De la vida como grado de ser

Época II Año 8 Número 2 Abril - Agosto 2010
La lectio está cerrada. Ha comenzado la disputatio.

Verba Doctoris

Dios, ¿vive o no vive?

Objeciones por las que parece que Dios no vive:

1. Como se dijo (a.1 y 2), vive aquello que se mueve por sí mismo. Pero el moverse no es propio de Dios. Luego tampoco el vivir.

2. En todos los que viven hay algún principio que les hacen vivir. Se dice en el II De Anima: El alma es causa y principio del cuerpo del viviente. Pero Dios no tiene principio alguno. Luego no le corresponde vivir.

3. El principio vital en las cosas vivientes que están junto a nosotros, es el alma vegetal, que no está más que en las cosas corporales. Luego a las cosas incorpóreas no les corresponde vivir.

Contra esto: está lo que se dice en el Sal. 83,3: Mi corazón y mi carne se llenaron de gozo en el Dios vivo.

Respondo: Propiamente y en grado sumo está la vida en Dios. Para demostrarlo, hay que tener presente que, si se dice que vive aquello que se mueve por sí mismo y no por otro, cuanto más perfecto sea esto en alguien, tanto más perfecta en él será la vida. En los seres que se mueven y en los movidos se encuentran los siguientes tres tipos: 1) Primero, el fin, que es el que mueve al agente; el agente principal que actúa por su propia forma, aunque a veces lo hace por medio de un instrumento que no tiene fuerza operativa, sino que se la da el agente, ya que al instrumento no le corresponde más que ejecutar la acción. 2) Hay algunos que se mueven a sí mismos, pero no relacionados con la forma y el fin, connatural en ellos, sino sólo relacionados con la ejecución de un movimiento; pero la forma por la que actúan y el fin por el que actúan están determinados por la naturaleza. Así son las plantas, que, por la forma impresa en su naturaleza, se mueven a sí mismas orientadas al desarrollo y declive.

3) Hay otros que se mueven a sí mismos, pero no relacionados sólo con la ejecución del movimiento, sino también con la forma principio del movimiento, que adquieren directamente. Así son los animales, cuyo principio de movimiento no es la forma impresa en su naturaleza, sino adquirida por el sentido. Por lo tanto, cuanto más perfecto sea su sentido, tanta mayor perfección hay en su movimiento. Pues aquellos animales que no tienen más sentido que el tacto, se mueven a sí mismos sólo con el movimiento de dilatación y contracción, como las ostras, cuyo movimiento es muy poco superior al de las plantas. Por su parte, aquellos que tienen facultades sensitivas capaces de conocer no sólo lo que está junto a ellos tocándolos, sino también lo que está distante, se mueven a sí mismos desplazándose con movimiento progresivo. Pero, aun cuando estos animales adquieren por el sentido la forma que es su principio motor, sin embargo, por sí mismos no establecen el fin de su operación o de su movimiento, sino que está impreso en su naturaleza, cuyo instinto los inclina a hacer lo que hacen movidos por la forma adquirida por los sentidos. Por lo tanto, por encima de estos animales están aquellos que se mueven a sí mismos, también orientados al fin que se fijan. Lo cual no se hace más que por la razón y el entendimiento, a los cuales les corresponde fijar la proporción entre el fin y lo que puede proporcionar, y orientar lo uno a lo otro. Por lo tanto, el modo más perfecto de vivir está en aquellos que tienen entendimiento; y éstos son los que también se mueven a sí mismos más perfectamente. Prueba esto el hecho de que en un mismo hombre la facultad intelectiva mueve las potencias sensitivas; y éstas por su poder mueven los órganos que ejecutan el movimiento. También sucede esto en las artes, pues vemos que el arte al que le corresponde el uso de la nave, esto es, el arte de la navegación, instruye al que le da forma, y ésta al que sólo la ejecuta, construyéndola.

Pero aun cuando nuestro entendimiento esté orientado a algo, sin embargo, algunas cosas están impresas en su misma naturaleza, como los primeros principios, que no pueden cambiar, y el último fin, que no puede no querer. Por lo tanto, aun cuando se mueva por algo, empero es necesario que, por lo que respecta a algunas cosas, sea movido por otro. Así, pues, aquello cuya naturaleza sea su mismo conocer, y a lo que esté orientado y que no esté determinado por otro, ése tiene el grado de vida más alto. Ese tal es Dios. Por lo tanto, en Dios está la vida en grado sumo. Por eso, el Filósofo en XII Metaphys., asentado que Dios es inteligente, concluye que posee la vida más perfecta y eterna, porque su entendimiento es absolutamente perfecto y siempre en acto.

A las objeciones:

1. Como se dice en IX Metaphys., hay un doble tipo de acción: 1) Una, que actúa sobre una materia externa al que actúa. Ejemplo: Calentar, cortar. 2) Otra, que permanece en el que actúa. Ejemplo: Entender, sentir, querer. La diferencia está en que la primera no perfecciona al agente, sino a quien recibe la acción, mientras que la segunda perfecciona al agente. Así, porque el movimiento es un acto del que mueve, el segundo tipo de acción, por ser un acto del que actúa, es llamado movimiento. Ahí reside la semejanza por la que, así como el movimiento es un acto del que mueve, así también la acción es un acto del que actúa. Y aun cuando el movimiento sea un acto imperfecto, por estar en potencia, la acción es un acto perfecto por estar en acto. Esto lo explica el III De Anima. Así, pues, en la medida en que conocer es un movimiento, se dice que lo que se conoce se mueve. En este sentido sostuvo Platón que Dios se mueve a sí mismo; no en el otro sentido, en el que el movimiento es un acto imperfecto.

2. Así como Dios es su mismo ser y su mismo conocer, así también es su propio vivir. Por eso, su modo de vivir no tiene principio vital.

3. En los seres inferiores la vida está impresa en una naturaleza corruptible que necesita la generación para conservar la especie y el alimento para conservar al individuo. Por eso, en los seres inferiores no se encuentra la vida sin el alma vegetal. Esto no se da en lo incorruptible.

Commentaria

  • La definición de la vida siempre me pareció un tema fascinante y que requiere constante atención, sobre todo porque se sabe bastante poco sobre ella.

    La definición por el automovimiento que encontramos en el punto 1 del texto propuesto("moverse por sí mismo") suele tener problemas desde que se inventó el automóvil. Se nos suele decir que, en el lenguaje filosófico, “mover” es más general que el desplazamiento espacial, significando en realidad “cambio”. Sin embargo, aceptado esto, la definición de “ser vivo” quedaría: “aquel que cambia por sí mismo”; lo cual también encontraría “analogías” cibernéticas. El hecho de que se haya acuñado el término “vida artificial” en la literatura científica reciente es significativo, en este sentido.

    Pregunto entonces al foro de amigos, si alguno puede acercar aclaraciones sobre esta definición de la vida que encontramos al principio de este texto de Aquino.

    Publicado por Alejandro Clausse el 11 de Abril de 2010
  • Estimado Alejandro:

    No había que esperar la invención del automovil para plantear la objeción o el problema que usted expone. En la época de Santo Tomás ya existían los barcos... A éstos los movía el viento y a los primeros los mueve la combustión del motor. Unos y otros no se mueven un milímetro si un hombre no los conduce. Por tanto lo de "automovil" es sólo una metáfora o, a lo más, una analogía. Lo mismo ocurre con las analogías cibernéticas. Después de todo, no olvide usted que "ars imitatur naturam".

    La definicón del viviente como semoviente se funda en que el viviente tiene en sí, dentro de sí, los principios de su movimiento, esto es, su forma (que es acto).

    Seguimos pensando.

    Un abrazo

    Mario

    Publicado por Mario Caponnetto el 12 de Abril de 2010
  • Me quedé pensando en los comentarios de Mario.

    No estoy tan seguro que el barco a vela sea análogo al automóvil. El viento hace las veces de alguien que empuja, en cambio la nafta es análoga al alimento del ser vivo. Como bien menciona Mario, el principio mecánico del movimiento del automovil es la combustión, que es desde el punto de vista químico similar a la conversión de nutrientes y oxígeno en energía por parte del ser vivo.

    Tampoco estoy tan seguro de que siempre "ars imitatur naturan". Por ejemplo, el transporte a rueda y la televisión no se dan en la naturaleza.

    Publicado por Alejandro Clausse el 12 de Abril de 2010
  • El ejemplo de la nave de viento es mucho más fácil de rechzar, en la medida que es un facto externo a la misma nave. Ahora bien, la gasolina que permite la combustión en el automóvil, ha sido correctamente analogada con el alimento que permite al ser vivo ejercer su acto. Pero no se debe perder de vista que, en tanto analogía, los elementos son considerados en parte igual y en parte diferente. En este caso, la gasolina se comporta de manera igual al alimiento, en tanto que otorga energía, pero no debe olvidarse que conserva una diferencia: el automóvil no asimila la gasolina a su ser, mientras que un ser vivo, transforma lo que consume como alimento en parte de su ser. Quizá esta sea la parte medular del asunto. Un ser vivo es el que tiene la capacidad de automovimiento, en tanto que posee dentro de sí la forma que lo perfecciona.

    Los seres vivos, desde la metafísica tomista, pasan de la potencia al acto, pero una vez puestos en el ser, esto lo logran por sí mismos. cosa que no puede decirse con toda exactitud del automóvil. El hecho que recordaba en el párrafo anterior, de asimilar lo que consume , implica que algo que no realiza el automóvil. Mientras que éste último sufre desgaste y sólo desde un elemento externo puede ser reparado, el ser vivo, al asimiliar a sí lo que consume, puede "autorreparase".

    POr supuesto que es dificil tratar de dar respuesta a fenómenos contemporáneos desde una teoría elaborada en el siglo XIII. Pero la existencia de vida artificial tampoco es una objeción. El mismo concepto de "vida artificial" supone una conjunción riesgosa de entenderse; pero en todo caso, la realidad virtual, la vida artificial son nomenclaturas cinetíficas que utilizan de manera equívoca conceptos que en la filosofía tienen en otro sentido.

    Publicado por Jorge Luis Ortiz Rivera el 13 de Abril de 2010
  • Estimados amigos:

    Coincido con la respuesta de Jorge Luís. En realidad, todo ente opera por su forma. Los seres naturales operan por una forma natural. Los seres artificiales lo hacen por una forma artificial forma ésta que, primero, se halla en la mente del artista (o técnico o artesano) y, luego, se plasma en el artefacto. Esta es la diferencia fundamental que se ha de apuntar entre seres naturales y artefactos. A ella me referiré más abajo.

    Ahora bien, los seres naturales pueden, a su vez, ser movidos desde fuera de sí mismos (una piedra, por ejemplo) o moverse a sí mismos, esto es, por la eminencia de su forma poseen en sí mismos los principios de su movimiento (estos son los seres naturales que llamamos vivos, o vivientes). Se ha de tener en cuenta, para una adecuada comprensión del tema, que la palabra "movimiento" expresa todo dinamismo, todo cambio, alteración, transformación, etc. De modo que la asimilación del alimento (a la que se refiere Jorge Luís) es un movimiento; también lo es, una pasión (el dolor, por ejemplo, en un animal), una sensación, etc.

    De hecho, nosotros no podemos conocer, en sí misma, la naturaleza de cada ser; sólo podemos observar las operaciones de los seres y a partir de ellas juzgar acerca de la naturaleza de cada uno. De este modo, al observar las operaciones de los seres que llamamos vivos es posible establecer una serie de diferencias entre ellos y los demás seres no vivientes y, así, llegar a la noción formal de vida. Este es el camino de Aristóteles quien enseña: “Entre los cuerpos naturales algunos poseen vida y otros no; llamamos vida la capacidad de nutrirse, de crecer y de languidecer por sí mismo” (De anima II, 412 a 13). Santo Tomás, comentando este pasaje, aclara que Aristóteles no intenta definir formalmente la vida sino tan sólo caracterizarla mediante algunas de sus operaciones y que a las señaladas por el Filósofo pueden añadirse otras como la vida sensitiva y aún la intelectiva (cf. In de anima II, lectio 1, n. 9). Todas estas actividades u operaciones son, pues, propias de los cuerpos animados o vivos mientras que no se encuentran en los seres inanimados.

    Ha de decirse, pues, que el ser viviente posee una suerte de interioridad o de espontaneidad que no se encuentran en otros seres. “Por su propia iniciativa es por lo que el animal se desplaza, se nutre o se reproduce, mientras que la piedra se ve que sólo del exterior recibe sus impulsos. Este hecho se traduce diciendo que el ser vivo tiene por carácter distintivo el moverse por sí mismo, al contrario de los no vivos, que tienen en su naturaleza el ser movidos por otros” (H. D. GARDEIL, “Iniciación a la filosofía de Santo Tomás de Aquino, 3- Psicología”, México, 1974, página 24).

    A partir, pues, de estas consideraciones, podemos llegar a una definición formal de vida, tal como la expone Tomás: “Propria autem ratio vitae est ex hoc, quod aliquid est natum movere seipsum, large accipiendo motum, prout etiam intellectualis operatio motus quidam dicitur. Ea enim sine vita esse dicimus, quae ab exteriori tantum principio moveri possunt (In De anima II, lectio I, n. 9).

    Volvamos, ahora, a la diferencia entre los cuerpos naturales y los artificiales. Propongo, al respecto, el siguiente texto del Aquinate: “Secunda divisio est, quod corporum, quaedam sunt corpora physica, id est naturalia; quaedam non naturalia, sed artificialia. Homo enim et lignum et lapis sunt naturalia corpora, domus et securis sunt artificialia. Magis autem videntur substantiae corpora naturalia quam artificialia, quia corpora naturalia sunt principia artificialium. Ars enim operatur ex materia quam natura ministrat; forma autem quae per artem inducitur, est forma accidentalis, sicut figura vel aliquid huiusmodi. Unde corpora artificialia non sunt in genere substantiae per suam formam, sed solum per suam materiam, quae est naturalis. Habent ergo a corporibus naturalibus quod sint substantiae. Unde corpora naturalia sunt magis substantiae quam corpora artificialia: sunt enim substantiae non solum ex parte materiae, sed etiam ex parte formae” [La segunda división consiste en que, de los cuerpos, unos son cuerpos físicos, esto es, naturales, y otros no son naturales sino artificiales. En efecto, el hombre, el leño y la piedra son cuerpos naturales, la casa y el hacha, son artificiales. Ahora bien, más parecen susbtancias los cuerpos naturales que los artificiales porque los cuerpos naturales son el principio de los artificiales pues el arte opera a partir de una materia que la naturaleza provee y la forma que es inducida por el arte es una forma accidental, como la figura o algo semejante. Por esta razón los cuerpos artificiales no están en el género de substancia por su forma sino solamente por su materia la que es natural. Por tanto, tienen de los cuerpos naturales el que sean substancias. Por eso los cuerpos naturales son más considerados substancias que los cuerpos artificiales pues son substancias no sólo por parte de la materia sino también por parte de la foirma” (In de anima II, lectio I, n. 8).

    Creo que de este texto podemos concluir que si los cuerpos artificiales difieren de los naturales en razón de sus formas diferirán, también, en razón de sus operaciones. De modo que las operaciones de los artefactos serán sólo accidentales en tanto que la de los cuerpos naturales son, por lo mismo, naturales, es decir, substanciales.

    Por último, la dificultad en “tratar de dar respuesta a fenómenos contemporáneos desde una teoría elaborada en el siglo XIII” no proviene, a mi entender, de la antigüedad de la teoría sino de la incapacidad de la ciencia contemporánea de entender el hilemorfismo. La pérdida de este horizonte hilemórfico -valga la expresión- deja a la ciencia contemporánea sin la clave para entender el mundo físico.

    Saludos cordiales

    Mario

    PD: La observación de Alejandro de que el arte no siempre imita a la naturaleza obliga a abordar una cuestión ajena al tema del trimestre. Pero si Don Alejandro lo cree oportuno, con gusto le enviaré un trabajo de mi autoría sobre el punto que puede dar lugar, incluso, a un diálogo personal. Si me da su dirección electrónica se lo haré llegar.

    Publicado por Mario Caponnetto el 15 de Abril de 2010
  • Muy interesantes los comentarios de Mario y Jorge Luis. Es notable la relación que menciona Mario entre el tema de la vida y el hilemorfismo.

    Del texto de Aquino propuesto por Mario, me sorprendió una noción que no recordaba: que en última instancia lo vivo es substancial, mientras que lo artificial es accidental. De esta noción parece deducirse que hay una contradicción insalvable en la frase "vida artificial".

    De todos modos hay algunos conceptos tecnológicos nuevos que complican esta noción. Hay diseños avanzados de algunas cosas que se adaptan por sí solos a las circunstancias; por ejemplo, compensan cambios de volumen por temperatura o presión, etc. En general, la automatización tiene esa propiedad. Por eso es que me resulta débil la definición de vida en base al automovimiento, o autocambio, o autotransformación.

    Publicado por Alejandro Clausse el 19 de Abril de 2010
  • No sse si resulte oportuno relacionar también el concepto de vida, distinguiéndola la de los seres sustentados semovintes de la vida del Ser que lo sustenta todo. Saludos Javier Prieto Aceves

    Publicado por Javier Prieto Aceves el 28 de Abril de 2010
  • La Santísima Virgen de Guadalupe me ilumine

    Permanecí en el hospital los dos últimos días a causa de una intensa reacción alérgica. La fuerza espantosa del Rash apretaba mi garganta. Y cuando creía que iba a morir, la ofensiva del Rash fue sofocada en un brutal ataque instrumental y lógico de la ciencia. Menos mal que la heroica acción la dirigió mi amadísimo doctor Chacín. Más tarde me confesaba que tenía confianza en los resultados de esta guerra, siempre que Dios la condujera. Y esto, me causó mucha alegría. Realmente el doctor Chacín no sufre del triste conflicto entre Fe y Ciencia. Vuelta a casa, ojeé los comentarios sobre el tema “de la vida como grado de ser”. Y me dispuse a dejar unas líneas. Escribir sobre un tema del que se sabe bastante poco, como señala Alejandro Clausse, me intimida. Tal vez no logre escribir conforme con la Lectio. Del Génesis, tomaré “El sueño de Jacob”. La escalera apoyada en tierra, y cuya cima tocaba los cielos, es una maravillosa imagen para jerarquizar la “escala de los seres” en movimiento. “Las criaturas, en un movimiento de superación perpetuo, se le aprecian como una escalera para llegar hasta Dios. En ese movimiento que confluye hacía Dios, hay una negativa al reposo. Y cuanto más perfecto es, tanto más perfecto es el grado de vida. En la escalera soñada, aparecían como en cascada seres vivientes, animales o plantas y seres materiales, aparecían los ángeles de Dios que subían y bajaban por ella, y aparecía una criatura pálida, asustada “en la Casa de Dios”. La criatura arrebatada de admiración, atesoraba la perfección del ser más alta. En una palabra, es una persona. Del Libro de Job, tomé tres palabras: “Respeta su vida” (Job 2, 6): La inteligencia. La más alta perfección del ser. La vida como grado de ser más elevado. La persona, es una inteligencia arrebatada de admiración inclinada ante la omnipotencia divina, en dialogo amoroso con Dios.

    Oremos con santo Tomás “Señor, concede a mi alma que de ti viva”. Tal vez logre escribir algún texto acorde con la Lectio. Aide.

    Publicado por Aide Hidalgo el 3 de Mayo de 2010
  • El enfoque de Aide es interesante en el sentido que a Dios lo conocemos por sus efectos, por “extrapolación” de lo que encontramos en las cosas, en este caso la vida en los seres vivientes.

    Volví a releer el texto propuesto en esta lectio, y se me plantearon más preguntas sobre ¿qué es “vida”?

    En punto 3 del texto de la lectio dice Aquino que “vive aquello que se mueve por sí mismo y no por otro”. Fíjense que está definiendo con una negación. Algo parecido ocurre con la definición de “substancia”. Efectivamente, el mismo Aquino en la Suma Contra los Gentiles (1, 25) dice que la definición de substancia como la de un “ser por sí” implica una negatividad, ya que quiere decir que no está sustentado por otro. Si se dice entonces que “vive aquello que se mueve por sí mismo y no por otro”, también se está indicando una negatividad.

    Publicado por Alejandro Clausse el 18 de Mayo de 2010
  • Estimado Alejandro:

    El texto original que tú mencionas, según el cual Tomás definiría la vida por una negación, dice así:

    “Vita maxime proprie in Deo est. Ad cuius evidentiam, considerandum est quod, cum vivere dicantur aliqua secundum quod operantur ex seipsis, et non quasi ab aliis mota; quanto perfectius competit hoc alicui, tanto perfectius in eo invenitur vita”.

    La traducción, más o menos, suena así:

    “La vida en máximo grado, propiamente se encuentra en Dios. Para cuya evidencia se ha de considerar que, puesto que se dice que algunos seres viven según que operan por sí mismos y no como movidos por otros, cuanto más perfectamente competa esto a un ser más perfectamente se hallará en él la vida”.

    De este pasaje se desprende que “vivir” se dice de aquellos seres que operan por sí mismos y no como movidos por otros. Pero este “operar por sí mismo” se da según ciertos grados de perfección; por eso se concluye que cuanto más perfectamente opere un ser por sí mismo, más perfectamente se hallará en él la vida.

    Se puede deducir, por tanto, que moverse por sí corresponde a una perfección mientras que ser movido por otro acusa, en cambio, una cierta imperfección. Y esto, a su vez, se corresponde con el vivir que es, como se dijo, un operar por sí y no por otro. Santo Tomás vincula, pues, dos cosas: los grados de movimiento y los grados de vida. A partir de esto articula el resto de su respuesta en la que describe la admirable escala (que muy acertadamente Aide compara con la escala de Jacob) en uno de cuyos “extremos” se ubican aquellos seres que de ninguna manera se mueven por sí y carecen aúndel mínimo grado de vida y, en el otro “extremo”, está Dios que todo mueve y no es movido. Entre un extremo y otro, se despliega la armoniosa gradación de las creaturas. Y todo en clave de perfección.

    Esta clave, Alejandro, es decir los grados de perfección que se encuentran en el universo, me parece fundamental para contextualizar adecuadamente la definición de vida que, según tu parecer, se hace por negación. No se trata, en realidad, de definir por negación a la manera como si dijéramos que la ceguera es la no visión, es decir, como una privación. La vida, así, quedaría definida como la privación de la no vida, lo que es absurdo. Se trata de otra cosa: aquí la negación significa, en realidad, la remoción de una imperfección en orden a afirmar, por "via analogiae" y "vía remotionis", que la perfección del vivir consiste en que algo, en mayor o menor medida, se mueva así mismo.

    Algo similar vale, me parece, para la definición de la substancia. Al excluir de ella el "esse in allio" se está excluyendo imperfección y señalando, por tanto, la perfección propia del ser de la substancia. Un cordial saludo

    Mario

    Publicado por Mario Caponnetto el 20 de Mayo de 2010

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