Y aquí va una segunda cuestión: ¿La diferencia entre varón y mujer es esencial o accidental? El problema es el siguiente: si decimos que es esencial, entonces parece que hacemos del varón y la mujer dos especies diferentes; si decimos que es accidental, parece que estamos cerca de la "perspectiva de género".
La esencia significa lo que es una cosa, la especie a la que pertenece, y se expresa en su definición. El hombre, hombre y mujer, es un animal racional. Pertenecen a la especie humana. Todo lo que no entra en la definición (esencia) es accidente. En cierta ocasión leí en Santo Tomás que situaba la diferencia entre macho y hembra dentro de alguna clasificación, que me parece que no era de las categorías. Pero no lo recuerdo.
La diferencia entre hombre y mujer no es esencial, por lo que entra en el orden de lo accidental. Lo que no veo es cómo esto nos aproxima a la “perspectiva de género”. Esta ideología es un disparate que, para acercase a ella, es necesario tener averiado un cuarto de kilo de neuronas.
Un cordial saludo.
Hay diferencias entre hombre y mujer,hay desigualdad,en el buen sentido de la palabra.Bienvenidas sean esas diferencias,que hacen al enriquecimiento espiritual que nace de la unión de hombre y mujer,a la formación de una familia,a esa "iglesia doméstica",que es la familia.Todo lo que responde al Orden Natural debe ser entonces admirado,protegido,promovido. Desde el puntode vista tomista,-me atrevo entonces a sostenerlo,- tendríamos que partir de la base,muy sencilla, de que los seres humanos,específicamente iguales,como tales,en cuanto a su dignidad,son desiguales en dotes personales.Bienvenida,entonces,como digo,esa desigualdad natural,que hace posible un orden social que supone aptitudes varias y funciones diversas.¿Como podríamos sustentar esa maravilla de la familia que nace del matrimonio,de la unión de hombre y mujer,si no partimos de la base,-atinente al Orden Natural,-de una desigualdad natural.Es esencial esa diferencia. Lo de "accidental" solo nos conduce a una confusión,pues todo lo que de esa diferencia natural depende zozobra,se conmueve,se hunde en el mar de la confusión de conceptos,en un malsano relativismo,o bien,como se ha señalado,aunque parezca paradoja,en el "dogma del relativismo",de la "perspectiva de género",en detrimento de las pobres neuronas a que alude,con acierto,el amigo Don Rafael. Saludos.
Estimados amigos:
Me parece importante recordar que hay dos sentidos de la palabra "accidental" en filosofía tomista: uno, que es el "accidente predicamental", opuesto a la sustancia, y otro, que es el "accidente lógico", que consiste en aquel predicado que se aplica con verdad a un sujeto pero que podría también no aplicársele sin que ese sujeto dejase de ser tal.
A mi modo de ver, la "perspectiva de género" considera la masculinidad y la femineidad como "accidentes lógicos", es decir, como predicados que no necesariamente van unidos a la noción de lo humano como tal.
Por lo mismo, el concepto de lo "esencial" se puede entender también de dos maneras: 1) Como lo que constituye la esencia de algo y forma parte de su definición 2) Como lo que, sin formar parte de la definición de algo, se sigue necesariamente de ella, es decir, de la esencia de la cosa. Ambos conceptos de lo "esencial" tienen en común que se trata de predicados necesarios, que no pueden faltar al sujeto en cuestión.
Pues bien, en mi opinión la distinción entre los sexos masculino y femenino, es decir, el ser "varón o mujer", es "esencial" en este segundo sentido, no en el primero. No es parte de la definición del hombre, que según Aristóteles es "animal racional". Pero sí es una propiedad "esencial" en el sentido de que deriva necesariamente de la esencia humana, el ser "varón o mujer".
La diferencia está, en que lo que se toma en el primer sentido de "esencial" cambia la especie. Así, si al "animal racional" le sacamos el "racional", no obtenemos otra forma de ser humano, sino otro ser que no es humano. Por tanto, si "ser varón" formase parte de la definición del "hombre" y fuese en ese sentido un constituyente de su esencia, en esa especie no podría haber sino varones, y las mujeres serían de otra especie.
Saludos cordiales Néstor Martínez.
Entiendo que Néstor Martìnez debería ampliar un poco mas los razonamientos que vierte en los dos primeros parrafos de su mensaje de 16 de febrero,pues alude a la "perspectiva de género", "disparate que implica avería de neuronas" como bien dice Rafael. Por consiguiente veo esos pàrrafos de su mensaje demasiado "asépticos",si puede emplearse la expresión, y por tanto merecen ser ampliados los conceptos. Gracias desde ya. Saludos.
Estimado D. Jorge, estoy de acuerdo con usted en que la desigualdad entre hombre y mujer es una diferencia esencial. Sin esta desigualdad no existiría el género humano. Me retracto, por lo tanto, de mi mensaje anterior (10 de Febrero). Caí en la trampa que, con su mejor intención, nos plantea D. Néstor, y lo sigue D. Mario. El tema de la diferencia de sexos en los animales, y en el hombre, es una cuestión empírica, que no se presta a un planteamiento lógico. La especie humana se compone de macho y hembra, como el resto de las especies. Se trata de observar las características de uno y otra.
Ahora bien, si encuadramos esta cuestión en los problemas de la ideología de género y de la igualdad entre el hombre y la mujer, tenemos que saber de qué estamos hablando. Y lo primero que aparece a la vista es que estas dos teorías no son tales teorías, sino consignas impuestas por el terror. Nadie se atreve a hablar, por ejemplo, de desigualdad. Lo segundo que aparece a la vista es que estas consignas lo que niegan es la evidencia. Como la evidencia no se puede demostrar, plantean serias dificultades. En Santo Tomás no vamos a encontrar el menor apoyo a estas consignas. Pero enseña cómo se resuelven sus dificultades. Por ejemplo, reduciéndo las “teorías” al ridículo.
La consigna de la igualdad entre el hombre y la mujer dice que la mujer no tiene derecho a existir a no ser que haga las mismas cosas que hace el hombre. La opresión del hombre la ha relegado a desempeñar funciones indignas. Ahora bien, al hacer la mujer las mismas cosas que el hombre, deja de hacer las que hace ella. Pero estas funciones son necesarias, y tiene que desempeñarlas el hombre. O sea, que una vez que la mujer es igual al hombre, el hombre se hace igual a la mujer. Con lo que la mujer nunca llegará a ser igual al hombre, porque cuando la mujer sea hombre, el hombre será mujer.
Esta bonita teoría la tienen resuelta los niños desde su más tierna infancia. Si se les pregunta quién es mejor, papá o mamá, el niño se queda callado. Pero, en sus cortas luces, seguro que piensa que papá es mejor en unas cosas, y mamá es mejor en otras.
Las consignas de género no tienen la menor entidad. Se trata de imponer la degeneración sexual, sin más ambages.
A diferencia de D. Jorge, no creo que D. Néstor tenga que aclarar conceptos. Creo que debería recordar el principio de Aristóteles, de que lo que hay de común en las cosas lo pone la mente. Las cosas no tienen nada en común. Es la mente humana la que no conoce los individuos, y primero se forma una idea común. Pero los individuos, es decir, lo que existe fuera de la mente, lo conocemos tanto mejor cuantas más diferencias podemos añadirles. Una cosa es “más cosa” en la medida en que se diferencia de todas las demás. La igualdad es el no ser.
Un cordial saludo.
Estimado amigo D.Rafael:Puede Ud.estar cierto de que estoy en un todo de acuerdo con su mensaje.Revela el msimo un enfoque acertadísimo de la cuestión de la "perspectiva de género".Con el sencillo ejemplo del niño en su tierna infancia,"ha dado Ud.en el clavo",como se dice vulgarmente.Pues en esa sencilla disyuntiva,ya ese niño,por obra del Orden Natural,sabe de sobra que mamá es mejor que papá en algunas cosas y viceversa,porque hay diferencias esenciales en ellos.Esa desigualdad hace que exista el género humano.Por otra parte,no podemos pasar,como dije en mi mensaje anterior,así,como al descuido,analizando la peligrosísisma perspectiva de género,sin señalar sus peligros. Sabemos que en foros donde se establecieron o explicaron sus bases,como el Foro de Mar del Plata,se nos ha dicho que "las diferencias entre hombres y mujeres responden a una estructura social y psicológica y no a condiciones biológicas",y que en definitiva "no existe el hombre "natura" ni la mujer "natura",y que "no hay conjuntos de características o de conductas exclusivas de un sexo,ni siquiera en la vida psíquica". Las consecuencias de tales premisas son funestas,pues,como dice un comentarista de dicha "perspectiva",Adolfo Castañeda,lleva a "una concepción tan amorfa de la persona humana,que da pie a todo tipo de comportamiento,por perverso que sea." Mi preocupación,y por tanto pedido de ampliación de conceptos, obedece al hecho que si estamos en un Foro donde cultivamos el pensamiento y obra de Tomás de Aquino,no podemos tratar el referido tema sin advertir claramente cuanto el mismo encierra de atentatorio contra el Orden Natural.Esa "consigna de género",como ud.acertadamente la define,es un arma de poder formidable para destruir vida,familia y por consiguiente, todo el Orden Natural establecido sobre las bases aristotélico-tomistas. Reciban todos mi mas cordial saludo,y nuevamente gracias,por su aporte,amigo Don Rafael.
Estimados amigos:
Ante todo, entiendo que debemos tratar la cuestión de si la diferencia entre el varón y la mujer es esencial a la naturaleza humana, o no, o bien, si la desigualdad entre varón y mujer es esencial a la naturaleza humana, o no lo es.
Reconozco que aquí se han enredado un poco los conceptos. Vamos por partes. Mi pregunta inicial era por la “diferencia” entre varón y mujer, a lo que don Rafael contestó que la “diferencia” en cuestión no era esencial. Ahora sostiene que la “desigualdad” es esencial, lo cual no necesariamente contradice lo anterior.
El problema con la “igualdad” y la “desigualdad” es que, como decía en un mensaje anterior, la palabra “igualdad” parece aplicarse, estrictamente, a las cuestiones cuantitativas, por lo que estaría fuera de lugar en este caso. El varón y la mujer no serían ni iguales ni desiguales, porque no son números ni cantidades en general. Por eso mi pregunta inicial era por la “diferencia”.
Ahora veo que también la pregunta por la “diferencia” así formulada es ambigua. En pocas palabras, porque se sigue necesariamente de la naturaleza humana que el ser humano sea varón o sea mujer. Pero no se sigue necesariamente de esa naturaleza humana que el individuo que tiene esa naturaleza sea varón, o que sea mujer.
Pero aún siendo así las cosas, el hecho de que ser varón o mujer se siga necesariamente de la naturaleza humana no quiere decir que forme parte de esa esencia, en cuyo caso debería formar parte también de la definición: “animal racional varón o mujer”.
Podría ser una “propiedad”, cuarto predicable, que es justamente aquello que se sigue necesariamente de la esencia de una cosa sin formar parte de esa esencia ni de su definición.
Un argumento a favor de esto último es que “ser varón o ser mujer” es una disyunción y que una disyunción no parece que pueda ser parte de la esencia o la definición de algo. Por ejemplo, para Aristóteles que todo número sea “par o impar” es una propiedad, y no es parte de la definición del “número”.
Podemos considerar entonces, dado un individuo humano concreto, tres notas posibles: 1) “ser varón o mujer” 2) “ser varón” 3) “ser mujer”.
La primera le corresponde necesariamente en virtud de la naturaleza humana, pero la segunda y la tercera no. Sí le corresponde necesariamente la segunda, o la tercera, según el caso, en virtud de su naturaleza individual, es decir, del hecho de que la naturaleza humana se realiza en ese individuo concreto particular. Es decir, el ser humano no es necesariamente varón, pero Pedro sí lo es.
Por eso, si miramos, no al individuo, sino a la naturaleza humana como tal, “ser varón o mujer” le corresponde necesariamente, pero no le corresponden necesariamente ni “ser varón” ni “ser mujer”, de lo contrario, o todos los seres humanos serían varones, o todos los seres humanos serían mujeres. Y en este último sentido, hay que decir que “ser varón” y “ser mujer” son “accidentes lógicos” para la naturaleza humana considerada en sí misma, y “a fortiori” entonces no pueden ser parte de la esencia del hombre, así considerados.
El sentido en que “ser varón o mujer” es esencial o no lo es, lo remito a mi mensaje anterior sobre los dos significados posibles de “esencial”.
Por el contrario, la “perspectiva de género” viene a sostener que “ser varón o mujer”, así, en disyunción, tampoco se siguen necesariamente de la naturaleza humana como tal, de modo que el ser humano podría perfectamente y tan “naturalmente” ser otra cosa que no sea ni varón ni mujer.
Respecto de la “perspectiva de género”, me parece importante precisar algunas cuestiones que tienen que ver con lo que entiendo es el espíritu de estos foros. Como bien dice don Jorge, aunque esto parece que también puede tener sus excepciones, partimos de la base de que adherimos al pensamiento de Santo Tomás, el cual es ciertamente radicalmente contrario a la “perspectiva de género”. Por eso mismo se podría pensar que están de más los pedidos de condenación explícita de dicha doctrina.
Pero más aún. Entiendo que la finalidad del foro es profundizar en las argumentaciones, no en los reaseguramientos mutuos que no deberían ser necesarios. No me parece que sea buena estrategia, ante esta ideología que se lanza hoy agresivamente a la conquista de la cultura mundial, argumentar solamente con afirmaciones de que es para cerebros carcomidos. Más allá de que eso sea verdad, el hecho es que tenemos que tener mejores argumentos, si es que queremos salir de la capilla o la sacristía y enfrentar en la calle a estos doctrinarios. No he estado nunca en España, pero por lo que me llega de allí, entiendo que esta ideología no es el menor de los problemas que en este momento se viven.
Hecha esta aclaración, espero continuar en lo que resta del foro tratando argumentativamente la cuestiones.
Saludos cordiales
Estimados amigos:
Según lo previsto por Don Rafael, retomamos nuestra vieja discrepancia respecto del nominalismo que él parece atribuir a Aristóteles y a Santo Tomás, erradamente, claro, a mi modo de ver.
Dice en efecto:
“Creo que debería recordar el principio de Aristóteles, de que lo que hay de común en las cosas lo pone la mente. Las cosas no tienen nada en común.”
Lo cual, según cómo se entienda. ¿No hay nada en común en la realidad entre dos seres humanos, o dos perros, o dos piedras? Afirmar esto parece claramente contra-intuitivo. En ese caso, el llamar “seres humanos” a los dos seres humanos sería pegarles desde fuera algo que no tiene nada que ver con su realidad. En la realidad no serían “seres humanos”. El predicado de “ser humano” no sería aplicable a lo que ninguno de los dos es en realidad, porque si se pudiese aplicar a uno, se debería aplicar igualmente al otro, y ahí tendríamos nuevamente "lo común en la realidad".
Por otra parte, es cierto que lo común no existe en la realidad como común. Todo lo que existe es individual por definición. Pero entonces recién hemos planteado el problema filosófico.
La única solución es que la proponen Aristóteles y Santo Tomás, que distinguir, en eso común, el contenido inteligible de lo que es común (“hombre”, “perro”, etc.) y el modo de existencia “común” o “universal” que tiene en la mente humana.
El contenido en cuestión, el contenido "común", es real, existe en las cosas, fuera de nuestra mente, pero no existe sino individualizado, singularizado, en las cosas: no es real, extramental, el modo universal y abstracto que ese contenido tiene en nuestra inteligencia.
Esto hace que Aristóteles y Santo Tomás sean realistas, y no sean nominalistas. El nominalismo, en efecto, consiste en no hacer esa distinción que hemos hecho, y negar pura y simplemente que lo común exista en las cosas del modo que sea.
Un ejemplo, adecuado sólo en parte, es el de una novela. ¿Dos personas pueden estar leyendo la misma novela? Salvo el caso de que se sienten una al lado de la otra, que dejamos de lado aquí, no pueden estar leyendo el mismo ejemplar de la novela, por lo general, se trata de ejemplares diferentes.
Pero es la misma novela. ¿Cómo puede ser la misma, si son dos ejemplares distintos, dos individuos existentes diferentes? Pero el “contenido inteligible”, la novela propiamente dicha, es uno solo, y es exactamente el mismo para todos los que leen los distintos ejemplares individuales.
¿Luego esa “novela única, común a todos los lectores”, existe en la realidad? Existe (de ese modo potencial, convencional, que tienen de existir en la realidad los libros) en cuanto a su contenido inteligible, no en cuanto a su comunidad, porque cada ejemplar existente es individual y distinto de los otros. Existe “singularizada” en cada ejemplar concreto.
El realismo y anti – nominalismo de Santo Tomás, y por refilón, de Aristóteles, se ve claro en pasajes como el siguiente: IIª-IIae q. 8 a. 1 Ad primum sic proceditur. Videtur quod intellectus non sit donum spiritus sancti. (...) Respondeo dicendum quod nomen intellectus quandam intimam cognitionem importat, dicitur enim intelligere quasi intus legere. Et hoc manifeste patet considerantibus differentiam intellectus et sensus, nam cognitio sensitiva occupatur circa qualitates sensibiles exteriores; cognitio autem intellectiva penetrat usque ad essentiam rei, obiectum enim intellectus est quod quid est, ut dicitur in III de anima. Sunt autem multa genera eorum quae interius latent, ad quae oportet cognitionem hominis quasi intrinsecus penetrare. Nam sub accidentibus latet natura rerum substantialis, sub verbis latent significata verborum, sub similitudinibus et figuris latet veritas figurata, res etiam intelligibiles sunt quodammodo interiores respectu rerum sensibilium quae exterius sentiuntur, et in causis latent effectus et e converso. Unde respectu horum omnium potest dici intellectus. Sed cum cognitio hominis a sensu incipiat, quasi ab exteriori, manifestum est quod quanto lumen intellectus est fortius, tanto potest magis ad intima penetrare. Lumen autem naturale nostri intellectus est finitae virtutis, unde usque ad determinatum aliquid pertingere potest. Indiget igitur homo supernaturali lumine ut ulterius penetret ad cognoscendum quaedam quae per lumen naturale cognoscere non valet. Et illud lumen supernaturale homini datum vocatur donum intellectus.
IIª-IIae q. 8 a. 1A lo primero se procede así: parece que el intelecto o entendimiento no es un don del Espíritu Santo. (...) Respondo que hay que decir que el nombre de intelecto implica cierto íntimo conocimiento, pues “inteligir” es como “leer dentro”. Y esto aparece claramente si consideramos la diferencia entre el intelecto y el sentido, porque el conocimiento sensitivo se ocupa de las cualidades sensibles exteriores, pero el conocimiento intelectivo penetra hasta la esencia de la cosa, porque el objeto del intelecto es “lo que algo es”, como se dice en el III “De Anima”. Pero hay muchos géneros de esas cosas que laten interiormente, a las que es necesario que el conocimiento humano penetre como intrínsecamente. Porque bajo los accidentes late o se oculta la naturaleza sustancial de la cosa, bajo las semejanzas y las figuras late la verdad figurada, y también las cosas inteligibles son de algún modo interiores respecto de las cosas sensibles que exteriormente se perciben, y en las causas laten los efectos e inversamente. Por lo que respecto de todas estas cosas puede decirse que hay intelecto. Pero como el conocimiento humano comienza por los sentidos, como del exterior, es manifiesto que cuanto más fuerte es la luz intelectual, más puede penetrar en lo íntimo de las cosas. Ahora bien, la luz natural de nuestro intelecto es una virtud finita, por lo que puede llegar hasta cierto límite solamente. El hombre, por tanto, necesita una luz sobrenatural para penetrar ulteriormente hacia el conocimiento de algunas cosas que no puede conocer por la luz natural. Y esa luz sobrenatural se llama “don del intelecto o entendimiento”.
Para Santo Tomás, el intelecto humano “penetra hasta la esencia" o "naturaleza substancial" de la cosa” la cual “late o se oculta” “bajo los accidentes” captables por los sentidos. La función del intelecto es “penetrar en lo íntimo de las cosas”, ya que la misma etimología de la palabra “inteligencia” indica “cierto íntimo conocimiento”, pues “inteligir es “leer dentro””.
Ese adjetivo “íntimo” se refiere obviamente, por tanto, a la intimidad de la cosa conocida, a su “ser en sí”.
En eso, Santo Tomás se siente de acuerdo con lo que dice Aristóteles en el III “De Anima”.
Pero el intelecto humano hace todo eso, según Aristóteles y Santo Tomás, mediante los conceptos universales, con los cuales se elabora también la definición que expresa "lo que la cosa es".
Luego, para Santo Tomás, lo representado en los conceptos es la naturaleza intima de la cosa misma, o un aspecto de ella, y por ello Santo Tomás (y Aristóteles, a quien sigue Santo Tomás en esto) es realista, y no nominalista.
Saludos cordiales
Dice bien Don Néstor en el sentido de que necesitamos tal vez mas argumentaciones.Dice también que tenemos que "salir de la capilla o sacristía",para "enfrentar aquella ideología" que nos ocupa.Sin perjuicio de la impecable alusión al "deterioro de neuronas" a que alude Don Rafael,que suscribo en todos sus términos porque es de un realismo extraordinario,-solo lo real es verdadero,-me atrevo a aportar a este foro,y en particular a Don Néstor que requiere mas argumentos,los siguientes:1)los portaestandartes de esta "perspectiva de género",que por cierto lo que menos tienen es de tomistas,han intentado,y diría yo que en los hechos lo han logrado,una reelaboración de la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas agregando la llamada "orientación sexual",a la enumeración del art.2. La reelaboración de este art.2 va a repercutir sobre todos los derechos que tienen que ver con matrimonio,familia y sexualidad. 2)La reelaboración proyectada añade además,en otro artículo la frase de que "los diversos grupos tienen derecho a establecer sus propias formas de vida familiar."Es decir,que en los hechos, esa "ideología que se lanza hoy agresivamente a la conquista de la cultura mundial",como acertadamente expresa Néstor Martínez, representa,-cito frase de un comentarista del tema,de donde he extraído estos datos,Don Adolfo Castañeda,-"una de las armas ideológicas mas peligrosas para destruir la vida y la familia,y por ende,la sociedad."De manera entonces que no se trata,-en ese aspecto discrepo con Don Néstor,-de "reaseguros"o de argumentar solamente con calificaciones peyorativas,sino de detenernos cuando hay un tema que directamente atañe a lo que estamos tratando,y que es de palpitante actualidad.No se trata solamente de "condenaciones explícitas",aunque estas tienen que ir,-de suyo,-ya que estamos convencidos de que el pensamiento de Santo Tomás de Aquino es radicalmente contrario a la "perspectiva de género".Ahora bien, y continúo el razonamiento:si esa oposición es radical,si en España,o en América,o en diversas partes del mundo no es el menor de los problemas,si vemos que avanza en costumbres,en legislación,en cultura,etc.,entonces tenemos que detenernos en ella,para tener medios para ese combate argumental y sólido que propone Don Néstor.De lo contrario se produce,paradojalmente,-y que me perdone Don Néstor,-esa discusión de capilla o sacristía,sin mas, dejando de lado el profundizar en los temas que están en el mundo,y que son radicalmente contrarios al tomismo.Mas,diría yo,teorìas e ideologías que representan una reconstrucción de la sociedad,que nos quiere imponer en forma,-diríamos totalitaria,-una nueva forma de ver y vivir.Una verdadera etapa de subversión cultural.Por ello no dejaremos de tratar argumentativamente las cuestiones. Un cordial saludo.
Estimados amigos. En la Catena Aurea in Ioannen, Santo Tomás cita una frase de San Agustín que puede tener interés en el tema que estamos debatiendo. Al comentar la frase del Señor “la paz os dejo, mi paz os doy” (cap. 14, lect. 7, al final), cita a San Agustín, que dice: “Nos dejó la paz en este siglo; permaneciendo en ella vencemos al enemigo, y para que también aquí nos amemos unos a otros” (Pacem nobis reliquit in hoc saeculo, in qua manentes hostem vincimus, et ut etiam hic invicem diligamus).
Estos dos resultados de la paz me parecen importantes en el tema de este bimestre. Por una parte, la Iglesia no tiene adversarios, sino que tiene un enemigo, “la serpiente antigua”, como lo llama San Juan en el Apocalipsis. A este enemigo lo vencemos permaneciendo en la paz que nos dejó Cristo. Por otra parte, la señal que nos dejó para que el mundo conozca que somos sus discípulos es que los cristianos nos amemos unos a otros. No se trata del amor universal masónico, ni de grandes gestas, ni ninguna otra cosa. Se trata de que los cristianos nos amemos unos a otros. La paz y la caridad son nuestras armas básicas e imprescindibles.
La importancia del tema de este bimestre yo la veo en que la batalla del enemigo está planteada desde el principio en contra de la mujer. La mujer le aplastará la cabeza. Pero la serpiente le herirá el talón. Es decir, herirá la base en la que se apoya, intentará sacarla de quicio. Así, en el paganismo antiguo, la mujer no era considerada un ser inferior al hombre, como inventó Hegel, sino un verdadero peligro para él. Hesíodo lo resume perfectamente en su Teogonía: cuando Zeus creó a la mujer, los dioses le concedieron sus mejores dones. Pero Zeus puso en su corazón la maldad. En el paganismo a partir de Hegel (posiblemente por influencia también de los Hermanos Masones), la mujer no es malvada, sino un ser inferior al que hay que ayudar para que sea igual al hombre.
El quicio, el talón en el que se apoya la mujer, lo da la Sagrada Escritura. El Génesis dice en general que Dios creó los animales y las plantas. Pero en el caso del hombre especifica que los creó hombre y mujer. Es decir, creó el matrimonio, la familia, cosa que no existe en los demás seres vivos. Al explicar con más detalle la creación del hombre (hombre y mujer), dice que al varón lo formó con barro, es decir con las mismas sustancias que componen el mundo material: “Y por eso al hombre se le llama microcosmos, porque todas las criaturas del mundo se encuentran de algún modo en él” (I q. 91 a. 1 c. Et propter hoc homo dicitur minor mundus, quia omnes creaturae mundi quodammodo inveniuntur in eo). Pero a la mujer no la formó del barro, sino de la costilla del varón. Esto significa que la cabeza, el origen, es el varón. La mujer, en cambio, es la ayuda que el varón necesita. Esto no significa que sea sierva: es compañera.
Lo que cuenta D. Jorge sobre los derechos humanos es aterrador. Pero es natural. Tenían que perder, antes o después, su falso baño de sentido común. Sobre esto, y los muchos problemas que aquejan al mundo, yo pienso que no pasa nada que no esté ya anunciado en el capítulo 24 del evangelio de San Mateo. La brutalidad de la serpiente es tal que si Dios no le pusiera límite, no se salvarían ni los elegidos (cfr. v. 22). En opinión del Evangelio, los cristianos no vamos a arreglar el mundo. Va cada vez a peor hasta que llegue el fin, y la batalla es contra la mujer.
Un cordial saludo. D. Néstor, espero poder contestarle en breve.
Si,efectivamente,la batalla es contra la mujer.Y por ello,la "serpiente antigua"que bien recuerda D.Rafael,intenta herirla en el calcañar.Pero ella aplastará su cabeza,según nuestra esperanza cristiana.De esa mujer,que sabemos a quien representa,coronada con doce estrellas,y de que nos habla el Apocalipsis.Todas ellas, unas señales clarisimas,en definitiva,de esto que vemos,de esta gigantesca ofensiva contra las bases mismas de nuestra Cristiandad.Si,porque hasta esas doce estrellas doradas sobre fondo azul,que están en el símbolo de la Unión Europea,en definitiva,y que son el recuerdo perenne de la Virgen Madre,pretenden ser borradas o desconocidas cuando se niegan,torpemente, las bases y orígenes cristianos de Europa,para confundirlo con un sincretismo que horroriza,pues,-aunque no tiene ni pies ni cabeza,-no importa, pues de lo que se trata es de confundir y borrar lo cristiano. De todas maneras,la esperanza está en la paz que nos da Cristo,que es la única que debemos reconocer,no la que da el mundo,como El mismo nos lo expresa. Sobrada experiencia tenemos en la historia de toda esta ofensiva contra la mujer,comenzada con el marxismo revolucionario y continuada por cuantas ideologías funestas han encarnado el Misterio de Iniquidad,y continuada en nuestros días con estas "perspectivas",de que nos ocupamos.Si se hieren sus bases,como bien se recuerda,se hiere en su centro de sustentación el Orden Natural. Por todo ello,es importantísimo que convengamos en todo esto,que profundicemos en todos estos elementos que están en Fray Tomás y que son de una actualidad impresionante.Lo que encontramos en la "Catena Aurea",en el Génesis,todo el sorprendente orden de la Creación,la presencia de la serpiente,etc.todo ello nos lleva a una reflexión fecunda sobre las verdades que podemos y debemos hacer resplandecer. En definitiva,si vemos que quienes pueden y deben hablar callan,si vemos que una formidable ofensiva de prensa radio y televisión,nos pretende mostrar como verdaderos mesías a quienes a poco de actuar ya dan muestras de sus intenciones,que no son las que convienen a la edificación "de todas las cosas en Cristo", podemos y debemos expresarnos,no solo en capillas o cenáculos,sino en público,en la medida de nuestras posibilidades. Hace poco tiempo,a tres días de asumir la Presidencia,el Sr.Obama libera los fondos llamados de "Ciudad Mexico",para ayudar a los abortistas de todo el mundo,en desmedro de los planes de ayuda a los necesitados,atendidos por AID.Ante esto,sorprendentemente,de filas católicas,vaticanas,mas específicamente, se expresó que eso era un "decepción",con respecto del nuevo mandatario.Entonces, no nos reponemos de la sorpresa:solo "decepción",en lugar de un firme pronunciamiento de condena!!.Vemos entonces que esos nuevos "hombres providenciales",que son,según se nos cuenta, una nueva "esperanza",se descuelgan de inmediato con medidas que van en el sentido de los servidores de la iniquidad. Hay estimados foristas,mucho mas para hablar y profundizar,a la luz del Aquinate y de las Escrituras.Adelante,gracias a todos. Saludos cordiales.
Estimados amigos: La llamada “perspectiva de género” sostiene, a modo de tesis central, que la femineidad y la masculinidad no están determinadas por el sexo (entendido en términos “tradicionales”) sino por la cultura y la sociedad. Por eso, de acuerdo con esta “perspectiva”, mientras el sexo - ser varón o mujer- depende de la naturaleza o de la biología (la palabra “naturaleza” no goza de buena prensa entre los cultores de la “perspectiva”) el género, en cambio, es una construcción sociocultural. Simón de Bouvier, la líder feminista, decía, adelantando esta tesis: “No naces mujer, te hacen mujer”.
De esta manera, “hombre/masculino” puede referirse a un cuerpo masculino o femenino; a su vez, “mujer/femenino” puede, también, referirse a un cuerpo masculino o femenino. Estamos, pues, frente a una teoría que separa radicalmente el sexo de la naturaleza e introduce la noción de “género” con el evidente propósito de hacer de la sexualidad humana un objeto de libre elección.
Existen grados diversos dentro de esta perspectiva. Los menos radicalizados apuntan a la ya mencionada diferenciación entre género y sexo en orden a establecer lo que llaman “la equidad o igualdad de género”. Los más radicales, en cambio, bajo la influencia del estructuralismo de Derridá, Foucault, etc., llegan a proponer la “desconstrucción del género” que nos lleve a una sociedad sin géneros que es la meta a la que aspiran los portaestandartes de semejantes tesis.
Tenemos, pues, frente a nosotros una ideología (no es otra cosa que eso aunque se revista de ropajes científicos) que introduce en la sexualidad humana una profunda disyunción, esencialmente contraria a la unidad de la sexualidad humana que es el correlato, sin duda, de la unidad del hombre. Por eso, llamados –como muy bien dice el Lic. Néstor Martínez- a proceder argumentativamente e inspirados en la doctrina del Doctor Común, lo que debemos plantearnos es una verdadera antropología de la sexualidad humana de fundamento tomista. Por este camino, me parece, deben ir nuestras indagaciones.
Veamos algunos elementos. Por regla general cuando se habla de sexualidad suele apelarse a una triple distinción:
1) Un sexo biológico, que describe la corporeidad de la persona con referencia al patrón sexual genético o genotipo (XX o XY), a las gónadas (órganos sexuales, ovarios o testículos) y a la constitución sexual somática o fenotipo.
2) Un sexo psicológico que apunta a una serie de características observables en el plano de la conducta, de los hábitos y de las experiencias intrapsíquicas de la persona en tanto es varón o mujer.
3) Un sexo legal o civil que es el se le asigna a una persona en el momento de nacer.
Pues bien, esta distinción debe ser sometida a crítica pues ella está viciada de dualismo y de fenomenismo; uno y otro impiden ver la unidad de la sexualidad. En efecto, ella es un todo único y no vale distinguir entre un sexo biológico y otro psicológico (puede aceptarse esta distinción sólo a título descriptivo) toda vez que el cuerpo sexuado es un cuerpo animado por una psiquis y las diferencias observadas en el plano psicológico no son autónomas respecto del cuerpo sino que dependen -dicho en buen tomismo- de las complexiones o disposiciones corporales. Tampoco el sexo legal tiene sentido por sí mismo pues no es otra cosa que el reconocimiento, por vía de la ley positiva, del orden natural.
De hecho esta distinción está concebida en vista de las alteraciones sexuales. A veces, el llamado “sexo genético” no corresponde con el sexo fenotípico o, bien, el sexo biológico no corresponde al “sexo psicológico”. Se presentan, a veces, casos en los que es preciso asignar legalmente un sexo. Pero aquí estamos en el terreno de la patología y en este terreno no quiero entrar ahora. Atendamos, pues, a la sexualidad normal, la del hombre normalmente constituido.
¿Qué puede aportar la antropología tomista en orden a una cabal comprensión de la sexualidad humana?
En primer lugar que ser varón o ser mujer no es algo ocasional sino que responde a la intención de la naturaleza en vista a la obra de la generación; y la intención de la naturaleza depende de Dios, no del arbitrio de los hombres.
En segundo lugar, la sexualidad puede reducirse a la categoría de accidente propio que se deriva de la esencia humana aunque no es parte de ella. Pero que sea accidental no nos acerca a la perspectiva de género, como plantea la segunda cuestión propuesta por el Moderador. En efecto, la perspectiva de género, como dijimos, concibe la sexualidad, es decir, la masculinidad o la feminidad, como un “constructo” sea a través del medio sociocultural, sea por medio de la voluntad del individuo que se “construye” a sí mismo varón o mujer según el arbitrio de su libertad. El carácter accidental de la sexualidad está ligado estrechamente a la naturaleza pues es una perfección o una modalidad de la naturaleza y no es algo que se añade o se quita según el arbitrio social o individual.
En tercer término, siendo la sexualidad un accidente se integra en la unidad de la persona humana. Sabemos por Santo Tomás que en la persona no sólo subsiste la naturaleza racional sino también la materia individuante y los accidentes. Quiere decir que la sexualidad es una dimensión de la persona humana y participa, por ello, de la eminente dignidad de la persona. Toda una rica veta a explorar, por cierto.
Finalmente, podemos señalar un triple significado de la sexualidad, a saber:
1) ella es cifra de identidad personal;
2) dice relación de alteridad pues la sexualidad supone un “otro” como término ad quem;
3) dice complementariedad pues mujer y varón están ordenados a la mutua complementación y a hacerse uno en el misterio insondable de la nupcialidad.
Saludos cordiales
Dejo planteada una interrogante.No veo muy claro el fundamento de algún aspecto de la crítica que hace Mario Caponnetto a la "triple distinción" que se hace cuando se habla de sexualidad.Por ejemplo,nos dice que"el sexo legal no tiene sentido por si mismo...pues es el reconocimiento por via de la ley positiva,del orden natural." La ley positiva,como entendemos,debe tender siempre a reconocer el orden natural, y por tanto,es en eso que adquiere sentido y valor.La ley positiva es tanto mas justa cuando mas está en consonancia con la Ley Natural.Por que razón,esa triple distinción está"viciada"de dualismo y fenomenismo? Además,me pregunto si también esa "perspectiva de género"no somete a una crítica a esa "triple distinción"para fundar sus erróneas conclusiones.Se que el problema es sumamente complejo,pero,honestamente,dejo planteada esta interrogante. Saludos.
Sin desperdicio el comentario del Nestor sobre el nominalismo. Creo que ya había presentado el ejemplo de la novela meses atrás, pero acá lo ha puesto de una manera muy pedagógica. Lo voy a usar en mis clases de epistemología ya que creo que ayudará mucho para que los estudiantes se cuestionen los axiomas empiristas con los que son bombardeados continuamente. Le agradezco a Nestor este aporte.
En esta línea a mi me parece que el principio de negación del error de la perspectiva del género tiene su raíz en el nominalismo. Mario lo expone muy bien de entrada al definir esta perspectiva: la diferencia entre mujer y varón sería convencional, y en última instancia aparente. Por otro lado, quizás sería provechoso también identificar el principio de movimiento de la perspectiva del género. Esto puede ayudar a encontrar maneras de aproximación al diálogo con la gente que está equivocada con buena intención. Mi impresión al respecto es que este estudio es bastante más complicado, porque intervienen elementos sociológicos y psicológicos, que al menos para mi, que fui formado en ciencias duras, me resultan difíciles de manejar. Lo dejo por ello a consideración del foro: ¿qué aspectos parciales (y por supuesto accidentales) son ciertos en los planteos de la perspectiva del género?
Estimados amigos:
Don Jorge pregunta por qué razón la triple distinción entre sexo biológico, sexo psicológico y sexo legal o civil está viciada de fenomenismo y de dualismo. Procuraré responder a esta cuestión.
En una consideración fenoménica de la sexualidad resulta posible y legítimo distinguir diversos planos en los que el fenómeno sexual puede, digamos así, diversificarse. De esta manera podemos hablar de un plano biológico (que, a su vez, comprende lo genético, lo gonadal y lo fenotípico), de un plano psicológico y de un plano legal o civil. Esto no es otra cosa que legítima fenomenología. Pero, si a partir de la constatación de esta diversidad de planos, deducimos que la sexualidad es, en sí misma, una realidad fragmentada de tal modo que a un “sexo biológico” puede oponérsele un “sexo psicológico”, etc., aquí, me parece, se cae en fenomenismo (que consiste en hacer de los fenómenos no un punto de partida sino una explicación); y se cae también en dualismo al olvidarse que el cuerpo sexuado es un cuerpo animado unido substancialmente al alma. El sexo es, por tanto, una realidad única y una.
En cuanto al sexo civil o legal estoy de acuerdo con lo que sostiene D Jorge, a saber, que el sentido y el valor de la ley humana consisten en reconocer el orden natural. Pero cuando la ley intenta imponer un “género” contrario a lo que corresponde por naturaleza -y esto ocurre toda vez que las leyes autorizan el cambio de sexo en travestis y transexuales- allí es donde nos encontramos en dificultades.
Por último, no me parece que la perspectiva de género someta a crítica esta triple distinción; más bien es tributaria, en alguna medida, de ella puesto que también disocia la sexualidad humana mediante la oposición dialéctica entre lo dado por la naturaleza y la “construcción” o “desconstrucción” del género.
Un cordial saludo
Estimados amigos: Agradezco a Don Mario su pronta respuesta y ampliación de fundamentos.En un todo de acuerdo,en especial en lo legal. Sin perjuicio de lo expuesto,en lo que atañe a considerar la "perspectiva de género" como "tributaria de la "triple distinción",mas bien entiendo que ella no es tributaria sino distorsionadora de la misma.Dicho en términos sencillos,cuando todo funciona "como Dios manda" esa triple distinción,funcionando,como digo,armónicamente,obedece al Orden Natural.Por el contrario,la "perspectiva"que nos ocupa trata de subvertirla,de cambiar los términos,expresando que como no concuerdan,ni hay armonía entre lo biológico y lo psicológico,se imponen los cambios,de sexo,de estados legales,etc.todo ello con las anteojeras ideológicas aludidas.Por consiguiente no habría situación de tributo de una a otra,sino de rebeldía y subversión.Reflejando,en último término y como consecuencia, una no correspondencia de la Ley Positiva con la Ley Natural. Capítulo aparte. Me ha llamdo la atención la "propuesta de diálogo",si es que así puedo llamrla, que formula Don Alejandro Clausse en su última intervención. Es un terreno sumamente complicado que hace que se deba analizar cuidadosamente,con suma cautela,las bases que deben tenerse presente en todo diálogo,para poder abordar un diálogo en un asunto de tal naturaleza,tan espinoso como difícil.Esperamos una ampliación de los argumentos de Don Alejandro al respecto. Cordiales saludos.
Estimados amigos:
Me alegra que pueda parecer útil el ejemplo de la novela, y por eso mismo quisiera afinarlo un poco. En realidad, la existencia actual de la novela no está en el papel, sino en la mente de los que leen. Lo que hay en el papel son signos convencionales que por convención, precisamente, despiertan en la mente del lector las palabras correspondientes. Pero igualmente, en cada lector individual se da una existencia mental individual de la novela, distinta de la existencia mental e individual de la novela en otro lector cualquiera. Y en cada una de esas existencias mentales individuales se realiza concreta e individualmente el contenido intelectual que es común (de ese modo, solamente) a todas esas realizaciones individuales, y que llamamos la única novela en cuestión.
Obviamente, yendo más a fondo, está también el mundo de todas las novelas posibles, independiente de nuestras mentes individuales, pero realizado concretamente en la mente divina. Y entre ellas está nuestra novela del ejemplo. Pero en ese caso también se trata de una realización individual y concreta, sólo que no contingente ni relativa, sino necesaria y absoluta. La universalidad es en todos los casos el “respectus” que la mente en cuestión contempla del objeto de su intención mental “novela” hacia todos los ejemplares concretos y todas las realizaciones mentales concretas.
En breve retomo, Dios mediante, el tema de nuestra discusión mensual. Respecto de eso, precisamente, estimo que es verdad que el nominalismo influye en la “perspectiva de género”. Si no hay esencias, no hay naturaleza humana, y entonces, tampoco el ser varón o el ser mujer puede ser algo enraizado en esa naturaleza humana que no existe.
Saludos cordiales
Estimados amigos:
Me parecen muy clarificadoras las intervenciones de don Mario. Solamente haría dos precisiones terminológicas:
1) para la “perspectiva de género” el ser “varón o mujer” no es natural, sino que es justamente lo que es una construcción cultural. Así se entiende que el dicho de De Beauvoir, “una no nace mujer sino que llega a serlo” (creo que lo dice así, no he cotejado), sea coherente con esa perspectiva. ¿Qué es entonces lo “natural”?
Bueno, claro, en realidad no puede decirse coherentemente, porque esta ideología no es al final coherente. Pero se podría decir que es ser “macho o hembra”, o algo así. De hecho, las más radicales exponentes dicen que también el sexo biológico es “cultural”, lo cual sí ya no hay nadie que lo entienda, pero tal vez sea la forma más coherente de este error.
2) El único sentido en que la noción de “accidente” aplicada a la sexualidad humana nos acercaría a la “perspectiva de género” sería si hablamos del “accidente lógico”, y no del accidente propiedad o del accidente predicamental. Porque en efecto el accidente lógico es lo que puede darse o no en un sujeto, y eso es lo que sucede con una “construcción cultural”.
El tema de los partidarios “moderados” de esta perspectiva me parece que es el que más atención requiere, y en eso coincido con Don Jorge. Porque es una realidad que algunos sectores eclesiales adhieren al parecer a esta versión “moderada”. El asunto es si puede existir tal versión “moderada” del “género”, y seguir siendo “perspectiva de género”, y en qué podría consistir.
Saludos cordiales
Estimados amigos:
Respecto de una parte del último mensaje de Don Rafael, me parece que es claro que el Nuevo Testamento habla de un fin de los tiempos bastante catastrófico, pero no tan claro que el proceso histórico hasta llegar ahí sea de progresivo aumento del mal sin más. Al menos, habría que usar la imagen del trigo y la cizaña, que ya había aplicado Maritain a este tema: progresivo aumento del bien y del mal juntos: “déjenlos crecer juntos hasta el tiempo de la siega”.
Pero aunque así fuese, tampoco es dogma de fe que estemos tan cerca del fin de los tiempos. Sin duda, los actuales son tiempos catastróficos. Pero al parecer también lo eran en el año 1000, tanto, que mucha gente, ayudada además por el simbolismo de la fecha, es verdad, creyó que había llegado el fin del mundo.
Lo que tenemos claro es la misión que el Señor nos encomendó para todos los tiempos “Vayan y hagan discípulos...”, o sea, evangelizar. Ahora bien, en mi opinión estas cuestiones de ley natural interesan mucho a la evangelización. Siempre es una ventaja que el destinatario de la evangelización sea un ser humano. O una sociedad más o menos humana. Al menos desde un punto de vista, claro. Pero además, en sí mismo es un deber el tratar de evitar que nuestra sociedad se convierta en un pandemonium. O que se vuelva un pandemonium peor.
Claro, al final no hay dónde retirarse, y entonces, capaz que los más enclaustrados son los que responden mejor, a saber, con el martirio. Eso suele ser lo que más ayuda, incluso a sanear el ambiente humano. En fin, que el Señor nos ayude.
Saludos cordiales
Estimados amigos: Los partidarios "moderados"a que alude Don Néstor en su mensaje de hoy es un tema bastante curioso,y merece,naturalmente, atención.Personalmente,-surge de mis mensajes anteriores,-no me he pronunciado sobre su existencia,y,al igual que a Néstor,se me plantea la duda de si pueden existir esos moderados sin dejar de ser,automáticamente,sustentadores de tal posición. Ahora bien,dice además que hay sectores eclesiales que adhieren a esa supuesta posición moderada.Esto si ya resulta preocupante,pues esos "sectores eclesiales"parecería no tienen bien en claro lo que están admitiendo.Además,volvemos a lo del principio:¿moderados en que?.¿Que es lo que aceptan de tal posición y por tanto,dado eso,la "perspectiva"les parece admisible?Son todas interrogantes a formularse.Pues en este caso,no podríamos quedarnos en un dubitativo:"si..pero..." ¿Son acaso los "equivocados con buena intención"a que alude en su mensaje Don Alejandro? Tomando la propuesta de este último,no conviene dejar de lado que un verdadero diálogo requiere,-aparte de la buena fe de ambas partes,-algunos puntos en común,para poder sentar los débiles canales de comunicación y conincidencia que se pretende fortificar paulatinamente,para llegar a construir algo positivo. Y en esto vuelvo a la inteligente reflexión que hace Don Néstor en el final de su mensaje:¿se puede ser "moderado" sin dejar de ser partidario de la "perspectiva"? No olvidemos,-en esto estamos,al parecer,todos de acuerdo,-que en tal posición hay una fuerte carga ideológica,y sabemos que el ideólogo desatiende la realidad,para aferrarse a lo que quiere imponer. Es tema de reflexión. Saludos cordiales.
Salvado de errores:donde dice."conincidencia" debe decir "coincidencia".Anque resulte muy grueso el error tipográfico,debe quedar constancia.Gracias. Saludos.