Como se dijo antes (a. 2, ad 4) hay en el hombre una doble bienaventuranza, perfecta una e imperfecta la otra. Y es necesario entender que la bienaventuranza perfecta es la que alcanza la verdadera razón o esencia de la bienaventuranza; la imperfecta, empero, no la alcanza sino que participa una cierta semejanza particular de la bienaventuranza; así como la prudencia perfecta se encuentra en el hombre en el que existe la razón de las cosas agibles y la prudencia imperfecta se da en algunos animales brutos en los que hay ciertos instintos particulares ordenados a ciertas operaciones semejantes a las obras de la prudencia.
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