Una segunda cuestión sobre la que propongo disputar es la siguiente: ¿Es lo mismo hablar de "bien" que de "valores"?
Siguiendo a Donat, en su Ontología núms. 251 y ss., el valor es lo mismo que el bien. Y parece que en el uso ha entrado más “valor” que “bien”; al bien moral, o estético, o religioso se les suele llamar más “valores” que bienes. La verdad sería el valor lógico, la bondad el moral, la belleza el estético, etc. No habría mayor inconveniente, si se salvase la objetividad del término “valor”, si quedase claro que no es cosa subjetiva y por tanto relativa, sino que “valor” mantiene la plenitud ontológica del bien. Pero señala Iturrioz en su Metafísica General que el término “valor” lo aplican los axiólogos cuando la indiferencia de un objeto respecto a un sujeto desaparece, y se hace preferible, o sea, gana a otros valores, por lo que lo relativo va anexo al valor. Anota este autor las propiedades del valor, que ayudan más que su definición a precisarlo. 1) No tiene por si sustantividad, se concibe siempre como cosa de otro; por tanto siempre es un accidente, algo del ente por lo que este vale, y este valer ya no es “quod omina appetunt”, por tanto no es lo mismo hablar de valor y de bien. 2) Afinando, indica Iturrioz que el valor “quodammodo” es de orden cualitativo, y más que grande o pequeño, se dice superior o inferior según la capacidad de sustraer la indiferencia, lo que implica la existencia de un cierto punto de indiferencia, y nuevamente esto no es “quod omina appetunt”. 3) La mayor o menor distancia de un valor, relativo a la indiferencia, sirve para ordenarlo en una jerarquía fundada en la correlación mutua de los valores. No sirve para el valor el axioma “omne ens bonum est”. Y 4) Entonces los valores tienen “polaridad”, de modo que hay valores atractivos y aversivos, todo valor tiene un contravalor. En definitiva, basten estas consideraciones para considerar que la respuesta a la pregunta de nuestro Moderador es sencillamente que no. Hug Banyeres.
Se ha discutido mucho acerca de si valor equivale a bien. Derisi, en su obra sobre los fundamentos del orden moral, se inclina a pensar que esa equivalencia resulta posible. Lo mismo De Finance.
Sin embargo, pienso como nuestro maestro y amigo, el Dr. Banyeres, que esa equivalencia non pertinet. Max Scheler inicia su Ética, como sabemos, con una crítica de la ética kantiana a la que acusa de formal pues ha dejado de lado la materialidad del objeto de la acción humana. Tal crítica y la propuesta de una ética material de los valores señala, sin duda, un firme avance. Pero es apenas un paso a mitad de camino pues, al definir el valor, Scheler lo identifica con un "a priori" con lo que recaemos en el kantismo. Toda la axiología moderna va, en mayor o menor medida, por este camino.
Me sumo, pues, a la respuesta negativa del amigo Hug.
Mario
Habría que cerciorarse si planteamos una cuestión real o una cuestión verbal. Cuando se pregunta si el Lucero del Alba y el Lucero Vespertino son el mismo cuerpo celeste está claro que se trata de una cuestión real, resoluble calculando la órbita de Venus. En cambio si se pregunta si el bien y el valor son un mismo tipo de entidad, parece que todo depende de una cadena de definiciones.
En cierto sentido un Bien es una cosa con un valor y el Valor en bien sin la cosa. En ese sentido la diferencia primaria parece la que se establece entre abstractos y concretos. En el artículo dedicado al valor de la influyente Enciclopedia de Edwards, el autor (Frankena) propone volver a la denominación clásica de bienes en vez de valores. Una propuesta sensata que no encontró mucho eco.
Ciertamente las cosas no son lo que tienen ni tienen lo que son. Decimos que Sócrates es sabio y que tiene sabiduría pero no al revés. Esta observación es pertinente porque si se compara lo bueno (dicho en concreto) con el valor (dicho en abstracto) encontraremos una serie de asimetrías — pero no debemos pasar por alto que en ese caso lo que se toma por una diferencia material puede bien ser simplemente formal (o debida al modus significandi). No es que el valor se diferencie de lo bueno por un rasgo constitutivo, sino que proyectamos una diferencia debida al modo de presentación.
En todo caso, si pasamos de los abstractos a los concretos, resulta que lo bueno viene a coincidir con la valioso y si permanecemos en los abstractos el valor coincidirá con la bondad. Así la proposición
“todo ente es bueno”
se traduce como “todo ente es valioso” y
“a todo valor corresponde un disvalor”
se traduce con “a toda bondad corresponde una maldad” (por ejemplo a la bondad moral corresponde la malignidad, etc). Si se dice que el valor no es algo sustantivo por ser una cualidad o propiedad de la cosa resulta que lo mismo ocurre con la bondad; aquí la diferencia entre abstracto y concreto se quiere presentar como diferencia de contenido ontológico.
No veo ningún problema especial que surja con los valores que no pueda retraducirse hablando de bienes. Por ejemplo el famoso problema de la relatividad u objetividad de los valores es paralelo a la relatividad de lo bueno. Los escolásticos decían pintorescamente que el mismo calor que es bueno para el fuego es malo para el agua y hasta llegaron a plantearse la cuestión de si el mal es un trascendental. Si defino a lo bueno como Aristóteles en el comienzo de la Ética Nicomaquea, refiriéndolo al apetito, estoy estableciendo explícitamente una relación. O bien doy una interpretación fuerte o una débil. La interpretación fuerte (bueno es lo que de hecho todos apetecen) sería asombrosa y no habría nada que fuera bueno. Hay entes que no tienen apetito y por lo tanto no pueden apetecer. Y los entes que tienen apetito no tiene por qué coincidir unánimemente. En todo caso el “axioma” de que todo ente es bueno resultará falso. Sin damos una interpretación débil (bueno es lo que puede ser apetecido por sujeto), la misma cosa puede ser buena o mala según el sujeto que se considere. Es decir que, en última instancia, no se está en mejor posición para resolver nada.
De todas maneras es interesante advertir la estrategia subyacente en esta cuestión filosófica. ¿Por qué se dice que todo ente es bueno? No tanto para evitar el maniqueísmo en el sentido de San Agustín sino para evitar el Supermaniqueismo que luego presentará Descartes. La ecuación Ens = Bonum sugiere que el Sumo Ser será sumamente bueno. ¿Para qué serviría un Dios que fuera omnipotente, omnisciente y además perfectamente maligno, que permitiera bienes para lograr, por ocultos caminos, que todo redunde en un mal mayor? Creo que fue Czobel (2007) el primero en mostrar un problema que Descartes eliminó muy a la ligera diciendo que Dios es omniperfecto y que la maldad es imperfección..
Para no repetir la ligereza de Descartes hay que advertir que del bien como trascendental no se sigue sin más la bondad que caracteriza a un sujeto benigno. Si el puente es la perfección, como pudiera pensarse por el texto de S. Tomás, hay que examinar con gran cuidado qué se prueba efectivamente y cómo se concibe la perfección. Esto es tema de otro mensaje.
CAD
Muy Estimados doctores: En mis viejos apuntes se caracteriza a los valores diciendo que: • Son realidades que captamos con la inteligencia y los sentimientos y que podemos realizarlos o no con actos humanos propios; • Son atrayentes para todos; • Aparecen siempre en todas las tendencias existenciales; • Se conocen con la inteligencia. Pero para realizarlos precisamos del amor. Luego aparecen dos definiciones tomadas de diccionario: Los valores son: • bienes a los que tienden las facultades espirituales del Hombre y que, una vez que son realizados por él, lo perfeccionan” • Un Valor “es aquella magnitud derivada del orden del ser que el Hombre, una vez que la descubre la ama; y, por esto, intenta vivirla en su propia existencia”
Si me atengo a dichos viejos apuntes, habría que contestar a Don Enrique que desde un punto de vista siempre tienen que ver con el ser y son por lo tanto bienes. Pero desde otro punto de vista, puesto que son descubiertos por la inteligencia y preferidos por el amor de tal modo que la voluntad se dispone a realizarlos, aunque siempre sean buenos, en tanto que son, y por formar parte del orden del ser, no se identifican de modo simplista con el bien, sino con la preferencia que de ellos se tiene por considerar mejores a unos que a otros. MI participación con estos apuntes no tiene más objetivo que pedir a los señores doctores que me digan en qué estoy equivocado y me hagan favor de hacerme rectificar eso que dicen mis viejas notas sobre el tema. Atentos saludos: Javier Prieto Aceves, Tijuana, Baja California, México.