De la vida como grado de ser

Época II Año 8 Número 2 Abril - Agosto 2010

Quaestio

Tras la lectio, inciamos la disputatio. Partiendo de las intervenciones realizadas propongo una primera cuestión a disputar: ¿Es adecuada la definición del viviente como la sustancia que obra por sí misma?

Responsiones

  • Como charlábamos en la lectio, no me termina de convencer la definición de la vida basada en hacer algo por sí mismo. "Obrar por sí mismo" es claramente una propiedad de los seres vivientes. Pero también lo es de las máquinas artificiales automáticas.

    Lo que me gustó de lo que se dijo en la lectio fue la aguda aclaración de Mario, en el sentido que la automatización es accidental en las cosas artificiales, mientras que en los seres vivientes es substancial. Pero no sé si la definición propuesta en esta questio concuerda con esto último. Una máquina artificial tiene substancia y, si está diseñada para la automatización, el "obrar por sí misma" es esencial para ella. Me da la impresión de que a la definición le falta algo, aunque no llego a darme cuenta qué.

    Publicado por Alejandro Clausse el 10 de Junio de 2010
  • La pregunta de Alejandro es muy interesante. Creo poder dar algo de luz si la planteamos de la siguiente manera. Consideremos la afirmación de Alejandro como la tesis a demostrar:

    T: “Una máquina artificial tiene substancia y, si está diseñada para la automatización, el "obrar por sí misma" es esencial para ella.”

    Frente a esta tesis se puede aducir:

    1.- El primer error está en el planteamiento mismo de la proposición. En efecto una máquina artificial no “tiene” substancia, sino que, como todo ente “es” substancia. Pareciera fútil la diferenciación, pero es primordial para poder entender por qué parece un problema estancando el planteamiento de Alejandro. Al decir que “Una máquina ‘tiene’ substancia” se está predicando el término de substancia a modo de accidente, en este caso, de accidente de hábito, es decir, como aquello que enuncia “una pertenencia externa a la substancia”, y por ello se utiliza el verbo “tener”. Desde esta perspectiva, sólo se puede tener aquello que no pertenece a la misma substancia de la que se habla. En sentido estricto, uno no se tiene a sí mismo, sino que es. Independientemente del galimatías que predicar de esta forma supone, se está desvirtuando la definición misma de sustancia. Ahora bien, si una máquina artificial tiene substancia, ésta última no es predicada a modo de substancia, sino de accidente, por lo que sólo sería substancia de modo accidental, lo cual es contrario al sentido que Alejandro quiere darle a su intervención.

    2.- “Si está diseñada para la automatización el ‘obrar por sí misma’ es esencia para ella”. En este sentido concedo lo anotado por Alejandro, sin embargo, hay que hacer notar que el mismo Santo Tomás afirma que la vida debe entenderse en términos de aquello que le conviene “la capacidad de moverse a sí misma según su propia naturaleza u obrarse a sí para la operación” [S.Th. I q. 18, a 2 “subtantiam cui convenit secundum naturam movere seipsam, vel agere se quocuomque modo ad operationem].

    Ahora bien, es importante resaltar la diferencia que existe entre “obrar por sí misma” y “obrarse a sí misma para la operación”. La máquina que tiene en mente Alejandro, efectivamente pudiera obrar por sí misma, pero esto no es lo que define a la vida, según el texto tomista argüido. Es el mismo Santo Tomás el que da respuesta a esto, pues según su pensamiento la operación a la que se refiere la definición de vida, es una operación inmanente y no una transeúnte: “la diferencia que entre ambas existe es que la primera acción [la transeúnte] no constituye una perfección del agente que mueve, sino del objeto que es movido, la segunda [la inmanente] constituye una perfección del agente” [S.Th. I, q. 18, ad. 1].

    Aquí está la clave para entender y deshacer este nudo gordiano. En el caso de la máquina diseñada para la automatización, el hacer (habría que discutir en otro momento si se trata de un obrar) es transeúnte y no inmanente, por lo que ese actuar no se constituye en perfección de la máquina, mientras, que en el pensamiento de Tomás de Aquino, “aquello de moverse a sí mismo” implica necesariamente que tal actuar se constituye en perfección del que obra.

    Por otra parte, hay se debe notar, que en este fragmento de la Summa Theológica, el “a sí mismo”, se refiere a la definición de vida en términos de movimiento “movere seipsam”, mientras que cuando se refiere a los términos de obrar, lo hace indicando que esta naturaleza de la que se está habando se obra a sí misma, pero en orden a una operación: “agere se quocumquemodo ad operationem”. Ahora bien, “obrarse a sí misma, hace claramente referencia a la acción inmanente.

    Así, aún considerando que la tesis presentada estuviera mal redactada y, por ello apareciera “tiene substancia”, en lugar de “es substancia”, pero en la mente del autor esto último es lo que tuviera, la mencionada máquina diseñada para la automatización, no sería un ser viviente, pues su obrar (si es que obrara) no pasaría de ser un obrar transeúnte.

    Quizá esto es lo que Alejandro echa de menos en la definición. Con lo que podemos responder a la pregunta que se plantea el la quaestio: ¿Es adecuada la definición del viviente como la sustancia que obra por sí misma? A esto respondo que conforme al fragmento S.Th. I., q. 18, esta definición es verdadera, pero inadecuada.

    Publicado por Jorge Luis Ortiz Rivera el 18 de Julio de 2010
  • ¡Qué maestro, Jorge Luis! Me encantó la discusión, y comparto las conclusiones. En algunas partes me perdí en el léxico filosófico, pero creo que llegué a comprender la esencia del razonamiento.

    Tanto en esta cuestión, como en la otra de la “disputatio” y en los comentarios en la “lectio”, parece claro que la distinción entre substancia y accidente es fundamental para la correcta comprensión de la noción de vida. Fallar en esto sería caer en el sofisma del accidente, lo cual lleva casi inevitablemente a quedar atrapado en una postura positivista. Jorge Luis además cita acertadamente las nociones asociadas de “inmanencia” y “trascendencia”, que arrojan más claridad a esta problemática.

    Estas distinciones son difíciles de entender en estos tiempos de exacerbación del positivismo en los ambientes académicos y culturales, y por ello sería interesante buscar aproximaciones pedagógicas que ayuden a la gente de buena voluntad a enfocar bien estas cuestiones.

    Publicado por Alejandro Clausse el 18 de Julio de 2010

Nova responsio

La disputatio de este número está cerrada.