De la vida como grado de ser

Época II Año 8 Número 2 Abril - Agosto 2010

Quaestio

Propongo igualmente una segunda cuestión a disputar, que nos ayudaría a caracterizar la vida racional: ¿Es adecuada la distinción de diferentes grados de vida según que el viviente se mueva más por sí mismo? ¿Y según la mayor intimidad en lo emanado por el viviente?

Responsiones

  • No entiendo la segunda pregunta de esta questio. ¿Qué significa "mayor intimidad en lo emanado"?

    De todos modos la primera pregunta de esta questio me parece interesante. Yo no diría que es inadecuada la distinción propuesta, pero tampoco me conforma, al igual que la definición discutida en la primera questio. "Moverse por sí mismo" es una propiedad de los vivientes, pero no es exclusiva de ellos; por lo tanto la definición es ambigua.

    Estuve repasando libros y notas sobre este tema, y encontré una variante que sería interesante explorar: la causalidad. Un ser viviente es aquel que en alguna medida posee sus propias causas. Los diferentes grados de vida estarían determinados por el grado de posesión. El grado más alto en el orden material lo tendríamos en el ser humano, que tiene control sobre su causa final.

    Publicado por Alejandro Clausse el 11 de Junio de 2010
  • Creo adecuada la distinción de diferentes grados de vida según que el viviente se mueva más por sí mismo. Pero sólo la creo adecuada a condición de que ese movimiento provenga del espíritu del viviente como causa eficiente segunda.¿Que se entiende por intimidad? creo que el movimiento surgido del espíritu, por más que en el hombre esté incorporado... Ya me corregirán mi improvisado intento filosófico. Saludos Javier Prieto Aceves

    Publicado por Javier Prieto Aceves el 1 de Julio de 2010
  • En la Biblioteca de e-aquinas, halle la conferencia del doctor Enrique Martínez sobre “La fecundidad educativa de las palabras del maestro”, además de enseñarme me encamino hacia la Suma contra Gentiles, concretamente me oriento al capítulo XI del Libro IV. En ese capítulo, santo Tomás me abrió paso para comenzar a escribir sobre la segunda cuestión a disputar: ¿Cómo hacer distinción de los diferentes grados de vida según la mayor intimidad en lo emanado por el viviente?

    Cuando Santo Tomás describe en la Suma contra gentiles los diferentes grados de vida usa como criterio el que reconoce como más perfecto al viviente que obra con mayor intimidad: “cuanto más alta es una naturaleza, tanto le es más íntimo lo que de ella emana”

    Luego, se refiere a los seres inanimados carentes de vida, los cuerpos que ocupan el último lugar, son cosas que no pueden moverse por sí mismos sino por un principio extrínseco.

    Luego, sobre los cuerpos inanimados están las plantas, en las cuales el proceso empieza en su interior, la savia interior de la planta produce la semilla, la semilla caída en tierra hace brotar la nueva planta. Luego aquí se encuentra ya un primer tipo de vida, porque vivientes son los seres que se mueven por si mismos al actuar. Y en las plantas se encuentra como indicio de vida, el hecho de que, lo que se encuentra en las mismas, mueve alguna forma. Pero la vida de las plantas es imperfecta, porque, aunque procede su emanación de un principio interior, sin embargo lo que del interior emana poco a poco y finalmente llega a convertirse en algo extrínseco; pues la sabia del árbol al salir de su interior, produce primero la flor, luego el fruto que sale de su corteza, pero unida a ella; y una vez perfeccionado el fruto, se separa totalmente del árbol, y cayendo en tierra, produce otra planta por virtud de la semilla. Más si observamos las cosas diligentemente, en realidad el primer principio de tal emanación proviene del exterior, pues el árbol para producir la savia toma los jugos de la tierra, con los cuales la planta se alimenta. Sobre las plantas se encuentra otro grado de vida en el alma sensitiva, cuya emanación propia, aunque empiece en el exterior, sin embargo termina en algo interior; y cuando tal emanación es más avanzada más penetra en lo intimo del ser. Pues el sensible externo imprime su forma en los sentidos externos; de ahí pasa a la imaginación y finalmente al tesoro de la memoria. Pero en cualesquiera de estos procesos de emanación, el principio y el término son de diversos órdenes; pues ninguna potencia sensitiva reflexiona sobre sí misma. Luego este grado de vida es tanto más alto que la vida de las plantas, cuanto su operación vital es mas intima. Sin embargo no es una vida perfecta, ya que la emanación procede siempre de un ser a otro.

    Pero se da además un grado de vida perfecto y supremo, y es la vida intelectual. Porque la inteligencia reflexiona sobre sí misma, y puede entenderse a sí misma, pero hay diversos grados en esa vida intelectual. Porque la inteligencia humana, aun cuando pueda conocerse a sí misma, sin embargo toma de fuera el principio de su conocimiento; porque no puede entender sino mediante el fantasma. Más perfecta es la vida intelectual de los ángeles, en los cuales la inteligencia no procede de algo externo para conocerse a sí misma sino que se conoce por sí misma. Pero la vida de los ángeles aun no ha tocado la última perfección. Porque, aunque la idea conocida le sea totalmente intrínseca, sin embargo no se identifica con su sustancia; porque en ellos no se identifican el ser y el acto de conocer. Por tanto la ultima perfección conviene a la vida de Dios, en el cual se identifica el ser y el conocer, y así necesariamente la idea que Dios conoce es su misma esencia. La descripción de los grados de vida que hace santo Tomás, es muy minuciosa, plenamente inteligible. Para concluir mi participación en esta tarde -lluviosa por cierto- acompaño las palabras de santo Tomas con lo que leí en el Eclesiastés. Lo que leí dice: “Aplique mi corazón a contemplar el ajetreo que se da sobre la tierra” (Ecl 2,16). La Sabiduría habla de “ajetreo”, agitación, movimiento sobre la tierra – me pregunto ¿Qué produce este movimiento sobre la tierra? y en Génesis encuentro la respuesta “Y la tierra fue poblada de seres creados por orden creciente de dignidad (Gen 1,1); de incomparables naturalezas; creados en grados de vida diferente; desde seres inertes a la más alta naturaleza. “Y todo estaba bien”, cada ser en su orden obra en lo más perfecto de su intimidad, en lo más íntimo que de ella emana. Y todo camina hacia la consecución de lo que apetece: el Sumo Bien. Dios. Ya lo dice el Eclesiastés “Todo lo explorado está en manos de Dios” (Ecl 2,16)

    Hoy fiesta de santo Tomás apóstol, adoremos a Dios con sus santas palabras «Señor mío y Dios mío» aide

    Publicado por Aide Hidalgo el 4 de Julio de 2010
  • Muy interesantes los comentarios de Javier y Aide. Me permitió entender mejor la pregunta. Efectivamente como muestra Aide, en la Suma contra los Gentiles está bien explicada la doctrina de los grados de la vida. Y es también interesante la asociación de Javier del principio de emanación con el alma.

    Me gustaría al respecto contarles un inconveniente que se le presenta a la doctrina de la emanación en el ambiente positivista actual. La ciencia positivista, por supuesto, rechaza el principio de emanación, ya que no reconoce que el movimiento intrínseco es una prueba de que hay una substancia interior que lo causa. No comparto esta conclusión desde ya, pero sin embargo considero conveniente tratar de entender el principio de movimiento de este error. Efectivamente, hay una verdad a medias que incita al escéptico a rechazar la explicación del alma como principio intrínseco: el rechazo al animismo. En última instancia es un rechazo a la superstición y la idolatría, que comparto y creo que todos en este foro compartimos, así como Santo Tomás lo compartía.

    Sin embargo, al cerrarse en un rechazo a toda trascendencia (i.e. a inferir la existencia de algo más allá de los fenómenos) la ciencia positiva se ve en la necesidad de explicar la emanación de alguna otra manera. Para ello se han ensayado varios caminos, el más conocido de los cuales es el darwinismo. En la última mitad del siglo pasado apareció también una disciplina dentro de una rama de la física llamada mecánica estadística, que trata sobre conjuntos de muchos individuos: los sistemas complejos. En este ámbito se comenzó a usar el término “emergencia” en un sentido confuso, como sugiriendo “síntesis”; y con ello se pretende desde entonces mostrar que el concepto de alma no es necesario para explicar la vida. Esta noción de emergencia se basa en que no siempre las propiedades globales de un conjunto se asemejan a las propiedades de sus elementos individuales. En matemática, cuando las propiedades de un conjunto son semejantes a las de sus elementos, el conjunto se llama “lineal”. En todos los otros conjuntos, los "no lineales", las propiedades globales son diferentes a las de los individuos. Con el advenimiento de las computadoras se pudo estudiar más en detalle los sistemas no lineales, y se encontró que en algunos casos singulares las propiedades globales eran mucho más ricas y complejas que las de los individuos. Ejemplos físicos bastante conocidos de este fenómeno son observables a simple vista si uno está atento: franjas regulares de nubes, remolinos en un arroyo. Cuando estos se pudieron generar en una computadora a partir de simples sumas, restas y multiplicaciones, inmediatamente aparecieron interpretaciones de que con la vida ocurriría lo mismo.

    En mis diálogos con estos grupos siempre me resultó notable que el positivista no se diera cuenta que hay una cierta operación mental de “creencia” escondida en la última conclusión (i.e. que en la vida ocurriría lo mismo que en los conjuntos no lineales). Sobre todo porque se supone que la postura del escéptico es el rechazo a toda operación de creencia. Menciono esto porque recientemente surgió este tema en conversaciones con amigos, y al llegar a este punto recordé el “criterio de demarcación” que Mario puntualizó en la Lectio: en la vida el movimiento intrínseco es substancial, mientras que en los artefactos automáticos es accidental. Y se me ocurrió hacer notar al respecto la curiosa analogía que surgía al comparar las nociones de “emanación” y “emergencia”: la primera origina una creencia basada en un principio esencial, la segunda una creencia basada en algo accidental; que es justamente la diferencia entre la fe y la superstición. Curiosamente se descubre que la postura positivista termina cayendo en este caso en una contradicción: pretender combatir la superstición con otra superstición.

    Publicado por Alejandro Clausse el 6 de Julio de 2010

Nova responsio

La disputatio de este número está cerrada.