De la vida como grado de ser

Época II Año 8 Número 2 Abril - Agosto 2010
Disputatio

La disputa (disputatio) del maestro induce al intelecto a la verdad a la que tiende (Tomás de Aquino, Quodlibet IV q.9, a.3 in c).

La disputatio es la segunda parte del Studium bimestral de e-aquinas. Tiene lugar durante el segundo mes del Studium. Consiste en la discusión en torno a cuestiones relacionadas con el tema de estudio. Primero, se plantean cuestiones (quaestio) y luego se les da respuesta (responsio).

Finalmente, el moderador concluye (determinatio) el tema estudiado.

Quaestiones

  • Tras la lectio, inciamos la disputatio. Partiendo de las intervenciones realizadas propongo una primera cuestión a disputar: ¿Es adecuada la definición del viviente como la sustancia que obra por sí misma?

    (Publicado por Enrique Martínez el 30 de Mayo de 2010)

    Responsiones (3)

  • Propongo igualmente una segunda cuestión a disputar, que nos ayudaría a caracterizar la vida racional: ¿Es adecuada la distinción de diferentes grados de vida según que el viviente se mueva más por sí mismo? ¿Y según la mayor intimidad en lo emanado por el viviente?

    (Publicado por Enrique Martínez el 30 de Mayo de 2010)

    Responsiones (4)

  • Estimados amigos:

    En la consideración de la vida como automovimiento, desde el primer momento me pareció un punto de vista desde los efectos, como cuando Santo Tomás dice que pulchra sunt quae visa placent. Creo de buena fe que lo metafísico ha de ser más profundo. El planteamiento que someto a la consideración de los amigos del foro es: ¿Qué puede desprenderse, relativo al tema, de lo que Santo Tomás dice de la actividad más elevada, ergo más cercana a Dios, (que es la Vida y no se mueve) nuestro entender? En C.G. II, 96, in fine, dice: “Los inteligibles en acto son sin lugar, y también son sin tiempo”. Y en el mismo lugar dice también “En la composición y división, nuestro intelecto siempre añade tiempo… pero no entendiendo aquello que es”.

    Esta instantaneidad ¿sitúa la manifestación más importante de nuestro ser, por tanto más vital, fuera del tiempo, por tanto fuera del movimiento?

    Un saludo cordial para todos. Hug

    (Publicado por Hug Banyeres Baltasa el 19 de Julio de 2010)

    Responsiones (5)

  • Determinatio

    Apreciados amigos en Santo Tomás,

    Tras varios meses con el espacio de estudio acerca de “la vida como grado de ser” abierto para recibir las diferentes aportaciones, tanto en la lectio como en la disputatio, llega el momento de concluirlo. Nuevamente este moderador se excusa por el defecto de moderación en su labor, confiando en la comprensión de los que participan de este diálogo fecundo ordenado a la verdad, bien común de e-aquinas.

    Como es sabido, en estas últimas sesiones vamos recorriendo el pensamiento metafísico del Doctor Común de la Iglesia a partir de las enseñanzas de mi maestro, Francisco Canals. Comenzamos recordando aquella tesis nuclear del Aquinate -que señalara Báñez como olvidada frecuentemente por los tomistas-: el ser es la actualidad de toda forma o naturaleza, y no se halla en cosa alguna como recipiente y perfectible, sino como recibido y perficiente de aquello en que es recibido. Desde ella puede ser explicado el universo creado como un conjunto admirablemente ordenado en diversos grados de perfección, según la mayor o menor participación en el ser. Esta importante tesis, recibida por el Aquinate de Dionisio, permite a su vez comprender aquel grado de perfección en el ser que conocemos como “vida”, de manera que se pueda afirmar en perfecta sintonía con Aristóteles que "el vivir es para los vivientes su ser" (S.Th. I q.18, a.2 , s.c.). Tema digno de estudio, “fascinante”, en palabras de Alejandro Clausse.

    Esto llevó a Santo Tomás a describir el orden de los vivientes en dos textos complementarios: el de Suma Teológica I, q.18, a.3, y el de Suma contra Gentiles libro IV, cap. 11. En el primero –que es el presentado en nuestra lectio-, se expone el orden de los grados de vida a partir del siguiente criterio: “vivere dicantur aliqua secundum quod operantur ex seipsis, et non quasi ab aliis mota; quanto perfectius competit hoc alicui, tanto perfectius in eo invenitur vita” (vivir se dice de algo según que obre por sí mismo, y no que se mueva por otros, cuanto más perfecto competa esto a alguien, tanto más perfecta en él será la vida). En el segundo, que es el introducido por Aide Hidalgo, se expone el orden de los grados de vida a partir de este otro criterio: “secundum diversitatem naturarum diversus emanationis modus invenitur in rebus: et quanto aliqua natura est altior, tanto id quod ex ea emanat, magis ei est intimum” (en las cosas hay diversos modos de emanación, correspondientes a la diversidad de naturalezas, y que, cuanto más alta es una naturaleza, tanto más íntimo es lo que de ella emana”). Estos dos textos fueron admirablemente comentados por Francisco Canals en Sobre la esencia del conocimiento, en el capítulo sobre la esencia de la vida, y a él remito.

    Me permito, no obstante, algunas consideraciones. En primer lugar, la que atiende a la cuestión disputada de si es adecuada la definición del viviente como la sustancia que obra por sí misma, correspondiente al primer texto. Está claro que éste parte de lo que es más comprensible para nosotros, aunque no en sí mismo, que es el movimiento en el orden físico. Y es este movimiento el que nos ayuda a acercarnos al concepto de vida, pues está claro que el ser inerte no se mueve físicamente por sí mismo, y sí lo hace el viviente, por imperfecto que éste sea; incluso, se añade desde nuestra experiencia sensible que el que fuera viviente y ahora está muerto lo que más claramente le acontece es que ha dejado de moverse. Desde ahí nos remontamos hasta los grados más elevados de vida, como hace Santo Tomás, alcanzado incluso al Viviente en grado sumo, que es Dios. ¿Qué vemos en este proceso ascendente? Que vamos pasando de lo más imperfecto en el vivir –depender de otro para obrar- a lo más perfecto –no depender-; y tal es nuestro modo de conocer, perfectamente legítimo, pues va pasando de lo potencial a lo actual, en un proceso de penetración formal. Y así, al final hablamos de Dios, que “siempre es en acto” (Unde in Deo maxime est vita. Unde philosophus, in XII Metaphys., ostenso quod Deus sit intelligens, concludit quod habeat vitam perfectissimam et sempiternam, quia intellectus eius est perfectissimus, et semper in actu). Claro es que esto es incomprensible para el positivismo moderno, pues como bien dice Mario Caponnetto: “la dificultad en ‘tratar de dar respuesta a fenómenos contemporáneos desde una teoría elaborada en el siglo XIII’ no proviene, a mi entender, de la antigüedad de la teoría sino de la incapacidad de la ciencia contemporánea de entender el hilemorfismo. La pérdida de este horizonte hilemórfico -valga la expresión- deja a la ciencia contemporánea sin la clave para entender el mundo físico”. Sus consideraciones, tan acertadas, acerca de la diferencia entre la sustancia natural –por su forma- y la sustancia artificial –por la materia-, aportan una inestimable luz en lo discutido acerca de si es conveniente o no la denominación “sustancia” para el viviente, planteada por Jorge Luis Ortiz. También deben agradecerse las reflexiones de Javier Prieto, complementarias de las anteriores de Mario Caponnetto, acerca del obrar inmanente y perfectivo de sí propio del viviente.

    Este obrar inmanente es, precisamente, el que nos permite acercarnos al segundo texto, el de la Suma contra Gentiles, y responder a la segunda cuestión disputada, esto es, si es adecuada la distinción de diferentes grados de vida según la mayor intimidad en lo emanado. Como perfectamente asevera Hug Banyeres, estamos entendiendo aquí por emanación una procesión, aquello que procede de un principio, que es su origen. Y esto penetra más directamente en la comprensión formal del concepto vida, que cuando lo hacíamos al partir del movimiento físico. Hay que considerar aquí aquel otro principio que recibiera también el Aquinate de Dionisio, y que cita reiteradamente: el bien es difusivo de sí. Y esto a la luz nuevamente de la tesis nuclear de que el ser es acto y perfección, pues por ser acto su actuar no puede ser otro que comunicativo de su perfección. ¿Podrán distinguirse grados en esta comunicación de perfección? Sin duda, y así, cuanta más actualidad se dé en el ente más tenderá a comunicar su perfección, y más semejante a él será lo que proceda de su actuar. Se comprende ahora mejor el sentido de “intimidad en lo emanado”, que preguntaba Javier Prieto, pues algo emanado es íntimo al principio en la medida en que es más semejante a él y, por ello, más algo uno con él. Ascendiendo en la escala de perfección llegamos nuevamente a Dios, en quien sabemos por Revelación que de Él procede eternamente la más perfecta semejanza, imagen suya, Dios de Dios.

    Y con esto, que lleva a descalzar nuestro entendimiento, podemos abordar la tercera cuestión disputada en estos meses, y que es la planteada por Hug Banyeres, esto es, si al acto más vital del hombre, que es entender, no queda fuera de la vida al no ser movimiento. En efecto, si lo consideráramos desde una perspectiva fisicista, naturalista, y el entender no fuera entonces sino un movimiento físico, habría que rechazar en consecuencia el entender de Dios, de los ángeles, del alma separada. Más aún, deberíamos negar el conocimiento racional en cuanto tal en el hombre, y aun el mismo conocimiento sensible. Pero no hablamos de movimiento físico, sino de emanación vital, íntima, comunicación de perfección… comunicación de vida. Tal es el entender, que en Dios es verdadera generación intelectual; y así, aquella imagen consustancial de Dios, es el Hijo, Dios a modo de Dios entendido: “Est igitur in Deo intelligente seipsum verbum Dei quasi Deus intellectus: sicut verbum lapidis in intellectu est lapis intellectus. Hinc est quod Ioan. 1-1 dicitur: verbum erat apud Deum.” (SCG IV, c.11).

    Esto nos lleva a hablar de la generación, pero para eso vale la pena dedicar un nuevo tema de estudio en e-aquinas, que en breve se presentará. Mi agradecimiento a todos los participantes, y mi invitación a seguir haciéndolo bajo el magisterio de Santo Tomás. Un saludo cordial

    Enrique Martínez

    (Publicado por Enrique Martínez el 14 de Octubre de 2010)

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