Puesto que la bienaventuranza dice una cierta perfección última según que cosas diversas, capaces de bienaventuranza, pueden llegar a diversos grados de perfección, conforme con esto es necesario que la bienaventuranza se diga de diversos modos. Pues en Dios hay una bienaventuranza por esencia porque su mismo ser es su misma operación por la que no se goza de otro sino de sí mismo. En los ángeles bienaventurados existe una última felicidad según una cierta operación por la que se unen al bien increado; y esta operación en ellos es única y sempiterna. En los hombres, de acuerdo al estado de la presente vida, hay una perfección última por la que el hombre se une a Dios; pero esta operación no puede ser continua y, por consiguiente, no es la única puesto que por la interrupción la operación se multiplica. Por esta razón, en el estado de la vida presente el hombre no puede poseer la perfecta bienaventuranza. Por eso, el Filósofo, en el Libro I de la Ética, poniendo la bienaventuranza del hombre en esta vida, dice que ella es imperfecta concluyendo después de muchas razones: «Decimos bienaventurados en cuanto hombres». Pero a nosotros Dios nos promete una bienaventuranza perfecta cuando seamos «como ángeles en el cielo», según se lee en Mateo 22, 30. Por tanto, en cuanto a la bienaventuranza perfecta cesa la objeción porque por una continua y sempiterna operación en aquel estado de beatitud la mente del hombre se une a Dios. Pero en la vida presente, cuanto distemos de la unidad y continuidad de tal operación tanto distaremos de la perfección de la bienaventuranza. Sin embargo, existe una participación de la bienaventuranza y tanto mayor cuanto más continua y una puede ser la operación. Por eso, en la vida activa, que se ocupa de muchas cosas, hay menos razón de bienaventuranza que en la vida contemplativa que versa acerca de una sola cosa, esto es, la contemplación de la verdad. Y aun cuando el hombre no ejerza en acto esa operación, no obstante porque la tiene en su poder siempre puede contemplar; y también puesto que la misma interrupción, por ejemplo, la del sueño o la de alguna ocupación natural, se ordena a la operación contemplativa, parece como que la operación es continua.
Estimados amigos: En la trascripción del texto se ha deslizado un error material. Allí donde dice: "En los hombres, de acuerdo al estado de la presente vida, hay una perfección última por la que el hombre se une a Dios", debe decir: "En los hombres, de acuerdo al estado de la presente vida, hay una perfección última según una operación por la que el hombre se une a Dios". Ruego salvar el error al tiempo que pido disculpas. Un cordial saludo.