De los grados de felicidad

Época II Año 6 Número 2 Marzo - Abril 2008
La lectio está cerrada. Ha comenzado la disputatio.
Lectio

Las palabras del que enseña –verba doctoris- son causa más próxima de la ciencia que las cosas sensibles que existen fuera del alma (Tomás de Aquino, De Veritate q.11, a.1 ad 11).

La lectio es la primera parte del Studium bimestral de e-aquinas. Tiene lugar durante el primer mes del Studium.

Consiste en la lectura y comentario de textos de Santo Tomás de Aquino o de otros maestros. Primero, se proponen textos (verba doctoris) que iluminen el tema de estudio. Segundo, se comentan (commentarium) los textos propuestos.

Verba Doctoris

  • Tomás de Aquino, Summa Theologiae I-II, q.69, a.3 in c.

    La enumeración de las bienaventuranzas está hecha del modo más conveniente. Para poder verlo hay que considerar que algunos señalaron una triple bienaventuranza, pues unos cifraron la bienaventuranza en la vida voluptuosa; otros, en la vida activa; y otros, finalmente, en la vida contemplativa. Pero estas tres bienaventuranzas guardan diversa relación con la bienaventuranza futura, cuya esperanza nos hace aquí dichosos. Pues la felicidad voluptuosa, por ser falsa y contraria a la razón, es impedimento de la bienaventuranza futura. En cambio, la felicidad de la vida activa dispone para la bienaventuranza futura. Y la felicidad contemplativa, si es perfecta, constituye esencialmente la misma bienaventuranza futura; y, si es imperfecta, es cierta incoación de la misma.

    Por eso el Señor puso en primer lugar ciertas bienaventuranzas que apartan lo que es el obstáculo de la felicidad voluptuosa. Pues la vida voluptuosa consiste en dos cosas. La primera, en la abundancia de bienes exteriores, bien sean riquezas, bien sean honores. De ellos se retrae el hombre por la virtud, usando moderadamente de ellos, y de modo más excelente por el don, que le inclina a despreciarlos totalmente. De ahí que se ponga como primera bienaventuranza: Bienaventurados los pobres de espíritu, lo cual puede referirse o al desprecio de las riquezas o al desprecio de los honores, que realiza la humildad. La segunda cosa en que consiste la vida voluptuosa es seguir las propias pasiones, tanto del apetito irascible como del apetito concupiscible. Del seguimiento de las pasiones del apetito irascible retrae al hombre la virtud, para que no se exceda en ellas, según la regla de la razón; y de modo aún más excelente lo hace el don, hasta el punto de lograr plena tranquilidad en conformidad con la voluntad divina. De ahí que se ponga como segunda bienaventuranza: Bienaventurados los mansos. Y del seguimiento de las pasiones del apetito concupiscible retrae la virtud, haciendo usar moderadamente de ellas, y el don, renunciando a ellas totalmente si fuere necesario, e incluso optando, si fuese necesario, por el llanto voluntario. De ahí que se ponga como tercera bienaventuranza: Bienaventurados los que lloran.

    La vida activa consiste principalmente en dar cosas a los demás, sea como debidas o como beneficio espontáneo. A lo primero nos dispone la virtud para que no rehusemos dar al prójimo lo que le debemos, lo cual pertenece a la justicia. Mas el don nos mueve a eso mismo con un afecto más abundante, de modo que cumplamos las obras de justicia con ferviente deseo, al modo como el hambriento y el sediento apetecen con ferviente deseo la comida y la bebida. De ahí que se ponga como cuarta bienaventuranza: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia. En cuanto a las donaciones espontáneas, la virtud nos perfecciona para que demos cosas a aquellos a quienes nos dicta la razón que debemos darlas, como a los amigos y otras personas allegadas, lo cual pertenece a la virtud de la liberalidad; pero el don, por la reverencia a Dios, no se fija más que en la necesidad de aquellos a quienes hace beneficios gratuitos. De ahí que se diga en Lc 14,12-13: Cuando hagas una comida o una cena, no llames a tus amigos ni a tus hermanos, etc., sino llama a los pobres y débiles, etcétera, lo cual es propiamente tener misericordia. Por eso se pone como quinta bienaventuranza: Bienaventurados los misericordiosos.

    Las cosas pertenecientes a la vida contemplativa, o son la misma bienaventuranza final o algún comienzo de ella. Por eso no se ponen en las bienaventuranzas como méritos, sino como premios. Pero se ponen como méritos los efectos de la vida activa con los cuales se dispone el hombre para la vida contemplativa. Ahora bien, entre los efectos de la vida activa, en cuanto a las virtudes y dones que perfeccionan al hombre en sí mismo, está la pureza de corazón, de modo que la mente del hombre no se manche con las pasiones. De ahí que se ponga como sexta bienaventuranza: Bienaventurados los limpios de corazón y en cuanto a las virtudes y dones que perfeccionan al hombre en relación con el prójimo, el efecto de la vida activa es la paz, según aquello de Is 32,17: La paz será obra de la justicia. De ahí que se ponga como séptima bienaventuranza: Bienaventurados los pacíficos

    Enlace a texto original

    (Publicado por Miguel Ángel Belmonte el 3 de marzo de 2008)

    Commentaria (11)

  • Tomás de Aquino, In X Ethic., lect.XII

    Una vez que Aristóteles mostró que la perfecta felicidad, primera y principal, es según la consideración del entendimiento, ahora, presenta otra felicidad secundaria, que consiste en la operación de las virtudes morales. Primero, presenta el tema diciendo que, como felicísimo es aquél que huelga en la consideración de la verdad, secundariamente es feliz el hombre que vive según otra virtud, a saber, según la prudencia, que es directriz de todas las virtudes morales. Como la felicidad especulativa se atribuye a la sabiduría, que comprende en sí los otros hábitos especulativos porque es el principal, así, la felicidad activa, que se da en la operación de las virtudes morales, se atribuye a la prudencia que es perfeccionadora de todas las virtudes morales, como se mostró en el libro sexto.

    Enlace a texto original

    (Publicado por Enrique Martínez el 10 de marzo de 2008)

    Commentaria (3)

  • Tomas de Aquino, Suma de Teología I-II, q.3, a.2 ad 4

    Puesto que la bienaventuranza dice una cierta perfección última según que cosas diversas, capaces de bienaventuranza, pueden llegar a diversos grados de perfección, conforme con esto es necesario que la bienaventuranza se diga de diversos modos. Pues en Dios hay una bienaventuranza por esencia porque su mismo ser es su misma operación por la que no se goza de otro sino de sí mismo. En los ángeles bienaventurados existe una última felicidad según una cierta operación por la que se unen al bien increado; y esta operación en ellos es única y sempiterna. En los hombres, de acuerdo al estado de la presente vida, hay una perfección última por la que el hombre se une a Dios; pero esta operación no puede ser continua y, por consiguiente, no es la única puesto que por la interrupción la operación se multiplica. Por esta razón, en el estado de la vida presente el hombre no puede poseer la perfecta bienaventuranza. Por eso, el Filósofo, en el Libro I de la Ética, poniendo la bienaventuranza del hombre en esta vida, dice que ella es imperfecta concluyendo después de muchas razones: «Decimos bienaventurados en cuanto hombres». Pero a nosotros Dios nos promete una bienaventuranza perfecta cuando seamos «como ángeles en el cielo», según se lee en Mateo 22, 30. Por tanto, en cuanto a la bienaventuranza perfecta cesa la objeción porque por una continua y sempiterna operación en aquel estado de beatitud la mente del hombre se une a Dios. Pero en la vida presente, cuanto distemos de la unidad y continuidad de tal operación tanto distaremos de la perfección de la bienaventuranza. Sin embargo, existe una participación de la bienaventuranza y tanto mayor cuanto más continua y una puede ser la operación. Por eso, en la vida activa, que se ocupa de muchas cosas, hay menos razón de bienaventuranza que en la vida contemplativa que versa acerca de una sola cosa, esto es, la contemplación de la verdad. Y aun cuando el hombre no ejerza en acto esa operación, no obstante porque la tiene en su poder siempre puede contemplar; y también puesto que la misma interrupción, por ejemplo, la del sueño o la de alguna ocupación natural, se ordena a la operación contemplativa, parece como que la operación es continua.

    Enlace a texto original

    (Publicado por Mario Caponnetto el 25 de marzo de 2008)

    Commentaria (1)

  • Tomás de Aquino, Suma de Teología I-II, q.3 a.5 in c

    La última y perfecta bienaventuranza, que esperamos en la vida futura, consiste tota ella en la contemplación. Pero la bienaventuranza imperfecta, tal como puede tenerse aquí, consiste, por cierto, en primer lugar y principalmente en la contemplación; y secundariamente en la operación del intelecto práctico que ordena las acciones y las pasiones humanas, como se afirma en el Libro X de la Ética.

    Enlace a texto original

    (Publicado por Mario Caponnetto el 25 de marzo de 2008)

    Commentaria (1)

  • Tomás de Aquino, Suma de Teología I-II, q.3, a.6 in c

    Como se dijo antes (a. 2, ad 4) hay en el hombre una doble bienaventuranza, perfecta una e imperfecta la otra. Y es necesario entender que la bienaventuranza perfecta es la que alcanza la verdadera razón o esencia de la bienaventuranza; la imperfecta, empero, no la alcanza sino que participa una cierta semejanza particular de la bienaventuranza; así como la prudencia perfecta se encuentra en el hombre en el que existe la razón de las cosas agibles y la prudencia imperfecta se da en algunos animales brutos en los que hay ciertos instintos particulares ordenados a ciertas operaciones semejantes a las obras de la prudencia.

    Enlace a texto original

    (Publicado por Mario Caponnetto el 25 de marzo de 2008)

    Commentaria (0)

Santos de hoy
www.santopedia.com