De los sexos masculino y femenino

Época II Año 7 Número 1 Enero - Febrero 2009
Disputatio

La disputa (disputatio) del maestro induce al intelecto a la verdad a la que tiende (Tomás de Aquino, Quodlibet IV q.9, a.3 in c).

La disputatio es la segunda parte del Studium bimestral de e-aquinas. Tiene lugar durante el segundo mes del Studium. Consiste en la discusión en torno a cuestiones relacionadas con el tema de estudio. Primero, se plantean cuestiones (quaestio) y luego se les da respuesta (responsio).

Finalmente, el moderador concluye (determinatio) el tema estudiado.

Quaestiones

  • Estimados amigos:



    Planteo entonces la primer cuestión a debatir este mes: ¿Santo Tomás negó la igualdad entre el varón y la mujer?

    (Publicado por Néstor Martínez el 9 de Febrero de 2009)

    Responsiones (7)

  • Y aquí va una segunda cuestión: ¿La diferencia entre varón y mujer es esencial o accidental? El problema es el siguiente: si decimos que es esencial, entonces parece que hacemos del varón y la mujer dos especies diferentes; si decimos que es accidental, parece que estamos cerca de la "perspectiva de género".

    (Publicado por Néstor Martínez el 9 de Febrero de 2009)

    Responsiones (21)

  • Determinatio

    Estimados amigos:

    A modo de resumen les hago llegar estas cuestiones. Muchas gracias por su participación y saludos cordiales

    Néstor Martínez.

    ------------------------------------------------

    ¿Negó Santo Tomás la igualdad entre el varón y la mujer?

    Parecería que no:

    No aparece eso explícitamente en sus textos, que sepamos. Haciendo una interpretación, tampoco debería aparecer, porque la “igualdad” es de orden cuantitativo.

    Contra esto:

    Pero en realidad, Santo Tomás aplica la “igualdad” nada menos que a las Personas divinas, por lo que no tendría dificultad tampoco en aplicarla a las personas creadas. Su explicación es que la igualdad se funda en la cantidad, pero la “cantidad”• puede tomarse de muchos modos. En Dios no hay “quantitas molis”, pero hay “quantitas virtutis”, que depende de la perfección de la forma, por un lado, y de los efectos de esa forma, a saber, el ser y la operación, por otro. Y así las Personas divinas, teniendo por un lado la misma Esencia perfectísima, y por otro lado, la misma duración en el ser y el mismo poder en la operación, son iguales:

    Iª q. 42 a. 1 ad 1

    « Ad primum ergo dicendum quod duplex est quantitas. Una scilicet quae dicitur quantitas molis, vel quantitas dimensiva, quae in solis rebus corporalibus est, unde in divinis personis locum non habet. Sed alia est quantitas virtutis, quae attenditur secundum perfectionem alicuius naturae vel formae, quae quidem quantitas designatur secundum quod dicitur aliquid magis vel minus calidum, inquantum est perfectius vel minus perfectum in caliditate. Huiusmodi autem quantitas virtualis attenditur primo quidem in radice, idest in ipsa perfectione formae vel naturae, et sic dicitur magnitudo spiritualis, sicut dicitur magnus calor propter suam intensionem et perfectionem. Et ideo dicit Augustinus, VI de Trin., quod in his quae non mole magna sunt, hoc est maius esse, quod est melius esse, nam melius dicitur quod perfectius est. Secundo autem attenditur quantitas virtualis in effectibus formae. Primus autem effectus formae est esse, nam omnis res habet esse secundum suam formam. Secundus autem effectus est operatio, nam omne agens agit per suam formam. Attenditur igitur quantitas virtualis et secundum esse, et secundum operationem, secundum esse quidem, inquantum ea quae sunt perfectioris naturae, sunt maioris durationis; secundum operationem vero, inquantum ea quae sunt perfectioris naturae, sunt magis potentia ad agendum. Sic igitur, ut Augustinus dicit, in libro de fide ad Petrum, aequalitas intelligitur in patre et filio et spiritu sancto, inquantum nullus horum aut praecedit aeternitate, aut excedit magnitudine, aut superat potestate. »

    Por aquí entonces se podría buscar si se puede hablar y en qué sentido de “igualdad” entre las personas humanas, y consiguientemente, entre el varón y la mujer.

    La teoría aristotélica del “mas occasionatus” parece implicar dos cosas: 1) que la mujer estaría fuera de la intención de la naturaleza, al menos, la naturaleza particular o individual 2) que la mujer sería una realización menos perfecta de la naturaleza humana, dependiente de una menos completa determinación de la materia por la forma sustancial, debida a una indisposición de parte de la materia.

    En este sentido, la teoría del “mas occasionatus”, que Santo Tomás suscribe siguiendo a Aristóteles, no parece implicar una “desigualdad” esencial, pues no está en juego la perfección intrínseca de la forma sustancial, sino la mayor o menor perfección con que logra imprimirse, por así decir, en la materia, según la mayor o menor disposición de la misma. Santo Tomás habla también de diferencias entre los seres humanos en cuanto a esa mayor o menor impresión de la forma en la materia, así dice que las personas de complexión delicada son más inteligentes, porque su materia es más fácilmente informable por la forma sustancial, mientras que las de complexión más basta implican una menor disposición de la materia a dejarse determinar por la forma

    Summa Theologiae I-II, q. 50 a. 4 arg. 3.

    “Praeterea, habitus est dispositio secundum quam aliquis bene vel male disponitur ad aliquid, ut dicitur in V Metaph. Sed quod aliquis bene vel male sit dispositus ad actum intellectus, provenit ex aliqua corporis dispositione, unde etiam in II de anima dicitur quod molles carne bene aptos mente videmus. Ergo habitus cognoscitivi non sunt in intellectu, qui est separatus; sed in aliqua potentia quae est actus alicuius partis corporis. »

    De todos modos, estas diferencias son accidentales, en cuanto proceden de fuera de la forma sustancial, que es la que confiere la perfección a la especie. En efecto, no parece poderse sostener en el aristotelismo que la menos perfecta determinación de la materia por la forma dé origen a una diferencia esencial o sustancial, ya que eso implicaría el cambio de una forma por otra, que no es lo que se considera en esta hipótesis.

    ¿Negó Santo Tomás la identidad específica entre el varón y la mujer?

    Es claro que no, porque parte siempre de la base de que son la de misma especie, y en el plano teológico, afirma que ambos son creados “a imagen y semejanza de Dios”, en lo cual sigue simplemente al Génesis: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó”.

    ¿Enseñó Santo Tomás la superioridad del varón respecto de la mujer?

    Siguiendo lo arriba dicho, en algunas partes Santo Tomás afirma esa superioridad del varón, que además está implícita en la teoría aristotélica del “mas occasionatus”, la cual dice que la naturaleza tiende a lo más perfecto y sólo por algún tipo de impedimento accidental se queda en lo menos perfecto, y supone que lo más perfecto en la naturaleza humana es el varón. Santo Tomás se apoya también en la subordinación de la mujer al varón que San Pablo presenta en algunos pasajes de sus Epístolas. Hace consistir esa superioridad más que nada en la inteligencia y la voluntad: mayor capacidad teórica y mayor constancia de la voluntad por parte del varón. Véase por ejemplo en el Comentario a la Ética a Nicómaco de Aristóteles, Libro VII, lección V.

    Sententia Ethic., lib. 7 l. 5 n. 9

    « Et ponit exemplum de mulieribus in quibus, ut in pluribus, modicum viget ratio propter imperfectionem corporalis naturae. Et ideo, ut in pluribus, non ducunt affectus suos secundum rationem, sed magis ab affectibus suis ducuntur. Propter quod raro inveniuntur mulieres sapientes et fortes. Et ideo non simpliciter possunt dici continentes vel incontinentes. Et eadem ratio videtur esse de his qui aegrotative se habent, idest qui habent corruptam dispositionem propter malam consuetudinem, quae etiam opprimit iudicium rationis ad modum perversae naturae. »

    Es cierto que aquí Santo Tomás está comentando a Aristóteles. No recuerdo al presente pasajes paralelos en sus obras propias. De todos modos, Aristóteles era la autoridad en ese tiempo para este tipo de asuntos que caen dentro de la ciencia natural. Es claro que con todo ello Santo Tomás no niega la “igualdad” a nivel sustancial, esencial, pues se trata de diferencias de orden accidental, como se dijo arriba también respecto de otras diferencias entre los seres humanos.

    En el libro de Hartel que dimos como referencia al comienzo de este tema se profundiza bastante en la visión antropológica, biológica, y médica que está detrás de estas afirmaciones de Aristóteles y Santo Tomás.

    El principio general en que se apoya esta afirmación de una superioridad accidental del varón sobre la mujer, es que lo masculino es activo y lo femenino pasivo. Esto ha sido rebatido a nivel de la fecundación humana por la biología moderna, que enseña que tanto el óvulo como el espermatozoide desarrollan actividad en el momento de la fecundación. Pero ahí mismo se enseña que el que determina el sexo del hijo es el padre. De todos modos, parece que la asignación de una cierta actividad específica al varón ante una cierta pasividad específica a la mujer no es algo totalmente arbitrario.

    ¿Es esencial o accidental la diferencia entre el varón y la mujer?

    Como decíamos en un mensaje anterior, hay que distinguir dos sentidos de “esencial” y dos sentidos de “accidental”. Si por “esencial” se entiende lo que constituye la esencia y la definición del ser humano, y por “accidental” lo que no, entonces la distinción entre sexos no es “esencial” a la naturaleza humana, porque si lo fuese, habría dos naturalezas esencialmente distintas, y no por tanto una sola. Si por “esencial” se entiende lo que se deriva necesariamente de la esencia de algo, aunque no la constituya como tal naturaleza, y por “accidental” lo que no, entonces el “ser varón o mujer”, así disyuntivamente tomado, es esencial a la naturaleza humana, y no es accidental (contra la perspectiva de género). Y si en vez de la naturaleza humana en general se considera la naturaleza humana en cuanto individualmente realizada en Pedro o en Cristina, entonces, en el primer caso “ser varón” es “esencial” en este segundo sentido para Pedro, y “ser mujer”, para Cristina. Mientras que para la naturaleza humana como tal, así en abstracto, “ser varón” o “ser mujer”, tomados no disyuntivamente sino cada uno en sí mismo, es “accidental” en el segundo sentido de ese término.

    ¿Cuándo la afirmación de diferencias de orden cultural entre el varón y la mujer nos llevaría a negar el carácter natural de la distinción entre ellos?

    Dicho de otro modo ¿qué parte de verdad puede haber en las afirmaciones de la perspectiva de género? Es claro que hay algunas diferencias entre varones y mujeres que son culturales y no naturales. De hecho, ha habido, parece, algunas sociedades matriarcales, u otras en las que las mujeres trabajan y los hombres se quedan en la casa o no hacen nada, etc.

    El punto central es que junto con esas diferencias, hay otras que sí derivan necesariamente de la naturaleza del varón y de la mujer, y que tienen incluso legítima proyección en el plano familiar y social. Estas diferencias pertenecen al plano del accidente necesario o “propiedad”, mientras que las puramente culturales pertenecen al plano del accidente contingente o “accidente lógico”.

    También habría dos clases de diferencias puramente culturales, según que sean contrarias o no a la dignidad de la persona humana masculina o femenina. Una discriminación injusta del varón o de la mujer pertenece al primer tipo, mientras que una diferencia en la forma de vestir puede pertenecer al segundo.

    (Publicado por Néstor Martínez el 28 de Febrero de 2009)

    Responsiones (0)