De los sexos masculino y femenino

Época II Año 7 Número 1 Enero - Febrero 2009
La lectio está cerrada. Ha comenzado la disputatio.

Verba Doctoris

Estimados amigos:

Envío algunos textos de Santo Tomás relacionados con el tema del mes. La traducción no es mía. Puede ser que haya que retocarla en algún punto.

Saludos cordiales

Néstor Martínez

Al producir las primeras cosas ¿debió o no debió ser hecha la mujer?

Objeciones por las que parece que la mujer no debió ser hecha en la primera producción de las cosas:

1. Dice el Filósofo en el libro De Generat. Animal. : La mujer es un varón frustrado. Pero en la primera creación de las cosas no era conveniente que hubiera nada frustrado ni imperfecto. Por lo tanto, en la primera institución de las cosas no debió ser hecha la mujer.

2. El sometimiento y el empequeñecimiento fueron consecuencia del pecado. Pues después del pecado se le dijo a la mujer: Estarás sometida al varón (Gén 3,16). Y Gregorio dice : En aquello en que no pecamos todos somos iguales. Pero, por naturaleza, la mujer es inferior al hombre en dignidad y en poder. Pues el agente es siempre más digno al paciente, como dice Agustín en XII Super Gen. ad litt. Por lo tanto, la mujer no debió ser hecha en la primera producción de las cosas antes del pecado.

3. Hay que evitar las ocasiones de pecado. Pero Dios previó que la mujer sería ocasión de pecado para el hombre. Por lo tanto, no debió crearla.

Contra esto: está lo que se dice en Gén 2,18: No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él.

Respondo: Fue necesaria la creación de la mujer, como dice la Escritura, para ayudar al varón no en alguna obra cualquiera, como sostuvieron algunos, ya que para otras obras podían prestarle mejor ayuda los otros hombres, sino para ayudarle en la generación. Esto aparece de forma evidente si nos detenemos ante los modos de generación que se dan en los vivientes. Hay vivientes que no poseen en sí mismos la capacidad generativa activa, sino que son engendrados por un agente de distinta especie. Ejemplo: Las plantas y los animales que son engendrados sin seminación a partir de la materia convenientemente dispuesta, por medio de la potencia activa de los cuerpos celestes. Otros poseen unidas la potencia generativa activa y pasiva. Ejemplo: Las plantas que se reproducen a partir de la semilla. No habiendo en ellas una función vital más digna que la generación, es preciso que en ellas estén en todo tiempo unidas la potencia pasiva y la activa de la generación. En cambio, la potencia generativa activa de los animales perfectos reside en el sexo masculino, y la pasiva en el femenino. Porque en ellos hay operaciones vitales más dignas que la generación, a las que se ordena principalmente su misma vida, en los animales perfectos no siempre están unidos el sexo masculino y femenino, sino solamente durante el coito, de modo que por él resulta una sola cosa de la unión del macho y de la hembra, al igual que en las plantas siempre están unidas la potencia masculina y la femenina, aunque a veces una esté en mayor proporción que la otra. Por su parte, el hombre se ordena a una operación vital más digna aún: entender. Por eso, en él era conveniente una mayor distinción de ambas potencias, de modo que la hembra fuese hecha separadamente del varón, y, sin embargo, se unieran carnalmente para la generación. Así, inmediatamente después de la formación de la mujer, se dice en Gén 2,24: Serán dos en una sola carne.

A las objeciones:

1. Considerada en relación con la naturaleza particular, la mujer es algo imperfecto y ocasional. Porque la potencia activa que reside en el semen del varón tiende a producir algo semejante a sí mismo en el género masculino. Que nazca mujer se debe a la debilidad de la potencia activa, o bien a la mala disposición de la materia, o también a algún cambio producido por un agente extrínseco, por ejemplo los vientos australes, que son húmedos, como se dice en el libro De Generat Animal. Pero si consideramos a la mujer en relación con toda la naturaleza, no es algo ocasional, sino algo establecido por la naturaleza para la generación. La intención de toda la naturaleza depende de Dios, Autor de la misma, quien al producirla no sólo produjo al hombre, sino también a la mujer.

2. Hay un doble sometimiento. 1) Uno servíl, por el que el señor usa de sus súbditos para su propio provecho. Fue introducido después del pecado. 2) Otro, económico o civil, por el que el señor emplea a sus súbditos para la utilidad y bienestar de los mismos. Este último habría existido también antes de darse el pecado, ya que no habría organización en la sociedad humana si unos no fueran gobernados por otros más sabios. Este es el sometimiento con el que la mujer, por naturaleza, fue puesta bajo el marido; porque la misma naturaleza dio al hombre más discernimiento. Tampoco la desigualdad de los hombres está excluida por el estado de inocencia, como se dirá más adelante (q.96 a.3).

3. Si Dios hubiera quitado del mundo todas las cosas que sirvieran al hombre de ocasión de pecado, este mundo quedaría imperfecto. No es justo destruir el bien común para evitar un mal particular; especialmente porque Dios es tan poderoso que puede ordenar cualquier mal al bien.

Commentaria

  • En primer término,saludos a todos en este nuevo tema,de altísimo interés.Pero se me ocurre manifestar,en primer lugar, que no entiendo muy bien,-y por eso apelo al moderador,-lo de los puntos 1,2 y 3 de las objeciones,en la parte que refiere a "Al producir las primeras cosas...etc."¿No significa esto meterse en el Plan de Dios,al ponernos a considerar lo que El debió o no debió haber hecho?Con toda sinceridad y modestia formulo la interrogante,ya que temo caer en algo de soberbia,o sea el tema que nos ocupó anteriormente.Con toda sinceridad, repito,y lo pregunto:¿Quienes somos nosotros para determinar lo que debió o no debió hacer Dios,en su Infinita Sabiduría.Espero respuesta,para así abocarme,con mas opiniones, al tema,que,como digo,es de un altìsimo interés. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 19 de Enero de 2009
  • A mi me parece que preguntarse cuál es el plan de Dios no es lo mismo que determinar cuál el plan de Dios. Entendiendo aquí "determinar" en el sentido de "imponer". En ese sentido, en realidad nadie puede "determinar" qué motivación tiene cualquier persona al hacer algo. Lo que sí se podría hacer es dilucidar los motivos, lo cual como ejemplo particular es el trabajo de los arqueólogos. Dicho esto, me parece acertado el comentario de Jorge, pero más bien en el sentido de que es posible llegar a entender cuál es el motivo de Dios al crear los sexos (o de cualquier otro aspecto de la creación). Podríamos acercarnos por analogía (imaginándonos que somos arqueólogos de la creación), pero uno se siente un poco sobrepasado en nuestras capacidades. Siempre me gustó mucho al respecto el comentario de Santo Tomás acerca de que conocemos más sobre lo que Dios NO es que sobre lo que Dios es. Siguiendo está línea de análisis, debería ser más fácil reconocer las desviaciones en este tema, o sea lo que no es el género y el sexo.

    Publicado por Alejandro Clausse el 19 de Enero de 2009
  • Me parece oportuno el aporte que nos hace Alejandro.Bien,a mi criterio,sería acertar,previa búsqueda por la recta razón,cual es el "plan de Dios".Y hace una alusión,en el tema que nos ocupa, a algo que es fundamental,o sea,"reconocer las desviaciones en este tema,o sea lo que no es el género y el sexo. En tal sentido,convendría precisar,ya que puede conducir a equívocos,el planteo que se hace en la "Introductio"que nos ocupa,al expresar que,-la expresión "género"- "También se puede usar en el sentido de sexo,de hecho,ese el sentido que comenzó a ser usado en inglés,etc..."No,entiendo que aquí hay que andar con mucho tiento,ya que podemos enredarnos en la llamada "ideología de género".Sin perjuicio de ello,esto es algo que nos previene,sin emplear la expresión,la propia "Introductio",cuando dice que "esas teorías del "género" se presentan como "feministas",es decir,la motivación que se presenta suele ser la liberación de la mujer."Y señala claramente como de cuño marxista tal concepción,vinculada por supuesto,-es la vieja hidra de muchas cabezas de la Revolución Anticristiana,-con la lucha de clases,la "liberación de la mujer de la esclavitud doméstica",etc.a que nos tienen acostumbrados los coros de la progresía internacional marxista. La solución para el proletariado concientizado sería eliminar la familia,paradigma de opresión y esclavitud..etc. Por consiguiente,la defensa del Orden Natural,en el recuerdo permanente del Aquinatense es discernir claramente,conforme a recta razón, nuestras firmes concepciones de defensa de la diferenciación de los sexos,en complemento mutuo,santificado, de la familia cristiana. De lo contrario,podemos caer en esa "ideología de género",ya denunciada claramente por el Romano Pontífice,y en la que se sostiene,errónea y peligrosamente,que los seres humanos serían indiferenciados,porque no cuenta su dotación genética ni su sexo,como ya se ha señalado,sino que cada uno puede hacer una "opción sexual",y obtendría así la plenitud de derechos,respecto a la constitución del matrimonio y la familia,lo que es radicalmente contrario a la Doctrina de Cristo,fundada en la unión de hombre y mujer,ante la cual dejarán "a su padre y a su madre". Las diferencias entre varón y mujer corresponden a una naturaleza fija,-el Orden Natural,-para nosotros los que seguimos las huellas del Aquinate.Por el contrario,para la ideología de género esas diferencias no corresponden a una naturaleza fija sino que son el resultado de culturas y de épocas,-rabioso relativismo,-que les asignan a cada grupo de seres características que convienen a estructuras sociales injustas,o sea,de nuevo el filósofo de Tréveris asoma su cabeza. Es todo por ahora,ya que el tema es apasionante y crucial,y deseo escuchar atentamente los valiosos aportes de los otros integrantes del foro. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 19 de Enero de 2009
  • Estimados amigos:

    El tema propuesto para este primer bimestre del año es, nadie lo duda, de importancia capital si se atiende a la alarmante situación a que hemos sido llevados por la Revolución Anticristiana en todo lo que concierne a la vida humana, la sexualidad y la familia. La llamada “perspectiva de género” es una de las expresiones más perversas de esa Revolución que está terminado hasta con los últimos vestigios del sentido común en la gente. Me alegra, pues, que debatamos este tema bajo la inspiración del magisterio siempre actual y vivo del Doctor Angélico. Me alegra, también, que tengamos por Moderador a nuestro querido amigo, Néstor Martínez a quien envío un cordial saludo desde la otra orilla del Río.

    En primer lugar, quisiera responder a la inquietud de D Jorge en el sentido de si corresponde “meterse en el Plan de Dios, al ponernos a considerar lo que El debió o no debió haber hecho”. Creo que ha contribuido al planteo de este interrogante la traducción del texto. En efecto, de acuerdo con el genio de la lengua castellana, decir “Al producir las primeras cosas ¿debió o no debió ser hecha la mujer?”, suena a algo imperativo, como si uno estuviera interpelando a Dios o pidiéndole cuenta de sus actos. El texto latino dice: “Utrum mulier debuerit produci in prima rerum productione”; lo que puede traducirse así: “Si la mujer debió ser hecha en la primera producción de las cosas”. Dicho así, desparece ese tono imperativo e interpelante de la traducción anterior y uno se inclina más a pensar que Santo Tomás, antes que interpelar a Dios, está planteando considerar de si fue o no conveniente que la mujer haya sido hecha con la producción primera de las cosas. Se trata de una búsqueda del sentido de la creación no de una interpelación al Creador.

    Pero yendo al texto en consideración, me parece que -y esto vale para los otros pasajes propuestos por el Moderador- debemos leerlo con suma cautela para no extraer conclusiones erróneas. Se dan cita en este texto cuestiones de índole diversa pues nos encontramos con aspectos de exégesis bíblica (de fundamental trascendencia) junto con consideraciones propias de una Filosofía de la Naturaleza respecto de la naturaleza de lo femenino y de su papel en la reproducción humana, aparte de consideraciones históricas y culturales. Este conjunto de aspectos nos obliga, repito, a una cuidadosa lectura.

    El aspecto exegético es primero y fundamental pues aquí Santo Tomás sigue su criterio de interpretar el texto bíblico según su sentido literal. Pero habría que preguntarse si cabría una interpretación según el sentido típico o figurado. De ser así, el relato de la creación de la mujer que trae el Génesis puede llevarnos a otras consideraciones no opuestas a la de Santo Tomás pero sí complementarias. Llegado a este punto pido el auxilio de un Magíster in sacra pagina. ¿Dónde anda usted, Padre Bojorge?

    Ahora bien, detengámonos en este pasaje del texto: “Respecto de la naturaleza particular, la mujer es algo imperfecto y ocasional. Porque la potencia activa que reside en el semen del varón tiende a producir algo perfecto semejante a sí mismo según el sexo masculino. Pero que sea engendrada un mujer esto es en razón de una debilidad de la potencia activa, o de alguna indisposición de la materia, o también de una transmutación producida por un agente extrínseco, por ejemplo, los vientos australes, que son húmedos, como se dice en el libro De Generatione Animalium” (ad 1). ¿Podemos, hoy sostener este texto? La teoría aristotélica sobre la mujer, tomada como un varón deficiente, responde a la neta influencia de la medicina griega que considera a la mujer poco menos que una enfermedad. A partir de aquí esta imagen deficiente de la mujer se va proyectando hacia otros planos: si es un ser deficiente en lo biológico también lo es en lo psicológico, en lo moral y en lo social. Pero hoy no podemos sostener semejante tesis. La misma medicina actual rechaza semejante pretensión. No hay tal primacía del semen masculino pues hoy sabemos que el proceso generativo es el fruto de la conjunción de dos estructuras celulares de igual complejidad y potencialidad genética.

    Pero sigue quedando en pie, el resto de la respuesta de Santo Tomás, a saber: “Pero por comparación a la naturaleza universal la mujer no es algo ocasional sino que corresponde a la intención de la naturaleza en vista a la obra de la generación; y la intención de la naturaleza universal depende de Dios que es el autor de la naturaleza universal”.

    Esto es lo importante: la distinción de los sexos se funda en la intención de la naturaleza, creada por Dios y no en el arbitrio de los hombres. Con esto nos acercamos al corazón del asunto.

    Un cordial saludo

    Mario

    Publicado por Mario Caponnetto el 20 de Enero de 2009
  • Celebro la reincorporación de Don Mario al tratamiento del tema del bimestre,restablecido de la dolencia que lo mantuvo momentáneamente alejado.Gracias por su valiosa intervención aclarando mi inquietud.Me queda clara la dificultad planteada por la traducción del texto latino,recordándome aquella diferencia que hace la hermosa lengua italiana en la que,por apenas una letra,el "traductor",puede convertirse en un "traidor" del pensamiento del autor.También resulta de valor su intervención sobre esa presunta desigualdad o imperfección de la mujer,debido a la influencia de la medicina griega sobre el Estagirita.Todos ellos,elementos que hacen que se vea satisfecha la necesidad que,-personalmente,-planteaba de requerir algunas precisiones previas,descartando aparentes interrogantes a Dios sobre su plan,así como las consideraciones erróneas sobre la mujer,plenamente descartadas,en mente cristiana, según nuestra visión iluminada por la luz de la Buena Noticia. Reitero lo dicho en intervenciones anteriores sobre la importancia y trascendencia del tema del bimestre,que hace alusión al problema,- con el que coincidimos totalmente con el Dr.Mario Caponnetto,-de la permanente amenaza para la vida humana,la sexualidad y la familia,que vemos campear por sus fueros en legislaciones positivas que contradicen la Ley Natural. Los temas son todos de importancia para nuestra formación y perfeccionamiento,pero sin perjuicio de ello,algunos,-como el presente,-hacen a un enfoque de la necesaria formación para la acción,en la medida de nuestras posibilidades,ante problemas que atentan contra el Orden Natural. Continuamos en comunicación.Cordiales saludos. Jorge.

    Publicado por Jorge Andregnette el 20 de Enero de 2009
  • Pensaba haber dedicado al foro el pasado día 28, fiesta de Santo Tomás. Pero como se ve que en el cielo se pierde un poco la noción del tiempo, hasta hoy no me ha concedido nuestro santo un poco de tranquilidad. Me alegro también de que nos modere D. Néstor, y de que D. Mario esté recuperado; esto nos permitirá continuar con nuestras habituales discrepancias. Aunque esta vez lo que solicito es su ayuda, porque mis conocimientos de Genética no son muy de fiar.

    Don Néstor ha seleccionado muy acertadamente los textos de Santo Tomás. Estos textos siempre me han producido cierta alergia, como algo totalmente desfasado. Aunque con la intención de estudiarlos más a fondo, porque me cuesta creer que Santo Tomás diga banalidades. Esta es la ocasión, y me he fijado en I q. 92 a. 1 ad 1, que también comenta D. Mario. y me ha sido de gran ayuda Einstein. Una de las pocas verdades que debió decir en su vida fue la siguiente frase (citada por W. Heisenberg en “Diálogos sobre la Física Atómica” BAC): “es la teoría la que decide lo que se debe experimentar”. Esta idea la desarrolla Santo Tomás en su comentario al libro III de la Metafísica. La novedad que introduce Einstein es que hoy día es creencia común que la ciencia procede de la experimentación. Pero es exactamente al revés, la experimentación procede de la ciencia. Este problema no lo tenía Santo Tomás.

    Ante cualquier cuestión científica (antiguamente se decía “filosófica”) se elabora una teoría. Esta teoría se perfila al máximo en función de los fenómenos que observamos. Pero, dependiendo de la dificultad del asunto, quedan más o menos dudas. Así Santo Tomás pone que el objeto de la ciencia es “solvere dubitaciones”, resolver las dudas. Pues una vez resueltas se sabe que se conoce la verdad. Antiguamente se resolvían las dudas por observación directa. Hoy día se dispone de instrumentos que permiten observaciones minuciosísimas. Pero la teoría que decide lo que hay que experimentar se elabora por el mismo método de siempre.

    Así, en la respuesta ad primum, afirma Santo Tomás que el nacimiento de una mujer, en lo que es la reproducción física, es algo frustrado y casual. Sin embargo, su naturaleza es tan digna como la del hombre, por eso la creó Dios al principio. La razón que cita Santo Tomás de Aristóteles es que el hombre tiende a reproducir otro hombre. La variación de los sexos no procede del hombre, sino de la mujer. Esto lo apoya con causas probables que se creían en aquella época, y que hoy todavía creen millones de personas. Según tengo entendido la creencia actual en el mundo de la ciencia es que el hombre tiene dos cromosomas XX. Evidentemente, tiende a reproducir otros dos cromosomas XX. La mujer, en cambio, tiene un cromosoma X y otro Y. Es evidente también que el que nazca un hombre o una mujer, depende de la mujer, no del varón. Esto frustra la tendencia del hombre, y es casual, no se conoce ninguna razón por la que resulte un varón o una hembra, si no es la intención general de la naturaleza, que produce hombres y mujeres.

    Las teorías no son tan diferentes. Lo son los métodos experimentales de resolver las dudas. La teología no entra en si el nacimiento de una mujer lo causa el viento austral o los pares de cromosomas. Lo que enseña es que tanto el hombre como la mujer son necesarios, y por eso Dios los creó al principio.

    Un cordial saludo.

    Publicado por el 30 de Enero de 2009
  • Estimado D Rafael: Se ha deslizado un error en su mensaje respecto de los cromosomas que determinan el sexo en el ser humano. En efecto, los cromosomas sexuales, conocidos como X e Y, determinan el sexo de un embrión. Pero las mujeres nacen con dos cromosomas XX, o alelos, uno heredado de la madre y uno del padre, y los varones nacen con un cromosoma X proveniente de la madre y uno Y del padre. Por tanto, el que determina el sexo es el varón y no la mujer. Los datos de la biología van y vienen. Lo imporante es lo que usted dice: que, como enseña la teología (y la recta antropología también) el varón y la mujer son necesarios y por eso Dios los creó al principio. Un cordial saludo.

    Publicado por Mario Caponnetto el 31 de Enero de 2009
  • Leyendo los comentarios últimos de Rafael y Mario, yo agregaría que los espermatozoides que generan varones tienen distinta movilidad que los que generan mujeres. Al menos eso es lo que sucede en vacas y ovejas. Estas diferencias parecen ser muy leves, pero también se da en otras propiedades mecánicas. En estas diferencias es donde se apoya la separación de semen selectivo para inseminación artificial del ganado.

    Respecto al comentario de Mario sobre la necesidad del sexo, ciertamente desde el punto de vista biológico (causa eficiente) es interesante observar los aspectos evolutivos de los organismos sexuados y los asexuados, considerando qué diferencias genéticas se deducen en cada caso. Pero además, hay que darse cuenta que el tema no se agota allí, como ocurriría si uno se limita (arbitrariamente) a una postura positivista. Lo que quiero decir es que es perfectamente coherente con estas observaciones biológicas, que la función del sexo no sea solamente aumentar la variación genética de la especies; especialmente en el ser humano, en el que da lugar a diferencias en otros órdenes, algunas de costumbres, pero otras naturales.

    No entendí lo que quiso decir Rafael con la cita de la teoría y los experimentos. No la comparto del todo, y de hecho tengo contra-ejemplos en mi vida profesional que son opuestos. Yo creo que al investigar se dan ambos casos: que la teoría decide el experimento, o que el resultado de un experimento da lugar a una teoría. Pero en cualquier caso, le pediría a Rafael si puede explicar más en detalle en qué se aplica esto al tema del sexo, porque no llegué a captarlo.

    Publicado por Alejandro Clausse el 31 de Enero de 2009
  • Gracias D. Mario por la corrección. Mi error es importante. Tal vez el hecho que cita D. Alejandro de la distinta movilidad de los espermatozoides puede ser un camino para ver hasta qué punto Aristóteles podía tener razón. Aunque no creo ser yo el llamado para resolver este problema.

    D. Alejandro lo de la teoría y el experimento no es fácil de entender, precisamente por su simplicidad. Nos cuesta trabajo ver lo obvio, y sobre todo dónde empiezan las cosas. La cuestión me parece importante, porque permite comprender que la diferencia entre la ciencia moderna y las teorías del Filósofo no es esencial, sino accidental. Hace muchos, muchos años, cuando no existían los ordenadores personales, hice un curso de informática. Aquellas máquinas enormes se programaban con unas tarjetas de cartón en las que se practicaban unas perforaciones que contenían las instrucciones que debía ejecutar el ordenador. Cada tarjeta contenía una instrucción. Cuando el profesor terminó de explicar este ingenioso sistema nos preguntó qué era lo primero que hacía el ordenador cuando se le introducía el paquete de tarjetas. Todos respondimos, como un solo hombre, que lo que hacía era ejecutar la primera instrucción. Nos dijo que no, y nos tuvo en suspenso unos minutos. Hasta que, finalmente, aclaró la cosa: lo primero que hace el ordenador es “leer” la primera tarjeta. No darse cuenta de esto no tiene la menor importancia para el que utiliza los ordenadores. Pero el que los fabrica debe saber que el principio por el que funcionaban aquellos aparatos era que podían leer tarjetas.

    Algo semejante ocurre con la teoría y la experimentación. El principio por el que podemos realizar experimentos es porque tenemos teorías. Las ciencias modernas empiezan con Copérnico, que demostró que las matemáticas sirven para observar la naturaleza. Galileo aplicó las matemáticas a la teoría del telescopio (se enteró por casualidad de que existían estos aparatos) y mejoró las proporciones necesarias entre las lentes. La teoría de la gravedad y la levedad existía desde la antigüedad. Newton, experimentando y aplicando las matemáticas perfeccionó la teoría de la gravedad, y redujo la de la levedad no tanto a una cuestión gravitatoria, sino a una cuestión de densidades. La teoría atómica también existía desde la antigüedad. Dalton ideó los experimentos adecuados para comprobarla. Sus experimentos, y los posteriores, demostraron que Demócrito había tenido una buena intuición, pero que sus explicaciones eran penosas. En general, un experimento no se puede diseñar si no existe una teoría previa, que nos diga qué es lo que queremos comprobar. El experimento generalmente perfecciona la teoría, y a veces la contradice. Y de ellos también surgen nuevas teorías.

    En resumen: el científico de hoy tiene los mismos medios que tenían Aristóteles y Demócrito para elaborar teorías. Podemos decir que estos medios son tres: los ojos, la lógica y la capacidad especial que tiene la mente humana para intuir la verdad. A partir de aquí hay cuestiones que se solucionan a simple vista con razonamientos sencillos. Otras necesitan una capacidad extraordinaria de observación y abstracción, como son la Lógica, la Metafísica, la Moral y la Física Teórica. Otras, finalmente, necesitan matemáticas y experimentación. Pero todas parten de elaborar teorías, tanto en la antigüedad, como hoy en día. Por eso las intuiciones de los filósofos más importantes no se deben despreciar.

    D. Alejandro, espero no haberlo aburrido, y haberme explicado mejor que con los cromosomas (también admito aquí correcciones).

    Un cordial saludo.

    Publicado por el 2 de Febrero de 2009
  • Estoy de acuerdo con lo que dice Rafael en su explicación. Sólo que lo que Aristóteles llamaba teoría tiene algunas diferencias con lo que hoy en día se llama teoría. Pero de todos modos, no llegué a entender todavía cómo se aplica todo esto al tema del sexo. Trataré de releer varias veces los comentarios para ver si encuentro algo que se me está escapando.

    Publicado por Alejandro Clausse el 2 de Febrero de 2009
  • Entiendo,personalmente,corroborando lo que expone Alejandro,que la voz "teoría",que son las griegas "theoria",o "theorein" corresponde a "contemplación"según nuestras raíces latinas,lo que,en su real sentido, nos lleva al concepto de una actividad intelectiva desvinculada de los propósitos enteramente prácticos,correspondientes a la vida activa.Como lo señala,con su habitual precisión, Josef Pieper,a una "silenciosa percepción de la realidad."Es también,en el recuerdo de aquel autor,que tanto nos ha dejado,un conocer que,en su desarrolo, va íntimamente vinculado a la admiración.Y aquí tenemos que señalar que esa admiración es, -naturalmente,-humana,ya que no podemos concebir a Dios admirándose,puesto que El ve en su totalidad,mientras nosotros aun no vemos en su totalidad,dadas nuestras limitaciones. En otro orden de cosas,en cierta manera coincido con Alejandro Clausse en el sentido que el nos expresa, o sea que no llega a entender como se aplica,-toda esa discusión que se ha entablado,-al tema del sexo.Pregunto:¿no nos estaremos escapando un poco del tema? ¿Exposiciones,-interesantes,sin duda,-sobre cromosomas,etc.nos conducen a una meta en este tema,o estamos derivando hacia un rumbo que nos encierra en una deliberación de otro orden,y orientada hacia otras diciplinas.?No se si estoy,-como se dice empleando un americanismo,-rumbeado hacia Fray Tomás para escuchar lo que el nos dijo y para aplicarlo a lo que tenemos como tema,o sencillamente estoy en una deliberación de especialistas biólogos que exponen sus teorías,-esta vez no en el sentido de "contemplación",sobre cromosomas y demás.No lo digo como crítica,sino como búsqueda.Orientadme,con todo gusto escucho opiniones o críticas,duras o no,a mi interrogante.Si estoy equivocado,pues propósito de enmienda se impondrá. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 3 de Febrero de 2009
  • Estimado D. Alejandro (y D. Jorge, que envió su mensaje cuando ya tenía redactado éste), a veces me armo unos líos mentales considerables. Trataré de resumir mi argumentación, para evitarle tener que releer los comentarios. Espero no enredar más la cosa.

    El que habla de “teoría” no es Aristóteles, sino Einstein. Y le da el sentido general de tener una idea de las cosas. Esta idea es necesario tenerla, porque si no no se puede experimentar. La calidad de esta idea depende de la capacidad de observación y la inteligencia del que la crea. Por eso pienso que las ideas de Aristóteles, hombre observador y lógico, siempre es bueno estudiarlas. Tiene que ver con el tema del bimestre, porque da varias causas, internas y externas, de por qué nacen mujeres. Eso hoy día también es un problema. Naturalmente no conocía el método experimental actual. Pero todo lo basaba en el ‘experimentum’, la observación de todos los detalles que tienen que ver con un fenómeno. Pudo haber tenido una buena intuición.

    En I q. 92 a. 1 ad 1, Santo Tomás responde a la primera objeción, que aduce la teoría de la reproducción de Aristóteles, que parece demostrar que la mujer es un ser imperfecto, y por lo tanto no debió ser creada al principio. Pues la ‘institutio mundi’ fue perfecta. Cada día de la creación Dios veía que era buena. Pero cuando creó al hombre (hombre y mujer los creó) vio que era muy buena.

    Santo Tomás hace notar que esta teoría la desarrolla Aristóteles en los libros ‘De Animalibus’, en lo que hoy llamamos Biología. Es decir, una ciencia que describe la reproducción física de los individuos. Esto no tiene nada que ver con la Teología, y en la teoría de Aristóteles Santo Tomás ni entra ni sale. Me metí en la digresión biológica, con poco éxito como se ha visto. Mi intención era hacer ver que el que Santo Tomás cite la teoría de Aristóteles no significa que él la crea. No sabemos su opinión, porque no escribió ningún libro sobre los animales, ni comentó los de Aristóteles. Lo que enseña la Escritura, y a lo que se refiere Santo Tomás, no es la forma de la reproducción, sino la naturaleza de la mujer. Su naturaleza es perfecta, y por eso Dios la creó al principio.

    Esto no significa que sean iguales hombre y mujer. Dios creó al hombre y la mujer diferentes, y por lo tanto desempeñan papeles diferentes. El hombre es cabeza, y la mujer ayuda (ayuda en la procreación, que abarca desde el embarazo hasta que el hijo se independiza de la familia). Y esto tampoco significa que sea inferior. (Me parece que ver en todas las cosas superioridad e inferioridad, como se hace actualmente, resulta un poco histérico).

    Un cordial saludo.

    Publicado por el 3 de Febrero de 2009
  • Estimado D.Rafael:Mas que "un poco histérico"estamos ante un plan bastante diabólico de enfrentamientos.Un proceso de "liberación de...." o "liberación de....",basado en ese ataque a inferioridades o superioridades,donde no falta mas que ponerle el nombre de a quien la progresía internacional quiere "liberar".La vieja y rancia dialéctica de enfrentamientos,-que huele a 1848,-y que asume nuevas formas.Sin perjuicio de ello,ahora la "perspectiva de género", o la "ideología de género",irrumpe con nuevas formas de destrucción y disolución.Es un problema que la Iglesia toda tiene que atender y dar testimonio de verdad.Aunque ahora,aunque duela,parece que las preocupaciones van por el lado de ecumenismos,que entretienen fuerzas que tendrían que estar combatiendo en otro lado. Hecho este comentario,que no pude reprimir,y a que me llevó el interesante final de su mensaje,veo,y coincido con su inteligente observación, de que "no sabemos su opinión,"refiriéndonos a Santo Tomás,quien no comenta lo de Aristóteles ni ha escrito nada sobre reproducción.Por tanto,a lo que tendríamos que atender es a la naturaleza de la mujer,profundizando lo mas posible en tal punto,atento a lo que el nos exprese.Creo que por allí está el camino.Perdón,Sr.moderador,corregidme si ando errado en mi razonamiento. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 4 de Febrero de 2009

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