
  • Estimado amigo Mario:Gracias por su visto bueno en esta tarea.Desde luego que tendré en cuenta lo que señala el Dr.Martínez.Si lo considera oportuno y pertinente,proporcione Ud.algún lineamiento general para los aportes en esta armonización que deberíamos hacer entre lo que propuso Ernesto y lo que nos recuerda el Dr.Martínez. Cordiales saludos y gracias.

    Publicado por Jorge Andregnette el 5 de Agosto de 2008
  • En mi habitual discrepancia con D. Mario, pienso que no está tan claro que la ciencia actual admita la existencia espacio temporal de los cuerpos. Si limitamos la ciencia actual a científicos de segunda fila, como Einstein, es cierto que se ganó la vida hablando del espacio y del tiempo, sin saber lo que es uno ni otro. Por ejemplo, es ridículo hablar de un espacio que se dobla. Esto no se le ocurrió ni a Empédocles.

    Es cierto que a los científicos de primera fila nadie les hace publicidad. Pero hay que buscarlos. Como insisto siempre que tengo ocasión, tenemos mucho que aprender de Santo Tomás y los Padres. Santo Tomás enseña que hay que estudiar a las ‘auctoritates’, a los que más saben de cada ciencia, juzgando siempre lo que se lee. Y se aplica también a Santo Tomás lo que decía San Jerónimo de los ‘doctores antiqui’ que no sabes “qué admirar más en ellos, si la erudición del siglo, o la ciencia de las Escrituras” (Cfr. I q. 1 a. 5, 2). Así, son científicos de primera fila los descubridores de la mecánica quántica. Y son de la opinión de que los electrones ni ocupan espacio, ni les afecta el tiempo.

    Esto último concuerda con la descripción del espacio y del tiempo de Santo Tomàs. Pero nada tiene que ver con el hilemorfismo. Que, a mi modo de ver, no encaja en ningún descubrimiento científico. Y tampoco en la doctrina de Santo Tomás. Como espero tener ocasión de explicar. Lo fundamental de mi opinión la he expuesto en mi ‘responsio’ a la primera de las cuestiones que planteaba D. Mario (07-08-08).

    Un cordial saludo.

    Publicado por Rafael Quijano Álvarez el 9 de Agosto de 2008
  • Entiendo,aunque ya se ha tratado lo del evolucionismo y el creacionismo,como muy bien lo recuerda Enrique Martínez,a los efectos del tema,-no es solamente por recoger la propuesta que nos ha formulado Ernesto,-que para la discusión de la segunda cuestión que nos propone Mario,sería necesario tener siempre presente lo de la "inmutabilidad de las esencias".Ese concepto resulta,a todas luces,imposible de flexibilizar.Ya se ha recordado,ejemplo conocido, su similitud con los números:si agrego 1 a 5 no tengo un 5 mas grande,sino otro guarismo que no es 5,el que permanece inmutable.Si vamos a la proposición de que "los cuerpos conservan su naturaleza a través de los cambios",como nos dice la cuestión,no estamos ante otra cosa que ante la "esencia",que es,por definición,la naturaleza de las cosas,permanente e invariable en ellas.Tal vez estoy simplificando demasiado el problema,y con toda razón alguien de este foro puede objetar este razonamiento,ya que eliminaría toda discusión y opinión,desde el momento que parte de esa conceptualización del principio de inmutabilidad de las esencias,concluyendo que sin lugar a dudas conservan su naturaleza,sean cuales sean los cambios.Atiendo las objeciones,que supongo pueden hacerse a este aporte.Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 10 de Agosto de 2008
  • Concuerdo con el Doctor Rafael cuando cita a Santo Tomas de Aquino. Si bien hay que leer y respetar los escritos de hombres, se deben analizar con mente crítica y abierta. Por otro lado, discrepo con Rafael cuando menciona a Einstein y su teoría concerniente al espacio y al tiempo, ya que han sido probadas con matemáticas (la mayoría de ellas) al ser la física una ciencia experimental. El hombre es a la especie como la materia a la forma (como lo decía el honorable Ernesto; por consiguiente, muchas de sus características vienen de la misma, por lo tanto su naturaleza no varia- aunque cambie para adecuarse a los cambios espacio-temporales-. El cambio corresponde a la especie, no a su naturaleza.

    Cordiales Saludos,

    Publicado por Sebastian Cardona Velez el 10 de Agosto de 2008
  • Propuse hace unos días que examináramos la teoría de la evolución desde la del hilemorfismo, que estamos tratando, porque me parece que están relacionadas de manera que con esta se puede refutar aquella; y el Administrador del foro sugirió que viéramos primero lo que sobre este tema se había escrito ya en febrero del año pasado. He mirado la hemeroteca y he visto un extenso artículo de Néstor Martínez llamado "Acerca de la evolución", que quisera comentar ahora, pues ciertas incoherencias que me ha parecido advertir en él me han llamado mucho la atención, dado lo bien que suele razonar este señor.

    Pues bien según Néstor Martínez (en lo que sigue NM) la teoría de Darwin no es propiamente de la "evolución" de las especies sino solo de su "descendencia". "Esto no deja de tener importancia -dice NM-, porque 'evolución' dice más que 'descendencia', es decir agrega la idea de un cambio de las especies, que de algún modo se transforman en otras especies" (e-aquinas 5, 2007, p. 20). Pero aunque Darwin no hablara al principio de 'evolución', sí habló de tranformación. En todo caso lo de menos es la palabra, lo que importa es la idea, y la idea de Darwin es la que se tiene normalmente de la evolución, o sea la transformación de unas especies en otras.

    En la p. 22 distingue NM dos conceptos de especie, la "especie taxonómica" y la "especie natural o filosófica", siendo el criterio de distinción que esta última "depende de otro tipo de enfoque sobre la realidad", como si ambos conceptos tuvieran el mismo fundamento, y solo pudieran distinguirse en que son distintos "enfoques sobre la realidad". Pero la "especie natural" es la verdadera especie, mientras que la "taxonómica" no es más que una convención, que no consiste más que en un nombre. Y esta es por cierto la única en que creía Darwin.

    En la página 24 NM defiende a Darwin frente a Behe y a Mivart con este argumento: "tanto Darwin como sus herederos son mecanicistas y niegan las causas finales", como si la simple negación de las causas finales eximiera del deber intelectual de admitirlas. Y en una nueva concesión a Darwin añade que "la evolución no podía explicarse solamente por la selección natural darwiniana", como si la selección natural fuera, aunque insuficiente, una verdadera explicación. Pero la selección natural se basa, entre otros, en el prejuicio de que la naturaleza, es decir la obra de Dios, es imperfecta -lo dice expresamente Darwin muchas veces-, y pudiera ser perfeccionada por medio de dicha selección.

    Respecto al estatuto ontológico de las especies dice NM que profesa el "realismo moderado aristotélico, con individuos reales que tienen realmente unas naturalezas o esencias que sin embargo no existen fuera de los individuos mismos", lo cual es lo suficientemente ambiguo como para permitirle dispués ciertas maniobras con esas esencias que no están "fuera" de los individuos. ¿Qué significa ese "fuera"? Las esencias desde luego no pueden estar fuera de los individuos, como las monedas están fuera de mi bolsillo, porque no son nada físico; pero puesto que trascienden a los individuos, sí tienen que estar en algún sentido fuera o más allá de ellos, al menos ontológicamente hablando.

    Dice después que "un mago muy poderoso tal vez podría tranformar a un perro en un gato", pero que "ningún mago puede hacer que 'ser perro' pase a ser 'ser gato'" (p. 25), lo cual quiere decir que ningún cambio o transformación sufrido por el individuo puede afectar a la especie, que es ese "ser perro" o "ser gato". Pero esto no parece muy coherente con la afirmación anterior de que la esencia no está "fuera" del individuo: pues si no está "fuera", estará "dentro", o por lo menos "en" él; pero entonces no se entiende cómo un cambio tan profundo como el de un perro que se tranforme en gato, no afecte a la esencia. Y es que en realidad tan imposible es que "'ser perro' pase a ser 'ser gato'", como que un perro individual se tranforme en un gato individual. Así que una de dos: o bien la esencia trasciende al individuo, y está por tanto en algún sentido "fuera" de él, en cuyo caso se comprendería por qué ningún cambio de este afectaría a aquella; o bien no está "fuera" de él, como había declarado NM, pero entonces no puede estar a salvo de los cambios que este sufra.

    En la p. 26 sigue NM con la incoherencia, cuando dice: "si podemos hablar de una transformación que hace surgir individuos de una especie nueva a partir de individuos de una especie anterior, es solamente porque precisamente la especie anterior, como tal, no puede tranformarse en la nueva, ni en nada que no sea ella misma". Esto contradice de nuevo el supuesto de que la esencia -es decir la especie- no está "fuera" del individuo. Por lo demás es falso que podamos hablar (con sentido) "de una tranformación que hace surgir individuos de una especie nueva a partir de individuos de una especie anterior", porque semejante transformación tendría que ocurrir de una de estas dos maneras: o bien porque un individuo se transformara así durante su vida, lo cual no solo es contrario a la experiencia sino que además es absurdo, o bien porque el hijo fuera de distinta especie que el padre, lo cual sería tanto como negar la naturaleza, que es justo lo que se quiere explicar.

    En la p. 28 dice: "llegamos así a una consecuencia extraña: que el paso de una especie a otra, caso de haberse dado, ha tenido que ser instantáneo; (lo cual) choca fuertemente con la imagen de un cambio progresivo y gradual con que usualmente se asocia la evolución", como si esa imagen fuera cosa del público pero no del propio Darwin, quien sin embargo insiste continuamente (en "El origen...") en el carácter gradual de la evolución.

    Después explica NM su idea de la evolución instantánea: "el tigre, y cualquier otra especie, surgió 'abruptamente', es decir en forma instantánea, sin proceso gradual alguno; no hubo algo que era 'un poco tigre' y después el tigre, porque no tiene sentido lo de 'un poco tigre': algo o es un tigre o no lo es" (p. 28).

    Pero si el tigre no viene de algo que fuera "un poco tigre", lo cual sería efectivamente absurdo, sino que viene por una tranformación instantánea de un no-tigre, este podía ser cualquier cosa, porque tan no-tigre es un gato como una hormiga o un gorrión. Pero entonces ¿para qué la evolución? Si cualquier cosa se puede transformar en cualquier otra, ¿de qué sirve una teoría que se caracteriza precisamente por decir que las semejanzas entre los vivientes se deben a que tienen antepasados comunes? Un tigre y un gato son semejantes, pero el tigre procederá de un no-tigre y el gato de un no-gato, y el no-tigre y el no-gato a lo mejor no tienen nada que ver entre sí. O sea que la teoría de la evolución instantánea tiene tan poco sentido como la de la gradual.

    En la p. 30 dice que "el cambio sustancial ... no va contra la inmutabilidad de las esencias", cosa muy cierta -añado yo-, porque antes de que el individuo cambiara su esencia, cambiaría él mismo sustancialmente, es decir moriría. Pero NM parece creer que el individuo puede cambiar sustancialmente sin dejar de existir, pues dice que "el que cambia es el individuo, el compuesto de materia y forma". Pero ¿cómo va a dejar de ser A un individuo, y comenzar a ser B, sin dejar de existir? Porque entre A y B no hay nada, como no sea la materia prima, que es sujeto tanto de lo vivo como de lo muerto, y no garantiza pues la continuidad del viviente. Para que por ejemplo un perro se transforme en gato, lo primero que tiene que ocurrir es que deje de ser perro. Pero entonces muere. No importa que el cambio imaginado por NM sea instantáneo, porque la muerte también es instantánea. O bien tendría que ser perro y gato al mismo tiempo, lo cual obviamente es imposible, o bien tiene que dejar de ser perro antes de empezar a ser gato; pero entonces, cuando deje de ser perro, morirá; pues no se puede ser viviente sin ser perro o gato o lo que sea. Pero si no es perro ni gato ni nada, dicho está: no es nada, o sea materia prima, o sea algo inerte, muerto. Este es el cambio sustancial, no el cambio de "el individuo, el compuesto de materia y forma" (donde supone NM que el sujeto que permanece es el individuo, no la materia prima).

    En la p. 36 dice que "no es posible ... que las formas superiores de vida procedan sin más de las inferiores, sin una Causa superior que disipe la contradicción", lo cual nos hace preguntarnos por qué la Causa superior tiene que disipar las contradicciones evolucionistas. Y es que el propio NM cae en contradicción cuando dos párrafos más abajo dice que eso mismo que antes disipaba la Causa superior, ahora "cae fuera de la omnipotencia divina".

    En la página siguiente se sigue contradiciendo, y esta vez sin que ni siquiera medie un párrafo entre las dos proposiciones contradictorias. Pues dice que "la naturaleza interior no puede dar lugar a la superior o a la simplemente distinta", y a continuación lo niega al decir que "en el momento inmediatamente anterior al surgimiento de una nueva especie ... no había en la Naturaleza nada capaz de producirla, a no ser que se tratase de una nueva especie inferior a alguna ya existente" (p. 37). ¿En qué quedamos?¿No es lo inferior distinto de lo superior? ¿Y no acababa de decir que "la naturaleza (inferior) no puede dar lugar a la ... simplemente distinta"? Y después, en el mismo párrafo, se contradice de nuevo, pues tras reconocer que el "concurso divino" no puede hacer que lo más salga de lo menos o que se dé lo que no se tiene, dice que "el surgimiento de una nueva especie es ... sobrenatural ... en el sentido de que es obra de un Agente superior a la naturaleza" (ibid.).

    Hacia el final de su artículo NM recuerda que "el magisterio eclesiástico sostiene el origen inmediato, no evolutivo, del alma humana espiritual de Dios creador, y permite sostener el origen evolutivo del cuerpo del hombre" (p. 37), y se pregunta con razón: "¿cómo entender esto sin caer en el dualismo antropológico que considera alma y cuerpo como dos sustancias independientes entre sí?"; y asegura que "a esta pregunta se puede responder desde los principios del tomismo", pero esta respuesta no aparece por ninguna parte, o por lo menos yo no lo he visto. En efecto esta proposición: "si el alma es la forma sustancial del cuerpo, el ser mismo del cuerpo cambia al cambiar su forma sustancial, es decir al serle creada-infundida por Dios el alma espiritual", es muy coherente con "los principios del tomismo", pero no permite de ningún modo rresponder al problema sobre el dualismo antropológico planteado por el magisterio de la Iglesia. Lo que ya no es tan coherente, ni con el tomismo, ni con el evolucionismo, ni con nada, es lo que dice a continuación, a saber que "la continuidad con el 'homínido' anterior se mantiene por el lado de la materia primera", donde NM parece olvidar que la materia primera, por ser la misma para todos los cuerpos, no prueba continuidad alguna entre el hombre y el "homínido anterior", pues dicha identidad permitiría probar la continuidad no solo respecto al "homínido anterior" sino respecto a cualquier cosa corpórea.

    Al final reconoce NM que "no hemos podido mostrar cómo es posible la evolución de las especies, pero, haciendo uso de nuevo de su arbitraria distinción entre "evolución" y "descendencia", cree "haber mostrado cómo es posible la descendencia de las especies a partir de otras especies, o sea lo que enseñaba Darwin". Pero no es cierto que Darwin no fuera evolucionista: él creía que unas especies se tranforman en otras, y no solo en sentido "descendente" sino también y sobre todo "ascendente"; creía por ejemplo que los peces se transforman en pájaros y los monos en hombres, y que la multitud de especies actuales proceden de unas pocas iniciales. Esto es evolución pura y dura, y prrepara el terreno para dar el paso siguiente, esto es que la vida procede de la materia; y si NM y el "magisterio de la Iglesia" aceptan a Darwin están aceptando también estas cosas. Tratar de salvar los papeles diciendo que al menos el alma humana es creada por Dios es poner paños calientes a una teoría que debe ser totalmente rechazada, porque es falsa se mire por donde se mire.

    Publicado por Ernesto López el 11 de Agosto de 2008
  • Me alegro de que al Dr. Cardona le gusten las citas que hago de Santo Tomás. Su discrepancia, además, sintetiza perfectamente dos errores que cometemos comúnmente. No solo filósofos y teólogos, sino el público en general, y que permiten que “cuelen” como ciencia cosas que nada tienen que ver con ella. Dice así D. Sebastián (10-08-08): “discrepo con Rafael cuando menciona a Einstein y su teoría concerniente al espacio y al tiempo, ya que han sido probadas con matemáticas (la mayoría de ellas) al ser la física una ciencia experimental.” El primer error es creer que lo que está acompañado de cálculos matemáticos no falla. El segundo creer que la ciencia moderna es experimental, y que la filosofía antigua no lo era. Santo Tomás nos previene contra estos errores, en dos textos que espero que también sean de su agrado.

    Es cierto que la Filosofía antigua no era experimental, como tampoco lo es la moderna. Pero el caso de Aristóteles es distinto. En el comentario al libro III de la Metafísica, Santo Tomás explica su diferencia con el resto de los filósofos: “Él (Aristóteles), en la búsqueda de la verdad, no procedió por el mismo orden que los demás filósofos. Pues empezó por las cosas sensibles y manifiestas, y procedió hasta las separadas, como se verá más abajo en el libro VII. Los demás, en cambio, quisieron aplicar lo inteligible y lo abstracto a las cosas sensibles.” (1)

    Es el caso del tema de este bimestre. La materia y la forma pertenecen a lo “inteligible y abstracto”, y no se pueden aplicar a las cosas sensibles. Viendo las obras de Aristóteles vemos que empezó estudiando los minerales, las plantas y los animales. Los distintos libros sobre el ser inanimado, concluyen en los libros de su Física, que contiene las conclusiones teóricas de su descripción de la naturaleza inerte. Igualmente, los libros sobre las plantas y los animales concluyen en los libros De Anima, estudio experimental de la vida, principio común de todos los seres vivos (‘hoc enim quilibet experitur in seipso, quod scilicet habeat animam, et quod anima vivificet’ [I de Anima, lect. 1 nº 6] “pues esto lo experimenta cualquiera en sí mismo, que tiene alma y que el alma da vida”). La diferencia entre la filosofía de Aristóteles y la ciencia moderna no está en que ésta sea experimental y la otra no. La diferencia está en que, a partir de Copérnico, los mejores filósofos empezaron a aplicar las matemáticas a la observación de la naturaleza. De estos filósofos, los filósofos matemáticos, procede la ciencia moderna. La filosofía de Aristóteles es experimental. La ciencia moderna es experimental y matemática.

    Por eso la filosofía de Aristóteles y la de Santo Tomás concuerdan en muchas cosas con las ciencias experimentales. Pues muchas no necesitan cálculos matemáticos, y otras, como el alma, no los admiten. Pero exigen tener la mente entrenada en la observación atenta de los seres sensibles. Difícilmente encontraremos puntos de concordancia si intentamos aplicar a las ciencias experimentales “lo inteligible y lo abstracto”.

    El problema de las Matemáticas lo trato aparte.

    Un cordial saludo.

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    (1) Non autem eodem ordine ipse procedit ad inquisitionem veritatis, sicut et alii philosophi. Ipse enim incipit a sensibilibus et manifestis, et procedit ad separata, ut patet infra in septimo. Alii vero intelligibilia et abstracta voluerunt sensibilibus applicare. III Metaphysic., lect. 1 nº 7.

    Publicado por Rafael Quijano Álvarez el 12 de Agosto de 2008
  • Continúo mi respuesta a Sebastián en lo que dice (10-08-08): “discrepo con Rafael cuando menciona a Einstein y su teoría concerniente al espacio y al tiempo, ya que han sido probadas con matemáticas (la mayoría de ellas).” Hay un libro de Einstein de obligada lectura, que se llama “Sobre la teoría de la Relatividad Especial y General” (Hay una edición a Alianza Editorial, libros de bolsillo). Es un libro breve, que se recomienda leer en Cuaresma, pues es un tormento para inteligencia y la sensibilidad. Allí se ve, por ejemplo, que la teoría que se atribuye a Einstein, la Especial, Einstein la rechaza. En realidad esta teoría es de H. Poincaré, aunque Einstein lo oculta. La de Einstein es la General, de la que nadie ha oído hablar. La categoría humana de Einstein se ve en que toda su vida estuvo hablando de la Especial, por el simple hecho de que era la que llamaba la atención al público. La General es aburrida y absurda. También es interesante el artículo “Einstein” de la Enciclopedia Británica.

    Pero vamos con Santo Tomás, que es mucho más útil. Al principio de muchos de sus comentarios a Aristóteles, habla de la distinción de las ciencias y su orden. Y también en sus obras teológicas. Así, al principio de los libros De Anima distingue tres géneros entre los filósofos que consideran las propiedades de la materia (1). Uno es el de los artífices y los físicos, que consideran las propiedades de las cosas ‘prout sunt in materia’, en cuanto que existen en la materia. El segundo es el de los matemáticos. Aunque las cosas de las que tratan ‘habeant esse in materia’, tiene el ser en la materia, y no se pueden separar de ella, los matemáticos no consideran la materia. El tercer género es el de los metafísicos, que estudian las propiedades de las cosas ‘quorum esse vel non est in materia omnino, vel quorum esse potest esse sine materia’, cuyo ser o no existe de ninguna manera en la materia, o puede existir sin materia (las sustancias separadas y el alma humana).

    En el prólogo a su comentario a la Metafísica, Santo Tomás dice que ésta es la ciencia más noble, porque se estudia exclusivamente por el deseo de saber. No sirve absolutamente para nada. Por lo tanto, no se puede aplicar a otras ciencias.

    Las Matemáticas fascinan por su certeza y la evidencia que proporcionan. Pero esto sólo se da en las Matemáticas puras, en las que no se considera la materia. Pero el científico tiene que aplicar las matemáticas a la materia. Y, entre los múltiples errores que son posibles en este caso, el primero de ellos es no aplicarlas a la materia adecuada. Por ejemplo, un matemático puede calcular los pliegues que se forman en una hoja de papel sometida a distintas fuerzas. Pero no puede aplicar sus cálculos al espacio. Una hoja de papel es una cosa, y el espacio no es nada. Ni pueden actuar fuerzas sobre él ni puede plegarse.

    Los experimentos que he visto sobre la teoría de la relatividad (la de Poincaré) son espectaculares. Pero suelen tener fallos elementales. Por ejemplo la imposibilidad de leer los resultados en los instrumentos de medida. Una cosa es acompañar una bobada con un gran aparato matemático, y otra cosa que esa bobada esté demostrada matemáticamente. Y esto debe saber juzgarlo el filósofo. Nada de lo que dijo Einstein está demostrado, excepto lo que dijo sobre el efecto fotovoltaico, por lo que le dieron el premio Nobel.

    Un cordial saludo.

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    (1) Sed quia sunt aliqui, qui aliter considerant passiones materiae, ideo ostendit qui sint, et qualiter considerent: et dicit quod sunt tres. Unum genus est quod differt a naturali quantum ad principium, licet consideret passiones prout sunt in materia; sicut artifex, qui considerat formam in materia, sed differunt, quia huiusmodi principium est ars, physici vero principium est natura. Aliud genus est quod quidem considerat ea quae habent esse in materia sensibili, sed non recipit in definitione materiam sensibilem; sicut curvum, rectum et huiusmodi, licet habeant esse in materia, et sint de numero non separabilium, quantum ad esse, tamen mathematicus non determinat sibi materiam sensibilem. Cuius ratio est, quia res aliquae sunt sensibiles per qualitatem, quantitates autem praeexistunt qualitatibus, unde mathematicus concernit solum id quod quantitatis est absolute, non determinans hanc vel illam materiam. Aliud genus est quod quidem considerat illa quorum esse vel non est in materia omnino, vel quorum esse potest esse sine materia; et hic est philosophus primus. I De anima, lect. 2 nº 13.

    Publicado por Rafael Quijano Álvarez el 12 de Agosto de 2008
  • Estimados amigos:

    Respecto de los comentarios del Sr Ernesto López a mi artículo sobre la descendencia de las especies, hago llegar las siguientes observaciones, intercaladas. Las líneas de guiones separan las intervenciones de ambos.

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    Pues bien según Néstor Martínez (en lo que sigue NM) la teoría de Darwin no es propiamente de la "evolución" de las especies sino solo de su "descendencia". "Esto no deja de tener importancia -dice NM-, porque 'evolución' dice más que 'descendencia', es decir agrega la idea de un cambio de las especies, que de algún modo se transforman en otras especies" (e-aquinas 5, 2007, p. 20). Pero aunque Darwin no hablara al principio de 'evolución', sí habló de tranformación. En todo caso lo de menos es la palabra, lo que importa es la idea, y la idea de Darwin es la que se tiene normalmente de la evolución, o sea la transformación de unas especies en otras.

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    Son dos problemas distintos, en sí mismos considerados: 1) si las especies proceden unas de otras 2) si las especies cambian. La noción de “cambio de las especies” es muy confusa y lleva a una serie de contradicciones que he señalado en ese escrito. Por eso es mejor empezar la discusión por lo más elemental, a saber, si las especies proceden unas de otras. Nunca es bueno discutir dos problemas al mismo tiempo. Aunque luego se demuestre que tal procedencia sólo sería posible con un cambio de las especies mismas. Lo cual me parece difícil de demostrar. “Demostrar” es establecer la necesidad absoluta de algo, excluyendo por tanto la posibilidad misma de su contrario. Y me parece muy difícil negar que Dios pueda, instantáneamente, sustituir la forma sustancial de un individuo determinado, por otra forma sustancial que determine la existencia de otro individuo de otra especie. La misma materia primera, numéricamente considerada, dejaría de estar actualizada, digamos, por el alma puramente sensitiva de un “homínido”, y pasaría a estar actualizada por el alma espiritual propia del ser humano. Al menos eso Dios puede hacerlo “de potentia absoluta”, y entonces, invalida cualquier supuesta demostración de lo contrario.

    Eso no implicaría, obviamente, ninguna transformación de las formas sustanciales en juego, ni por tanto, de las especies determinadas por esas formas sustanciales. Aparte de que la noción de “transformación de la forma” es ya de por sí oximorónica. Sí implicaría, parece, la muerte del individuo anterior, pero eso no quiere decir que no fuese posible. Y entonces, tendríamos que los individuos de la nueva especie tienen su origen histórico en individuos de otra especie, del modo ya dicho. Y si eso, que no parece imposible en sí mismo, se hubiese dado en la realidad, resulta que parte al menos de lo que Darwin opuso a la concepción contraria, que era la vigente en su tiempo, a saber, que todas las especies son históricamente independientes entre sí, sería verdad. Y para considerar si se dio de hecho o no en la realidad eso que en sí mismo no parece imposible, es un fuerte aliciente la gran cantidad de argumentos que Darwin acumuló en sus obras tomados de la observación directa de la naturaleza.

    Eso no quiere decir que la “descendencia” de las especies haya sido un hecho. En mi trabajo digo expresamente que la tomo como hipótesis, y busco solamente sus condiciones de posibilidad. Es decir, ¿sería posible la “descendencia”, y cómo? La finalidad del artículo, en realidad, es defender la inmutabilidad de las esencias, y al mismo tiempo, marcar los límites racionalmente necesarios dentro de los cuales solamente se podría hablar de “descendencia” de las especies, que llevan nada menos que a la explicación sobrenatural de la misma.

    Dicha explicación sobrenatural no es que me agrade darla,ni que la busque, tratándose de un hecho en principio relativo a la naturaleza de las cosas. Pero es que no veo otra salida, y de hecho, funciona como un importante signo de interrogación respecto de todo el asunto de la “descendencia” de las especies. Pero no es algo imposible en sí mismo.

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    En la p. 22 distingue NM dos conceptos de especie, la "especie taxonómica" y la "especie natural o filosófica", siendo el criterio de distinción que esta última "depende de otro tipo de enfoque sobre la realidad", como si ambos conceptos tuvieran el mismo fundamento, y solo pudieran distinguirse en que son distintos "enfoques sobre la realidad". Pero la "especie natural" es la verdadera especie, mientras que la "taxonómica" no es más que una convención, que no consiste más que en un nombre. Y esta es por cierto la única en que creía Darwin.

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    Es obvio que la especie taxonómica depende de cierto enfoque sobre la realidad, o como dirían los escolásticos, tiene un “fundamento in re”. Recordemos que según Santo Tomás no podemos conocer las esencias de muchos seres. La ciencia no hace mal en establecer clasificaciones descriptivas, sobre la base de datos reales, para poder conceptualizar de algún modo el mundo de lo viviente, a falta de las muchas veces inalcanzables definiciones esenciales, como decía Santo Tomás: ningún filósofo hasta el día de hoy ha podido dar con la definición esencial de la mosca. Otra cosa es confundir esas especies taxonómicas con especies naturales o decir que son las únicas que existen, lo cual lamentablemente sucede muchas veces.

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    En la página 24 NM defiende a Darwin frente a Behe y a Mivart con este argumento: "tanto Darwin como sus herederos son mecanicistas y niegan las causas finales", como si la simple negación de las causas finales eximiera del deber intelectual de admitirlas.

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    Cuando se argumenta contra alguien, no se puede tomar como premisa lo que está justamente en discusión. Tampoco se puede argumentar sobre la base de los deberes intelectuales del otro, hasta que no se le haya demostrado que tiene precisamente esos deberes. Lo que Behe y Mivart querían hacer era refutar a Darwin desde las propias bases del pensamiento de Darwin, lo cual está muy bien, si se puede hacer, y lo que yo digo es que, en rigor, no lo pudieron hacer.

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    Y en una nueva concesión a Darwin añade que "la evolución no podía explicarse solamente por la selección natural darwiniana", como si la selección natural fuera, aunque insuficiente, una verdadera explicación. Pero la selección natural se basa, entre otros, en el prejuicio de que la naturaleza, es decir la obra de Dios, es imperfecta -lo dice expresamente Darwin muchas veces-, y pudiera ser perfeccionada por medio de dicha selección.

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    La naturaleza es imperfecta. Sólo Dios es absolutamente perfecto. Sin duda que cada especie creada tiene su perfección propia, pero eso incluye siempre un grado de imperfección, porque se trata de una especie creada. Leibniz estaba equivocado al hablar del “mejor mundo posible”: no existe, siempre podrá haber un mundo mejor a cualquier mundo posible, como siempre podrá haber un número mayor que cualquier número dado: es lo propio de lo finito. Nosotros nacemos imperfectos, y nos vamos perfeccionando mediante la alimentación, el crecimiento, la educación, etc. Sin que lleguemos nunca, tampoco, a ser absolutamente perfectos, como sólo Dios lo es.

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    Respecto al estatuto ontológico de las especies dice NM que profesa el "realismo moderado aristotélico, con individuos reales que tienen realmente unas naturalezas o esencias que sin embargo no existen fuera de los individuos mismos", lo cual es lo suficientemente ambiguo como para permitirle dispués ciertas maniobras con esas esencias que no están "fuera" de los individuos. ¿Qué significa ese "fuera"? Las esencias desde luego no pueden estar fuera de los individuos, como las monedas están fuera de mi bolsillo, porque no son nada físico; pero puesto que trascienden a los individuos, sí tienen que estar en algún sentido fuera o más allá de ellos, al menos ontológicamente hablando.

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    El único “más allá” ontológico que tienen las esencias respecto de los individuos es la Mente divina, donde están las Ideas divinas, según las cuales el Creador crea todo lo que crea. Lo otro es “realismo exagerado”, es decir, la parte que considero rechazable del platonismo. Fuera de Dios, lo que hay son individuos que tienen una esencia determinada. Esa “esencia” es un co-principio actual, realmente distinto del todo individual del que forma parte, pero individual también, al modo, análogo solamente, como una mano es una mano individual. En el caso de los seres materiales, además, esa individualidad la debe a la materia “signata quantitate”.

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    Dice después que "un mago muy poderoso tal vez podría tranformar a un perro en un gato", pero que "ningún mago puede hacer que 'ser perro' pase a ser 'ser gato'" (p. 25), lo cual quiere decir que ningún cambio o transformación sufrido por el individuo puede afectar a la especie, que es ese "ser perro" o "ser gato". Pero esto no parece muy coherente con la afirmación anterior de que la esencia no está "fuera" del individuo: pues si no está "fuera", estará "dentro", o por lo menos "en" él; pero entonces no se entiende cómo un cambio tan profundo como el de un perro que se tranforme en gato, no afecte a la esencia.

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    Precisamente, el cambio sustancial, el más radical que conocemos, consiste en que la materia pierde una forma sustancial y adquiere otra. Al ocurrir eso, cambia el individuo concreto, el todo del que materia, forma, accidentes, etc., son partes “metafísicas” en el sentido que ya expliqué en otro mensaje. No cambian ni la materia, ni la forma. Porque tampoco propiamente existen, como dice Santo Tomás, sino que “por ellas existe” el ente concreto, y por eso mismo, añade, tampoco son creadas, propiamente hablando, sino “concreadas” al ser creado el individuo concreto del cual son partes constitutivas.

    Esto es así, porque el cambio de X supone composición de X, ya que algo en X deja de ser, y en su lugar hay otra cosa, mientras que algo permanece. El cambio no es ni absoluta permanencia ni total sustitución. Por eso todo lo que cambia debe ser compuesto, ya que no puede ser lo mismo lo que deja de ser y lo que comienza a ser que lo que permanece siendo lo que era. Pero eso es para explicar el cambio de X, no para hablar de un cambio de esas “partes” o “co-principios” de X que sólo ha sido necesario afirmar para explicar el cambio de X mismo. De lo contrario, si a su vez los co-principios de X , su materia, su forma, cambiaran, deberían ser compuestos a su vez, de otros co-principios, y así hasta infinito. O bien llegar, de todos modos, a co-principios que por serlo, no cambian, sino que explican el cambio del individuo concreto.

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    Y es que en realidad tan imposible es que "'ser perro' pase a ser 'ser gato'", como que un perro individual se tranforme en un gato individual.

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    Como dije arríba, no veo que eso sea imposible para Dios, al menos, “de potentia absoluta”, con lo cual alcanza.

    De todos modos, para demostrar que es imposible bastaría con demostrar que sería contradictoria una transformación así.

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    Así que una de dos: o bien la esencia trasciende al individuo, y está por tanto en algún sentido "fuera" de él, en cuyo caso se comprendería por qué ningún cambio de este afectaría a aquella; o bien no está "fuera" de él, como había declarado NM, pero entonces no puede estar a salvo de los cambios que este sufra.

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    Cfr. supra.

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    En la p. 26 sigue NM con la incoherencia, cuando dice: "si podemos hablar de una transformación que hace surgir individuos de una especie nueva a partir de individuos de una especie anterior, es solamente porque precisamente la especie anterior, como tal, no puede transformarse en la nueva, ni en nada que no sea ella misma". Esto contradice de nuevo el supuesto de que la esencia -es decir la especie- no está "fuera" del individuo. Por lo demás es falso que podamos hablar (con sentido) "de una transformación que hace surgir individuos de una especie nueva a partir de individuos de una especie anterior", porque semejante transformación tendría que ocurrir de una de estas dos maneras: o bien porque un individuo se transformara así durante su vida, lo cual no solo es contrario a la experiencia sino que además es absurdo, o bien porque el hijo fuera de distinta especie que el padre, lo cual sería tanto como negar la naturaleza, que es justo lo que se quiere explicar.

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    Por todo lo ya dicho, respecto de lo que aparece al final del párrafo hay que decir que el recurso a la experiencia es limitado en estos temas porque una intervención sobrenatural divina es por definición algo excepcional en el curso de la naturaleza.

    Y en cuanto a que el hijo sea de distinta especie que el padre, y que eso llevaría a negar la naturaleza, en la hipótesis que manejamos no la negaría más de lo que la niega lo sobrenatural en general.

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    En la p. 28 dice: "llegamos así a una consecuencia extraña: que el paso de una especie a otra, caso de haberse dado, ha tenido que ser instantáneo; (lo cual) choca fuertemente con la imagen de un cambio progresivo y gradual con que usualmente se asocia la evolución", como si esa imagen fuera cosa del público pero no del propio Darwin, quien sin embargo insiste continuamente (en "El origen...") en el carácter gradual de la evolución.

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    No encuentro la parte de mi escrito en la que digo que Darwin no sostenía la evolución gradual.

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    Después explica NM su idea de la evolución instantánea: "el tigre, y cualquier otra especie, surgió 'abruptamente', es decir en forma instantánea, sin proceso gradual alguno; no hubo algo que era 'un poco tigre' y después el tigre, porque no tiene sentido lo de 'un poco tigre': algo o es un tigre o no lo es" (p. 28).

    Pero si el tigre no viene de algo que fuera "un poco tigre", lo cual sería efectivamente absurdo, sino que viene por una tranformación instantánea de un no-tigre, este podía ser cualquier cosa, porque tan no-tigre es un gato como una hormiga o un gorrión. Pero entonces ¿para qué la evolución? Si cualquier cosa se puede transformar en cualquier otra, ¿de qué sirve una teoría que se caracteriza precisamente por decir que las semejanzas entre los vivientes se deben a que tienen antepasados comunes? Un tigre y un gato son semejantes, pero el tigre procederá de un no-tigre y el gato de un no-gato, y el no-tigre y el no-gato a lo mejor no tienen nada que ver entre sí. O sea que la teoría de la evolución instantánea tiene tan poco sentido como la de la gradual.

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    Este sí es un argumento interesante. El para qué de la evolución, en todo caso, es una cuestión diferente de si es posible una “descendencia” de las especies unas a partir de otras, y de si de hecho la hubo. Mi razonamiento consiste en preguntarse, dada la gran cantidad de argumentos de Darwin y seguidores que parecen mostrar el origen histórico de unas especies a partir de otras (único punto que me interesa de todo el asunto) , si eso sería en todo caso posible. No entro en la cuestión de si de hecho ha sido así, y menos aún en la de cuál sería la finalidad por la que el Creador querría haberlo hecho así.

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    En la p. 30 dice que "el cambio sustancial ... no va contra la inmutabilidad de las esencias", cosa muy cierta -añado yo-, porque antes de que el individuo cambiara su esencia, cambiaría él mismo sustancialmente, es decir moriría. Pero NM parece creer que el individuo puede cambiar sustancialmente sin dejar de existir, pues dice que "el que cambia es el individuo, el compuesto de materia y forma". Pero ¿cómo va a dejar de ser A un individuo, y comenzar a ser B, sin dejar de existir? Porque entre A y B no hay nada, como no sea la materia prima, que es sujeto tanto de lo vivo como de lo muerto, y no garantiza pues la continuidad del viviente. Para que por ejemplo un perro se transforme en gato, lo primero que tiene que ocurrir es que deje de ser perro. Pero entonces muere. No importa que el cambio imaginado por NM sea instantáneo, porque la muerte también es instantánea. O bien tendría que ser perro y gato al mismo tiempo, lo cual obviamente es imposible, o bien tiene que dejar de ser perro antes de empezar a ser gato; pero entonces, cuando deje de ser perro, morirá; pues no se puede ser viviente sin ser perro o gato o lo que sea. Pero si no es perro ni gato ni nada, dicho está: no es nada, o sea materia prima, o sea algo inerte, muerto. Este es el cambio sustancial, no el cambio de "el individuo, el compuesto de materia y forma" (donde supone NM que el sujeto que permanece es el individuo, no la materia prima).

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    Efectivamente, en esos casos debería producirse, al parecer, la muerte del individuo anterior, y en forma instantánea. Eso no quiere decir que el hecho no fuera posible.

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    En la p. 36 dice que "no es posible ... que las formas superiores de vida procedan sin más de las inferiores, sin una Causa superior que disipe la contradicción", lo cual nos hace preguntarnos por qué la Causa superior tiene que disipar las contradicciones evolucionistas.

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    Solamente en el caso de que nos preguntemos si es absolutamente imposible (por tanto, imposible también “de potentia Dei absoluta”) la “descendencia” de unas especies a partir de otras.

    En cuanto al “proceder” las formas superiores de las inferiores, es cierto que es un término ambiguo que puede dar lugar a confusión. Ahí se refiere simplemente al vínculo histórico entre unas y otras. Es decir, si Dios infunde repentinamente la forma sustancial de un ser humano en un antropoide, hay un nexo histórico entre el segundo y el primero, sin que por eso lo superior haya “procedido” de lo inferior en el sentido que va contra el principio de no contradicción, o sea, que lo inferior explique y cause lo superior a partir de sí mismo.

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    Y es que el propio NM cae en contradicción cuando dos párrafos más abajo dice que eso mismo que antes disipaba la Causa superior, ahora "cae fuera de la omnipotencia divina".

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    Aquí lo que cae fuera de la omnipotencia divina es que lo inferior sea causa que explique, a partir de sí mismo, lo superior. O sea, el sentido fuerte de “proceder de”.

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    En la página siguiente se sigue contradiciendo, y esta vez sin que ni siquiera medie un párrafo entre las dos proposiciones contradictorias. Pues dice que "la naturaleza interior no puede dar lugar a la superior o a la simplemente distinta", y a continuación lo niega al decir que "en el momento inmediatamente anterior al surgimiento de una nueva especie ... no había en la Naturaleza nada capaz de producirla, a no ser que se tratase de una nueva especie inferior a alguna ya existente" (p. 37). ¿En qué quedamos?¿No es lo inferior distinto de lo superior? ¿Y no acababa de decir que "la naturaleza (inferior) no puede dar lugar a la ... simplemente distinta"?

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    Ahí sí hay una contradicción. En realidad, es un error de mi parte decir que no puede darse naturalmente el pasaje de un individuo de una especie a otro individuo de especie diferente. ¿Qué otra cosa es el cambio sustancial? ¿Al cambiar la forma sustancial no cambia la esencia, y por tanto, la especie? Un cadáver, por ejemplo, no es un ser humano, y por tanto, es algo, o un conjunto de algos, de otra naturaleza. Inferior, ciertamente. La intervención “de potentia Dei absoluta” sólo es necesaria cuando lo posterior, además de diferente, es superior, por el principio que dice que “lo más no sale de lo menos”, porque no se da lo que no se tiene. En realidad, el cadáver no es fruto de algo que se dé, sino de algo que se “quita”: el alma vivificante.

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    Y después, en el mismo párrafo, se contradice de nuevo, pues tras reconocer que el "concurso divino" no puede hacer que lo más salga de lo menos o que se dé lo que no se tiene, dice que "el surgimiento de una nueva especie es ... sobrenatural ... en el sentido de que es obra de un Agente superior a la naturaleza" (ibid.).

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    Cfr. supra. Es contradictorio que lo inferior sea causa de lo superior, no es contradictorio que Dios infunda la forma de lo superior en la materia que hasta ese momento tenía la forma de lo inferior.

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    Hacia el final de su artículo NM recuerda que "el magisterio eclesiástico sostiene el origen inmediato, no evolutivo, del alma humana espiritual de Dios creador, y permite sostener el origen evolutivo del cuerpo del hombre" (p. 37), y se pregunta con razón: "¿cómo entender esto sin caer en el dualismo antropológico que considera alma y cuerpo como dos sustancias independientes entre sí?"; y asegura que "a esta pregunta se puede responder desde los principios del tomismo", pero esta respuesta no aparece por ninguna parte, o por lo menos yo no lo he visto. En efecto esta proposición: "si el alma es la forma sustancial del cuerpo, el ser mismo del cuerpo cambia al cambiar su forma sustancial, es decir al serle creada-infundida por Dios el alma espiritual", es muy coherente con "los principios del tomismo", pero no permite de ningún modo rresponder al problema sobre el dualismo antropológico planteado por el magisterio de la Iglesia.

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    Aquí hay dos cosas que no entiendo:

    1) ¿Se afirma que el Magisterio de la Iglesia propone el dualismo antropológico?

    2) ¿De qué dualismo podemos hablar todavía si aceptamos esa explicación tomista del asunto?

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    Lo que ya no es tan coherente, ni con el tomismo, ni con el evolucionismo, ni con nada, es lo que dice a continuación, a saber que "la continuidad con el 'homínido' anterior se mantiene por el lado de la materia primera", donde NM parece olvidar que la materia primera, por ser la misma para todos los cuerpos, no prueba continuidad alguna entre el hombre y el "homínido anterior", pues dicha identidad permitiría probar la continuidad no solo respecto al "homínido anterior" sino respecto a cualquier cosa corpórea.

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    No es tomista, por lo menos, la tesis que dice que la materia primera es la misma para todos los cuerpos. ¿Qué quiere decir eso? Pedro es un compuesto de materia y forma, tiene su materia y tiene su forma, ambas parte de su propia individualidad y en ese sentido, individuales, como él, y por tanto, distintas tanto de la materia como de la forma de Juan.

    Se podría objetar que con el mismo argumento, en el caso de la intervención divina sobrenatural de la que hablamos, no podemos decir que la materia del individuo de especie superior posterior , sea la misma que la del individuo de especie inferior, anterior. Y que por tanto, tampoco habría aquí continuidad, ni origen histórico.

    Pero contra esto está que el cambio sustancial sí supone una cierta continuidad entre la sustancia anterior y la posterior, y que esa continuidad sólo puede estar en la materia primera.

    Hay que distinguir, entonces: en el cambio sustancial, la materia primera del nuevo ser no es la misma, en tanto está actualizada en cada caso por una forma sustancial diferente, con su propia individualidad, debida además a la “materia signata”; es la misma, en tanto que la nueva y diferente forma sustancial actualiza lo que estaba en potencia en la materia primera individual actualizada por la anterior forma sustancial.

    Siendo en acto materia de un ratón, por ejemplo, conservaba la potencialidad para ser materia de gato una vez devorado y digerido el pobre roedor por dicho felino.

    Eso no quiere decir que la materia primera sea la misma, en ningún sentido, en todos los seres materiales, ya que nada exige que todos hayan surgido unos de otros por cambio sustancial.Pero aunque así fuese, sin duda que habría una diferencia aquel individuo del que se procediese directamente, y aquel del que sólo se procediese en forma mediata, y más aún, aquel posterior, del que no se procediese en forma alguna.

    Por eso sigue teniendo sentido decir que la identidad (secundum quid, como vimos) de la materia primera es la que marca la continuidad entre el antiguo individuo y el nuevo, tanto en el cambio sustancial natural y aceptado por todos los tomistas, como en nuestra hipotética producción de un ser de especie superior a partir de otro de especie inferior, por la “potentia Dei absoluta”.

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    Al final reconoce NM que "no hemos podido mostrar cómo es posible la evolución de las especies, pero, haciendo uso de nuevo de su arbitraria distinción entre "evolución" y "descendencia", cree "haber mostrado cómo es posible la descendencia de las especies a partir de otras especies, o sea lo que enseñaba Darwin". Pero no es cierto que Darwin no fuera evolucionista: él creía que unas especies se tranforman en otras, y no solo en sentido "descendente" sino también y sobre todo "ascendente"; creía por ejemplo que los peces se transforman en pájaros y los monos en hombres, y que la multitud de especies actuales proceden de unas pocas iniciales. Esto es evolución pura y dura, y prrepara el terreno para dar el paso siguiente, esto es que la vida procede de la materia; y si NM y el "magisterio de la Iglesia" aceptan a Darwin están aceptando también estas cosas. Tratar de salvar los papeles diciendo que al menos el alma humana es creada por Dios es poner paños calientes a una teoría que debe ser totalmente rechazada, porque es falsa se mire por donde se mire.

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    Sigo sin entender lo que se dice del “magisterio de la Iglesia” así puesto entre comillas. Dice Pío XII en la “Humani Generis”:

    “Por todas estas razones, el Magisterio de la Iglesia no prohíbe el que -según el estado actual de las ciencias y la teología- en las investigaciones y disputas, entre los hombres más competentes de entrambos campos sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente -pero la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios-.Mas todo ello ha de hacerse de manera que las razones de una y otra opinión -es decir la defensora y la contraria al evolucionismo- sean examinadas y juzgadas seria, moderada y templadamente; y con tal que todos se muestren dispuestos a someterse al juicio de la Iglesia, a quien Cristo confirió el encargo de interpretar auténticamente las Sagradas Escrituras y defender los dogmas de la fe . Pero algunos traspasan esta libertad de discusión, obrando como si el origen del cuerpo humano de una materia viva preexistente fuese ya absolutamente cierto y demostrado por los datos e indicios hasta el presente hallados y por los raciocinios en ellos fundados; y ello, como si nada hubiere en las fuentes de la revelación, que exija la máxima moderación y cautela en esta materia.”

    Es lo que hemos tratado de hacer en nuestro trabajo, ni más ni menos.

    Saludos cordiales Néstor Martínez.

    Publicado por Néstor Martínez el 12 de Agosto de 2008
  • En su respuesta a mi crítica insiste don Néstor Martínez (NM) en llamar “descendencia” a lo que todo el mundo llama “evolución”, como si eso pudiera hacer más verosímil la teoría, a pesar de que no dijo claramente cuál es la diferencia entre ambas cosas. En su artículo “Acerca de la evolución” dijo que la evolución es el cambio de las especies que se transforman en otras, y que la descendencia significa que “las especies descienden unas de otras” (lo que no aclara mucho que digamos). ¿Cuál es la diferencia? Si unas especies descienden de otras, estas se transforman en aquellas, ¿no? Entonces ¿cuál es la diferencia? Así pues mientras la cosa no esté más clara, supondré que la descendencia es lo mismo que la evolución.

    Dice NM que “le parece muy difícil negar que Dios pueda instantáneamente sustituir la forma sustancial de un individuo determinado, por otra forma sustancial que determine la existencia de otro individuo de otra especie”, como si fuera posible esa “sustitución”, como si “sustituir” la forma sustancial de un chimpancé por la de un hombre fuera como sustituir una rueda de un coche por otra. Pero no es lo mismo: en la sustitución de la rueda, el coche permanece; en cambio no se puede sustituir la forma sustancial del chimpancé sin matar al chimpancé. A lo mejor NM dice que eso no quita que fuera una sustitución, pues la materia prima permanecería. Pero no es lo mismo. Supongamos que se trata de la sustitución no de una rueda de un coche sino del corazón de un hombre (de un “transplante de corazón”): si al cirujano se le muere el paciente, no hay transplante que valga. Por eso niego efectivamente que Dios “pueda sustituir la forma sustancial de un individuo determinado por otra forma sustancial”, porque el tal individuo no permanecería, y ya no sería una sustitución. Esto no es quitarle ningún poder a Dios, como tampoco se le quita cuando se dice que Él no puede hacer un círculo cuadrado. Y el que la sustitución fuera “instantánea”, como dice NM, no arreglaría la cosa, porque, como dije en mi crítica anterior, también la muerte es instantánea; o sea que en todo caso el chimpancé moriría. Pero lo que muere no se transforma, como exige la evolución, al menos no se transforma en otro viviente, se transforma en materia inerte. Y supongo que NM no pretenderá arreglar la cosa diciendo que de esa misma materia inerte podría formar Dios otro viviente de otra especie, porque semejante operación, aparte de ser inútil y absurda, no tiene nada que ver con la evolución (ni con la descendencia). Aunque parece que sí es algo así lo que piensa, pues dice que “la misma materia primera, numéricamente considerada, dejaría de estar actualizada, digamos, por el alma … de un homínido, y pasaría a estarlo por el alma … de (un) ser humano”, como si la continuidad de la materia primera equivaliera a la continuidad del individuo en el que se hace la “sustitución”.

    En el párrafo siguiente reconoce, a regañadientes, que la “sustitución” en cuestión “implicaría, parece, la muerte del individuo anterior”, pero no se da cuenta de lo que esto significa, pues insiste en que “eso no quiere decir que no fuera posible”, lo cual es como decir que los transplantes de corazón también son posibles en cadáveres. Según él bastaría que se conservara la materia prima para poder decir que “los individuos de la nueva especie tienen su origen histórico en individuos de otra especie”, confundiendo así la parte (la materia) con el todo (la materia y la forma), pues un "individuo" es la materia y la forma.

    Dice después, contestando a una crítica mía, que “la naturaleza es imperfecta”, y la razón de semejante afirmación parece ser que todo lo creado es imperfecto (lo cual no deja de ser una tautología). Porque “solo Dios es absolutamente perfecto”, que es como decir que los perros son imperfectos porque no tienen la inteligencia de los hombres. “Leibniz –dice- estaba equivocado al hablar del ‘mejor mundo posible’”, porque “siempre podrá haber un mundo mejor a cualquier mundo posible”, es decir que en realidad según NM vivimos en el peor mundo posible, o por lo menos en uno malísimo, dada la cantidad de mundos posibles mejores que este que tiene que haber.

    Respecto al “lugar” de las esencias, en cambio, he reflexionado, y creo que NM lleva razón cuando dice que no están “fuera” de los individuos. Porque la esencia es lo necesario de la cosa, y tiene que estar pues en ella. Lo que pasa es que tendemos a confundir la esencia con la especie. Yo creo que la esencia es la especie en tanto que está presente el individuo, y que lo que se puede poner fuera de este es la especie; y yo la pondría, efectivamente, en la “mente” de Dios (la especie, no la esencia). Pero esto habría que verlo más despacio.

    (Después seguiré con esta respuesta.)

    Publicado por Ernesto López el 18 de Agosto de 2008
  • (Continúo el post anterior, y advierto que donde escribí, en el último párrafo “la especie en tanto que está presente el individuo”, tenía que decir lo mismo pero con “en”: “… en el individuo”.)

    Pues bien, algo más abajo se refiere NM a un argumento mío donde dije que si un tigre procede de un no-tigre, un hombre de un no-hombre, etc., entonces, dije yo, ¿para qué la evolución; y dice él con razón que no entra en la finalidad del Creador. Pero yo no me refería al hecho de la evolución, que no admito, sino a la teoría, al evolucionismo. ¿Para qué admitir una teoría que se caracteriza por decir que ciertas especies tienen los mismos antepasados, cuando no se reconoce nada positivo en esos antepasados?

    Pregunta después NM que si “se afirma (o sea que si afirmo yo) que el magisterio de la Iglesia propone el dualismo antropológico”. Pero fue él quien llamó la atención sobre ese peligro, y yo estuve de acuerdo con que efectivamente se podía incurrir en dicho dualismo. Y a continuación hace esta otra pregunta: “¿de qué dualismo podemos hablar todavía si aceptamos esa explicación tomista del asunto?”. Pero nadie dice que el tomismo sea dualista. Lo que yo dije, siguiendo a NM precisamente, es que el magisterio de la Iglesia podía abrir la puerta al dualismo antropológico al tolerar el evolucionismo, pues podía poner el origen del cuerpo, y por tanto su naturaleza, en algo muy distinto del del alma.

    Dice después que “no es tomista la tesis que dice que la materia primera es la misma para todos los cuerpos”, y no da ninguna razón de esto, a pesar de que tal tesis parece incluso de sentido común. Porque la materia primera o materia propiamente dicha es lo que todas las cosas corpóreas o materiales tienen en común, y tiene que ser por tanto la misma en todas ellas. La materia primera no tiene ninguna determinación por la que pudieran distinguirse en ella unas partes de otras. Luego es la misma para todos los cuerpos, al menos cualitativamente. La distinción numérica entre las materias de los individuos no hace al caso, porque no es suficiente para justificar de ninguna manera que una de esas materias, mejor que cualquier otra, sufriera la transformación específica.

    En cuanto al párrafo citado de la “Humani generis” que muestra la tolerancia de la Iglesia respecto al evolucionismo, hay que decir que contiene al menos el siguiente error. Dice que esa teoría no es rechazable “en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente”, siempre que se reconozca que “las almas son creadas por Dios”. Pero el cuerpo humano no puede tener un origen distinto del del alma humana, porque el cuerpo es humano precisamente por estar animado por el alma humana.

    Publicado por Ernesto López el 18 de Agosto de 2008
  • Después de insertar lo anterior me he dado cuenta de que tiendo a considerar el cuerpo muerto (o sea sin la forma sustancial) como materia prima, lo cual parece incorrecto. Pero la misma teoría del hilemorfismo se presta a esta interpretación, pues ¿qué otra cosa podría ser un cuerpo que pierde su forma sustancial, teniendo en cuenta, además, que Santo Tomás no admite una pluralidad de formas sustanciales en el mismo individuo?

    En todo caso, creo que lo esencial de mi crítica a la concepción del evolucionismo por NM se mantiene, pues sea lo que sea el cadáver, no es a partir de él como habría que concebir la evolución.

    Publicado por Ernesto López el 18 de Agosto de 2008
  • Una breve aclaración a D. Ernesto, en su último mensaje. Un cuerpo muerto tiene la forma sustancial de un cadáver. Un cuerpo vivo tiene la forma sustancial de un animal, o de un hombre. Naturalmente que Santo Tomás admite los cambios de formas sustanciales, es una cosa evidente.

    Un cordial saludo.

    Publicado por Rafael Quijano Álvarez el 18 de Agosto de 2008
  • Con respecto al espacio y tiempo, cuando los filósofos sustituyeron el 'hic et nunc', aquí y ahora. de la filosofía antigua por estos conceptos, cometieron un peligroso error. "Aquí y ahora" son términos concretos que se refieren directamente a algo que podemos observar, y por lo tanto analizar. Pertenecen a la filosofía empírica, que tiene en cuenta que el saber empieza por los sentidos. "Espacio y tiempo" son términos abstractos, que hacen referencia a elucubraciones mentales.

    La terminología abstracta encierra dos peligros. El primero es que las ideas son tan evidentes para nosotros que nos llevan a prescindir de la realidad. Santo Tomás, en el comentario al libro I de la Física de Aristóteles (lectio 4) describe este fenómeno al discutir la tesis de Parménides y Meliso, que decían que el ser es uno. Los filósofos posteriores, forzados por esta teoría, negaron la multiplicidad de las cosas. Incluso un tal Lycophron, creó una forma de hablar en la que se suprimía el verbo "ser". Porque si se dice "el hombre 'es' blanco", son dos cosas, no una, y el ser es uno. El segundo peligro es que las ideas abstractas tendemos a concebirlas como cosas reales que existen fueran de la mente, y, por lo tanto, pueden cambiar y realizar acciones.

    La teoría de Santo Tomás podemos resumirla en dos frases. Por una parte dice: 'Locus igitur non est materia' (IV Physic. lect. 6, nº 11), "el lugar (el espacio), por lo tanto, no es materia". Por otra parte describe el espacio y el tiempo: 'sicut locus est mensura mobilis, ita tempus est mensura motus' (IV Physic., lect. 4 nº 2), "igual que el lugar es la medida de lo que se mueve, el tiempo es la medida del movimiento". El espacio y el tiempo no son nada real, son dos medidas que realiza el hombre, de la posición de lo que se mueve, y de la duración del movimiento. Las mediciones que el hombre realiza de las cosas, no pueden ejercer ninguna acción sobre ellas.

    Creo que el Moderador le hace una mala publicidad al hilemorfismo al compararlo con la teoría "moderna" de un espacio y un tiempo cosificados, que cambian y realizan acciones. No es esto lo que se percibe por los sentidos. Aunque las ideas abstractas nos ciegan.

    Un cordial saludo.

    Publicado por Rafael Quijano Álvarez el 18 de Agosto de 2008
  • Estimado D Rafael: No he comparado al hilemorfismo con la teoría moderna del espacio.Sólo he propuesto una cuestión a debatir. No haga usted mala publicidad al método de la disputatio. Un cordial saludo.

    Publicado por Mario Caponnetto el 19 de Agosto de 2008
  • Sr. Quijano:

    No creo que tenga sentido eso de "la forma sustancial de un cadáver", porque un cadáver es de por sí algo negativo, una privación (de vida), y no puede definirse pues por ninguna forma sustancial sino más bien por la ausencia de ella, como tampoco la ceguera es forma. Otra cosa es que a las partes físicas (o químicas) que componen el cadáver tengan sus formas sustanciales.

    En cuanto a lo que dice de que Sto. Tomás admite los cambios de formas sustanciales, no le entiendo. Hay cambios sustanciales, pero no, que yo sepa, "cambios de formas sustanciales". Si quiere decir, como don Néstor, que una cosa puede sufrir un cambio sustancial y sin embargo seguir siendo (en cierto modo) la misma, lo niego; pues ¿qué otra cosa es un cambio sustancial sino que una sustancia deje de existir y (si no es pura aniquilación) comience a existir otra? Si la cosa, o sea la sustancia, permanece, entonces no es un cambio sustancial sino accidental.

    Saludos

    Publicado por Ernesto López el 20 de Agosto de 2008
  • Estimado D. Ernesto, me alegro de que por segunda vez me de ocasión de darle una respuesta breve (le debo una a D. Mario, que será un poco más amplia, sobre el mismo tema).

    Como sabe usted, los cambios sustanciales los estudia Aristóteles en De Generatione et Corruptione, que equivale a lo que hoy llamamos Química. Un cadáver, mientras no se descompone, su sustancia es de cadáver, porque la sustancia es lo que es la cosa. Cuando se descompone se resuelve en una multitud de sustancias.

    La cuestión es que en las cosas materiales no hay ni sustancia, ni forma, ni esencia, ni nada que se la parezca. Hay átomos y moléculas. O, como creían los antiguos, fuego, aire, agua y tierra. Como decía Aristóteles, lo que hay de común en las cosas, lo pone la mente. Ninguna palabra que aplique el hombre a las cosas materiales se refiere directamente a ellas, a no ser que se trate de un nombre propio. "Átomo", por ejemplo, no se refiere a ningún átomo concreto, sino que abarca todos los átomos. La razón es que la mente sólo conoce en universal. Lo concreto lo conocen los sentidos. Todo lo que son conceptos, son universales, y, por lo tanto no están en las cosas, sino solo en la mente. Por eso, ni las formas, ni las formas sustanciales, ni las accidentales, ni las naturalezas, ni la quidditates, ni ningún concepto cambia, porque está en la mente. Pero las cosas, como bien decía Heráclito, no paran de cambiar. Y eso hay que observarlo por los sentidos.

    Un cordial saludo.

    Publicado por Rafael Quijano Álvarez el 21 de Agosto de 2008
  • Estimado D. Mario. Debo reconocer que no estoy especialmente inspirado para seguir el método de la disputatio. Pero no tengo la menor intención de hacerle mala publicidad. Otra cosa es al hilemorfismo, al que sabe que no soy muy aficionado.

    En el planteamiento que hace usted creí entender que ponía en contacto el hilemorfismo y la ciencia moderna a través del lugar (espacio) y el tiempo "que varían constantemente". Hay, ciertamente, en la mentalidad moderna la idea de que el espacio y el tiempo varían, y son los que producen los cambios en las cosas. Me pareció oportuno criticar esta posición antes de hacerle mala publicidad al hilemorfismo.

    Según esta teoría las cosas naturales están compuestas, realmente, de una materia y una forma. Aquí aparece el primer problema. La materia, evidentemente, es materia. Pero la forma ¿qué es? Si existe en las cosas, algo tiene que ser.

    La forma es lo que explica lo que hay de permanente en las cosas, mientras que la materia explica el cambio que hay en ellas (esto he creído entender). Es el eterno problema de Heráclito y Parménides. Santo Tomás describe paso a paso el desarrollo de este problema en el comentario al libro I de la Metafísica de Aristóteles. La última solución la da Platón. Las formas subsisten por sí mismas, y lo que hay de permanente en las cosas se debe a que participan de esas formas (ideas). Los filósofos católicos sustituyen las ideas subsistentes por las ideas del Creador. Pero el resultado es el mismo, las cosas están compuestas por materia y algo que no es materia.

    Santo Tomás, en su comentario al libro I, critica dialécticamente las posiciones de los distintos filósofos, incluido Platón. Al lo largo del comentario al resto de la Metafísica, las critica repetidamente con razones demostrativas, al tiempo que expone la solución que da Aristóteles.

    Hay dos cosas que me sorprendieron en Santo Tomás hace años. Una es que no critica a Heráclito. Y tiene razón, en la naturaleza, 'panta rei', todo corre. Es algo evidente. La otra es que, como las cosas se reciben según el modo del que las recibe, las ideas que se hace el hombre de las cosas materiales son superiores a las propias cosas. Pues son de la misma naturaleza del espíritu. Mientras que las cosas son materia. Para entender la solución que da Aristóteles al problema de lo permanente y del cambio, es necesario conocer el proceso del conocimiento humano que describe Santo Tomás en su comentario a los libros de Anima, especialmente al libro III. El conocimiento empieza en los sentidos, que reciben la especie de las cosas materiales sin materia. El sentido común elabora la imagen exterior combinando las sensaciones recibidas por los distintos sentidos. La cogitativa, finalmente, prepara esta imagen para que la observe el entendimiento posible. Éste recibe la especie de la cosa exterior, no solo sin materia, sino también sin las condiciones de la materia, que son el hic y el nunc, el aquí y ahora. Es decir, las ideas, en el entendimiento son universales. Mientras que las imágenes son concretas, referidas a los individuos que existen fuera de la mente.

    La idea que se forma la mente a partir de las imágenes es espiritual, igual que el propio entendimiento. Por lo tanto, no solo es universal, sino permanente. Pero las cosas cambian. En todas ellas hay una determinada duración, pero no hay nada de permanente. Lo permanente está en el entendimiento, no en las cosas. En las cosas está solo el cambio. Es decir, solo materia. Todo lo que existe tiende a mantenerse en el ser. El espíritu es eterno, permanente. Pero la materia necesita un continuo proceso de corrupción y generación, por el que deja de ser lo que es y pasa a ser otra cosa. La materia, a mi modo de ver, que creo que es el de Santo Tomás, solo está compuesta de materia. Que es apta para producir en el entendimiento humano, a partir de las imágenes, ideas que son permanentes.

    Un cordial saludo.

    Publicado por Rafael Quijano Álvarez el 23 de Agosto de 2008
  • Me sentí intrigado por algunos párrafos de Rafael. Me gustaría mencionar dos interrogantes que me quedaron luego de leer varias veces sus participaciones. Aquí van:

    1) No entendí por qué no se puede aplicar lo abstracto a lo sensible. La manufactura es justamente el proceso de aplicación de ideas universales para la producción de cosas concretas sensibles. Asimismo, en una escultura, el artista aplica una forma abstracta a un trozo de materia. Le he dado a leer los párrafos correspondientes a varias personas, y todas interpretaron lo mismo. Planteado de la manera que Rafael lo hace, parecería que afirma que sólo se puede abstraer conceptos, pero no el proceso opuesto de dar forma a algo. En esta confusión me quedé.

    2) Me quedó un regusto kantiano en la explicación de Rafael sobre las ideas. Si las ideas sólo existen en la mente, ¿cómo es que todos tenemos las mismas ideas de algunas cosas? Si de algún modo las cosas concretas participan de las ideas universales, no puede ser que éstas “sólo” existan en la mente, porque entonces no hubieran participado de las ideas antes de que hubiera hombres. Y aquí me trabé en el razonamiento. ¿En qué se diferencia lo expuesto por Rafael a la teoría de Kant?

    Publicado por Alejandro Clausse el 23 de Agosto de 2008
  • Estimado D. Alejandro, siento haberle hecho trabajar, pero le agradezco el interés que se ha tomado. No resulta fácil matizar las cosas, y me presta una gran ayuda al señalarme puntos que no han quedado claros.

    Empezando por el punto 2 de su mensaje, dice Kant que el espacio y el tiempo son los a prioris de la sensibilidad. Pues todo lo que percibimos por los sentidos lo encuadramos en un tiempo y en un espacio. Más allá del espacio y del tiempo, en nuestro conocimiento, empieza la razón pura.

    Santo Tomás dice: "Por lo que está claro que lo que es universal, no puede caer bajo los sentidos. Pues lo que es universal no está determinado a aquí y ahora, porque entonces ya no sería universal" (1). Más allá del aquí y ahora, en nuestro conocimiento, empieza la inteligencia.

    No hay ninguna diferencia en el proceso del conocimiento que describen Kant y Santo Tomás. Los dos dicen lo mismo. Kant utiliza un lenguaje abstracto, y Santo Tomás un lenguaje concreto. Pero los dos afirman que las ideas están más allá de los sentidos, en la mente. Lo que Kant llama 'a priori' Santo Tomás lo llama predicamento o categoría.

    En el texto de Santo Tomás, además, se ve que aunque en las cosas hubiera ideas (universales), no podrían caer bajo los sentidos. Y el conocimiento siempre empieza en los sentidos. No podríamos conocer esos universales. Las ideas (formas) no están en las cosas. Otra cuestión es que las cosas respondan a la idea del Creador. Pero creo que este bimestre estamos comparando una filosofía con las ciencias empíricas. Que las cosas respondan o no a la idea del Creador no dice nada en las ciencias empíricas. En todo caso correspondería a la Física Teórica, que plantea las cosas en su mayor generalidad.

    La primera dificultad que menciona usted en este punto 2 se la resuelve San Agustín. Dice usted: "Si las ideas sólo existen en la mente, ¿cómo es que todos tenemos las mismas ideas de algunas cosas?". Cada vez que un hombre ve, por ejemplo, una montaña, se forma en su mente la idea de montaña. Y la define, valga la simplificación, como "montón de tierra". Cada uno expresa esta idea en su idioma, pero la idea es la misma en todos. Por eso San Agustín dice que las ideas son "el lenguaje común a todos los hombres". Como he perdido esta cita, puede valer también lo que dice Santo Tomás. Los platónicos pusieron que las palabras significaban las ideas separadas "Pero esto como abstracción no subsiste realmente, según la sentencia de Aristóteles, sino que está solo en el entendimiento; por eso a Aristóteles le fue necesario decir que las voces significan directamente las concepciones del entendimiento, y, mediante ellas, las cosas" (2). Las formas o ideas, otra vez, están solo en el entendimiento, no en las cosas.

    Con respecto al punto 1, dice Santo Tomás, criticando a Platón, que las ideas deben explicar los singulares (siento haber perdido también este texto). Es decir, que la teoría debe explicar la práctica. El "espacio" abstracto de Kant ha lleva a muchos científicos a pensar que el espacio es un cuerpo geométrico, de geometría variable, sobre el que actúan fuerzas, y ejerce fuerzas sobre otros cuerpos. E igualmente el tiempo. El "Aquí y ahora" de Santo Tomás es un análisis empírico que da también lugar a una teoría, a una abstracción. Pero que explica los singulares. Pues la abstracción es que el espacio, la posición que ocupa un cuerpo, en cuanto tal posición, no afecta en absoluto a los cuerpos. Lo que afecta a un cuerpo son otros cuerpos que lo circundan. Cuerpos que varían con la posición. Pero, en cada caso, lo que hay que estudiar son los cuerpos que lo circundan. Una concepción abstracta de un espacio geométrico no explica nada, por ejemplo, sobre la Luna. Aunque pueda resultar fascinante.

    La teoría, por lo tanto, lo abstracto, parte de los sentidos. Y es necesario cotejarlo otra vez con los sentidos. El artista, por ejemplo, tiene que estudiar su arte, y después practicarlo. Lo abstracto, cotejado con lo concreto, es lo que se puede aplicar a la materia, según Santo Tomás. Lo que no es posible es que un hombre que nunca ha cogido un pincel, pretenda pintar La Mona Lisa, porque se ha hecho una idea abstracta de cómo debe ser. Necesita conocer el arte y cotejarlo con la realidad.

    Un cordial saludo. Creo que he contestado a todas sus dudas. Espero haberle resuelto alguna (y no haberlo cansado demasiado).

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    (1) Ex quo patet quod id quod est universale, non potest cadere sub sensu. Non enim quod est universale determinatur ad hic et nunc, quia iam non esset universale. Illud enim universale dicimus quod est semper et ubique. I Post. Analyt. lect. 42 nº 5. (2) Sed quia hoc secundum suam abstractionem non subsistit realiter secundum sententiam Aristotelis, sed est in solo intellectu; ideo necesse fuit Aristoteli dicere quod voces significant intellectus conceptiones immediate et eis mediantibus res. I Perihermeias, lect. 2 nº 5.

    Publicado por Rafael Quijano Álvarez el 24 de Agosto de 2008
  • Me resultó interesante la noción de materia como lo que está sometido al espacio y al tiempo. En particular hago notar que la rama de la física que estudia específicamente el movimiento de los cuerpos materiales en el espacio se llama mecánica. Se han propuesto tres mecánicas en la historia: la mecánica clásica, la mecánica relativista general, y la mecánica cuántica. La mecánica relativista general, como su nombre lo indica, abarca a la relatividad especial. La mecánica clásica permanece siempre como el límite observable a bajas velocidades y distancias no muy pequeñas. La teoría del campo unificado pretende englobar la cuántica y la relatividad en una mecánica unificada; pero esto aún no se ha podido lograr.

    Como toda filosofía de la naturaleza, en las distintas mecánicas subyacen conceptos y principios metafísicos. El que a mi más me sorprende es el del espacio y el tiempo absolutos. El axioma fundamental de todas las mecánicas es que el espacio y el tiempo existen independientemente de las partículas materiales. El espacio y el tiempo tienen substancia, es decir existen en ausencia de materia, pre-existen a ésta. Esto vale para todas las mecánicas, incluso para las teorías unificadas que se están proponiendo como hipótesis. La teoría de la relatividad también adolece de este substancialismo, sólo que combina el espacio y el tiempo en un “contenedor” común llamado espacio-tiempo (para hacerse una idea figúrense al tiempo como una cuarta coordenada espacial, y para los que no le hacen asco a la matemática tengan en cuenta que la coordenada de tiempo se mide en unidades imaginarias puras). La mecánica relativista general introduce un atisbo de influencia de la materia sobre el espacio-tiempo, pero sólo a nivel accidental; en esencia el contenedor sigue existiendo en sí, y sólo es deformado por la materia. Una analogía que puede ayudar a entender esta teoría es imaginar que el espacio clásico es un plano. La relatividad general propone que, en vez de un plano, el espacio es una superficie cerrada (por ejemplo una esfera), que se “arruga” localmente donde hay materia. El experimento más famoso que solamente esa mecánica pudo explicar fue la observación de que los rayos de luz son atraídos por los cuerpos celestes (¡a pesar de que la luz no tiene masa!). El espacio-tiempo absoluto también persiste en la mecánica cuántica, incluso en su combinación con la relatividad (que se llama teoría de campos). A lo largo de la historia numerosos investigadores han hecho notar esta limitación axiomática de las mecánicas hasta ahora propuestas, pero aun nadie ha podido plantear una teoría en la cual el espacio sea un accidente sujeto a los cuerpos. Pero se está trabajando en eso; quizás en los próximos años aparezca algún resultado al respecto.

    Por otro lado, se mencionó en los comentarios que el tomismo y el kantismo sostienen una teoría semejante respecto al espacio, como ente de razón. A mi me parece que esta noción debe ser clarificada más en detalle a la hora de un diálogo entre diferentes disciplinas de investigación. Decir que las abstracciones están sólo en la mente confunde y produce rechazo al científico, sobre todo el de ciencias duras. Esto ocurre porque “lo que está sólo en la mente” también hace referencia a apariencias subjetivas. Decimos que algo está sólo en la mente de alguien, por ejemplo, aludiendo a los paranoicos que ven conspiraciones en todo. “Estar sólo en la mente” automáticamente da a entender una quimera. Aquí hay que diferenciar entonces dos acepciones de “estar sólo en la mente”. Que esté sólo en la mente de algunas personas (una quimera), o que sea una propiedad de todas las personas. El último caso es la solución kantiana para el espacio-tiempo (que según nos explica Rafael concuerda con Aquino). De todos modos sigue produciendo rechazo, porque es como decir que todos estamos engañados. A mi me parece que se puede afirmar que el espacio-tiempo no es substancial, sin necesidad de asociarlo a una suerte de alucinación colectiva. En cierta medida la relatividad general dejó preparado el camino para una mecánica sin espacio pre-existente. La noción novedosa es la aplicación de geometrías abstractas (llamadas no eucledianas) que llevan a definiciones del concepto de “distancia” más generales que las que usamos comúnmente.

    Mario planteó la pregunta de si es posible acordar en la existencia de dos “principios” de los que estarían compuestos los cuerpos. Un obstáculo que hay que enfrentar a este respecto son los frecuentes equívocos producidos por confusión de conceptos. Podría decirse que la tendencia típica de todas las mecánicas hasta ahora planteadas es la confusión de substancia con accidente, es decir entre los objetos físicos con sus propiedades. Si para desubstancializar el espacio-tiempo se le otorga substancia a otros accidentes, volvemos al vicio de partida. En este sentido aparecieron dos substancialismos en la historia de la física moderna. La mecánica de Newton substancializa la masa, que es identificada con la “cantidad de materia”. La alternativa apareció con el electromagnetismo de Maxwell que introdujo el concepto de campo. Un campo es una función matemática del espacio y del tiempo (i.e. dado un punto del espacio y un tiempo, la función tiene tal valor). Maxwell describe la electricidad y el magnetismo como campos existentes en sí mismos. Apareció entonces la tendencia de restarle importancia a la materia, la cual sería derivada de los campos. La materia se imagina en este nuevo escenario como lugares del espacio donde los campos tienen valores máximos localizados. La mecánica cuántica mantiene este escenario, sólo que propone campos más complicados, cuya interpretación hace uso de la noción de potencia; es decir que los campos cuánticos indican donde y cuando puede haber materia. En última instancia aparece el famoso “vacío”, que no es más que el espacio-tiempo substrato de campos que representan posibilidades de que haya materia en un lugar y en un tiempo. Una última acotación sobre este sainete: el “contenedor” espacio-tiempo con el que se está trabajando en la teoría del campo unificado, tiene dieciséis dimensiones. Además, persisten como era de esperar unas cuantas inconsistencias e incoherencias entre las mecánicas, que hasta ahora han resistido todo intento de resolución (para los interesados en el tema, la más notoria es el colapso de la función de onda en cuántica). Mi impresión es que el concepto del contenedor está agotado, y no creo que se logren más avances por ese lado. En este sentido, la respuesta a la cuestión planteada por Mario es que seguramente van a encontrase acuerdos entre la ciencia actual y el hilemorfismo tomista. Hay dos factores que ayudarían a esta labor: que se vayan corrigiendo los errores axiomáticos en la ciencia actual (principalmente el substancialismo), y que dentro del tomismo se promuevan más investigaciones sobre filosofía natural.

    Respecto del último factor mencionado, quisiera aportar unas reflexiones teniendo en cuenta los comentarios del último mes sobre la relación entre ciencia y filosofía. Por lo pronto noté que no siempre que en los comentarios se usó la palabra ciencia se estaba refiriendo a lo mismo. Hay una cierta confusión de conceptos. Por lo pronto, creo que lo primero que hay que evitar es meter en la misma bolsa a la filosofía natural y el positivismo materialista. Por mi lado además, yo adhiero a la opinión de Guillermo Fraile que no hay una diferencia esencial entre ciencia y filosofía. La filosofía, incluida la metafísica, es una ciencia. Ciencia es el estudio de lo que es, cómo son las cosas, qué son, por qué son como son. Como dice Fraile en su Historia de la Filosofía publicada por la BAC, debería llamarse simplemente “sofía”. Sería interesante proponer algunas vez como tema de estudio en la red e-Aquinas la noción de ciencia.

    Pero, de cualquier modo, desde el punto de vista de promover el diálogo entre disciplinas, me gustaría hacer otra reflexión. A mi me entristece, porque hiere a las personas, cuando se excluye de la sofía a los hombres de ciencia, aún los positivistas y materialistas, porque eso implica el rechazo de la totalidad de su postura, aun de sus principios de movimiento. En realidad ellos también están haciendo filosofía (aunque no se den cuenta), sólo que lo expresan de otra manera, se aproximan a la realidad de otra manera. Se suele decir entonces que de esa manera sólo podrán llegar a ciertas realidades y a otras no (dando a entender que estás últimas obviamente son más elevadas). Mi reflexión me lleva a la siguiente pregunta al respecto ¿Y por qué no? Como me dijo una vez un amigo mío, físico, ¿quién es tan audaz (en realidad usó un adjetivo más “argentino”) que se banca decir que tiene el único camino que abarca todo? Esta posición suena muy parecida al prejuicio gnóstico que reserva el conocimiento de las verdades supremas a los "iluminati".

    En lo particular, yo no creo que exista una separación entre metafísica y física (esta última tomada en sentido amplio). Las teorías físicas modernas esencialmente establecen relaciones entre diferentes cantidades, las cuales son propiedades de entes materiales. El hecho de que un objeto tenga ciertas propiedades en lugar de otras es razón suficiente para excluir una manera de concebir el objeto como un todo. Y esto es así porque “cantidad”y “relaciones” no sólo son objeto de la física sino también de la metafísica; ambas las consideran como propiedades de entidades substanciales. Por ello es posible decir que una teoría física puede estar de acuerdo o no con una dada metafísica. Los elementos de la metafísica con los cuales una física concuerda constituyen las hipótesis implícitas presupuestas por ésta (que actúan como creencias fundamentadas en razones suficientes), y el marco filosófico dentro del cual se interpreta la teoría.

    Por último, agradezco mucho a todos los amigos por sus comentarios durante este estudio, que me resultó muy gratificante.

    Publicado por Alejandro Clausse el 30 de Agosto de 2008

Nova responsio

La disputatio de este número está cerrada.
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