Enseña Santo Tomás, en SUMMA THEOLOGIAE I, q 16, a 1, corpus:
“La verdad está principalmente en el intelecto; en cambio, en las cosas, está secundariamente según que se comparan al intelecto como a un principio” [“Veritas principaliter est in intellectu; secundario vero in rebus, secundum quod comparantur ad intellectum ut ad principium].
Como lo ha recordado el Maestro Canals Vidal, Heidegger, en "Ser y tiempo", sostiene que esta afirmación del Aquinate representa “el concepto tradicional de verdad” que implica un desplazamiento del lugar de la verdad, entendida originariamente como patencia del ser, para situarla en el entendimiento, como constituyendo la rectitud de la mirada intelectual, con lo que se obraría la escición entre ser y pensar, otro paso en el “olvido del ser”, tema central de la crítica heideggeriana (Cf. F. Canals Vidal, “Sobre la esencia del conocimiento”, Barcelona, 1987, página 543).
Por tanto, se pregunta: ¿representa, realmente, la afirmación tomista pre citada una escisión entre ser y pensar y se inscribe en el “olvido del ser”?
Como bien plantea el Dr. Caponnetto en la pregunta formulada, Heidegger interpreta el “concepto tradicional de verdad”, hegemónico en la metafísica occidental y con Santo Tomás de Aquino como figura representativa, como una ruptura con el concepto original. Basa esta ruptura en el paso de la comprensión de la verdad como desvelamiento del ser a la comprensión de la verdad como la rectitud del entendimiento que juzga y divide, la adecuación entre el entendimiento y la cosa. Y lo hace refiriéndose a un texto del Aquinate en De Veritate q.1, a.1; dice Heidegger: “Aristóteles dice: las ‘vicencias’ del alma (las ‘representaciones’) son adecuaciones a las cosas. Esta frase, que no está dicha en manera alguna como una definición expresa de la esencia de la verdad, fue ocasión concomitante de que se desarrollara la definición posterior de la esencia de la verdad como adaequatio intellectus et rei” (Ser y Tiempo 44, a). Y añade que esta definición la recoge Santo Tomás de Issac Israeli.
Sin embargo, es de resaltar que el texto del Aquinate al que alude Heidegger no dice ”adaequatio intellectus et rei”, sino que usa el orden inverso: “et sic dicit Isaac, quod veritas est adaequatio rei et intellectus” (Ver 1,1). Esto ya es significativo. Pero lo más importante es que Santo Tomás distingue claramente tres acepciones de verdadero, de las cuales la fundante según el orden del ser es ésta: “Es el ser de la cosa, y no su verdad, la que causa la verdad en el entendimiento” (esse rei, non veritas eius, causat veritatem intellectus) (S.Th. I, q.16, a.1 ad 3). Es lo que decía Jaime Balmes al inicio de El Criterio: “El pensar bien consiste: o en conocer la verdad, o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas . Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad; de otra suerte, caemos en el error” (El Criterio, cap.1, 1).
Así pues, no es adecuado decir que en Santo Tomás de Aquino haya el desplazamiento del que habla Heidegger. Aunque conviene ver de qué modo la verdad del entendimiento se funda en el ser de la cosa, y no en su verdad. Lo que dejo a la discusión.
Aprovecho la ocasión, no obstante, para agradecer la paciencia de los foristas de e-aquinas, pues la moderación de la discusión de este tema se ha visto obstaculizada por diversas circunstancias; la principal, imputable al moderador, por lo que me disculpo. No obstante, animo a responder la interpelación del Dr. Caponnetto y seguir en el estudio de la cuestión de Santo Tomás acerca de la verdad.
Un saludo cordial,
Enrique Martínez
Saludos muniqueses a todos los foristas!
Lamentablemente pudiera ser que nos enfrentáramos a un clarius per obscurius . Lo que Heidegger llamara "Seinsvergessenheit" (aunque no explícitamente así en Sein und Zeit , creo yo) abarca una serie de cuestiones altamente inconexas.
Heidegger era un hombre tan ocurrente que se volvía incapaz de sacrificar una sola ocurrencia a favor de la claridad de un texto. Èste es uno de los motivos de lo abstruso de su obra. Otro es que la redacción de Sein und Zeit fuera urgidas por razones externas: la impaciencia de Husserl cuando los profesores eran dioses y la necesidad de componer cuanto antes una publicación con materiales heteróclitos para obtener la tranquilidad de una cátedra.
Así que Seinsvergessenheit fue la etiqueta para rotular toda Filosofía con la que Heidegger discrepaba. La cuestión viene entonces a significar, si la definición que aparece en Tomás merece el etiqueteo de Heidegger.
Un filósofo debería agregar que la doctrina de la analogía, afectando la teoría del significado, debe notarse en la teoría de la verdad, porque significado y verdad son conceptos muy emparentados. P. ej, definiendo la verdad de una sentencia debemos recurrir a otra del mismo significado, como cuando se dice que "Es schneit" es verdadera si y sólo si nieva. Hasta donde yo sé no se ha aplicado la doctrina de la analogía a la teoría de la verdad.
Un tomista tradicional debiera decir que las proposiciones son verdaderas en sentido primario, mientras que las cosas y los hechos son verdaderos en el sentido traslaticio en que se dice que la medicina es sana, porque la causa.
Así la verdad lógica sería verdad sin más o primer analogado; las cosas y los hechos son verdaderos (con verdad trascendental) sólo porque causan la verdad lógica, o pueden causarla. Pero aquí acecha para los exquisitos un gran problema que fue descubierto por Lemmon y que ya charlaremos si alguien se interesa. En pocas palabras: si caracterizamos la verdad ontológica por la cognoscibilidad del ente parece que de hecho todo sujeto sería omnisciente! Si todo objeto es cognoscible todo sujeto es omnisciente. Llamativo, pero dicen que con esas cosas comienza el filosofar.
Poniendo entre paréntesis ese resultado tampoco satisface determinar la verdad ontológica por una "patencia del ser", "desocultamiento" etc. El concepto de verdad lógica es absoluto y macizo, pero el concepto de "ser patente" es relativo y gradual de una manera muy molesta. Que los guerreros griegos estaban dentro del Caballo de Troya era patente para ellos mismos, semipatente para Agamenón, y para los troyanos NO era en modo alguno patente. Desocultamiento siempre es relativo a un sujeto, en una manera que no es útil para determinar la llamada "verdad lógica".
Como el concepto de "patencia" tiene esos bemoles no parece que pueda ocupar el lugar primario en la determinación del concepto de verdad. Es como el capricho de los intuicionistas de caracterizar la verdad matemática por la demostrabilidad efectiva. En general la verdad es una forma de adecuación o correspondencia. Si Heidegger le pega a esta posición clásica la etiqueta del olvido del Ser, allá él.
Estimados foristas: A la importante pregunta que formula el Dr. Caponnetto, si se ordena el corpus de la Quaestio con su orden lògico interno, queda más claro que no sólo no se advierte en Santo Tomás ningún resquicio de olvido del ser, sino que más bien es una inmersión en el ser desde la triple perspectiva del ser, y sus convertibles, la verdad y la bondad. Creo que Santo Tomás dice así, muy esquemáticamente: La primera verdad está principalmente en el intelecto, porque el objeto del intelecto está en el intelecto, y la verdad es el objeto del intelecto. Se ve que la verdad es el objeto del intelecto por la diferencia entre intelecto y apetito, pues el intelecto conoce según que lo conocido está en el cognoscente y el apetito se da según que el apetente se inclina a lo apetecido, por tanto el objeto del apetito, que es el bien, está en las cosas, y el objeto del intelecto en el propio intelecto, porque igual que “bien” nombra aquello a que tiende el apetito, “verdad” nombra aquello a que tiende el intelecto. Por tanto la verdad está en las cosas secundariamente, lo que se prueba por la diferencia entre bien y verdad, pues mientras el bien está en las cosas principalmente por su ordenación al apetito y por ello se llaman buenas, el apetito se llama bueno secundariamente porque lo es del bien de las cosas. Por su parte lo verdadero está principalmente en el intelecto, y en la cosa por orden al intelecto, por tanto la verdad está en la cosa secundariamente. Por tanto las cosas se dicen verdaderas sólo por relación al entendimiento del que dependen. Entonces hay dos relaciones, per se y per accidens. Per se cualquier cosa tiene relación con el entendimiento de quien depende y per accidens por relación a un entendimiento del que no depende, sino que sólo es conocida por él; el ser de mi casa depende per se del arquitecto, y per accidens de mi. Por tanto, las cosas se refieren per se al intelecto del que dependen, y per accidens al intelecto que sólo las conoce. El juicio sobre una cosa no se ha de hacer según lo que le conviene per accidens, sino según lo que le conviene per se. Y una cosa, per se dice relación al intelecto del que depende y per accidens al intelecto del que no depende. De lo cual se sigue a modo de corolarios: Las cosas artificiales se dicen verdaderas en orden al intelecto del artífice; una casa es verdadera en cuanto tiene semejanza con la forma que está en la mente del artífice. Una proposición se dice verdadera en tanto es signo de un intelecto verdadero. ( O bien de un discernimiento de lo verdadero: intellectus veri admite este sentido). Las cosas se dicen verdaderas por relación al intelecto divino del que dependen. Una piedra verdadera es la que tiene su naturaleza según la ha preconcebido el intelecto divino. Y como la verdad está principalmente en el intelecto y secundariamente en las cosas, de ahí que se hayan dado muchas definiciones de ella, según que se considere en el intelecto o en las cosas. En cuanto está en el intelecto san Agustín pone dos definiciones. “La verdad es por la que se muestra lo que es”; “la verdad es manifestativa o declarativa del ser”. En cuanto está en las cosas por el orden al intelecto: San Agustín: “La verdad es la más alta semejanza del principio, que es sin ninguna desemejanza”. La segunda de san Anselmo, que dice que es “la rectitud sólo perceptible por la mente”, acorde, pues, con el principio. La de Avicena: “La verdad de cada cosa es la su propiedad de ser lo que se le ha establecido”. Y la definición general de verdad por la que se dice que es la adecuación de una cosa al intelecto, puede aplicarse tanto a la verdad que está en la cosa, como la que está en el intelecto. Por otro lado podemos volver al tema de la analogía. Si Dios nos ha hecho análogos a Él, y Él es el intelecto de quien dependen todas las cosas, donde la verdad reside como supremo artífice, entonces la verdad de las criaturas corresponde más al intelecto cognoscente de ellas, según su medida, tanto de la verdad de las cosas como de esta dependencia. Y tal vez esta observación apunte a cierta unidad del ser en cuanto conocido, por lo que la escisión no tendría cabida en cuanto al intelecto. Por otro lado, nuestro apetito de las cosas tiene que ser regulado por la prudencia, que es signo de la rectitud del apetito. En lo que depende de la verdad del ser, depende de los primeros principios, que están como inscritos como primeras verdades en el intelecto, de las que depende tanto el raciocinio especulativo como el práctico. Y tal vez esta observación apunte a la unidad del ser en cuanto apetecido, y la escisión no ha de tener cabida en el orden práctico. Nuestro escindido mundo... Un cordial saludo. Hug
Hoy de nuevo una especie de alegría, cobra vida.
De la verdad “Dios reúne todo ser viviente y los llevó ante el hombre para ver como los llamaba” (Gen 2, 19). Y todo el ajetreo que se da sobre tierra -cosas verdaderas-, especies que no puede contar ni numerar desfilaron delante de los sentidos del hombre. Y el hombre, la criatura inteligente y libre” (SCG II. cp. a 3), en una disposición profunda a la felicidad total con su Creador “puso nombre a todos” (Gen 2, 20). Hay, en esta página del Génesis la imagen más sublime de la grandeza del hombre: la visión de “lo más perfecto que hay en toda la naturaleza (ST I, 29, 3); o como dice también Santo Tomás: “lo más digno de toda la naturaleza” (De Potencia, I, q. 9, a. 3.); lo que posee “más” ser, y, por lo mismo, lo más unitario, lo más verdadero, y lo más bello frente a las piedras, plantas o animales. Su alma amplia y extensa está ordenada a “llegar al sumo grado de conocimiento: Dios” (SCG I, IV). “En cierto modo el alma lo es todo” (q.7 a.1 y 2). Así, pues, todo “nombre que el hombre le diera” (Gen 2, 19), pasa a ser común a todos los seres. Pues,” implica la conveniencia de la verdad que está ante los sentidos del hombre, de las cosas –en lo que existe, y la imagen que está en el entendimiento” (q. 16, a. 2). Es la verdad. La verdad de lo que existe, no la conocen de ninguna manera los sentidos, pues, aunque la vista tenga la imagen de lo visible, sin embargo, no conoce la adecuación existente entre lo visto y lo que aprehende de él. Esa coherencia solo es perceptible por la mente (q 16, a. 2) Esto lo escribí el 20 de octubre… tal vez muy tarde me atrevo a enviarlo. Les ruego me disculpen. aide.
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Estimados foristas: La bella página de Aide Hidalgo merece atención en esta disputatio, en un punto: no es cierto que la verdad de lo que existe no la conozcan los sentidos de ninguna manera. La sensibilidad es el criterio receptor de la verdad real-sensible, plasmada por Dios con claridad absoluta en el mundo fenoménico. Su alcance está objetivamente determinado por la apariencia, el fenomenismo de los seres, y subjetivamente por la intensidad y extensión aprehensiva de cada sentido. Las apariencias sensibles son sin duda manifestaciones de la naturaleza de los seres, y si bien no pueden considerarse una representación adecuada de ella, la intensidad y número de experiencias, nos dicen muchas e importantes cosas de esta naturaleza, y si no la conocemos del todo, tampoco es una incógnita. El valor crítico de la sensibilidad es de una certeza objetiva casi absoluta, como nos dice el convencimiento natural y espontáneo del hombre sobre la visión directa, y cuando queremos explicar este convencimiento espontáneo no puede contestarse sino que los objetos son su causa. Los datos sensibles prestan el material de hecho a la inteligencia para que funcione, deduciendo, induciendo, a la luz de los primeros principios. Y cada sentido tiene su modalidad, su orden independiente de fenómenos que los sentidos externos perciben sin intermedio. En el orden práctico usamos conceptos cuya comprehensión no ha ido más allá del dato sensible. En el orden natural, un ejemplo sería el agua. Sabemos sus estados en relación con la temperatura, su abundancia, importancia, etc; y cuando nos dicen que es H2O, este conocimiento científico es más oscuro que el de los datos sensibles. En el orden artificial, un ejemplo podría ser la mesa. ¿Cómo la definiríamos? En el orden sobrenatural, un ejemplo podría ser el “fides ex auditu”. Mi felicitación a Aide por su página, y un saludo a todos en Santo Tomás. Hug
Viene al caso, según creo el filosofo jesuita que regresó al Padre en 1984 de nombre Bernard Lonergan. Comenta el padre Víctor Manuel Pérez Valera en su libro Teoría del Derecho, Oxford, 2009 que habría que ver la metáfora de las tijeras en cuanto al conocimiento del ser que se comentan. Una de las hojas (y las dos cortan, se apoderan del ser en su verdad)se ve como la superior formal (la luz de las matemáticas que interpreta en la física,los resultados de sus experimentos y observaciones) En general en el método de Lonergan se trata de una estructura de operaciones. La otra hoja de las tijeras serían esos experimentos y observaciónes (en la física como ciencia natural)En general, la otra hoja material es lo que ven los sentidos y la hoja superior formal de las tijeras del conocimiento sería el método empírico generalizado que Lonergan saca de la siguiente frase de Santo Tomás: "El alma se capta a sí misma por su entender, que es su acto propio, el cual demuestra a la perfección su poder y naturaleza" En ese método hay cuatro pasos para auto-apropiarse de lo que uno llega a conocer con evidencia: 1.- los datos de la experiencia para los que se exige: ¡Pon atención! 2.- las hipótesis: vienen de un chispazo interior o insight directo ante las preguntas que sobre lo que ven los sentidos uno se empeña en saber: ahí la consigna sería es "¡sé inteligente!3.- En tercer lugar viene ya la verdad en el juicio como intelección, chispazo o insight reflejo. En este la consigna es ¡sé razonable! y 4 la Decisión que viene de una intelección producto de la reflexión e incluye deliberación, evaluación y decisión. En esta última el imperativo es: ¡Sé responsable y ama!. Les pido disculpas por lo apresurado de mi resumen y me hago cargo de mis propios errores posibles y probables,nacidos del entusiasmo por el tema y mi apresuramiento como mal filósofo y mal abogado... Saludos afectuosos: Javier Prieto Aceves, Tijuana, Baja California, México
En el entender no hay olvido del ser. Cuando cada uno de nosotros capta al evidencia de su propio ser se entiende a sí mismo y entiende también en su verdad lo que es. No que lo agote, pero que sí lo conoce. Por eso: "El alma se capta a sí misma por su entender, que es su acto propio, el cual demuestra a la perfección su poder y naturaleza" Y por eso: “Es el ser de la cosa, y no su verdad, la que causa la verdad en el entendimiento” Espero haber completado un poco mejor lo que quise decir con mi cita de Bernard Lonergan. Javier Prieto Aceves
Estimada Aide: Por si le es de utilidad, he encontrado el siguiente texto en la edición de Aristotelis de anima, anotado y comentado por Pablo Siwek, 2ª edición, Universidad Gregoriana, 1945, referente a su pregunta: “El argumento con el que Aristóteles pretende probar que no pueden existir sino los sentidos con los que de hecho estamos dotados y que por tanto sólo son cinco, puede desarrollarse de manera más completa de este modo: Cada uno de los sentidos percibe solamente las cosas que constituyen su objeto propio, por lo que si alguien dice que existe alguna especie de objetos sensibles que no podemos percibir de ninguna manera, entonces éste tiene que afirmar que nos falta algún sentido, y por tanto también algún órgano; pero que esta conclusión es evidentemente falsa se puede deducir fácilmente de sus consecuencias: toda sensación tiene lugar mediatamente o inmediatamente, en otras palabras, con ayuda de un intermedio distinto de nuestro organismo, o sin ayuda de este intermedio; además, el órgano propio de las sensaciones inmediatas es el órgano del tacto, pero este órgano no lo poseen sólo los hombres sino casi todos los animales. Y de las sensaciones que tienen lugar mediatamente, el órgano propio consta, como se ha dicho en otro lugar, de los mismos elementos que el propio intermedio; además el intermedio para que tenga lugar la sensación sólo pueden ser el aire o el agua; por tanto los órganos de las sensaciones mediatas son los que constan de aire y agua; pero también, al menos los animales superiores (mientras no estén mutilados) poseen con absoluta certeza los mismos órganos. Siendo así las cosas, los animales superiores, entre los que sobresale el hombre, están totalmente dotados de todos los órganos sensitivos. Y en estos órganos solamente subsisten los cinco sentidos antes descritos. Por tanto sólo se dan cinco sentidos. Es evidente que el argumento está íntimamente ligado a la doctrina aristótelica de los cuatro elementos, sobre las partes que hacen de intermedio en la sensación”. Feliz Navidad y un cordal saludo. Hug