De la verdad

Época II Año 7 Número 5 Septiembre - Diciembre 2009

Quaestio

Termine la consulta un poco antes de la noche. El día ha sido muy laborioso, como siempre en la Clínica Hidalgo. En este momento son las nueve menos cinco. Fortalecida con el chocolate con leche (inigualable por cierto) y las galletas de la señora Kadi, de repente he sentido deseos de encontrarme con los textos de santo Tomás. Estoy en mora con esos encuentros. Estoy atrasada pero animada. Escribo aquí esto para sentirme más comprometida. Para que dentro de poco o dentro de mucho, sean más frecuentes esos encuentros. Por lo pronto, expreso mi admiración al incomparable doctor Hug, Caponnetto, Martínez, Quijano, en ellos fluye con naturalidad, precisión y alcance la palabra del maestro.

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El comentario del doctor Hug a mi pequeño texto, me despojo de una buena hora de sueño. Es cierto, en mi texto realcé la sublime imagen del Génesis, donde Dios demanda juicio al hombre frente a la verdad real-sensible. Hay en el reflejo de la bella página del Génesis la emergencia de un universo de extraordinaria belleza, “corpóreo, evidente y sensitivo, físico, real, perfecto. Hay todavía más, una belleza ontológica (Col 1, 19), que se nos revela cuando traspasamos un umbral, el “dentro” de las cosas (lo más profundo de cada ser individual); la belleza de la totalidad de todos los seres en sus movimientos; la claridad que produce el ser de todos los seres en su dinamismo; la armonía que todos los seres contribuyen a crear con su diversidad, su singularidad, su dinamismo, multiplicidad y claridad. Hay todavía más, la belleza del universo “lleno” de la realidad de la Creación: brote original, Encarnación, plenificación del Cuerpo místico de Cristo, hasta la consumación de lo Uno. Y el bien, la luz que perfecciona nuestra mente y nos lleva a contemplar en el instante de iluminación la multitud de seres moviéndose hacia un centro: el Corazón del Verbo Encarnado. “En esto, su máxima perfección” (Cf. Tomás de Aquino. Suma Teológica. q. 72. Art. 1). Por esto, el juicio “sabio en su sentido pleno” a aquella verdad real-sensible, posee certeza objetiva de lo perceptivo a los sentidos, "de la realidad plasmada por Dios con claridad absoluta en el mundo fenoménico", y además es abstracción, es juicio “inteligente y libre” (SCG II. cp. a 3). “Ese mundo interpela a nuestra inteligencia tanto como a nuestros sentidos”. Por tanto,"la verdad de esa realidad no la conocen de ninguna manera los sentidos, pues, aunque la vista tenga la imagen de lo visible, no conoce la adecuación existente entre lo visto y lo que aprehende de él. Esa coherencia solo es perceptible por la mente” (q 16, a. 2). Esto es la verdad. La verdad implica la conveniencia de lo verdad real-sensible que está ante los sentidos del hombre y la imagen que está en el entendimiento” (q. 16, a. 2). Ahora me detengo, para no poner en peligro la idea. ¿Quiere comentar lo que dice el Filósofo en III De Anima: Cinco son los sentidos? Ruego me instruyan. Aide.









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