De la soberbia

Época II Año 6 Número 6 Noviembre - Diciembre 2008
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Verba Doctoris

Como ya expusimos antes (a.2; a.5 ad 1), la soberbia puede considerarse de dos modos. En primer lugar, en sí misma, como pecado especial. En segundo lugar, en cuanto que ejerce un influjo universal sobre todos los pecados. Ahora bien: consideramos vicios capitales a ciertos pecados especiales de los que nacen muchos géneros de pecados. Por eso algunos, considerando la soberbia como un pecado especial, la incluyeron entre los vicios capitales. Pero San Gregorio, considerando su influjo universal sobre todos los vicios, tal como dijimos (sed cont.), no la incluyó entre los vicios capitales, sino que la consideró reina y madre de todos los vicios. Por eso dice en XXXI Moral. : La soberbia, reina de los vicios, cuando se apodera del corazón lo entrega a los siete vicios capitales como si fueran capitanes de un ejército devastador, de los cuales nacen otros muchos vicios.

Commentaria

  • Entiendo que este pecado es trascendental.Origen de todos los males del mundo.Lo vemos entonces en la tentación de la "Serpiente antigua".En efecto,ella dice:"si comieres el fruto de ese árbol sereis como dioses".Lo vemos en el Mundo actual.La tentación de soberbia en las revoluciones sociales y políticas que tienen su raíz en la "Gran Revolución Religiosa":las reflexiones de los seguidores de aquel filósofo de Tréveris:"el proletariado no tiene nada que perder mas que sus cadenas,y todo un mundo por ganar."¿No es eso soberbia? y así tantas otras cosas.Es el momento,si,de poner sobre la mesa ese gran pecado de soberbia que se metió,a no dudarlo,como el "humo de Satanás",al decir de Paulo VI,hasta en la Iglesia de Cristo,después del Vaticano II.

    Publicado por Jorge Andregnette el 11 de Noviembre de 2008
  • Voy a señalar el contrapunto: si la soberbia es la raiz de todos los males la humildad es la base de todos los bienes, y viene de “humus”, tierra: nos hace tocar de pies en el suelo recordando lo que decía san Francisco de Asís: cuando abandones esta tierra, no podrás llevar contigo nada de lo que has recibido, solamente lo que has dado: un corazón enriquecido por el servicio honesto, el amor, el sacrificio y el valor. Por eso, decía Santa Teresa de Jesús que humildad es andar en verdad. Y San Josemaría Escrivá de Balaguer veía cómo la humildad se despliega en mil destellos de luz, un abanico multicolor de virtudes de vital relevancia: sencillez, veracidad, sinceridad, transparencia, confianza absoluta en Dios, abandono en sus manos, fe firmísima, esperanza inquebrantable, amor tierno y fortísimo, facilidad para olvidar penas y descubrir alegrías, optimismo, audacia y perseverancia en el pedir... “Es la virtud que nos ayuda a conocer, simultáneamente, nuestra miseria y nuestra grandeza”. La humildad es la base y fundamento de todas las virtudes, y sin ella no hay ninguna que lo sea, como decía también Cervantes.

    Desde una perspectiva sobrenatural, el fundamento de la vida espiritual es sentirse hijo de Dios; pero como en las monedas, hay otra cara: desde el punto de vista humano sólo es posible cuando hay humildad. Por ello –dice Santo Tomás de Aquino- es necesario que los hombres que progresan de este modo disminuyan su propia estimación, porque cuando más penetra alguien en la grandeza divina tanto más considera pequeña la condición humana.

    La soberbia, el orgullo, es negar todo esto, es el gran obstáculo a la felicidad y esto puede llegar hasta el punto de no asombrarnos con las maravillas de la creación. Si no, hacemos de Dios un problema, llegando a creer que nosotros lo hemos inventado, y entonces el hombre se autodestruye en hacerse dios: "Sin humildad no puede haber humanidad" (Sir John Buchan).

    En cambio, un corazón sencillo y gentil, es camino seguro para llegar al corazón de las personas y también al corazón de Dios. Es necesario no centrarnos en “mi carrera, mi prestigio, mi mujer, mis posesiones, mis aficiones o viajes o lo que sea”, y el icono de apertura a Dios y vaciamiento interior es la Virgen María: sentirse instrumento dejando obrar al Artista. Esta es la clave de la humildad: hacer y desaparecer; servir a los demás con alegría; así hasta que nuestras flaquezas se convierten en fortaleza.

    Publicado por Llucià Pou Sabaté el 18 de Noviembre de 2008

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