De la verdad

Época II Año 7 Número 5 Septiembre - Diciembre 2009
La lectio está cerrada. Ha comenzado la disputatio.
Lectio

Las palabras del que enseña –verba doctoris- son causa más próxima de la ciencia que las cosas sensibles que existen fuera del alma (Tomás de Aquino, De Veritate q.11, a.1 ad 11).

La lectio es la primera parte del Studium bimestral de e-aquinas. Tiene lugar durante el primer mes del Studium.

Consiste en la lectura y comentario de textos de Santo Tomás de Aquino o de otros maestros. Primero, se proponen textos (verba doctoris) que iluminen el tema de estudio. Segundo, se comentan (commentarium) los textos propuestos.

Verba Doctoris

  • Santo Tomás de Aquino, Quaestiones Disputatae de Veritate, Cuestión 1, Artículo 1, corpus.

    “La verdad o lo verdadero pueden definirse de tres modos.



    PRIMERO, según lo que precede a la razón de verdad y en lo que lo verdadero se funda; y así define Agustín en el Libro de los Soliloquios que «verdadero es lo que es»; y Avicena en el Libro XI de su Metafísica: «la verad de cualquier cosa es una propiedad de su ser que le ha sido establecido»; y algunos lo definen así: «verdadero es la indivisón del ser y lo que es».



    SEGUNDO, según aquello en lo que se cumple formalmente la razón de lo verdadero; y así dice Isaac que «la verdad es la adecuación de la cosa y el intelecto»; y Anselmo, en el libro Sobre la verdad, que «la verdad es la rectitud sólo perceptible por la mente». En efecto, esta rectitud se dice según una cierta adecuación; y el Filósofo, en el IV Libro de la Metafísica, afirma que «definimos lo verdadero cuando decimos el ser que es o el no ser que no es».



    TERCERO, lo verdadero se define según el efecto consecuente; y así dice Hilario que «lo verdadero es el ser declarativo y manifestativo»; y Agustín, en el libro Sobre la verdadera religión: «la verdad es aquello por lo que se muestra lo que es»; y en el mismo libro: «la verdad es aquello según lo cual juzgamos de las cosas inferiores»”.

    Enlace a texto original

    (Publicado por Mario Caponnetto el 18 de Septiembre de 2009)

    Commentaria (3)

  • Tomás de Aquino. De veritate, q.1, a.1

    La cuestión a disputar es sobre la verdad. Búscase, primero, ¿qué es la verdad?

    Parece que lo verdadero es totalmente lo mismo que el ser.

    ARGUMENTOS

    1. Dice Agustín, en el libro de los Soliloquios, que lo verdadero es lo que es. Lo que es no es más que el ser. Luego lo verdadero significa exactamente lo mismo que el ser.

    2. Uno que respondía decía que se identifican en los sujetos, pero son diferentes en la razón. — En contra, la razón de cada cosa es lo que se significa por su definición. Rechazadas las otras definiciones, Agustín toma como definición de verdadero «lo que es». Como lo verdadero y el ser convienen en lo que es, son, al parecer, lo mismo ante la razón.

    3. Todas las cosas que difieren ante la razón, lo son de manera que una de ellas puede entenderse sin la otra. Dice Boecio, en el libro De hebdomadibus, que puede entenderse que Dios existe, si, por el entendimiento, se separa momentáneamente su bondad. De modo ninguno puede entenderse el ser, si se separa lo verdadero, que si se entiende es precisamente por ser verdadero. Luego lo verdadero y el ser no difieren en la razón.

    4. Si lo verdadero no es lo mismo que el ser, es necesariamente disposición del ser. Pero no puede ser disposición del ser, ya que es una disposición que no corrompe totalmente. Seguiríase, de otra suerte, que «es verdadero, luego no es ser», como se sigue «el hombre está muerto, luego no es hombre». De modo parejo, no es disposición diminutiva. De otra manera, no se seguiría «es verdadero, luego es ser», como no se sigue «es blanco de dientes, luego es blanco». Tampoco, de modo parejo, disposición contractiva o especificativa, porque así no sería convertible con el ente. Luego lo verdadero y el ser son completamente lo mismo.

    5. Son lo mismo las cosas cuya disposición es una sola. La misma es la disposición de lo verdadero y del ser; luego son lo mismo. Dícese, en efecto, en Metafísica II: La disposición de la cosa en el ser, es como su disposición en la verdad. Luego lo verdadero y el ser son completamente lo mismo.

    6. Todas las cosas que no son lo mismo, difieren de algún modo. Y de ningún modo difieren lo verdadero y el ser. No difieren en la esencia, pues por su esencia es verdadero todo ser. Ni difieren en algunas diferencias, que convendrían necesariamente en un género común. Luego son completamente lo mismo.

    7. Si no son completamente lo mismo, es necesario que lo verdadero añada algo al ser. Nada añade al ser lo verdadero, aunque se alarga allende el ser, como es patente por el Filósofo, en Metafísica IV. Dice allí que definimos lo verdadero, cuando «decimos que es lo que es y que no es lo que no es». Lo verdadero incluye el ser y el no ser. Luego nada añade al ser lo verdadero y lo verdadero es, según eso, lo mismo que el ser.

    MAS EN CONTRA

    1. «Tautología es la repetición inútil de lo mismo». Si lo verdadero fuere lo mismo que el ser, daríase tautología, cuando se dijera ser verdadero. Y esto es falso, Luego no son lo mismo.

    2. El ser y el bien se predican mutuamente, mientras que lo verdadero y el bien no se predican mutuamente. Algo es verdadero y no es bien, como, por ejemplo, que alguien fornique. Luego tampoco lo verdadero y el ser se predican mutuamente, no son lo mismo.

    3. Según Boecio, en el libro De hebdomadibus: son diversos el ser y lo que es en todas las creaturas. Y lo verdadero significa el ser de la cosa. Luego lo verdadero es diverso de lo que en las creaturas se da. Y lo que es se identifica con el ser. Luego en las creaturas, lo verdadero es diverso del ser.

    4. Es necesariamente diverso todo lo que existe a modo de anterior y posterior. De esa guisa son lo verdadero y el ser. Dícese en el libro De causis: el ser es la primera de las cosas creadas. Y dice el Comentarista, en el mismo libro, que todas las otras cosas se dicen por la información del ser, es decir, son posteriores al ser. Luego son diversos lo verdadero y el ser.

    5. Las cosas que, en común, se dicen de la causa y de los causados, son más uno en la causa que en los causados. Y, de especial manera, más en Dios que en las creaturas. Estos cuatro, el ser, el uno, lo verdadero y el bien, se apropian en Dios: el ser pertenece a la esencia; el uno a la persona del Padre; lo verdadero a la persona del Hijo; el bien a la persona del Espíritu Santo. Ahora bien, las personas divinas se distinguen en la realidad y no sólo en la razón, por lo cual no se predican recíprocamente.

    Por tanto, con mucha más razón, estas cuatro cosas deben distinguirse en las creaturas por algo más que por la razón.

    RESPUESTA.

    Ha de decirse que, así como en las demostraciones, ha de hacerse una reducción a ciertos principios de suyo conocidos del entendimiento, del mismo modo al investigar que es cada cosa. De otra suerte, iríase, en ambos casos, hasta el infinito y se haría imposible toda ciencia y conocimiento de las cosas. El ser es lo primero que el entendimiento concibe como lo más conocido y en lo que resuelve todas las concepciones, dice Avicena al principio de su Metafísica. Por ello, es preciso que todos los otros conceptos del entendimiento se formen como adición al ser. Y nada extraño puede añadirse al ser, al modo como la diferencia se añade al género o el accidente al sujeto, pues toda naturaleza es esencialmente ser. Con esto prueba el Filosofo, en Metafísica III, que el ser no puede ser género.

    Dícese, en conformidad con esto, que algunas cosas se añaden al ser en cuanto expresan un modo del mismo ser que no se expresa con el mismo nombre de ser. Y de dos modos acaece ello. De un primer modo, cuando el modo expresado es un modo especial del ser. Son diversos los grados de entidad según los cuales se toman los diversos modos de ser. En conformidad con estos modos, se asignan los diversos géneros a las cosas. Así, la sustancia no añade al ser diferencia alguna que designe cierta naturaleza añadida al ser. Exprésase con el nombre sustancia cierto modo especial de ser. Es el ser subsistente. De esa guisa acaece también en los otros géneros.

    De un segundo modo, cuando el modo expresado es el modo general que sigue a todo ser. Doble puede ser este modo: un primer modo, que sigue a todo ser en sí; y otro, que se dice de un ser con respecto a otro. El primer modo acaece de dos maneras: según que con el ser se exprese algo afirmativa o negativamente. Dicho afirmativa y absolutamente, nada existe que pueda aplicarse a todo ser, si no es su esencia, según la cual se dice que es. Impónese así el nombre de «cosa», que difiere del «ser», según Avicena, al principio de la Metafísica, en que el «ser» se toma del acto de ser, y el nombre «cosa» expresa la quididad o esencia del ser. Por otra parte, la negación que se deriva absolutamente de todo ser es la indivisión, expresada con el nombre «uno». El uno no es más que el ser indiviso.

    Si el modo del ser se toma del segundo modo, es a saber, según el orden de uno a otro, puede ser, a su vez, de dos modos. De un primer modo, según la división de uno por otro. Lo expresa el nombre «algo». Dícese algo como otra esencia. Como el ser se dice uno en cuanto que en sí es indiviso, así se dice algo en cuanto que es separado de otros. De un segundo modo, según la coincidencia de uno con otro. Sólo puede darse esto, si, por naturaleza, algo conviene a todo ser. Es el caso del alma, que, en cierta manera, es todas las cosas, dícese en De anima lll. Por otra parte, se dan en el alma la potencia cognoscitiva y la apetitiva. El nombre «bien» expresa la conveniencia del ser al apetito. Dícese, al principio de los Éticos: el bien es lo que todas las cosas apetecen. El nombre de «verdadero» expresa la conveniencia del ser al entendimiento.

    Pues bien, todo conocimiento se cumple por la asimilación del cognoscente a la cosa conocida. Dicha asimilación es la causa del conocimiento, como la vista conoce el color por acomodarse a la especie del color. La primera comparación del ser con el entendimiento consiste en que el ser se corresponde con el entendimiento. Esta correspondencia se llama adecuación del entendimiento y de la cosa. En esto consiste formalmente la razón de verdadero. Y esto es lo que lo verdadero añade al ser: la conformidad o adecuación de la cosa y del entendimiento, de la que se sigue el conocimiento de la cosa, como se dijo. De este modo, la entidad de la cosa precede a la razón de la verdad, y el conocimiento es un cierto efecto de la verdad.

    Según esto, la verdad o lo verdadero puede definirse de tres modos. De un modo, según aquello que precede a la razón de la verdad. En ello se funda lo verdadero. Así lo define Agustín en el libro de los Soliloquios: Lo verdadero es lo que es. Y Avicena, en su Metafísica: La verdad de cada cosa es la propiedad de su ser que se le ha asignado. Y otros lo definen así: Lo verdadero es la indivisión del existir y de lo que es. Defínese, de otro modo, según aquello en lo que consiste formalmente la razón de lo verdadero. Dice, así, Isaac que la verdad es la adecuación de la cosa y del entendimiento. Y Anselmo, en el libro De veritate: La verdad es la sola rectitud perceptible por la mente (esta rectitud expresa cierta adecuación). El Filósofo, por su parte, dice, Metafísica IV, que los que definimos lo verdadero decimos que es cuando se dice que es lo que es y no es lo que no es. Un tercer modo de definición de lo verdadero es por el efecto seguido. Y así dice Hilario: Lo verdadero es lo declarativo y manifestativo del ser. Y Agustín, en el libro De vera religione: La verdad es aquello por lo que se muestra lo que es. Y en el mismo libro: La verdad es aquello por cuya conformidad juzgamos de las cosas inferiores.

    RESPUESTA A LOS ARGUMENTOS.

    1. A lo primero ha de decirse que aquella definición de Agustín se refiere a la verdad según el fundamento que tiene en la cosa y no según lo que completa la razón de verdadero en la adecuación de la cosa al entendimiento. O quizá ha de decirse que, cuando se dice verdadero lo que es, el «es» no significa allí el acto de ser, sino que es el fruto del entendimiento que compone; es, a saber, en cuanto significa la afirmación de la proposición. Este es su sentido: lo verdadero es lo que es, a saber, cuando se dice que es algo que es. Redúcese, por tanto, la definición de Agustín a lo mismo que la definición del Filósofo antes aducida.

    2. A lo segundo. Por lo dicho es patente la solución.

    3. A lo tercero ha de decirse que puede tomarse de dos modos que algo se entiende sin otro. De un modo que algo se entiende sin que se entienda el otro. En este caso, las cosas que difieren por la razón son de manera que una se entiende sin la otra. De otro modo, puede tomarse que algo se entiende sin otro que no existe. En este caso, el ser no puede entenderse sin lo verdadero, porque el ser no puede entenderse sin que concuerde o se adecue al entendimiento. No es, por ello, forzoso que quien entiende la razón del ser, entienda la razón de lo verdadero, como tampoco que quien entiende el ser, entienda el entendimiento agente, si bien nada puede entenderse sin el entendimiento agente.

    4. A lo cuarto ha de decirse que lo verdadero no es una disposición del ser como si le añadiera alguna naturaleza o como si expresara algún modo especial del ser, sino algo que se da generalmente en todo ser, pero que no se expresa con el solo nombre ser. No es, por tanto, necesario que sea disposición corruptiva, diminutiva, o contractiva a una parte.

    5. A lo quinto ha de decirse que allí no se toma la disposición en cuanto que está en el género de la cualidad, sino en cuanto que conlleva cierto orden. Del hecho de que las cosas que son causa de que otras sean, son seres en grado sumo y las que son causa de la verdad son verdaderas en grado sumo, el Filósofo concluye que es el mismo el orden de una cosa en el ser y en la verdad. Y, así, acaece que lo que es ser en grado sumo, en grado sumo es verdadero. Pero no porque el ser y lo verdadero sean lo mismo en la razón, sino porque, en la medida en que algo tiene entidad, en la misma medida le es natural el adecuarse al entendimiento. Así queda patente que la razón de verdadero sigue a la razón de ser.

    6. A lo sexto ha de decirse que lo verdadero y el ser difieren por la razón en el sentido de que algo que está en la razón de lo verdadero no está en la razón del ser, pero no en el sentido de que algo que está en la razón del ser no esté en la razón de lo verdadero. No difieren, por tanto, en su esencia, ni entre sí se distinguen por diferencias opuestas.

    7. A lo séptimo ha de decirse que lo verdadero no se extiende a algo más que el ser. Tomado de cierta manera, el ser se dice del no ser, en la medida en que el no ser es aprehendido por el entendimiento. Dícense, en cierto modo, entes la negación y la privación del ente, como escribe el Filósofo en Metafísica IV. Dice, asimismo, Avicena, al principio de su Metafísica, que la enunciación solo puede formularse del ser, porque se requiere que el entendimiento aprehenda aquello de lo que se formula la proposición. Por donde es patente que todo lo verdadero es, en cierto modo, ser.

    RESPUESTA A LOS ARGUMENTOS EN CONTRA.

    1. A lo primero de lo que en contra se objeta, ha de decirse que no es tautología decir «ente verdadero». Exprésase con el nombre verdadero algo que no se expresa con el nombre ente, pero no porque difieran realmente.

    2. A lo segundo ha de decirse que, aunque es malo el fornicar, en cuanto que tiene entidad, puede, por naturaleza, conformarse al entendimiento y tener una entidad verdadera. Es así patente que lo verdadero no excede al ente ni por él es excedido.

    3. A lo tercero ha de responderse que, cuando se dice «son diversos el ser y lo que es», el acto de ser se distingue de aquello a lo que conviene aquel acto. Pero sucede que el nombre de ente se toma del acto de ser y no de aquello a lo que el acto de ser conviene. Luego no es procedente la razón.

    4. A lo cuarto ha de decirse que lo verdadero es posterior al ente en el sentido dicho de que la razón de verdadero difiere de la razón de ente.

    5. A lo quinto ha de decirse que aquella razón falla en tres puntos. Primero, porque, aunque las personas divinas se distinguen en la realidad, lo que se apropia a las personas difiere sólo en la razón y no en la realidad. Segundo, porque, aunque las personas se distinguen realmente una de otra, no se distinguen realmente por la esencia. Por ello, tampoco la verdad, la cual se apropia a la persona del Hijo, se distingue del ser, que es cosa de la esencia. Tercero, aunque el ente, el uno, lo verdadero y lo bueno están más unidos en Dios que en las cosas creadas, no es necesario que también se distingan en las creaturas, por distinguirse en Dios. Acaece en aquellas cosas que no son por naturaleza una sola cosa realmente, como la sabiduría y la potencia, que, siendo una sola cosa en Dios, se distinguen realmente en las creaturas; sin embargo, el ente, el uno, lo verdadero y el bien son realmente una sola cosa por naturaleza. Por tanto, son realmente una sola cosa donde dan, aunque sea más perfecta la unidad con que se dan en Dios, que la que se da en las creaturas.

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    (Publicado por Enrique Martínez el 18 de Septiembre de 2009)

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