Estimados amigos:
Planteo entonces la primer cuestión a debatir este mes: ¿Santo Tomás negó la igualdad entre el varón y la mujer?
Esta breve cuestión tiene una breve respuesta. El hombre y la mujer no son iguales, por lo tanto Santo Tomás jamás defendió que lo fueran.
Un cordial saludo.
Estimados: La intervención de Don Rafael nos plantea efectivamente estas preguntas: ¿En qué sentido son "iguales" el varón y la mujer? ¿O no lo son en sentido alguno? En este último caso ¿podemos mantener que ambos pertenecen a la misma especie?
Saludos cordiales
Estimo que se ha de distinguir entre igualdad de naturaleza y desigualdad accidental. En cuanto a lo primero, varón y mujer pertenecen a una misma naturaleza, la naturaleza humana. De lo contario habría que admitir o bien que uno de los dos no fuese humano o bien que existan dos naturalezas humanas; ambas cosas absurdas. La desigualdad entre varón y mujer se da en el orden accidental. En este sentido, la sexualidad es un accidente. Queda por ver qué tipo de accidente. ¿Es un accidente propio? Un cordial saludo
Estimados amigos:
Un saludo al Dr. Caponnetto con quien hace tiempo que no intercambiábamos mensajes virtuales.
Efectivamente, en mi opinión la distinción clave aquí es la distinción entre "accidente necesario" o "propiedad", que figura en el cuarto lugar en la lista de los "predicables", y "accidente lógico", que figura en el quinto lugar. La diferencia es que el segundo es contingente mientras que el primero es necesario. Decimos que es "accidental" ser alto o bajo, en el sentido del "accidente lógico", pero en ese sentido, no es "accidental" que el ser humano sea varón o mujer. Sí en el sentido de la "propiedad": un accidente, pero un accidente que emana necesariamente de la esencia en cuestión.
El tema de la "igualdad", evidentemente que debe ir también por el lado que señala Don Mario. Solamente que aquí hay una cuestión terminológica interesante. Según el texto de Metafísica de los profesores Alvira, Clavell y Melendo, lo "uno en la sustancia" es lo "idéntico", y esto se extiende también a la unidad en la sustancia que no es individual, sino específica.
Según esto, el varón y la mujer no serían "iguales", sino "específicamente idénticos".
Porque la "igualdad", según el mismo texto, es la "unidad en la cantidad", como cuando decimos que dos cantidades de ladrillos son "iguales".
En todo caso, tampoco el varón y la mujer serían "desiguales", porque eso sólo tendría sentido, según lo dicho, aplicado a aspectos cuantitativos de las cosas.
Eso nos deja pendiente la cuestión de en qué sentido de habla de "igualdad" desde la Revolución Francesa hasta nuestros días.
Si quitamos de en medio la palabra "igualdad", entonces, hay que ver cómo plantear la pregunta respecto de Santo Tomás y su doctrina sobre la mujer.
¿Qué pasa con la palabra "superioridad"? ¿Puede seguir en discusión una vez que la "igualdad" ya no se aplica?
Saludos cordiales
Estimados amigos: Retribuyo el saludo del Lic. Néstor Martínez. Si ponemos la sexualidad en términos de accidente propio creo que hemos avanzado mucho en la comprensión de nuestro tema. También me adhiero a la precisión terminológica: entre varon y mujer no hay "igualdad" sino identidad específica. En cuanto a la superioridad, me parece que hoy resulta muy difícil mantener una superioridad del varón respecto de la mujer. ¿En qué se fundaría? En lo biológico, no. En lo psicológico, moral o social (incluyendo en lo social, en primer lugar lo doméstico) tampoco veo razones. En mi opinión, entre varón y mujer hay diversidad de misiones y funciones pero no, propiamente, superioridad. Queda pendiente lo de San Pablo: el varón es cabeza de la mujer. Pero, tal vez, debamos entender esto en un sentido más bien sacramental y místico: en la Iglesia doméstica el varón es como la cabeza y la mujer como el cuerpo. Por eso, el mismo Apóstol dice que todo esto lo entiende como la relación que se da entre Cristo y la Iglesia. Un cordial saludo. Mario. PD: en cuanto a lo doméstico,en mi caso al menos, la que manda en casa es mi mujer.
Estimados amigos:
Recordando el texto de Santo Tomás, por ejemplo:
"1. Considerada en relación con la naturaleza particular, la mujer es algo imperfecto y ocasional. Porque la potencia activa que reside en el semen del varón tiende a producir algo semejante a sí mismo en el género masculino. Que nazca mujer se debe a la debilidad de la potencia activa, o bien a la mala disposición de la materia, o también a algún cambio producido por un agente extrínseco, por ejemplo los vientos australes, que son húmedos, como se dice en el libro De Generat Animal. Pero si consideramos a la mujer en relación con toda la naturaleza, no es algo ocasional, sino algo establecido por la naturaleza para la generación. La intención de toda la naturaleza depende de Dios, Autor de la misma, quien al producirla no sólo produjo al hombre, sino también a la mujer."
no parece que aquí Santo Tomás no se solidarice con la tesis de Aristóteles, más bien parece que la acepta y la complementa con su reflexión sobre la intención de la naturaleza en general, buscando armonizarla así con la Sagrada Escritura.
Lo que parece claro es que aquí Santo Tomás depende de la ciencia de su tiempo, es decir, de Aristóteles, y que dos de los supuestos del razonamiento aristotélico, a saber, que el principio activo de la generación es solamente el varón, y que el varón tiende a la producción del varón de modo que la diferencia de sexos viene de la mujer, que de algún modo hace "fallar" al semen masculino, son falsos, desde que es justamente el varón el que decide el sexo masculino o femenino de la descendencia.
Saludos cordiales Néstor Martínez.
Estimados amigos:
Me parece interesante profundizar un poco más en el análisis del razonamiento aristotélico, que se puede resumir así:
"El principio activo de la generación tiende la producción de su semejante. Pero lo semejante del principio activo de la generación es lo masculino. Luego, el principio activo de la generación tiende a la producción de un nuevo individuo del sexo masculino."
La reacción más natural, parece, es negar la Menor, a la luz de los conocimientos biológicos actuales. Pero el problema con esta respuesta es que, precisamente a la luz de los conocimientos biológicos actuales, es el varón el que determina el sexo del hijo o de la hija, de modo que sí se lo puede considerar "principo activo" en ese aspecto de la cuestión, de un modo en que no puede darse ese nombre a la mujer.
Por tanto, me parece que hay distinguir:
En la Mayor: A) "El principio activo de la generación en cuanto a su potencialidad biológica reproductiva: Concedo. B) En cuanto a su origen: Niego.
Es decir, lo que importa en el gameto masculino humano no es que su origen sea el varón, sino que, por tener o bien el cromosoma X o bien el cromosoma Y, su potencialidad reproductiva puede ser tanto masculina como femenina. Y es en relación con esta "potencialidad biológica reproductiva" que se lo puede considerar "principio activo" de la generación, justamente.
En la Menor: A) Lo semejante en cuanto al origen del gameto masculino: Concedo. B) En cuanto a la potencialidad biológica reproductiva: Niego.
En efecto, lo que importa en el gameto masculino como principio activo de la generación es su potencialidad biológica reproductiva, es decir, que puede ser tanto X como Y, y no su origen, que es siempre el progenitor de sexo masculino.
Y así se niega la Conclusión.
Saludos cordiales Néstor Martínez.