La disputa (disputatio) del maestro induce al intelecto a la verdad a la que tiende
(Tomás de Aquino, Quodlibet IV q.9, a.3 in c).
La disputatio es la segunda parte del Studium bimestral de e-aquinas. Tiene lugar durante el segundo mes del Studium. Consiste en la discusión en torno a cuestiones relacionadas con el tema de estudio. Primero, se plantean cuestiones (quaestio) y luego se les da respuesta (responsio).
Finalmente, el moderador concluye (determinatio) el tema estudiado.
Una primera cuestión sobre la propongo disputar es la siguiente: ¿Es el relativismo una consecuencia de negar que el ente y el bien sean realmente lo mismo?
Una segunda cuestión sobre la que propongo disputar es la siguiente: ¿Es lo mismo hablar de "bien" que de "valores"?
El profesor Francisco Canals, a quien seguimos en este recorrido por el núcleo metafísico de Santo Tomás de Aquino en el espacio de estudio e-aquinas, hizo en la Balmesiana en el año 2001 una presentación de nuevas tesis a añadir a las ya veinticuatro conocidas del año 1914 (A.A.S. nº 6, 1914, pp. 383-386), que él consideraba en número claramente insuficientes. Entre estas nuevas tesis se encuentran varias cuyo objeto es el bien. Sobre éstas decía el Prof. Canals: “Es evidente que, aunque entre las veinticuatro tesis nada se diga del ente y de sus predicados trascendentales y que, por lo mismo, no se aluda a que ‘el ente se convierte con el bien’ (como afirmó admirablemente Cayetano), ni tampoco se aluda a la réplica al dualismo maniqueo contenida en la obra de Santo Tomás, esta doctrina sobre el bien, y sobre la bondad divina como causa final del universo y motivo del acto creador, y la participación del bien divino -que tiene su máximo grado en las criaturas racionales "únicas por sí intentadas en el universo" y cuya perfección consumada es la felicidad- son núcleos doctrinales sólo desde los cuales se pueden entender en su verdad profunda otras muchas que en aquellas se fundan y que aquellas iluminan”.
Para responder a la cuestión acerca del bien, que hemos estudiado en e-aquinas en esta ocasión, voy a reproducir las tesis a las que acabo de referirme. Nuevamente aprovecho para agradecer las diferentes aportaciones realizadas en este espacio de estudio durante estos meses, felicitando la Pascua de Resurrección que estamos celebrando estos días.
Comienza el Prof. Canals recordando la vigésimo primera de las antiguas tesis:
59. A las tesis acerca del entendimiento humano sigue, en las veinticuatro tesis, la referida a la voluntad del hombre: "sigue al entendimiento, no le precede, la voluntad, que necesariamente apetece lo que le es presentado como bien que satisface el apetito plenamente, pero entre los múltiples bienes que son propuestos como apetecibles con un juicio mutable, elige libremente. Por consiguiente, la elección sigue al último juicio práctico; pero es la voluntad que causa el que sea el último juicio" (Tesis 21ª).
Y la completa con una aclaración sobre la dependencia de la voluntad respecto del entendimiento, que no debe entenderse como una procedencia puesto que la voluntad es al igual que aquél una potencia del alma:
60. Para comprender auténticamente la doctrina de Santo Tomás acerca del modo en el que la voluntad se sigue del entendimiento, hay que tener presente que, para él, “la voluntad no procede directamente de la inteligencia, sino de la esencia del alma, presupuesta la inteligencia” (De Ver. Qu. 22, artº 11, ad sextum).
Desde esta perspectiva el Prof. Canals afirma un conocimiento por connaturalidad del ente como bueno, dado que la voluntad se caracteriza por una inclinación natural del hombre al bien, y ésta funda el conocimiento objetivo y conceptual del ente como bueno:
61. Y puesto que la aprehensión del ente como bueno, anterior al acto de la voluntad como voluntad, presupone que conocemos que apetecemos lo que es y así lo aprehendemos como bueno, hay que poner el conocimiento por connaturalidad (vid. S.Th. Iª Qu.1, artº 6, ad tertium) por el que sentimos como deseado por la voluntad como naturaleza como fundante de la aprehensión objetiva y conceptual de lo bueno.
Y en esta inclinación funda asimismo el Prof. Canals la naturaleza de toda libertad, no sólo de la que elige entre bienes contingentes:
62. Para comprender la doctrina de santo Tomás sobre la voluntad, que es esencialmente la apetición del bien, hay que atender al bien como propiedad trascendental del ente. Porque, en la aprehensión del ente como bueno, obra la voluntad como inclinación natural del hombre de tal manera que "el entendimiento, que primeramente aprehende el ente mismo, y después aprehende que entiende lo que es, aprehende, en tercer lugar, que apetece lo que es; por lo que, primeramente, en nuestro concepto es el ente, en segundo lugar, lo verdadero y, en tercer lugar, el concepto de bien" (S.Th.Iª Qu. 16, artº 4º, ad secundum).
La inclinación natural de la voluntad al bien hace posible la facultad electiva de lo contingentemente apetecible: "lo apetecible que se apetece naturalmente es principio y fundamento de los otros objetos apetecibles" (De Ver. Qu. 22, artº 5º, in c.). Santo Tomás compara la apetición natural del fin a la elección de lo que se ordena al fin como el conocimiento de los primeros principios evidentes al conocimiento de las conclusiones que de ellos proceden.
Nuestro maestro, el Padre Orlandis, llamaba "superlibertad" a la inclinación de la voluntad al bien en sí mismo, lo que resulta coherente con la afirmación de santo Tomás de que "el Espíritu Santo procede libremente del Padre, pero no de un modo posible, sino necesario" (De Pot. Qu. 10, artº 2º, ad quintum). Lo que, ciertamente, no reduce la espiración del Espíritu Santo al nivel de un acto "electivo" de algo contingente, lo que sería negar la divinidad del Espíritu Santo, pero sí atribuye la perfección de la "libertad" al Amor divino, eterno y esencial, por el que el Padre y el Hijo se aman en su mutuo eterno Don.
La libertad como dignidad del ente personal no puede consistir en la facultad de elegir el mal -lo que sólo es deficiencia privativa en un acto libre finito-, ni siquiera en el carácter contingentemente apetecible de lo que es materia de libre albedrío, sino en la perfección de la vida en su grado supremo espiritual, por la que el viviente emana dentro de sí, desde sí mismo y por su verbo mental, la inclinación vital por la que se da a sí mismo. Por esto, santo Tomás, citando a Atanasio, llama a la tercera Persona espirada por Amor "Amor y aliento vivífico de Dios Padre" (De Pot. Qu. 10, artº 1º, in c.).
Por otra parte, recuerda el Profñ. Canals como tesis nuclear de Santo Tomás de Aquino lo que hemos ido viendo particularmente en algunas de las intervenciones de estos meses, esto es, que “el ente se convierte con lo bueno”:
63. El ente, constituido como tal por su participación en el acto de ser -ente finito y creado- o por el ser subsistente que define la esencia de Dios, no sólo es bueno porque se dice bueno en cuanto que es perfecto (S.Th.Iª Qu. 5, artº 3º, in c.), sino que hay que afirmar, no la primacía del bien sobre el ente (S.Th.Iª Qu. 5, artº 2º), ni la existencia del bien más allá de las esencias, sino que el ente se convierte con lo bueno, como afirmó genialmente Cayetano (In De ente et essentia, cap. IV, Qu. V) y reconocer también la primacía del fin y del bien en el orden de las causas.
Y de ahí que no pueda afirmarse el mal sino como causado accidental y deficientemente:
64. El mal es privativo, y no tiene consistencia substancial, ni es causado sino "accidentalmente" y "deficientemente" (S.Th.Iª Qu. 48, artº 1º; Qu. 49, artº 1º y 3º), ni es causante sino por virtud del bien (III C.G. cap. 11-14).
Por el contrario, el bien finito es reflejo del bien infinito de Dios:
65. La estructura del ente finito, bueno participativamente, constituido por capacidad de acto que participa del acto de ser por el que tiene su perfección, es como el reflejo correlativo del bien infinito de Dios, que obra por pura liberalidad, comunicando a los entes los bienes que en ellos crea, creando simultáneamente -no sólo en sentido cronológico, sino ontológico- su capacidad para recibir los bienes comunicados por el acto creador. Así lo enseñaba en su magisterio oral mi maestro Ramón Orlandis.
En una nueva tesis vincula el Prof. Canals el conocimiento de la radical contingencia del ente creado finito al del amor gratuito y original de Dios en la Creación, comprensible sólo a la liz de la eterna espiración donante del Espíritu Santo:
66. La libertad de Dios en la Creación -y la radical contingencia del ente creado- es una verdad de la filosofía cristiana para la que santo Tomás afirma ser moralmente necesario haber recibido la revelación de la Trinidad. Entendemos que Dios no crea por necesidad al creer que todas las cosas fueron creadas por Su Verbo; es decir, que la Creación no es análoga a una causación eficiente de la naturaleza, sino a una causación por modo de arte que, ya según Aristóteles, se definía como "según palabra" (metalogou). Entendemos que Dios no tiene indigencia alguna de los bienes que crea porque creemos en la eterna espiración donante del Espíritu Santo (S.Th.Iª Qu. 32, artº 1º, ad tertium).
Y a la luz del conocimiento del amor gratuito y original de Dios en la Creación se comprende no crea sino para comunicar su perfección, por lo que el fin de la Creación no es otro que la misma bondad divina:
67. Para la comprensión de la libertad divina en el acto creador, y en su gobierno providente del universo, hemos de atender a la suma y máxima liberalidad divinas. "Obrar no es otra cosa sino comunicar aquello por lo que el operante es en acto" (De Pot. Dei Qu. 2, artº 1º, in c.). Pero a todo agente finito le compete que, incluso en su acción, tienda a adquirir algo para sí. Pero al primer agente, que sólo es agente, no le conviene obrar por la adquisición de algún fin, sino que intenta sólo comunicar su perfección" (S.Th.Iª Qu. 44, artº 4º, in c.). "Sólo Dios es máximamente liberal, porque no obra por su utilidad, sino sólo por su bondad (íbid. ad primum).
68. Así, el fin o motivo del acto creador no puede ser otro sino la misma bondad divina, no para ser adquirida, sino para ser comunicada. La gloria de Dios, para la que el mundo es creado (cfr. DS nº 3025) es la manifestación de Su bondad. Santo Tomás asume como tesis capital la afirmación de San Agustín: "Conocer a Dios aprovecha a nosotros, no a Él ... por lo que es evidente que Dios no busca Su gloria para Sí mismo, sino para nosotros" (S.Th.IIª Sec. Qu. 132, artº 1º, ad primum).