La última y perfecta bienaventuranza, que esperamos en la vida futura, consiste tota ella en la contemplación. Pero la bienaventuranza imperfecta, tal como puede tenerse aquí, consiste, por cierto, en primer lugar y principalmente en la contemplación; y secundariamente en la operación del intelecto práctico que ordena las acciones y las pasiones humanas, como se afirma en el Libro X de la Ética.
El texto de Santo Tomás aquí citado me ha puesto a pensar en lo siguiente, espero que sea benéfico para todos ustedes mi pensamiento. Me parece evidente en el tratamiento que hace Santo Tomás de la beatitud, que las facultades distintivas del hombre son aquellas que se dan en el intelecto y cuyas funciones determinantes son ejercicio activo del mismo. A la vez es notable que la mejor vida en este caso, la del hombre tendido a la contemplación, se adquiere junto con el buen hábito de hacer ciencia sobre lo sagrado, pues ésta es el ejercicio más alto y noble al que puede someterse el trabajo exclusivo del alma humana, es la ínclita filosofía. Si la felicidad se halla en lo que le conviene por naturaleza al hombre en tanto y cuanto está gobernado por su "télos", y por ello mismo se muestra beatífico en la contemplación de lo sagrado por serle propio el intelecto; entonces me parece prudente pensar que tanto Santo Tomás, cuanto Aristóteles, nos hablan al mismo tiempo de dos instancias de una misma vida mejor para los hombres: las operaciones del alma son "lógos" y éste es al mismo tiempo aprehensión y comunicación de lo aprehendido. Es decir, el ejercicio del intelecto se da naturalmente en diálogo donde se realiza una operación activo-pasiva. Yo veo aquí una muestra dadivosa de lo sagrado en la palabra de estos dos grandes maestros, y es que el mismo maestro que tras haber reflexionado lo sagrado lo entrega en su palabra, es por su naturaleza discursiva y la conformación de su alma, que alcanza la bienaventuranza. Por ser la mejor vida del hombre la consagrada a la contemplación, por ello mismo se muestra que en el diálogo que entrega al otro lo sagrado se cumple por completo el "télos" natural que lleva al hombre a la beatitud. Por lo anterior, se me muestra un camino a la vez activo y contemplativo que da al hombre en el ejercicio dialéctico la bienaventuranza en la filosofía de lo sagrado.