Objeciones por las que parece que el bien se distingue realmente del ser:
1. Dice Boecio en el libro De hebdom.: Observo que en las cosas aquello por lo que son buenas y aquello por lo que existen, no es lo mismo. Por lo tanto, el bien y el ser se diferencian realmente.
2. Nada está informado por sí mismo. Pero el bien es entendido como forma del ser, tal como se lee en el comentario al libro De Causis. Por lo tanto, el bien se distingue realmente del ser.
3. El bien está sometido al más y al menos. No así el ser. Por lo tanto, el bien se distingue realmente del ser.
Contra esto: está lo que dice Agustín en el libro De Doctrina Christiana: En la medida que existimos somos buenos.
Respondo: El bien y el ser realmente son lo mismo. Sólo se diferencian con distinción de razón. Esto se demuestra de la siguiente manera. La razón de bien consiste en que algo sea apetecible. El Filósofo dice en el I Ethic. que el bien es lo que todos apetecen. Es evidente que lo apetecible lo es en cuanto que es perfecto, pues todos apetecen su perfección. Como quiera que algo es perfecto en tanto en cuanto está en acto, es evidente que algo es bueno en cuanto es ser; pues ser es la actualidad de toda cosa, como se desprende de lo dicho anteriormente (q.3 a.4; q.4 a.1 ad 3). Así resulta evidente que el bien y el ser son realmente lo mismo; pero del bien se puede decir que es apetecible, cosa que no se dice del ser.
A las objeciones:
1. Aunque el bien y el ser en realidad sean lo mismo, sin embargo se diferencian conceptualmente, pues no se dice en el mismo sentido ser en abstracto y bien en absoluto. Pues se llama ser propiamente a algo que está en acto; y el acto propiamente tiene relación con la potencia. Por eso, propiamente se dice de algo que es ser en cuanto que primariamente se distingue de lo que sólo está en potencia. Y es ser sustancial de todas las cosas, y por su ser sustancial llamamos a una cosa plenamente ser. Si por el acto se le añaden cosas, a algo se le llama ser de algún modo. Ejemplo: Ser blanco significa ser de algún modo, pues el ser blanco no se extrae de la simple potencia, sino que proviene de algo ya existente en acto. Pero el bien se dice por razón de lo perfecto, que es apetecible; y, consecuentemente, por razón de lo completo. De ahí que lo que es completamente perfecto sea llamado puro bien. En cambio, lo que no tiene toda la perfección que debe tener, aun cuando por estar en acto tenga alguna perfección, no es llamado completamente perfecto o puro bien, sino de algún modo. Luego, si por el primer ser, que es sustancial, se dice de algo ser en sentido absoluto y bueno de algún modo, es decir, en cuanto que es ser; así también, por el último acto, se dice de algo que es ser de algún modo y bueno en sentido absoluto. De ahí que, lo dicho por Boecio: en las cosas aquello por lo que son buenas y aquello por lo que existen no es lo mismo, haya que referirlo al ser bueno y al ser en absoluto, pues por el primer acto algo es ser absolutamente, y por el último es bueno absolutamente. Y, sin embargo, atendiendo al primer acto, es de algún modo bien; y, atendiendo al último acto, es de algún modo ser.
2. El bien es informante cuando se toma el bien en absoluto, según el último acto.
3. Del mismo modo que hay que considerar el bien sometido al más y al menos, según lo que se le pueda añadir; por ejemplo, la ciencia o la virtud.
Estimados amigos:
En primer lugar, un cordial saludo de Año Nuevo.
Con esta cuestión acerca del bien, nuestro Moderador, siguiendo los pasos del Maestro Canals, continúa llevándonos a la meditación de los puntos centrales de la metafísica tomista. En efecto, después de reflexionar acerca del ser como acto nos condujo a la contemplación de la verdad y, ahora, nos invita a considerar el bien. Esto último trae una añadidura pues la meditación acerca del bien no sólo nos permite permanecer en la metafísica y ahondar en el misterio del ser sino que, además, nos hace “descender” hasta la moral o, mejor dicho, a los fundamentos metafísicos del orden moral. Por esta razón se abre a nuestra consideración una cuestión riquísima, apasionante y actual.
El texto de Summa Theologiae I, q 5, a 1, que tenemos a la vista, resalta claramente la identidad in re del ente con el bien. Así sostiene: “manifestum est quod intantum est aliquid bonum, inquantum est ens”; es decir que algo es bueno en tanto es ente. Pero leamos con suma atención todo el pasaje:
1) la razón de bien consiste en ser apetecible;
2) pero algo es apetecible según que es perfecto;
3) cada cosa es perfecta en tanto que está en acto;
4) por tanto, algo es bueno en tanto es ente;
5) pues el ser (esse) es la actualidad (y por ende la perfección) de toda cosa (es decir de todo ente).
¿En qué reside, pues, la identidad real de ente y bueno? En el esse del ente que es su máxima actualidad y, por eso mismo, su perfección. Lo que se confirma leyendo el pasaje al que remite Santo Tomás cuando dice: ut ex superioribus patet. Se trata de Summa Theologiae, I, q 4, a 1, ad 3: “ipsum esse est perfectissimum omnium, comparatur enim ad omnia ut actus. Nihil enim habet actualitatem, nisi inquantum est, unde ipsum esse est actualitas omnium rerum”.
Por esta razón me permito sugerir una ligera modificación de la traducción del pasaje. En efecto, allí donde dice: “Como quiera que algo es perfecto en tanto en cuanto está en acto, es evidente que algo es bueno en cuanto es SER; pues ser es la actualidad de toda cosa, como se desprende de lo dicho anteriormente”, sugiero cambiar por: “Como quiera que algo es perfecto en tanto en cuanto está en acto, es evidente que algo es bueno en cuanto es ENTE; pues el ser es la actualidad de toda cosa, como se desprende de lo dicho anteriormente”.
Saludos cordiales.
Apreciados amigos,
Estoy de acuerdo con la traducción sugerida por el Dr. Caponnetto, pero principalmente con el principio apuntado, esto es, que la identidad real de ente y bueno encuentra su razón en que el ser es la actualidad (y por ende la perfección y la apetitibilidad) de todo ente. Animo a seguir avanzando en el estudio de este principio, que es fundamento metafísico del orden moral; quizá convenga entonces reflexionar en las consecuencias morales de la negación del mismo.
Un saludo cordial,
Enrique Martínez
Estimados amigos:
Atento a la invitación del Dr. Martínez me parece oportuno leer con atención la respuesta a la primera objeción de este mismo artículo (STh I, q 5, a 1, ad 1). Muy claramente define el Aquinate que todo ente lo es simpliciter por el esse primero, esto es, el ser substancial. Los actos sobreañadidos no lo hacen ente simpliciter sino secundum quid. Por eso escribe: “Dado que, en sentido propio, se llama ente algo que es en acto y el acto, propiamente, dice relación a la potencia, se dice que algo es ente en absoluto según que primariamente se distinga de lo que sólo está en potencia. Pero esto es el ser substancial de cada cosa; y por esto, por su ser substancial, se dice que toda cosa es ente en absoluto”.
Sin embargo, por éste, su esse primero, el ente es ya un cierto bien; no un bien simpliciter sino relativo: “Lo que no tiene la ultima perfección que debe tener, aunque tenga alguna en cuanto que está en acto, no se dice perfecto en absoluto, ni bien en absoluto sino relativamente”. Cuando el ente alcanza su perfección última entonces sí puede decirse bonum simpliciter: “Lo que tiene la última perfección se llama bien en absoluto (simpliciter)”.
Por eso concluye el Santo Doctor: “Según el primer acto algo es ente en absoluto y según el último es bien en absoluto. Y sin embargo, según el primer acto, es en cierto modo bueno y según el último acto es en cierto modo ente”.
Queda, pues, muy claro que la identidad real de bien y ente se funda en el esse que es la actualidad y, en consecuencia, la perfección y la apetibilidad de toda cosa. Conviene profundizar este tema remitiéndonos a otro texto. Me refiero a De Veritate, q XXI, a 1. Santo Tomás indaga allí si el bien añade algo a ente. En la respuesta a esta cuestión, Tomás distingue un triple modo por el que una cosa añade algo a otra: primero, cuando una cosa añade algo real a otra pero que está fuera de la esencia de ésta; segundo, cuando se añade algo a modo de contracción o de determinación; tercero y último, cuando se añade algo según la noción solamente: “quando scilicet aliquid est de ratione unius quod non est de ratione alterius: quod tamen nihil est in rerum natura, sed in ratione tantum” (De Veritate XXI, 1, corpus). Es según este tercer modo que se dice que el bien añade algo a ente.
Ahora bien, establecido lo anterior, Santo Tomás, continua distinguiendo qué es eso de sola razón que se añade; y escribe: “Lo que es solamente de razón no puede ser sino de dos modos, a saber, negación o alguna relación pues toda posición absoluta significa algo existente en la realidad. Por tanto, sobre el ente, que es la primera concepción del intelecto, lo uno añade lo que es sólo de razón, es decir, una negación pues se dice “uno” como si se dijere “ente indiviso”. Pero lo verdadero y lo bueno se dicen positivamente por eso no pueden añadir sino una relación que es solamente de razón ” (ibidem).
Llegados a esta altura conviene detenerse con suma atención en lo que sigue, esto es, como se dan entre sí los términos de esa relación: “Ahora bien, según dice el Filósofo en el V Libro de la Metafísica, se encuentra que esa relación es sólo de razón, según la cual se llama referido lo que no depende de aquello a lo que es referido sino al contrario puesto que la misma relación es una cierta dependencia como es manifiesto en la ciencia y en lo cognoscible, en el sentido y en lo sensible. La ciencia, en efecto, depende de lo cognoscible pero no a la inversa; por tanto, la relación por la que la ciencia es referida a lo cognoscible es real, en cambio la relación por la que lo cognoscible es referido a la ciencia es sólo de razón, pues se dice que lo cognoscible es relativo, según el Filósofo, no porque él sea lo que es referido sino porque otro se refiere a él. Y de igual modo en todas las otras cosas que se relacionan como la medida y lo medido, lo perfectivo y lo perfectible. Por tanto, es necesario que la verdad y el bien añadan sobre la intelección del ente el respecto de lo perfectivo ” (ibidem). Me parece que en este pasaje se hallan contenidos tanto el profundo realismo gnoseológico cuanto el no menos profundo realismo moral de Santo Tomás. Pues así como la realidad cognoscible no depende de la ciencia, sino al revés, de igual modo, la bondad de lo apetecido no depende de la voluntad que lo apetece sino, al contrario, la voluntad lo apetece porque es bueno. Por eso concluye Santo Tomás: el bien está en las cosas (bonum in rebus est).
Varios siglos antes, Tomás rebatió la “buena voluntad” kantiana. Seguiremos con estas reflexiones, si Dios lo permite.
Saludos cordiales.
Va el texto latino correspondiente a las citas de De Veritate XXI, 1, corpus contenidas en el mensaje anterior. Vale
"Id autem quod est rationis tantum, non potest esse nisi duplex, scilicet negatio et aliqua relatio. Omnis enim positio absoluta aliquid in rerum natura existens significat. Sic ergo supra ens, quod est prima conceptio intellectus, unum addit id quod est rationis tantum, scilicet negationem: dicitur enim unum quasi ens indivisum. Sed verum et bonum positive dicuntur; unde non possunt addere nisi relationem quae sit rationis tantum".
"Illa autem relatio, secundum philosophum in V Metaph., invenitur esse rationis tantum, secundum quam dicitur referri id quod non dependet ad id ad quod refertur, sed e converso, cum ipsa relatio quaedam dependentia sit, sicut patet in scientia et scibili, sensu et sensibili. Scientia enim dependet a scibili, sed non e converso: unde relatio qua scientia refertur ad scibile, est realis; relatio vero qua scibile refertur ad scientiam, est rationis tantum: dicitur enim scibile relatum, secundum philosophum, non quia ipsum referatur, sed quia aliud referatur ad ipsum. Et ita est in omnibus aliis quae se habent ut mensura et mensuratum, vel perfectivum et perfectibile. Oportet igitur quod verum et bonum super intellectum entis addant respectum perfectivi".
Estimados amigos:
Un fraterno saludo a toda la comunidad de E- Aquinas en el día de la Festividad de nuestro patrono, Santo Tomás de Aquino.
Mario
Estimados amigos,
Me complace compartir con todos ustedes el gozo de haber participado ayer, festividad de Santo Tomás de Aquino, en la audiencia con el Santo Padre a los miembros de las Pontificias Academias. Fue en la sala Clementina de los Palacios Vaticanos, con ocasión de la decimocuarta sesión pública de dichas Academias.
Recordando que una de éstas es la Pontificia Academia de Santo Tomás, el Santo Padre exhortó nuevamente a seguir el magisterio e imitar las virtudes de Santo Tomás de Aquino, quien "produjo una extraordinaria síntesis teológica, armonizando plenamente la razón y la fe". Evocando sus títulos de "Doctor Angelicus et Communis", destacó "la extraordinaria finura y agudeza de su inteligencia y la grandeza y originalidad de su genio, además de por la luminosa santidad de su vida", así como su "extraordinaria y penetrante originalidad pedagógica". Y concluyó con estas luminosas palabras: "Confiados en la posibilidad de la razón humana, en la fidelidad plena al inmutable depositum fidei, es necesario – como hizo el Doctor Communis – recurrir siempre a las riquezas de la Tradición, en la constante búsqueda de la verdad de las cosas".
Que la bendición del Santo Padre y la intercesión de Santo Tomás de Aquino, Doctor Communis Ecclesiae, sean para todos nosotros motivo de esperanza. Cordialmente,
Enrique Martínez
Estimados foristas:
Tengo tremendos problemas para introducir mi comentario, el sistema siempre me acusa de violar la sintaxis.
Si me pasa a mí le puede pasar tembién a otros. Tiene alguno una sugerencia?
Atentamente
Carlos Dufour