De los grados de felicidad

Época II Año 6 Número 2 Marzo - Abril 2008

Quaestio

El poeta catalán Joan Maragall, dice en su “Canto Espiritual” (1911): “si el mundo es ya tan hermoso, Señor, … / ¿qué más nos podéis dar en otra vida? / … querría / detener muchos momentos de cada día / para hacerlos eternos dentro de mi corazón”



¿puede pregustarse la felicidad eterna en esta vida temporal hasta el punto de volverse innecesaria la misma felicidad eterna?

Responsiones

  • Joan Maragall, al decir “si el mundo es ya tan hermoso, Señor, … / ¿qué más nos podéis dar en otra vida? /… querría / detener muchos momentos de cada día / para hacerlos eternos dentro de mi corazón” acababa su plegaria diciendo: “¡Déjame creer, pues, que estás aquí!” Luego, quizás por un escrúpulo de exceso de “vitalismo”, añadió una estrofa (pienso que también es suya) que se lee mucho en los entierros, por su belleza y que no copio aquí porque ahora tenemos los recursos para entender lo que quiso decir, sin adornar con el más allá este amor por la vida. La pregunta no sería “¿puede pregustarse la felicidad eterna en esta vida temporal hasta el punto de volverse innecesaria la misma felicidad eterna?” sino “¿es bueno sentirse feliz ya aquí, sin perder la fe en el más allá?” A veces pensamos que el placer es pecado, que en esta “valle de lágrimas” es obligatorio llorar (decía una mujer: “es una valle de lágrimas la vida, pero, ¡qué bien se llora!”). A veces miramos la vida del más allá, y nos olvidamos de disfrutar del regalo que Dios nos ha hecho. Si el mundo es un regalo divino (volviendo al tema de la poesía citada), y Dios nos ha hecho un jardín delicioso como regalo, ¿no sería una blasfemia cerrar los ojos y despreciar este regalo? ¿Cómo se agradecen los regalos? Abriéndolos y disfrutándolos. Pues por ahí va la poesía. Oímos hablar de obligaciones, y en moral hacer la voluntad de Dios, cuando lo que Dios quiere es que seamos felices: “la felicidad del cielo es para los que saben ser felices en la tierra”, decía San Josemaría Escrivá. ¿Amar el mundo apasionadamente es malo? No, este fue el título de una famosa homilía del citado santo, y Joan Maragall iba en esta línea. No es fácil encontrar un equilibrio, pues el maniqueísmo ha hecho que hablemos de obligaciones y cosas desagradables, palabras muertas que no mueven: “¿Cuando llegará el momento que despreciaréis cualquier otro ritmo y no hablaréis sino con palabras vivas? Entonces seréis escuchados con entusiasmo y vuestras palabras misteriosas darán frutos de vida verdadera y desvelaréis entusiasmo” (decía también Joan Maragall). San Ireneo nos dará una aportación importante para captar lo que es la gloria de Dios, la voluntad de Dios: "Gloria Dei vivens homo", la gloria de Dios es la vida del hombre, y la vida del hombre es la visión de Dios. Esto está bien lejos de considerar a Dios como un ser lejano de los hombres como un rey que recibe el tributo de los hombres como una especie de autocomplacencia. La gloria de Dios es vivir en nosotros, es que tengamos vida eterna, la suya; es endiosarnos. Esa gloria de Dios es gozo en Dios por la alegría del triunfo del hijo libre, que puede ser díscolo, pero que ha triunfado y ama como Dios, es el mismo Dios en cierta manera, como dice San Gregorio de Nisa. Es el endiosamiento bueno que será perpetuo en la vida de la gloria perpetua que es el cielo. Por esto debemos mirar este proceso extraordinario de mutua seducción entre Dios y el hombre, como recuerda el Papa en la carta de esta cuaresma (2008): es maravilloso lo que Jesús hace, por conquistar nuestro amor, puesto que “sólo el amor en el cual se unen el don gratuito de uno mismo y el deseo apasionado de reciprocidad infunde un gozo tan intenso que convierte en leves incluso los sacrificios más duros”. Jesús se nos da totalmente, con aquella fuerza que “hace que los amantes no lo sean de si mismos, sino de aquellos a quienes aman”. Nosotros podemos corresponder y adentrarnos en esta dinámica del amor divino. Y no pensando sólo en el más allá, rechazando nuestra existencia actual, sino reavivándola con una verdadera pasión por la vida, es este amor divino que nos hace sentir y ver todo con una fuerza especial, con una “alegría de vivir” más auténtica: «Porque la gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre es la visión de Dios: si ya la revelación de Dios por la creación procuró la vida a todos los seres que viven en la tierra, cuánto más la manifestación del Padre por el Verbo procurará la vida a los que ven a Dios» S. Agustín resalta: «El Verbo se hizo carne y moró entre nosotros. ¡Trueque admirable! Él se hace carne, y éstos se hacen espíritu (...). Fuisteis comprados a mucho precio; por vosotros se hizo el Verbo carne; por vosotros, quien era el Hijo de Dios, hízose hijo del hombre, a fin de que los hijos del hombre fuerais hechos hijos de Dios». A los que creen en su nombre dioles facultad de ser hijos de Dios (Io 1, 12); y añade: «¿Y cómo son hechos hijos de Dios? Los cuales no de la sangre, ni de la voluntad de varón ni de la voluntad de la carne, sino que de Dios son nacidos. Al recibir la facultad de ser hechos hijos de Dios, nacieron de Dios. Notadlo bien: nacieron de Dios, no por la mezcla de las sangres, como tiene lugar la primera generación (...). ¿Qué eran, en efecto, estos nuevos hijos de Dios? (...) El primer nacimiento es de varón y mujer; el segundo es de Dios y de la Iglesia». Lejos por tanto de un vitalismo hueco, diríamos hedonista, pero tampoco huir del mundo en un buscar “sólo el más allá”, sino saber que “Dios está aquí”, que tenemos una vida “en presente”, y que abrir los ojos a la vida es alegría, sentirse en casa, libres, sin atarse a nada más que a intentar dejarse amar por ese Dios que nos ama… eso es la vida. No quiero añadir más cosas, que me gustaría decir, para no alargarme más. En cierto modo, sería éste un tercer aspecto, a los que he comentado en los otros dos apartados: grados de felicidad, qué hay en la base del deseo de felicidad, y aquí vemos si hay que tener miedo a la vida. Pues no: “amar al mundo apasionadamente” es un mandato divino, responde a la Encarnación, y –excepto los momentos de Pasión- responde al asombro y entusiasmo de la vida de Jesús, que sabía disfrutar de todo lo humano. Saludos,

    Publicado por Llucià Pou Sabaté el 17 de Abril de 2008
  • Sin conocer el poema entero de Joan Maragall no se puede juzgar con ecuanimidad. El Prof. Pou Sabaté se ve que lo conoce, y lo interpreta, muy bien por cierto, en sentido positivo de amar al mundo, en cuanto que es criatura de Dios. Pero estos versos, en concreto, también se pueden utilizar para considerar la sutileza con la que nos engaña la soberbia.

    En Contra Gentiles (lib. 3, cap. 109), Santo Tomás se plantea cómo los demonios pudieron pecar, y da una explicación muy clara de lo que es la soberbia. Se puede resumir en un chiste que se cuenta por aquí por España. Dice el chiste que una ancianita estaba a punto de morir. El sacerdote que la atendía la animaba diciéndole que pronto estaría muy bien con Dios en el cielo. Y la ancianita le respondía: "Ay, Padre, como en su casa en ninguna parte". Esto es la soberbia.

    Pues dice Santo Tomás que Dios creó todas las cosas para que le dieran gloria. Así todas las criaturas se desarrollan hasta alcanzar su perfección, y así dan gloria a Dios. Pero el hombre y el ángel lo tienen más complicado. Como criaturas tienen su fin natural. Pero por haber sido elevados a un orden superior sólo pueden alcanzar la felicidad en el orden sobrenatural. La soberbia consiste en renunciar al fin sobrenatural, quedándose en su fin natural: "Por eso pudo haber pecado en la voluntad de la sustancia separada debido a que no ordenó su bien y perfección propios al último fin, sino que se adhirió a su bien propio como fin" (1). Quedarse con la belleza del mundo es eludir el fin para el que Dios nos ha creado.

    Con respecto a la pregunta que hace D. Miguel Ángel me parece que lo que canta Joan Maragall no tiene mucho que ver con la felicidad eterna. La felicidad no es una sensación, como la que produce en un poeta contemplar la belleza del mundo, sino una actividad de la mente. En concreto la 'operatio sapientiae', es decir, la caridad, que nos une a Dios en una 'familiaris conversatio' (I II q. 65 a. 5 c.). Esta conversación requiere largos años de oración y ascesis, precisamente para trascender los placeres que nos producen las cosas creadas. Placeres que no son malos, pues los ha creado Dios porque los necesitamos, pero que pueden encubrir una sutil soberbia: quedarse en el bien natural, en lugar de buscar el bien sobrenatural, que es el que Dios quiere.

    La felicidad eterna sólo se puede pregustar en esta vida en la conversación con Dios. Una vez que se ha pregustado caben dos posibilidades: insistir con más ahinco en mantener esta conversación de modo permanente, o poner en práctica la 'aversio a Deo et conversio in creaturis'. Un cordial saludo. ------------------------- (1) Potuit igitur in voluntate substantiae separatae esse peccatum ex hoc quod proprium bonum et perfectionem in ultimum finem non ordinavit, sed inhaesit proprio bono ut fini. III Contra Gentiles, cap. 109, nº 8.

    Publicado por Rafael Quijano Álvarez el 18 de Abril de 2008
  • Creo que el mismo poeta se encarga de responder a la cuestión. Dice, en efecto, que quiere "detener muchos momentos de cada día / para hacerlos eternos dentro de mi corazón". Pero, ¿quién puede eternizar el tiempo en esta vida perecedera? El poeta expresa la inquietud del corazón humano. De alguna manera está diciendo con San Agustín que esa "inquietud del corazón" sólo descansará cuando lleguemos a Dios en la vida futura.

    Publicado por Mario Caponnetto el 26 de Abril de 2008
  • Estoy de acuerdo con D. Mario, así los Padres de la Iglesia comentaban los salmos de alabanza a Dios, los cánticos de las criaturas al Creador omnipotente y misericordioso, así la invitación de san Agustín a alabarle, ensalzarle y festejarle a través de sus obras: «Cuando observas estas criaturas, te regocijas, y te elevas al Artífice de todo y a partir de lo creado, gracias a la inteligencia, contemplas sus atributos invisibles, entonces se eleva una confesión sobre la tierra y en el cielo... Si las criaturas son bellas, ¿cuánto más bello será el Creador?».

    Publicado por Llucià Pou Sabaté el 29 de Abril de 2008

Nova responsio

La disputatio de este número está cerrada.
Santos de hoy
www.santopedia.com