La enumeración de las bienaventuranzas está hecha del modo más conveniente. Para poder verlo hay que considerar que algunos señalaron una triple bienaventuranza, pues unos cifraron la bienaventuranza en la vida voluptuosa; otros, en la vida activa; y otros, finalmente, en la vida contemplativa. Pero estas tres bienaventuranzas guardan diversa relación con la bienaventuranza futura, cuya esperanza nos hace aquí dichosos. Pues la felicidad voluptuosa, por ser falsa y contraria a la razón, es impedimento de la bienaventuranza futura. En cambio, la felicidad de la vida activa dispone para la bienaventuranza futura. Y la felicidad contemplativa, si es perfecta, constituye esencialmente la misma bienaventuranza futura; y, si es imperfecta, es cierta incoación de la misma.
Por eso el Señor puso en primer lugar ciertas bienaventuranzas que apartan lo que es el obstáculo de la felicidad voluptuosa. Pues la vida voluptuosa consiste en dos cosas. La primera, en la abundancia de bienes exteriores, bien sean riquezas, bien sean honores. De ellos se retrae el hombre por la virtud, usando moderadamente de ellos, y de modo más excelente por el don, que le inclina a despreciarlos totalmente. De ahí que se ponga como primera bienaventuranza: Bienaventurados los pobres de espíritu, lo cual puede referirse o al desprecio de las riquezas o al desprecio de los honores, que realiza la humildad. La segunda cosa en que consiste la vida voluptuosa es seguir las propias pasiones, tanto del apetito irascible como del apetito concupiscible. Del seguimiento de las pasiones del apetito irascible retrae al hombre la virtud, para que no se exceda en ellas, según la regla de la razón; y de modo aún más excelente lo hace el don, hasta el punto de lograr plena tranquilidad en conformidad con la voluntad divina. De ahí que se ponga como segunda bienaventuranza: Bienaventurados los mansos. Y del seguimiento de las pasiones del apetito concupiscible retrae la virtud, haciendo usar moderadamente de ellas, y el don, renunciando a ellas totalmente si fuere necesario, e incluso optando, si fuese necesario, por el llanto voluntario. De ahí que se ponga como tercera bienaventuranza: Bienaventurados los que lloran.
La vida activa consiste principalmente en dar cosas a los demás, sea como debidas o como beneficio espontáneo. A lo primero nos dispone la virtud para que no rehusemos dar al prójimo lo que le debemos, lo cual pertenece a la justicia. Mas el don nos mueve a eso mismo con un afecto más abundante, de modo que cumplamos las obras de justicia con ferviente deseo, al modo como el hambriento y el sediento apetecen con ferviente deseo la comida y la bebida. De ahí que se ponga como cuarta bienaventuranza: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia. En cuanto a las donaciones espontáneas, la virtud nos perfecciona para que demos cosas a aquellos a quienes nos dicta la razón que debemos darlas, como a los amigos y otras personas allegadas, lo cual pertenece a la virtud de la liberalidad; pero el don, por la reverencia a Dios, no se fija más que en la necesidad de aquellos a quienes hace beneficios gratuitos. De ahí que se diga en Lc 14,12-13: Cuando hagas una comida o una cena, no llames a tus amigos ni a tus hermanos, etc., sino llama a los pobres y débiles, etcétera, lo cual es propiamente tener misericordia. Por eso se pone como quinta bienaventuranza: Bienaventurados los misericordiosos.
Las cosas pertenecientes a la vida contemplativa, o son la misma bienaventuranza final o algún comienzo de ella. Por eso no se ponen en las bienaventuranzas como méritos, sino como premios. Pero se ponen como méritos los efectos de la vida activa con los cuales se dispone el hombre para la vida contemplativa. Ahora bien, entre los efectos de la vida activa, en cuanto a las virtudes y dones que perfeccionan al hombre en sí mismo, está la pureza de corazón, de modo que la mente del hombre no se manche con las pasiones. De ahí que se ponga como sexta bienaventuranza: Bienaventurados los limpios de corazón y en cuanto a las virtudes y dones que perfeccionan al hombre en relación con el prójimo, el efecto de la vida activa es la paz, según aquello de Is 32,17: La paz será obra de la justicia. De ahí que se ponga como séptima bienaventuranza: Bienaventurados los pacíficos
La cita de Luc.14,12-13 parece aludir mas bien a un darse sin esperar recompensas,mas que a la "misericordia",ya que el texto se completa con la expresión:"no sea que ellos te vuelvan a invitar y ya tengas la recompensa".Parece incompleto decir que los invitamos por "misericordia".Estaría mas bien allí la vocación de servicio del cristiano,apeciada a través de la Historia,paradigma:el caballero medieval,-sirve no para que el otro lo recompense,sino porque atiende a la recompensa de Cristo.Al igual que El,se dio por nosotros,gratuitamente,como la Gracia de Dios,no para que nosotros se lo recompensemos.La misericordia sería solo compadecerse de la miserias y trabajos ajenos. Saludos. Jorge Andregnette
Este escrito publicado por Miguel Angel Belmonte es muy coherente con el catolicismo. Podría comentar sobre ello, cada individuo tiene una persnalidad que puede ser más cercana a una u otra bienaventuranza, los hay que están muy cerca de alguna de ellas, y los hay, la mayoría hoy día que ni piensan siquiera en ello. Estos últimos tienen una visión totalmente negada de lo que es Dios, negada o que no la quieren admitir, por egoísmo, soberbia, no creencia en Dios. Estamos en unos tiempos en que el ateísmo es el mayor enemigo de la religión. Hablando de las bienaventuranzas los hay contemplativos, ellos están en un estado muy superior pues están casi vacíos del mundo y en la mayor parte de su conciencia mora el Señor. No necesitan nada, ni dinero, ni actividad diaria; se dedican a rezos por ellos y por la humanidad, a ayunos, etc. Suelen vivir en comunidad (monasterios) o sólos. Pienso que es la bienaventuranza más perfecta del ser humano. Otra bienaventuranza es la vida activa pero en vías de Dios mediante la limosna (más o menos cantidad, según le economía de cada uno)y el rezo diarío o a menudo en nuestras iglesias. Ellos bajo su personalidad se acercan a Dios de esta manera. Otros de vida activa encaminada a Dios se van a las misiones y con poco dinero en el bolsillo se dedican al trabajo voluntario. Pueden ser que se vayan a otros países, que lo hagan en su mismo territorio. Que vayan a horfanatos, lugares de tercera edad, etc. Hay otros que por su vida ya fuera de toda obligación profesional se dedican a la lectura de las Escrituras, de los Santos, y de todo lo relacionado con Dios.
Lo principal en todos estos aspectos de bienaventuranzas es vaciarse de mundanidad, y llenarsede divinidad. Es desde ese vacío en que Dios te comienza a hablar y a moldear. Es Él quien nos llama a cada uno de nosotros para un Camino determinado y nosotros somos los que contestamos afirmativamente o pasivamente. Él sabe bien quien le va ha contestar afirmativamente. Todas las bienaventuranzas son válidas para Él, mientras se hagan con corazón hacia los que las reciben, ya sea uno propio o otro individuo. Pero eso sí lo principal es buscarlo y vaciarse poco a poco.
Bueno he terminado, gracias
De entre todos los filósofos antiguos que sólo se guiaron por la luz de la razón natural sobresale, sin duda, Aristóteles. El Estagirita definió la felicidad en términos de eudaimonía, esto es, como la operación según la virtud perfecta: operatio secundum virtutem perfectam (cf. Ética, X, c. 7), y añade que, por consiguiente, esa virtud ha de ser de la parte mejor del hombre, ya sea el intelecto, ya sea alguna otra facultad a la que según la naturaleza se adjudique el mando y la guía y el cobrar noticia de las cosas bellas y divinas. Pero la actividad, pues, de esta parte del hombre ajustada a su virtud propia es una actividad contemplativa y en ella reside la felicidad perfecta (ibidem). La eudaimonía es, pues, una operación contemplativa, un acto de la vida contemplativa del hombre. Esto se vincula con la clásica distinción de los géneros de vida que hace el Filósofo, a saber, la vida sensitiva, la vida práctica y la vida contemplativa. Sólo en esta última reside la plena felicidad humana. Aristóteles no trepida en comparar esa actividad contemplativa con la acción misma de Dios: “Así, pues, el acto de Dios -escribe- acto de incomparable bienaventuranza, no puede ser sino un acto contemplativo. Y de los actos humanos el más dichoso será el que más cerca pueda estar del acto divino” (Ética X, c. 8). Sin embargo, esto no excluye que el hombre plenamente feliz, el contemplativo, no tenga necesidad de cierto bienestar exterior (vida sensitiva) y de ciertos bienes que proceden de su dominio sobre las cosas (vida práctica). Pero de ninguna de estas operaciones propias de la vida sensitiva y de la vida práctica puede decirse que sea con arreglo a la virtud más alta; ellas se integran, sí, en la vida del hombre pero en su lugar propio y como ordenadas a la vida de la contemplación. Ahora bien, el texto de la Summa Theologiae que el señor Moderador propone a nuestra lectura, prueba que Santo Tomás pone al servicio de su labor teológica los elementos conceptuales provistos por el aristotelismo. Por empezar, en la misma cuestión 69, en el artículo 1, el Aquinate define las bienaventuranzas como operaciones. En efecto, no son virtudes, ni son dones del Espíritu Santo sino que son operaciones de las virtudes y de los dones: “Ad finem autem beatitudinis movetur aliquis et appropinquat per operationes virtutum; et praecipue per operationes donorum, si loquamur de beatitudine aeterna, ad quam ratio non sufficit, sed in eam inducit Spiritus Sanctus, ad cuius obedientiam et sequelam per dona perficimur. Et ideo beatitudines distinguuntur quidem a virtutibus et donis, non sicut habitus ab eis distincti, sed sicut actus distinguuntur ab habitibus” (STh I-IIae, q 69, a 1, corpus). En esto, como es sabido, Santo Tomás se aparta de la opinión de algunos escolásticos que desde Felipe el Canciller sostenían que las ocho bienaventuranzas eran un grupo de hábitos distinto de los dones y las virtudes. Pero también es evidente que el Santo Doctor al analizar el texto sagrado que enumera las bienaventuranzas, sigue los pasos de Aristóteles al relacionar a éstas con los tres géneros de vida cuando menciona la triple bienaventuranza, a saber, la voluptuosa o sensitiva, la activa y la contemplativa. Así, unas bienaventuranzas (las vinculadas con la vida sensitiva) nos permiten usar con moderación los bienes sensibles, otras (relacionadas con la vida práctica) son como disposiciones para la vida futura y otras, por último, que tienen que ver con la vida contemplativa, nos granjean el mérito y el premio de la vida eterna. Estamos, pues, no en presencia de una exégesis del texto bíblico de las bienaventuranzas sino, más bien, ante una consideración teológica de la felicidad humana fundada en la admirable conjunción de la palabra de Jesús y las categorías provistas por la razón natural. Otro aspecto que debe señalarse es que esta felicidad de la que habla Tomás no se refiere exclusivamente a la vida futura, in patria. De algún modo, también en esta vida, podemos ya pregustar de los premios y los méritos de las bienaventuranzas (cf. STh I-IIae, q 69, a 2). No se trata, en consecuencia, sólo de nuestra felicidad ultraterrena sino, también, de aquella felicidad que es posible alcanzar en la presente vida. Todo un tratado, pues, de la felicidad humana contenido en este breve y denso texto del Aquinate. Respecto de la observación que plantea Jorge Andregnette acerca del pasaje de Lucas 14, 12- 13 en el sentido que parece más bien que se refiere al hecho de no ser recompensado antes que a la misericordia, me parece que, en principio, invitar a los pobres no deja de ser, en esencia, un acto de misericordia que trae como consecuencia el que los pobres no puedan recompensarlo. Pero tal vez los versículos citados podrían tener conexión con lo que sigue después, a saber, la parábola del hombre rico que dio un banquete e invitó a sus amigos, los cuales se excusaron, y mandó entonces invitar a todos los pobres, ciegos, lisiados y cojos que se hallaren por los caminos (Lucas 14, 16–24). Esta parábola se refiere, me parece, a la universalización del Reino que habiendo sido ofrecido, en primer lugar, a los hijos de Israel, al haberlo ellos rechazado, les fue dado a los gentiles. Se trata, sin duda, de la misericordia de Dios que no excluye a nadie de su Reino. Un cordial saludo.
Sobre la lectio 10 de Marzo. Debo agradecer al Moderador, el doctor Belmonte con todo mi corazón que me haya ordenado a las bienaventuranzas. Desde el fondo de mi corazón agradezco a aquellos que me enseñan a conocer más a mi amadísimo Tomás de Aquino. A quienes me animan al conocimiento en orden a la verdad. Desde el mismo día que el profesor Belmonte nos entrego el material de apoyo (las bienaventuranzas) comencé a leerlo - ¡Me creí superada! - lo tenía en la Suma, en la Escritura, ya lo sabía como un bello cuento del Catecismo que mi madre con mucho amor nos contaba, las había estudiado en el colegio tan rigurosamente que las recite de memoria en el examen de religión… más tarde distanciada de las bellas lecciones de mi madre - mi “proverbial” memoria olvidó todo… en la universidad me inicié como “oradora” y aprendí como otros a moverlas por un beneficio… eran ideas en ese mundillo que servían para adornar peroratas estudiantiles. Luego, llego el turno a la adultez y el filósofo, el sociólogo, el político, el médico…, continúa agitándolas en el gigantesco teatro del rico Epulón y el pobre Lázaro. - ¡Qué alejados estamos de Jesús! – ¡PERDON JESÚS! …¡PERDON! Después de este inesperado comienzo – (¡Quiera Dios dejarme escribir!) -. Al menos hoy ya me enseño algo ¡No estaba superada!, ¿Cómo comenzar? a escribir - ¡Dialogando! ¿Con Quien? ¿Preguntaré? ¿…? ¿Preguntar? A ¿Quién?... P: ¿Qué nos reveló el sermón que pronunció el Señor en el monte? Dt 4, 13: “El Señor nos reveló las diez Palabras que escribió sobre la tabla de piedra” - “El Decálogo” - ST q 98 – 100 int. I-II: - la antigua Ley que reveló el Verbo se desbordo en sentido meramente sociológico y político. Mt 5-7: - en el “Sermón” el Verbo Encarnado la sublima cara a cara a la humanidad Si 1, 27: - a “Los “Humildes” o “Pobres” Lc 14, 16–24: - Sus amigos, los ciegos, lisiados y cojos que se hallaren por los caminos So 3, 11: Les habló al “humilde “Resto” So.3 12-13: - “El pueblo de los bienaventurados” Za 9,9: - “El mismo era humilde y dulce” Is 53: - “Y hasta un oprimido” Lc 14, 16–24: - Él “No excluye a nadie de su Reino”… Los invito a todos ST, q 108, art 3: - La Ley ordena al hombre a Dios y, luego en el amor a Dios, al hombre, en sí mismo y en orden al prójimo. ST, q 108, art 3: - la Ley lo ordena todo en el Amor a Dios. Mt 5, 18: “Ni un ápice de la Ley será tocado”. Mt 5-7: Jesús sublima la ley con el Espíritu del Evangelio. Si 1, 27:- Él fue enviado Jn 10: - “Abrir las puertas del Reino” a los pobres de espíritu, a los mansos, a los que lloran, a los que tienen hambre y sed de justicia, a los misericordiosos, a los limpios de corazón, a los pacíficos S.T q 1 a 1: se posesionó del corazón humano, produciendo en el corazón del hombre la gracia y el dinamismo del amor. Jn 10: - aviva el espíritu de los abatidos, aviva el ánimo de los humillados. S.T. q 1-105 int. I – II: - El Verbo Encarnado cara a cara a la muchedumbre, enseña al pueblo de los bienaventurados los principios de libertad, lo enseña “a ir caminando a la felicidad y a Dios mismo2. ST q 98-108 intr. n 9: Intensifica la libertad en la ley antigua. ST q 5 a 3 I-II: - con dulces preceptos y normas ST q 98-108 intr. n 9: La antigua ley “determinaba muchas cosas, pocas dejaba a la libertad de los hombres” ST q 5 a 3 I-II: Jesús con dulces preceptos y normas que nos “permite usar con moderación los bienes sensibles” “nos enseña dulcemente disposiciones para la vida futura”, “nos granjean el mérito y el premio de la vida eterna. S.T q 1 a 1: “adhiere la humanidad dulcemente a Cristo en el máximo de sus fuerzas” Dt. 5 2 – 22: …Y que significa la máxima adhesión a Dios sino el cumplimiento en el mundo organizado alrededor de Cristo - de la función exacta, sea humilde o eminente, a la cual la criatura es destinada por dotación natural y por don sobrenatural… Dt. 5 2 – 22: “aquel que la guarde en su corazón y lo ponga en practica será eternamente feliz en la tierra y heredera de la felicidad futura” S.T q 1 a 1: ¡De suerte que Cristo se este expandiendo!… en ustedes, ¡Bendito Dios! Aide.
Comento el texto enviado por don Gregorio Jesús Román Ramírez, aclarando que estoy sustancialmente de acuerdo con las tesis centrales que sostiene. Deseo, no obstante, hacer una precisión de algo que, a mi parecer, don Gregorio no incluye en su envío. Si bien denuncia un tipo de ateísmo que, con toda razón afirma que es el mayor enemigo de la religión al significarse como una visión totalmente negada de lo que es Dios (debida a egoísmo, soberbia, etc.). Sin embargo, el autor no hace salvedad ninguna para incluir una hipótesis, (tal vez muy provocadora de mi parte), pero que a mí se me ocurre que puede fundarse válidamente en el texto que al final cito. Avanzo pues la hipótesis que me parece perfectamente compatible con nuestra fe cristiana, y que consiste en suponer que pueda haber otro tipo de “no creencia en Dios” o de "ateísmo de buena voluntad" que acompaña la vida de personas de buena voluntad pero que son virtuosas y mantienen esa vida virtuosa también ordenada a la vida de contemplación (según afortunada expresión de don Mario Caponnetto) pues yo creo, con don Mario, “que la misericordia de Dios no excluye a nadie de su Reino” Quizá explicaría mejor lo que quiero sostener con dos ejemplos de personas del Siglo XX: 1. El primero es el Gandhi, creyente en Dios, vivió una vida virtuosa y de oración, contemplativa y de generosa ofrenda total de su vida amorosamente entregada en su totalidad por sus semejantes, inclusive hasta el Evangélico amor de que nadie ama más que aquel que da la vida por sus amigos. 2. Me atrevo a presentar la hipótesis de que tal vez Albert Camus, ese sí ateo, pero de buena voluntad, pues creo que es muy probable que viviera con las virtudes aristotélicas y testimoniara en una sustancial y buena parte de su vida y de su muerte, (intensas ambas), aquellas “operaciones de las virtudes y de los dones” a que se refiere con su habitual sabiduría don Mario, pero cuyo origen divino ignoró, parece que de buena fe, el mencionado Camus. Para incluir esta provocativa precisión hipotética de un posible "ateísmo amigo debuena fe), que, insisto, está previsto por la Divina Misericordia; un “ateísmo amigo de las bienaventuranzas”, me permito citar el siguiente texto de la Gaudium et spes, # 22 del 29 al 32: “ …urgen al cristiano la necesidad y el deber de luchar, con muchas tribulaciones, contra el demonio, e incluso de padecer la muerte. Pero asociado al misterio pascual, configurado con la muerte de Cristo, llegará, corroborado por la esperanza a la resurrección. Esto vale no solamente para los cristianos sino también para todos los hombres de buena voluntad en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola; es decir divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu }Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida se asocien a este misterio Pascual, Saludos afectuosos: Javier Prieto Aceves, México, 10 de Marzo de 2008
El bimestre pasado varias circunstancias me tuvieron alejado del foro. Solo entré en Internet un par de veces, y una de ellas vi la sección Bibliotheca. Hablaba de la Suma Contra Gentiles, y los traductores sostenían que esta Suma es filosófica. Santo Tomás explica en los primeros capítulos la diferencia entre la Teología y la Filosofía, con toda claridad. Si los traductores no han entendido una cosa tan sencilla, habrá que ver cómo habrán traducido otras cuestiones, realmente difíciles, que trata Santo Tomás en esta obra. Ciertamente, es muy antigua en el tomismo la teoría de que Santo Tomás confunde unas ciencias con otras, y mezcla lo divino con lo humano. Por eso no me extrañó que me extrañara el título del tema de este mes "De los grados de felicidad". Enseguida me puse a ver de dónde ha sacado el Sr. Moderador este desusado concepto.
Como es sabido en la segunda parte de la Suma Teológica Santo Tomás trata la Moral. La católica, naturalmente, no la filosófica. En la I-II estudia los principios generales de la Moral, y en la II-II la materia concreta de los actos del cristiano. En I-II qq. 55-70 estudia "los hábitos buenos, que son las virtudes, y otras cosas unidas a ellas, es decir, los dones del Espíritu Santo, las bienaventuranzas y los frutos del Espíritu Santo (q. 55, prólogo). Tanto en las virtudes como en las cosas unidas a ellas se pregunta siempre cuántas son y cuales. Y eso hace también con las bienaventuranzas, en la q. 69, a. 3. No se plantea los grados de bienaventuranza, sino cuántas y cuáles son. Tal vez a algún forista le parezca interesante discutir este punto en la "Disputatio". Aunque la solución puede ser sencilla. ¿Podría explicar el Sr. Moderador qué sistema de medida utiliza Santo Tomás para establecer las tablas de felicidad? Espero que el Dr. Belmonte me perdone la ironía. Me pareció el mejor modo de enfocar este tema. Si nos tomamos literalmente la expresión "grados de felicidad" hay tantos como personas y sus cambiantes circunstancias. Tendríamos que empezar por la felicidad de un niño al que le regalan una pelota de trapo. Si la referimos al texto de Santo Tomás, como evidentemente quiere D. Miguel Ángel, el Doctor Común solo habla de dos tipos de felicidad, la incoada y la perfecta. Un cordial saludo.
La sección de la I-II qq. 55-70 es una de las más apasionantes de la Suma Teológica. Describe al hombre como una máquina, perfectamente equipada para alcanzar su fin sobrenatural, la felicidad, el amor a Dios. Y creo que viene bien para este Jueves Santo, día de la Caridad.
Esta sección se divide en dos partes. Empezando 'a magis notum', en la primera parte Santo Tomás describe los mecanismos naturales que llevan al hombre a la felicidad, las virtudes que puede adquirir por sí mismo. Estas virtudes son las más asequibles para nosotros, y termina esta parte en la q. 65. Aquí explica Santo Tomás cómo todas las virtudes morales están relacionadas entre sí en torno a la prudencia. Estas virtudes son insuficientes para alcanzar la felicidad eterna, y empieza a describir las virtudes infusas.
Sobre la prudencia conviene notar que en castellano el prudente es el hombre tímido que no es capaz de tomar decisiones. Como mucho, el hombre cauto, que se toma su tiempo para actuar. Pero si abrimos el diccionario de latín, 'prudentia' significa previsión, conocimiento práctico, competencia, pericia, inteligencia, cordura, sagacidad, clarividencia. Santo Tomás habla de la 'prudentia', no de la prudencia. Por eso describe al prudente como el hombre que, por su saber, y por su larga experiencia, es capaz de tomar decisiones rápidas y acertadas.
Las virtudes infusas se nos infunden por la caridad, y están perfectamente unidas entre si en la caridad. Ésta "no es cualquier amor de Dios, sino el amor de Dios por el que se le ama como objeto de la felicidad, al que estamos ordenados por la fe y la esperanza" (I-II q. 65 a. 5 ad 1). Santo Tomás describe con cuatro trazos magistrales cuál es esta caridad por la que se nos infunden las virtudes. "Amor" no implica que el que ama sea amado. "Amistad", en cambio, significa amor correspondido y manifestado. La caridad es una amistad, una 'familiaris conversatio' con Dios, que nace de la fe y la esperanza (ibidem, c.).
De la conversación franca con Dios brotan las demás virtudes, los dones del Espíritu Santo, las bienaventuranzas y los frutos del Espíritu santo. Un cordial saludo.
Estimados amigos: Próxima a concluir la etapa de la lectio, estimo oportuno traer a consideración los siguientes textos de Santo Tomás. Me parece que son muy ilustrativos respecto de nuestro tema. De paso, creo responder la objeción adelantada por el Dr. Quijano acerca de la conveniencia de la expresión “grados de felicidad” propuesta por el Moderador. Del primero de los textos aportados parece lícito deducir tal expresión de las mismas palabras de Tomás.
Suma de Teología, I-IIae, q 3, a 2, ad 4.
Puesto que la bienaventuranza dice una cierta perfección última según que cosas diversas, capaces de bienaventuranza, pueden llegar a diversos grados de perfección, conforme con esto es necesario que la bienaventuranza se diga de diversos modos. Pues en Dios hay una bienaventuranza por esencia porque su mismo ser es su misma operación por la que no se goza de otro sino de sí mismo. En los ángeles bienaventurados existe una última felicidad según una cierta operación por la que se unen al bien increado; y esta operación en ellos es única y sempiterna. En los hombres, de acuerdo al estado de la presente vida, hay una perfección última por la que el hombre se une a Dios; pero esta operación no puede ser continua y, por consiguiente, no es la única puesto que por la interrupción la operación se multiplica. Por esta razón, en el estado de la vida presente el hombre no puede poseer la perfecta bienaventuranza. Por eso, el Filósofo, en el Libro I de la Ética, poniendo la bienaventuranza del hombre en esta vida, dice que ella es imperfecta concluyendo después de muchas razones: «Decimos bienaventurados en cuanto hombres». Pero a nosotros Dios nos promete una bienaventuranza perfecta cuando seamos «como ángeles en el cielo», según se lee en Mateo 22, 30. Por tanto, en cuanto a la bienaventuranza perfecta cesa la objeción porque por una continua y sempiterna operación en aquel estado de beatitud la mente del hombre se une a Dios. Pero en la vida presente, cuanto distemos de la unidad y continuidad de tal operación tanto distaremos de la perfección de la bienaventuranza. Sin embargo, existe una participación de la bienaventuranza y tanto mayor cuanto más continua y una puede ser la operación. Por eso, en la vida activa, que se ocupa de muchas cosas, hay menos razón de bienaventuranza que en la vida contemplativa que versa acerca de una sola cosa, esto es, la contemplación de la verdad. Y aun cuando el hombre no ejerza en acto esa operación, no obstante porque la tiene en su poder siempre puede contemplar; y también puesto que la misma interrupción, por ejemplo, la del sueño o la de alguna ocupación natural, se ordena a la operación contemplativa, parece como que la operación es continua. [Ad quartum dicendum quod, cum beatitudo dicat quandam ultimam perfectionem, secundum quod diversae res beatitudinis capaces ad diversos gradus perfectionis pertingere possunt, secundum hoc necesse est quod diversimode beatitudo dicatur. Nam in Deo est beatitudo per essentiam, quia ipsum esse eius est operatio eius, qua non fruitur alio, sed seipso. In Angelis autem beatis est ultima perfectio secundum aliquam operationem, qua coniunguntur bono increato, et haec operatio in eis est unica et sempiterna. In hominibus autem, secundum statum praesentis vitae, est ultima perfectio secundum operationem qua homo coniungitur Deo, sed haec operatio nec continua potest esse, et per consequens nec unica est, quia operatio intercisione multiplicatur. Et propter hoc in statu praesentis vitae, perfecta beatitudo ab homine haberi non potest. Unde philosophus, in I Ethic., ponens beatitudinem hominis in hac vita, dicit eam imperfectam, post multa concludens, beatos autem dicimus ut homines. Sed promittitur nobis a Deo beatitudo perfecta, quando erimus sicut Angeli in caelo, sicut dicitur Matth. XXII. Quantum ergo ad illam beatitudinem perfectam, cessat obiectio, quia una et continua et sempiterna operatione in illo beatitudinis statu mens hominis Deo coniungetur. Sed in praesenti vita, quantum deficimus ab unitate et continuitate talis operationis, tantum deficimus a beatitudinis perfectione. Est tamen aliqua participatio beatitudinis, et tanto maior, quanto operatio potest esse magis continua et una. Et ideo in activa vita, quae circa multa occupatur, est minus de ratione beatitudinis quam in vita contemplativa, quae versatur circa unum, idest circa veritatis contemplationem. Et si aliquando homo actu non operetur huiusmodi operationem, tamen quia in promptu habet eam semper operari; et quia etiam ipsam cessationem, puta somni vel occupationis alicuius naturalis, ad operationem praedictam ordinat; quasi videtur operatio continua esse].
Cuestión 3, artículo 5, corpus.
La última y perfecta bienaventuranza, que esperamos en la vida futura, consiste tota ella en la contemplación. Pero la bienaventuranza imperfecta, tal como puede tenerse aquí, consiste, por cierto, en primer lugar y principalmente en la contemplación; y secundariamente en la operación del intelecto práctico que ordena las acciones y las pasiones humanas, como se afirma en el Libro X de la Ética. [Et ideo ultima et perfecta beatitudo, quae expectatur in futura vita, tota consistit in contemplatione. Beatitudo autem imperfecta, qualis hic haberi potest, primo quidem et principaliter consistit in contemplatione, secundario vero in operatione practici intellectus ordinantis actiones et passiones humanas, ut dicitur in X Ethic.].
Cuestión 3, artículo 6, corpus
Como se dijo antes (a. 2, ad 4) hay en el hombre una doble bienaventuranza, perfecta una e imperfecta la otra. Y es necesario entender que la bienaventuranza perfecta es la que alcanza la verdadera razón o esencia de la bienaventuranza; la imperfecta, empero, no la alcanza sino que participa una cierta semejanza particular de la bienaventuranza; así como la prudencia perfecta se encuentra en el hombre en el que existe la razón de las cosas agibles y la prudencia imperfecta se da en algunos animales brutos en los que hay ciertos instintos particulares ordenados a ciertas operaciones semejantes a las obras de la prudencia. [Respondeo dicendum quod, sicut supra dictum est, duplex est hominis beatitudo, una perfecta, et alia imperfecta. Oportet autem intelligere perfectam beatitudinem, quae attingit ad veram beatitudinis rationem, beatitudinem autem imperfectam, quae non attingit, sed participat quandam particularem beatitudinis similitudinem. Sicut perfecta prudentia invenitur in homine, apud quem est ratio rerum agibilium, imperfecta autem prudentia est in quibusdam animalibus brutis, in quibus sunt quidam particulares instinctus ad quaedam opera similia operibus prudentiae].
Cuando leí el mensaje de D. Javier Prieto Aceves me acordé de Jorge Manrique. En las "Coplas a la muerte de su padre" desarrolla algo que explica Santo Tomás en I-II q. 65, a. 2 c. Dice Santo Tomás: las virtudes adquiridas "pueden existir sin la caridad, como sucedió en muchos gentiles". Y el poeta, refiriéndose a las virtudes de su padre:
En ventura, Octaviano;
Julio César en vencer
e batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal, en el saber
e trabajar.
Y así una larga lista de las virtudes de paganos. La razón de este respeto a los que lo merecen es que "todas las cosas son vuestras, vosotros de Cristo, cristo de Dios". Todo lo que hay de noble en el mundo nos pertenece.
Pero cuando D. Javier propone que admiremos a Gandhi, tal vez no se ha dado cuenta de que ya nadie se acuerda de este personaje. Fue famoso mientras dio dinero. No es fácil mantener en el candelero a un hombre que fue una mala persona, cortito de inteligencia, y que se quedaba cómodamente hilando mientras otros se mataban para solucionar los problemas. Él no resolvió ninguno, porque hilando poco se puede resolver. Además era feo, no se puede poner en camisetas.
Es parecido al caso de Einstein. También una mala persona, cortito de inteligencia. Pero Einstein sigue dando dinero. Pues se organizan experimentos muy entretenidos, que dan resultados con una multitud de decimales. Los decimales apasionan a los científicos, y deslumbran a los profanos. La imagen de ancianito bondadoso queda bien en las camisetas.
A Camus recuerdo haberlo leído de joven, "Las ratas". Creo que mantenía una tesis sensata, que las ratas desaparecen, pero vuelven. No sé mucho de él.
El cristiano respeta lo que merece respeto. Pero "non est bonum omnem reverentiam observare" (Eccli. 41, 20), no es bueno respetar todo. Para que no me critiquen por salirme del tema del mes, dice Santo Tomás que el mayor premio a las bienaventuranzas es "... la gloria de la filiación divina, que consiste en la perfecta unión a Dios, consumada por la sabiduría" (... gloria divinae filiationis, quae est in perfecta coniunctione ad Deum per sapientiam consummatam. I-II q. 69 a. 4 c.). La sabiduría produce el mayor grado de felicidad. No me parece muy sabio confundir a los héroes con los villanos. Aunque hay que reconocer que la publicidad que se le hace a los villanos es muy buena. Como dice San Agustín, es más fácil simular las virtudes que tenerlas. Un cordial saludo.
Estoy plenamente de acuerdo con el comentario que hace Mario Caponnetto a mi intervención de fecha 4 de marzo.Es cierto,puede tener conexión con la Parábola del hombre rico que, frente a quienes se excusan,manda entonces invitar a los pobres y lisiados de los caminos.Feliz recuerdo de la Universalización del Reino,con los gentiles que ocupan el lugar de piedra angular,frente a quienes rehusan participar en el convite.En ello tenemos la verdadera recompensa.Gracias. Saludos a todos. Jorge Andregnette
Para don Rafael y otros amigos pacientes: Agradezco de verdad los comentarios de don Rafael Quijano y ya son muchas y afortunadas sus correcciones fraternas. Sí reconozco que la hipótesis que lancé se sale del tema un poco, pues no habría muchos que puedan sostener que las bienaventuranzas (sobrenaturales) pueden hallarse misteriosamente puestas por Dios en la vida terrenal de algunos seres humanos. No importa si son tenidos por héroes o villanos. No importa tampoco que la propaganda los agrande o trate de falsificar su vida para confundir los juicios de los mortales, aquí abajo en la tierra… Acepto sinceramente que las virtudes adquiridas "pueden existir sin la caridad, como sucedió en muchos gentiles". Como con toda verdad sostiene don Rafael. Me encantó escuchar de él la cita maravillosa de las coplas de Manrique. Ciertamente Julio César, Africano, Aníbal y Octaviano pueden ser admirados en sus virtudes mundanas porque sí es muy claro y verdadero que “todas las cosas son vuestras, vosotros de Cristo, Cristo de Dios".y que “: Todo lo que hay de noble en el mundo nos pertenece” como hijos de Dios que somos. Y que ciertamente en nuestros imperfectos juicios que hacemos acerca de los méritos de los hombres gentiles o tenidos por tales, como dice San Agustín, “es más fácil simular las virtudes que tenerlas” Pero en lo que yo quiero orientación de don Rafael y de todos los que hayan tenido paciencia con mi hipótesis: “La posible existencia de hombres que porque Dios lo permita así, tengan una especie de semilla de las operaciones nacidas de la contemplación que en el Juicio final merezca el Venid benditos de mi Padre, porque…” Hombres que practiquen la caridad, inclusive no cristianos. Esto, aunque no comulguen con toda la fe de la Iglesia en alguna o varias etapas de su vida” Mi pregunta concreta a don Rafael es si él no tiene algún ejemplo (hipotético, por supuesto) de la existencia mundana de alguna persona que también tuviera una forma de vida contemplativa con las características de las bienaventuranzas; y si puede citar algún nombre hipotético que concuerde esta hipótesis que he sugerido. No cité yo a Marin Luther King. Tampoco al Dr. Víctor Frankl. ¿Cuadrará mi hipótesis para alguno? Atentos saludos: Javier Prieto Aceves