Estimados amigos:
En la consideración de la vida como automovimiento, desde el primer momento me pareció un punto de vista desde los efectos, como cuando Santo Tomás dice que pulchra sunt quae visa placent. Creo de buena fe que lo metafísico ha de ser más profundo. El planteamiento que someto a la consideración de los amigos del foro es: ¿Qué puede desprenderse, relativo al tema, de lo que Santo Tomás dice de la actividad más elevada, ergo más cercana a Dios, (que es la Vida y no se mueve) nuestro entender? En C.G. II, 96, in fine, dice: “Los inteligibles en acto son sin lugar, y también son sin tiempo”. Y en el mismo lugar dice también “En la composición y división, nuestro intelecto siempre añade tiempo… pero no entendiendo aquello que es”.
Esta instantaneidad ¿sitúa la manifestación más importante de nuestro ser, por tanto más vital, fuera del tiempo, por tanto fuera del movimiento?
Un saludo cordial para todos. Hug
La cuestión planteada agudamente por Hug la he encontrado a menudo en los ambientes opuestos al empirismo, y que en los extremos llega al llamado "racionalismo". En cierta manera la cuestión tiene antecedentes en el platonismo, y en el Pseudo Dionisio se puede encontrar planteos similares. Es muy interesante el planteo, y aporto algunos pensamientos al respecto. ¿Cuáles son los principios que están "fuera del espacio-tiempo" en la cuestión de la vida?
A mi me parece que más que un principio de "instantaneidad", para definir la vida sería más apropiado buscar un principio de "persistencia". El movimiento es esencial en la vida como se nos muestra, pero no cualquier movimiento, sino un movimiento en el cual "algo" no cambia, el sujeto viviente, que persiste. Además el cambio del viviente está relacionado con una tendencia, una atracción, hacia un objetivo. Ese objetivo, para el viviente es su razón de ser.
Estimados amigos:
Celebro muy sinceramente la reaparición de nuestro querido amigo Hug a quien echaba de menos. Su reaparición, como no podía ser de otro modo, ha sido a su estilo agudo y polémico.
Por ahora se me ocurren dos cosas:
1) Definir la vida como automovimiento es definir al ser por la operación: operatio sequitur esse. No hay otro modo.
2) En cuanto a CG II, 96 in fine: el movimiento se ha de tomar aquí en su sentido analógico. Nuestro entender entraña, siempre, alguna suerte de movimiento.
Seguiremos pensando.
Un cordial saludo.
Mario
La cuestión planteada por Hug es compleja. En efecto, Tomás de Aquino sostiene que se puede predicar la vida de Dios, "primun esse subsistens". En este sentido, es que se impone el hecho de predicar la capacidad de automovimiento de forma analógica, pues de otra manera se estaría disminuyendo la suprema perfección de esta Substancia Primera que, por definición, se entiende como inmóvil. Así que se impone la necesidad de predicar la vida a Dios y resguardar su suprema inmovilidad. Por eso es que Hug sostiene, recordando a Santo Tomás que “la actividad más elevada, ergo más cercana a Dios, (que es la Vida y no se mueve) nuestro entender”.
Para reflexionar en ello, habría que recordar que la vida se define como la capacidad de automovimiento, y que éste, el movimiento, ha de entenderse en diversos modos. Sin embargo, en todos ellos, lo esencial es la consideración del mismo como el paso de la potencia al acto. Ahora bien, la medida del cambio que supone el movimiento es lo que se entiende como tiempo. Por lo tanto, sólo puede haber tiempo en aquellas substancias que son compuestas. En el "De ente et essentia", se describe cómo la esencia de las substancias compuestas es la composición de materia y forma. Es precisamente este hecho, el estar compuestas, el que las hace estar más "alejadas" de la Substancia Primera.
Existen otras substancias que no son compuestas en este sentido, puesto que su esencia no supone la composición de materia y forma: las substancias separadas. Pero éstas admiten la posibilidad del paso de la potencia al acto, en tanto que fueron creadas. Entre éstas se tienen las substancias angelicales, y el alma. En ellas, por carecer de composición materia-forma, el tiempo no se aplica y su actividad primordial se define por el entendimiento.
Pero el entendimiento de estas substancias no está siempre en acto, sino que conocen por medio de proceso. En ese sentido, se puede hablar de un paso de la potencia al acto y, por lo tanto, de un movimiento; y como “la operación define al ser”, como lo ha recordado Mario, éstas se llaman substancias intelectuales.
Pero estas substancias son capaces de adquirir la forma separada de las cosas, por medio del conocimiento. Por estar separada de la materia, la esencia abstraída ya no es mutable y el recipiente que las posee, de alguna manera debe ser también inmutable, con lo que se estarían asemejando a la Substancia Primera. Ésta es una idea ya presente desde San Agustín, quien la utiliza como base de la demostración de la existencia de Dios por vía de las verdades eternas, con todos los peros que se pueden objetar a esta prueba.
En la Susbtancia primera no puede haber composición de ningún tipo, por ser suprema simplicidad, ya que no ha recibido el ser de ningún otro y, por lo tanto, no hay diferencia entre lo conocido y el cognoscente, por lo que su conocimiento no es por proceso, sino como una actividad siempre presente en esta substancia que se conoce a sí y a todas las formas en como su esencia puede ser actualizada. Es en este punto donde se encontraría la analogía del movimiento:
Sólo a nivel lógico, no ontológico, existe un movimiento de autoconocimiento. A nivel lógico, en la medida que la mente humana tiene la necesidad de comprender por medio de momentos, es decir, por medio de secuencias temporales. No a nivel ontológico, en tanto que esta Substancia se ha conocido desde siempre en acto y en ella no hay mutación alguna, sino que "ES" siempre.
Finalmente, en tanto que es siempre, su esencia es la "ipseidad", es decir, la capacidad de existir por sí misma y, por ello, es fuente de todas las otras perfecciones que se encuentran en los demás seres, entre ella la vida de los vivientes.
Pero como el efecto muestra de cierta manera a la causa, si en las creaturas se predica la vida, en la causa primera debe haber de alguna forma, al menos por virtud, esta misma perfección; es decir, al menos en tanto que tiene la capacidad de producirla; pues al ser causa primera, posee la virtud de producir ella misma, lo que hace una causa segunda. En este sentido es que la vida, deberá predicarse de Dios, no porque posea automovimiento, pues no se mueve en absoluto, sino en tanto que es capaz de sustentar el automovimiento de las creaturas. Y ya que sin él no habría éste, se le predica correctamente que es vida, entendiendo ésta de manera analógica.
Estimados amigos: Es muy importante cuanto dicen, y lo agradezco como merece, si bien aún no alcanzo a ver satisfactoriamente la cuestión. Me temo que sea un tema cuyo estudio requiere tiempo, y no lo tenemos en el foro. Me han hecho ustedes estudiar más el problema y les debo el esbozo del planteamiento: De momento tengo presentes la noción de alma como principio de la vida, y la de naturaleza como principio de operaciones. Si definimos la vida por el movimiento, o por la operación, siendo ambos accidentes, sólo sirven para describir, no para definir, porque: “Vivere est ipsum esse viventis … alio modo dicitur vivere pro operatione animae. (Super Sent., lib. 1 d. 8 q. 5 a. 3 ad 3). Sabemos por revelación que Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza. A partir de aquí no hay ningún problema para que el filósofo tome este dato y filosofe sobre él. Dios es la Vida y no se mueve, y lo que en nosotros es más imagen de Dios, está en acto y no se mueve. Según Santo Tomás esto lo hallamos en el entendimiento agente: “Una potencia derivada del intelecto superior (Dios), por la cual se pueda ilustrar los fantasmas” (1, 79,4). “Una potencia que participa del intelecto supremo” (Ibidem al 5). “Una semejanza participada de la luz increada en la que se contienen las razones eternas” (1, 84,5). “Una potencia participada por una sustancia superior, o sea Dios” (De spiritualibus creaturis, q.2, art.4, ad 5). “La luz del intelecto agente no es causada en el alma por ninguna sustancia separada, sino inmediatamente por Dios” (De Spirit.Creat. q.un. a.10). “De él el alma humana participa de la luz intelectual" (Ibidem; De Verit.10,6).Es “Como una semejanza de la verdad increada resultante en nosotros” (De Veritate, 11, 1). "Por el sello mismo de la luz divina todas las cosas se manifiestan en nosotros" (1,81,5).“Es una potencia divina” (De virtutibus, q. 1 a. 1 co.). Y además: “El intelecto agente siempre actúa en lo que depende de él” (C.G. lib 2, cap. 76, n.8). “Entre las potencias del alma sólo son activas el entendimiento agente y las fuerzas del alma vegetativa” (De virtutibus in communi, 3 ad 5.- Sententia Ethic., lib. 2 l. 5 n. 3). La idea de entender el movimiento analógicamente está en nuestro santo fraile, y es consoladora, pero no satisfactoria en el caso, por dos razones: El principio de la vida, es decir entrar en el automovimiento, el actus essendi o acto primero, (“ipsa essentia dat esse habenti: et iste actus est quasi actus primus. Egreditur etiam ab essentia alius actus, qui est etiam actus habentis essentiam sicut agentis, et essentiae sicut principii agendi: et iste est actus secundus, et dicitur operatio » Super Sent., lib. 1 d. 7 q. 1 a. 1 ad 2) será movimiento de algún modo, en el sentido de cambio o mutación instantáneo, pero no automovimiento, porque entonces cada uno sería causa de sí mismo. Por otro lado Santo Tomás dice que el entender y el querer, propiamente no son movimientos sino operaciones (Super Sent.1,d.8 q.3 a.1ad 2; S. Th. I, 9,1 ad 1), o sea algo que procede del operante (S. Th. I,14,4,1); “difiere la operación del movimiento, según el filósofo, en que la operación es un acto de lo perfecto, pero el movimiento es de un acto de lo imperfecto, porque es de lo que existe en potencia” (Super Sent., lib. 1 d. 4 q. 1 a. 1 ad 1). Por tanto es procesión, pero no propiamente movimiento. A partir del acto primero el alma está en la eternidad, fuera del tiempo, y siempre tendrá conciencia de la permanencia del “ego”. Dice Santo Tomás: inter rem cujus substantia et operatio est in tempore, et inter rem cujus substantia et operatio est in momento aeternitatis, est res media, cujus operatio est in tempore, et substantia in aeternitate (Super Sent., lib. 1 d. 14 q. 1 a. 1 arg. 3). Tal vez esto haga al caso. Relativo al conocer de los ángeles, dice Santo Tomas: ipsum intelligere Angeli neque per se neque per accidens cadit sub tempore. Unde in una eius operatione qua intelligit unum intelligibile, non est prius et posterius. (De veritate, q. 8 a. 14 ad 12). Un cordial saludo Hug
A mi me parece que sí es posible un abordaje de la "vida" como propone Hug, y creo que en cierta manera lo hicieron Aristóteles y Santo Tomás (aunque no he tenido tiempo para verificarlo).
En el realismo, el principio fundamental es el "ser" (no el conocer, como propone el inmanentismo en sus diversas facetas). Con esto en mente, deberíamos definir "vida" a partir de "ser". De hecho, Aristóteles dice que para el viviente, vivir es ser. Ahora bien, lo que hace que algo sea, el fundamento del ser de algo, es su causa. Por eso se dice que lo casual, en realidad no tiene substancia, es accidental.
Un ente que tenga control en alguna medida de alguna de sus causas, sería notablemente singular. A este ente lo llamamos ser vivo, y su forma de ser es la vida en la medida en que posea su causa . Los vivientes creados tienen control sobre su causa formal a través del código genético, y de su causa material cuando se alimentan. Los vivientes animales tienen control sobre su causa eficiente. Los seres humanos tenemos control además sobre nuestra causa final. De esta manera, el viviente puede cambiar (i.e. moverse) por sí mismo, no accidentalmente como las máquinas automáticas, sino substancialmente porque tiene control de sus causas.