Una primera cuestión sobre la propongo disputar es la siguiente: ¿Es el relativismo una consecuencia de negar que el ente y el bien sean realmente lo mismo?
La esperanza es lo último que se pierde, así que intentaré escribir otra vez un (nuevo) mensaje.
RELATIVISMO: Observación Preliminar
Los filósofos suelen hablar de Relativismo pero no para caracterizar las posiciones propias sino preferentemente para criticar las ajenas. Esto dificulta moverse con probidad intelectual al caracterizar los puntos relevantes del tema, pero intentémoslo. La noción de relativismo en nuestro entorno es vecina del escepticismo y del subjetivismo y debería culminar en un “todo está permitido” (Dostojewski) o en un “anything goes” (Feyerabend).
Supongamos que A es un tipo de acto humano. El par de proposiciones “A es correcto”, “A no es correcto” parece apropiado para formar un Tertium Non Datur deóntico. El Relativismo ético comenzaría observando escépticamente que (a) no es necesario que una de esas oraciones sea verdadera y la otra falsa; (b) aun si una de esa oraciones fuera verdadera, no es posible dar una fundamentación racional empleando deducciones o inducciones como sí se puede en otras áreas del conocimiento.
Hasta el momento, si A está bien restringido, este toque de escepticismo no es demasiado dramático. El propio S. Tomas afirma que hay tipos de acciones moralmente neutrales, como caminar con las manos o mover las orejas. El drama comienza cuando las zonas neutrales proliferan y las discrepancias fundamentales se multiplican, como en las sociedades disgregadas por el individualismo o vueltas “multiculturales”.
El relativista trata de contener los conflictos sugiriendo que discrepancias morales no admiten respuestas absolutas. Si Usted pregunta donde está la vereda de enfrente le mostrarán una dirección y si va hasta allí será la otra. Así como no hay un enfrente absoluto, o una derecha o izquierda absoluta, sino las posiciones en relación a la ubicación de un sujeto,lgo semejante ocurriría con los aspectos expresados cuando se habla de correcto, bueno etc. Para determinar si un número es primo o si un árbol tiene parásitos tengo que examinar más atentamente los objetos y si el vecino me acompaña en la indagación podemos ponernos de acuerdo, porque cuatro ojos ven más que dos. Este procedimiento no parece tan exitoso en Filosofía y mucho menos en las cuestiones valorativas. En el último caso, afirma el relativista, habría que introducir en el predicado un parámetro más que incluya al agente, su grupo de pertenencia, las convicciones y sentimientos allí vigentes. Es decir no basta con observar atentamente el objeto sino que hay que introducir al sujeto de una manera que no sería pertinente para resolver asuntos teóricos. Esto último no es tan descabellado y, en ciertos contexto, parece bastante sensato. Si Usted cree sinceramente que comer carne de cerdo configura un pecado abominable entonces todos le diríamos que no es correcto que lo haga mientras mantenga esa convicción; aquí lo incorrecto estaría en obrar en contra de la voz de la conciencia.
Pero la tragedia del relativista es que él inicialmente obra movido por el deseo de recobrar la verdad en los enunciados normativos, pero tan pronto lo hace explícito, esos enunciados se vuelven vacíos en la práctica o absurdos en la teoría. Breve demostración: Si “correcto” es relativo y significa algo semejante a “lo aceptado por el grupo G o por la persona P” los enunciados pierden su fuerza normativa y se transforman en descripciones antropológicas, verdaderas o falsas, pero éticamente irrelevantes. El musulmán que juzga que la poligamia es correcta no sólo juzga que en el mundo islámico se piensa así sino que, cuando así se piensa, se tiene toda la razón. Además, si G o P aceptan algo por considerarlo correcto no podemos decir que aceptan algo por considerar que ellos aceptan algo. Puesta así la circularidad es evidente. Por el absurdo y la vacuidad que implica, el relativismo vive mejor como una doctrina implícita, como una actitud que raramente se piensa hasta el final. Esto no quita que haya versiones más sofisticadas del relativismo que eludan los inconvenientes aquí citados, pero para opinar hay que identificar primeros esas versiones.
LA CUESTION de E AQUINAS
Se pregunta si el relativismo es una consecuencia de desconocer la identidad entre Ente y Bueno.
Ni la descripción del relativismo ni las objeciones contra él que acabamos de mencionar afirman o niegan la Ecuación Ente = Bueno. Así que una primera conclusión sería que se trata de temas lógicamente independientes. Pero, para mi propia sorpresa, pudiera ser que la consabida ecuación acabara fomentando el relativismo.
1. Por una parte, si se define con S. Tomás el bien por lo apetecible, siguiendo el texto del inicio de la Ética a Nicómaco, cabe una interpretación fuerte y una débil. La interpretación fuerte define bueno como lo que unánimemente todos los sujetos apetecen; la débil se restringe a algún sujeto y pone su apetito en modo de posibilidad. En la interpretación fuerte no hay marco posible para la ecuación, pues habría por cierto más entes que cosas unánimemente apetecidas por todos los sujetos. Por lo tanto Ente y Bueno no serían coextensivos.
Con la interpretación débil se salva (tal vez) la ecuación, pero justamente se introduce una relación. Decir que algo es bueno en el sentido de que al menos un sujeto podría apetecerlo introduce obviamente una relación. Un ente X será bueno para un sujeto, aunque puede ser malo para otro. ¿En qué se distingue esto del relativismo?
2. Por otra parte hay cierta tensión en los trascendentales hasta ahora poco comentada. Creo que es más fácil advertirlo si construimos un breve argumento.
(1)Todo ente es bueno (2)Toda acción humana es ente (3)Acciones humanas buenas están permitidas (4)Ergo, todo acción humana está permitida.
La premisa (1) se sigue de la ecuación que nos ocupa. Como ente es un trascendental vale (2) y la última premisa (3) parece poco discutible. Pero la conclusión equivale a que todo está permitido y depara la sorpresa de que el relativismo resulta fomentado por la escolástica tomista.
La reacción previsible es, claro está, distinguir. El amigo Néstor Martínez diría que en (1) “bueno” significa la bondad ontológica y que en (3) lo moralmente bueno. Esta estrategia corroboraría mi primera impresión de que no hay puente de la bondad trascendental a la moral y que se trata de cuestiones independientes, porque el relativista se está refiriendo a la bondad moral, y no a una vaga bondad trascendental.
Una reacción mas sutil es negar que el argumento concluya. Esto requiere una distinción más fecunda que aparece en D. Ross (1930?) y que fue más tarde elaborada por Peter Geach. Se trata de distinguir ente el uso predicativo y el uso atributivo de los adjetivos y cuándo puede pasarse del uno al otro. Si x es una pulga grande no puedo deducir que x es una pulga y es grande, porque “grande” aparece primero como adjetivo atributivo de “pulga” y después como predicado. Una pulga grande es una más grande que la mayoría de las pulgas, pero eso no la hace un objeto grande. Tampoco vale al revés la absorción del predicado en un atributo: no puedo pasar de “x es un elefante y x es grande” a “x es un elefante grande”.
En el argumento de arriba se se necesita pasar de
3.1)Toda acción humana es buena
donde “buena” tiene un uso predicativo a
3.2)Todo acción humana es una acción humana buena
donde “buena” se absorbe y usa atributivamente restringedo la suposición del predicado.
Lo que habría que averiguar es si esto no compromete la teoría de los trascendentales. En autores clásicos se observa el paso de “todo ente es un verdadero ente” a “todo ente es verdadero”, o “todo ente es un ente” a “todo ente es uno”.