De la ortodoxia católica

Época II Año 7 Número 2 Marzo - Abril 2009
La lectio está cerrada. Ha comenzado la disputatio.

Verba Doctoris

Objeciones por las que parece que no compete al Romano Pontífice la constitución del Símbolo:

1. Se hace necesaria nueva redacción del Símbolo, como hemos dicho (a.9 ad 2), cuando se debe ofrecer una explicitación de los artículos de la fe. En el Antiguo Testamento, los artículos de la fe se iban explicitando más y más en el transcurso del tiempo, porque la verdad de fe se iba manifestando cada vez más a medida que se acercaba a Cristo, según hemos expuesto también (a.7). Cuando dejó de existir esa causa en la ley nueva, se hizo innecesaria esa mayor explicitación de los artículos. Por lo tanto, no parece que sea competencia del Romano Pontífice nueva promulgación del Símbolo.

2. Lo que está prohibido por la Iglesia universal bajo anatema, no se halla bajo el poder de hombre alguno. Ahora bien, toda nueva redacción del Símbolo está prohibida por la autoridad de la Iglesia, como consta en las actas del concilio primero de Efeso: Releído el símbolo del concilio de Nicea, decretó el Santo Sínodo que a nadie se le permita enseñar, escribir o componer otra fe que no sea la definida por los Santos Padres reunidos en Ñicea por el Espíritu Santo. A estas palabras se añade la pena de anatema y se reitera nuevamente en el concilio de Calcedonia. Parece, pues, que la redacción de un nuevo Símbolo está por encima de la autoridad del Romano Pontífice.

3. Además, San Atanasio no fue Romano Pontífice, sino patriarca de Alejandría. No obstante, elaboró un Símbolo que todavía se canta hoy en la Iglesia. No parece, pues, que la publicación del Símbolo sea más competencia del Romano Pontífice que de otros.

Contra esto: está el hecho de que la composición del Símbolo se hizo en un concilio general, concilio cuya convocatoria incumbe solamente a la autoridad del Sumo Pontífice, según consta en el Decreto.

Respondo: Como ya hemos expuesto (a.9 ad 2), una nueva redacción del Símbolo se hace necesaria para evitar los errores que vayan surgiendo. Incumbe, pues, la publicación de un nuevo Símbolo a la autoridad a la que compete determinar por sentencia las cosas que son de fe, para que sean mantenidas inalterablemente por todos. Eso compete a la autoridad del Sumo Pontífice, a quien conciernen —como se afirma en el Decreto— las cuestiones mayores y más difíciles de la Iglesia . De ahí también que el Señor diga a Pedro: Yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos (Lc 22,32). La razón de esto es que no debe haber más que una fe en toda la Iglesia, a tenor de las palabras del Apóstol: Que tengáis todos el mismo sentir y no haya entre vosotros disensiones (1 Cor 1,10).

Esa necesidad no queda, sin embargo, salvaguardada sino cuando, al surgir una cuestión en materia de fe, queda zanjada por el que está al frente de la Iglesia, para que de esa manera su sentencia sea mantenida por todos. En consecuencia, incumbe de manera exclusiva al Sumo Pontífice la redacción de un nuevo Símbolo, lo mismo que cualquier otra cosa que afecte a la Iglesia universal, como convocar un concilio general y cosas semejantes.

A las objeciones:

1. La verdad de fe se encuentra suficientemente explicada en la enseñanza de Cristo y de los apóstoles. Pero, dado que los hombres malvados, como se lee en San Pedro, pervierten para su perdición (2 Pe 3,16) la doctrina apostólica y las demás escrituras, esto hace necesaria, en el transcurso de los tiempos, una explicitación de la fe frente a los errores que vayan apareciendo.

2. La prohibición y el anatema del sínodo abarca a las personas privadas, a las que no concierne la determinación de la fe. Es evidente que semejante decisión del sínodo general no recorta el poder del siguiente para ofrecer una nueva publicación del Símbolo, Símbolo que en realidad no contiene otra fe distinta, sino la misma, pero más explícita. Esto es, en verdad, lo que han procurado los sínodos: que el siguiente expusiera algo más que lo hecho en el anterior, según lo exigiera la aparición de alguna nueva herejía. De ahí que sea incumbencia del Sumo Pontífice, que con su autoridad convoca el concilio y con su resolución lo confirma.

3. San Atanasio no redactó la exposición de la fe en forma de Símbolo, sino más bien en forma de enseñanza doctrinal. Esto lo demuestra de manera evidente su misma forma de expresarse. Mas, dado que su enseñanza contenía de forma concisa la verdad íntegra de la fe, fue aceptada como norma de fe por la autoridad del Sumo Pontífice.

Commentaria

  • Estimados amigos:

    Este artículo 10 de la Cuestión Primera de la Secunda Secundae de la Summa Theologiae es de gran una riqueza y solidez doctrinales. Constituye, sin duda, una rotunda afirmación de la infalible autoridad del Papa en materia de Fe. Lo que el Santo Doctor asienta en este texto es la clara y firme proclamación de la función infalible del Papa y de la Iglesia en la conservación, proposición y declaración de los dogmas divinamente revelados.

    El texto nos ilustra, también, respecto de otro punto fundamental: las renovadas redacciones del Símbolo (nova edita symboli) son necesarias para evitar los errores que van surgiendo a lo largo de la vida de la Iglesia (ad vitandum insurgentes errores).

    Conviene detenerse en esta cuestión: la experiencia nos dice que la presencia del error, dentro y fuera de la Iglesia, es constante. Es parte de la vida misma de la Iglesia. Esta presencia nos pone frente a una dramática tensión que, en definitiva, sólo puede entenderse en el marco de la Gran Batalla entre las dos Ciudades, entrevista por el genio del de Hipona. Por eso la vigilancia de los Sumos Pontífices es, también, constante y omnipresente.

    Vivimos días en lo que el error arrecia, fuera y dentro de la Barca, con furia singular. Meditemos, pues, en estas verdades que nos enseña el Angélico para que ellas nos sostengan. Pidamos, además, por el Santo Padre cuya autoridad ha sido y es tan insolentemente cuestionada por pseudos “teólogos” y aún por algunos episcopados (vg. Hans Kung et alt.).

    Un cordial saludo.

    Publicado por Mario Caponnetto el 2 de Marzo de 2009
  • Nunca tan oportuno un tema como el que abordamos,en especial en estos días de cuestionamientos severos de la autoridad del Santo Padre. Dramática situación la de esta tensión,"dentro y fuera de la Barca"como bien señala Mario,en que asistimos,estupefactos,a las opiniones y desencuentros por el levantamiento de la excomunión a los obispos de la Fraternidad San Pío X,la cuestión del "negacionismo",etc.,en medio de los cuales hemos escuchado,-aun dentro del seno de la Iglesia,-graves acusaciones, o mas bien severos cuestionamientos,como digo, de la autoridad de S.S.Benedicto XVI,acusando a este,aunque parezca increíble, de actitudes que rondarían lo pecaminoso,-por lo menos en sede de omisión,-ante la alegada falta de claridad en sus palabras-así,dicho todo en su crudeza y dramatismo. Nunca como ahora,estimados amigos,tan necesaria la oración primero y la meditación serena ante tanto desconcierto. Saludos cordiales.

    Publicado por Jorge Andregnette el 2 de Marzo de 2009
  • Estimados Amigos: Felicito al moderator fori por la elección del tema de este bimestre.

    A propósito de la enseñanza establecida en el corpus de este artículo, recordé en seguida la publicación de la Carta Apostólica a modo de Motu proprio titulada Ad tuendam fidem (para defender la fe) del 18 de mayo de 1998 (Texto latino: http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/motu_proprio/documents/hf_jp-ii_motu-proprio_30061998_ad-tuendam-fidem_lt.html;Texto castellano: http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/motu_proprio/documents/hf_jp-ii_motu-proprio_30061998_ad-tuendam-fidem_sp.html) en la cual ya al comienzo se afirma:

    “Ad tuendam fidem Catholicae Ecclesiae contra errores insurgentes ex parte aliquorum christifidelium, praesertim illorum qui in sacrae theologiae disciplinas studiose incumbunt, pernecessarium visum est Nobis, quorum praecipuum munus est fratres suos in fide confirmare (cfr Lc 22, 32), ut in textum vigentium Codicis Iuris Canonici et Codicis Canonum Ecclesiarum Orientalium addantur normae, quibus expresse imponatur officium servandi veritates definitive ab Ecclesiae Magisterio propositas, addita mentione in sanctionibus canonicis ad eandem materiam spectantibus”.

    “PARA DEFENDER LA FE de la Iglesia Católica contra los errores que surgen entre algunos fieles, sobre todo aquellos que se dedican al estudio de las disciplinas de la sagrada teología, nos ha parecido absolutamente necesario a Nos, cuya tarea principal es la de confirmar a los hermanos en la fe (cf. Lc 22,32), que en los textos vigentes del Código de Derecho Canónico y del Código de Cánones de las Iglesias Orientales, sean añadidas normas con las que expresamente se imponga el deber de conservar las verdades propuestas de modo definitivo por el Magisterio de la Iglesia, haciendo mención de las sanciones canónicas correspondientes a dicha materia”.

    Estimado Jorge, sé de su buena intención al formular su comentario y con lo que diré no me interesa suplantar al moderator fori –oficio por demás delicado-, pero uno de los ejemplos que Ud. señala en relación a la “tensión fuera y dentro de la Barca” hic et nunc me parece que no resulta el más feliz. En todo caso –y no hablo más del tema dado que puede tergiversar el motivo del foro de este bimestre- la batahola suscitada post-declaraciones no de la Fraternidad sino de Mons. Williamnson es en casi su totalidad responsabilidad del mismo Williamson. Él sabe muy bien –o debería- con “los bueyes que ara”.

    Un saludo cordial para todos, Germán

    Publicado por Alfredo Germán Masserdotti el 3 de Marzo de 2009
  • Estimado Alfredo: Bien está su exhortación a no hablar mas del tema para no tergiversar el motivo del foro,pero,sin perjuicio de ello,puede Ud.estar cierto,como lo está,-según manifiesta,-de mis buenas intenciones al formular mi anterior comentario.Tomé, no puedo negarlo,la inteligente observación que hizo Mario al mencionar la tensión"dentro y fuera de la Barca",la que no podemos negar ni ocultar,pues es un hecho incontrovertible.En lo que respecta a la probable "infelicidad"del ejemplo,debo decirle que el caso me ha suscitado interrogantes.¿Que sentido tuvieron esas declaraciones de Mons.Williamson a que Ud alude?¿Era la oportunidad de manifestar eso,que no tenía nada que ver con la anterior sanción que fue decretada contra la Fraternidad?¿Entonces?.¿Tiene Ud.respuesta a estas interrogantes?Parecería,pensando mal,que se buscó un incidente que motivara declaraciones de Mons Williamson,y a su vez,respecto a estas últimas,de S.S.Benedicto XVI.Estas declaraciones a continuación,son criticadas o puestas en tela de juicio con severas apreciaciones respecto a su postura,que personalmente no comparto,y así sigue el problema,confundiendo y agregando mas desconcierto,"en la Barca",siguiendo con la oportuna apreciación.En lo que respecta a "los bueyes con que ara"Mons. Williamson,entiendo que este hombre tal vez fue sorprendido en su buena fe,aludiendo,como digo,a un tema que para nada tenìa relación con el asunto de la Fraternidad.Ahora bien,si cada vez que el mismo pone su mano a la mancera para la labranza tiene que tener cuidado con quienes van a tirar del útil de trabajo,-a estar a sus palabras,-entonces estamos en una situación que no le hace bien a nadie.En el cuerpo,con el recuerdo de la carta paulina,"si un miebro sufre,con el sufren todos los miembros;"(1 Corintios 12,26.-) Mi mas cordial saludo,gracias por su aporte.

    Publicado por Jorge Andregnette el 3 de Marzo de 2009
  • Estimados amigos:

    Coincido con Germán en que es mejor no mentar ciertas cuestiones, dolorosamente actuales en los días que corren, a fin de no desvirtuar el tratamiento del tema de este bimestre; tema que ha de ser tratado, como es costumbre en nuestro Foro, con objetividad y por encima de las turbulencias del día.

    Pero, para ser justos, si bien una parte de la responsabilidad por la batahola suscitada se ha de atribuir a Monseñor Williamson, a quien cabe calificar de falta de prudencia, sin embargo, se ha de convenir en que la mayor responsabilidad ha de atribuirse a los oscuros círculos del modernismo, presentes y activísimos dentro de la Barca, en alianza con los enemigos seculares de Cristo y de su Iglesia. Ellos desencadenaron esta tormenta y su objetivo no fue, ni es, otro que el Santo Padre.

    Serenemos nuestros ánimos y, una vez más, acudamos a la Consolatio Philosophiae atque Theologiae.

    Un cordial saludo.

    Publicado por Mario Caponnetto el 4 de Marzo de 2009
  • El tema del bimestre me parece bien planteado por el moderador, los dos artículos de la Suma Teológica expresan la ortodoxia desde el punto de vista externo e interno. Creo que se puede completar con el artículo 9 de la II II q. 1, en el que Santo Tomás explica que el Símbolo es un resumen de la Sagrada Escritura. Esto está muy olvidado en la Teología.

    En esta cuestión 1ª de la II II Santo Tomás estudia el objeto de la fe. En el artículo 9 trata “de modo tradendi articulos in symbolo”, el modo en que se ponen los artículos en el símbolo. Y la primera duda que se presenta es: “Parece que es inconveniente poner los artículos de la fe en un Símbolo. Pues la regla de la fe es la Sagrada Escritura, a la que no se puede añadir ni quitar, como se dice en Deut. IV, 2 ‘no añadiréis a la palabra que os hablo ni quitaréis de ella’. Por lo tanto fue ilícito constituir un símbolo como regla de fe una vez publicada la Sagrada Escritura.” (1)

    Aquí Santo Tomás afirma claramente que la regla de la fe es la Escritura. Hasta el punto que parece ilícito establecer otra regla de fe una vez publicada la Escritura. La respuesta a esta dificultad es del mayor interés: “A lo primero, por lo tanto, hay que decir que la verdad de fe se encuentra en la Sagrada Escritura dispersa, y de varios modos, algunos oscuros; de forma que para sacar la verdad de fe de la Sagrada Escritura se requiere largo estudio y ejercicio, a lo que no pueden llegar todos aquellos que necesitan conocer la verdad de fe; de ellos muchos, ocupados en otros negocios, no se pueden dedicar al estudio. Y por eso fue necesario reunir sumariamente, de las sentencias de la Sagrada Escritura, algo manifiesto que se propusiera a todos para creer. Que, desde luego, no se añade a la Sagrada Escritura, sino, al contrario, se toma de ella.” (2)

    (Nota. Debo aclarar que “estudiar la Escritura” para Santo Tomás y los Padres es leerla desde el Génesis hasta el Apocalípsis intentando entenderla, y esto muchas veces. No tiene nada que ver con estudiar las ocurrencias de los hoy llamados escrituristas).

    Un cordial saludo.

    --------------------------------------- (1) II-II q. 1 a. 9 arg. 1 Ad nonum sic proceditur. Videtur quod inconvenienter articuli fidei in symbolo ponantur. Sacra enim Scriptura est regula fidei, cui nec addere nec subtrahere licet, dicitur enim Deut. IV, non addetis ad verbum quod vobis loquor, neque auferetis ab eo. Ergo illicitum fuit aliquod symbolum constituere quasi regulam fidei, post sacram Scripturam editam. (2) II-II q. 1 a. 9 ad 1 Ad primum ergo dicendum quod veritas fidei in sacra Scriptura diffuse continetur et variis modis, et in quibusdam obscure; ita quod ad eliciendum fidei veritatem ex sacra Scriptura requiritur longum studium et exercitium, ad quod non possunt pervenire omnes illi quibus necessarium est cognoscere fidei veritatem, quorum plerique, aliis negotiis occupati, studio vacare non possunt. Et ideo fuit necessarium ut ex sententiis sacrae Scripturae aliquid manifestum summarie colligeretur quod proponeretur omnibus ad credendum. Quod quidem non est additum sacrae Scripturae, sed potius ex sacra Scriptura assumptum.

    Publicado por el 5 de Marzo de 2009
  • Estimados Amigos: La respuesta a la primera objeción de S. Th. II-II, q. 1, a. 10, afirma que dado que hay hombres malvados que pervierten para su perdición la doctrina apostólica y las demás escrituras, se vuelve necesaria una explicitación de la fe frente a los errores que vayan apareciendo -explanatio fidei contra insurgentes errores-. A propósito de esta explanatio, afirma Juan Pablo II en la Carta Apostólica Ad tuendam fidem: “1. […]. Este mismo Símbolo Niceno constantinopolitano está contenido en la Profesión de fe, elaborada posteriormente por la Congregación para la Doctrina de la Fe (CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEI, Professio Fidei et Iusiurandum fidelitatis in suscipiendo officio nomine Ecclesiae exercendo, 9 Ianuarii 1989, in AAS 81 (1989) p.105), cuya emisión se impone de modo especial a determinados fieles cuando asumen algunos oficios relacionados directa o indirectamente con una más profunda investigación concerniente el ámbito de la verdad sobre la fe y las costumbres, o que están vinculados con una potestad peculiar en el gobierno de la Iglesia.( Cf. Código de Derecho Canónico, can. 833). 2. La Profesión de fe, debidamente precedida por el Símbolo Niceno constantinopolitano, contiene además tres proposiciones o apartados, dirigidos a explicar las verdades de la fe católica que la Iglesia, en los siglos sucesivos, bajo la guía del Espíritu Santo, que le «enseñará toda la verdad» (Jn 16, 13), ha indagado o debe aún indagar más profundamente.( Cf. Código de Derecho Canónico can. 747, § 1; Código de Cánones de las Iglesias Orientales, can. 595, §1). El primer apartado dice: «Creo, también, con fe firme, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida por la Tradición, y que la Iglesia propone para ser creído, como divinamente revelado, mediante un juicio solemne o mediante el Magisterio ordinario y universal»(Cf. SACROSANCTUM CONCILIUM OECUMENICUM VATICANUM II, Constitutio dogmatica Lumen gentium, De Ecclesia, n. 25, 21 Novembris 1964, in AAS 57 (1965) pp. 29-31; Constitutio dogmatica Dei Verbum, De divina Revelatione, 18 Novembris 1965, n. 5, in AAS 58 (1966) p. 819; CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEI, Instructio Donum Veritatis, De ecclesiali theologi vocatione, 24 Maii 1990, n.15, in AAS 82 (1990) p. 1556). Este apartado afirma congruentemente lo que establece la legislación universal de la Iglesia y se prescribe en los cann. 750 del Código de Derecho Canónico(Código de Derecho Canónico, can. 750) y 598 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales(Código de Cánones de las Iglesias Orientales, can. 598). El tercer apartado, que dice: «Me adhiero, además, con religioso asentimiento de voluntad y entendimiento, a las doctrinas enunciadas por el Romano Pontífice o por el Colegio de los Obispos cuando ejercen el Magisterio auténtico, aunque no tengan la intención de proclamarlas con un acto definitivo»(Cf. CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEI, InstructioDonum Veritatis, De ecclesiali theologi vocatione, 24 Maii 1990, n. 17, in AAS 82 (1990) p. 1557), encuentra su lugar en los cann. 752 del Código de Derecho Canónico (Código de Derecho Canónico, can. 752) y 599 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales(Código de Cánones de las Iglesias Orientales, can. 599). 3. Sin embargo, el segundo apartado, en el cual se afirma: «Acepto y retengo firmemente, asimismo, todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las costumbres, propuestas por la Iglesia de modo definitivo»(10), no tiene un canon correspondiente en los códigos de la Iglesia Católica. Este apartado de la Profesión de Fe es de suma importancia, puesto que indica las verdades necesariamente conexas con la divina revelación. En efecto, dichas verdades, que, en la investigación de la doctrina católica, expresan una particular inspiración del Espíritu divino en la más profunda comprensión por parte de la Iglesia de una verdad concerniente la fe o las costumbres, están conectadas con la revelación sea por razones históricas sea por lógica concatenación” (cfr. http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/motu_proprio/documents/hf_jp-ii_motu-proprio_30061998_ad-tuendam-fidem_sp.html). A falta de tiempo para comentar lo que dice el Santo Padre, al menos subo este texto suyo para que alguno más versado en la materia “levante el guante” y lo haga.

    Como decía el P. Vallet: “Tenemos un faro: ROMA”.

    Un saludo cordial para todos, Germán Masserdotti

    Publicado por Alfredo Germán Masserdotti el 8 de Marzo de 2009
  • Estimados Amigos:

    Los destacados en mayúscula son propios. Los textos de Pablo VI los tomo de http://www.vatican.va/holy_father/paul_vi/motu_proprio/documents/hf_p-vi_motu-proprio_19680630_credo_sp.html.

    Entre las nuevas redacciones del Símbolo que van surgiendo para evitar los errores que vayan surgiendo (NOVA EDITIO SYMBOLI NECESSARIA EST AD VITANDUM INSURGENTES ERRORES. Tomás de Aquino, S. Th. II-II, q. 1, a. 10, c.) se destaca durante el siglo XX el Conocido CREDO DEL PUEBLO DE DIOS de S. S. Pablo VI.

    Habiendo afirmado en el §1 que se dedicó el Año de la Fe con ocasión del XIX centenario del martirio de los Apóstoles S. Pedro y S. Pablo, “no sólo con la intención de testimoniar nuestra inquebrantable voluntad de conservar íntegramente el depósito de la fe (cf. 1Tim 6,20), que ellos nos transmitieron, sino también con la de robustecer nuestro propósito de llevar la. misma fe a la vida en este tiempo en que la Iglesia tiene que peregrinar era este mundo” más adelante afirma: “3. Juzgamos además que debemos cumplir el mandato confiado por Cristo a Pedro, de quien, aunque muy inferior en méritos, somos sucesor; a saber: QUE CONFIRMEMOS EN LA FE A LOS HERMANOS (cf. Lc 22,32). Por lo cual, aunque somos conscientes de nuestra pequeñez, con aquella inmensa fuerza de ánimo que tomamos del mandato que nos ha sido entregado, vamos a hacer una profesión de fe y a pronunciar una fórmula que comienza con la palabra creo, la cual, aunque no haya que llamarla verdadera y propiamente definición dogmática, sin embargo repite sustancialmente, CON ALGUNAS EXPLICACIONES POSTULADAS POR LAS CONDICIONES ESPIRITUALES DE ESTA NUESTRA ÉPOCA, la fórmula nicena: es decir, la fórmula de la tradición inmortal de la santa Iglesia de Dios. 4. Bien sabemos, al hacer esto, por qué perturbaciones están hoy agitados, en lo tocante a la fe, algunos grupos de hombres. Los cuales no escaparon al influjo de un mundo que se está transformando enteramente, en el que tantas verdades son o completamente negadas o puestas en discusión. Más aún: VEMOS INCLUSO A ALGUNOS CATÓLICOS COMO CAUTIVOS DE CIERTO DESEO DE CAMBIAR O DE INNOVAR. La Iglesia juzga que es obligación suya no interrumpir los esfuerzos para penetrar más y más en los misterios profundos de Dios, de los que tantos frutos de salvación manan para todos, y, a la vez, proponerlos a los hombres de las épocas sucesivas cada día de un modo más apto. Pero, al mismo tiempo, HAY QUE TENER SUMO CUIDADO PARA QUE, MIENTRAS SE REALIZA ESTE NECESARIO DEBER DE INVESTIGACIÓN, NO SE DERRIBEN VERDADES DE LA DOCTRINA CRISTIANA. SI ESTO SUCEDIERA —Y VEMOS DOLOROSAMENTE QUE HOY SUCEDE EN REALIDAD—, ELLO LLEVARÍA LA PERTURBACIÓN Y LA DUDA A LOS FIELES ÁNIMOS DE MUCHOS. […]. 7. Así, pues, este día, elegido por Nos para clausurar el año llamado de la fe, y en esta celebración de los santos apóstoles Pedro y Pablo, queremos prestar a Dios, sumo y vivo, EL OBSEQUIO DE LA PROFESIÓN DE FE. Y como en otro tiempo, en Cesarea de Filipo, Simón Pedro, fuera de las opiniones de los hombres, confesó verdaderamente, en nombre de los doce apóstoles, a Cristo, Hijo del Dios vivo, así hoy su humilde Sucesor y Pastor de la Iglesia universal, en nombre de todo el pueblo de Dios, alza su voz para dar un testimonio firmísimo a la Verdad divina, que ha sido confiada a la Iglesia para que la anuncie a todas las gentes. QUEREMOS QUE ESTA NUESTRA PROFESIÓN DE FE SEA LO BASTANTE COMPLETA Y EXPLÍCITA PARA SATISFACER, DE MODO APTO, A LA NECESIDAD DE LUZ QUE OPRIME A TANTOS FIELES Y A TODOS AQUELLOS QUE EN EL MUNDO —SEA CUAL FUERE EL GRUPO ESPIRITUAL A QUE PERTENEZCAN— BUSCAN LA VERDAD. Por tanto, para gloria de Dios omnipotente y de nuestro Señor Jesucristo, poniendo al confianza en el auxilio de la Santísima Virgen María y de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo, para utilidad espiritual y progreso de la Iglesia, en nombre de todos los sagrados pastores y fieles cristianos, y en plena comunión con vosotros, hermanos e hijos queridísimos, pronunciamos ahora esta profesión de fe”. Un botón, como suele decirse, basta de muestra: La Eucaristía. “24. Nosotros creemos que la misa que es celebrada por el sacerdote representando la persona de Cristo, en virtud de la potestad recibida por el sacramento del orden, y que es ofrecida por él en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo místico, es realmente el sacrificio del Calvario, que se hace sacramentalmente presente en nuestros altares. Nosotros creemos que, como el pan y el vino consagrados por el Señor en la última Cena se convirtieron en su cuerpo y su sangre, que en seguida iban a ser ofrecidos por nosotros en la cruz, así también el pan y el vino consagrados por el sacerdote se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo, sentado gloriosamente en los cielos; y creemos que la presencia misteriosa del Señor bajo la apariencia de aquellas cosas, que continúan apareciendo a nuestros sentidos de la misma manera que antes, es verdadera, real y sustancial[30]. 25. EN ESTE SACRAMENTO, CRISTO NO PUEDE HACERSE PRESENTE DE OTRA MANERA QUE POR LA CONVERSIÓN DE TODA LA SUSTANCIA DEL PAN EN SU CUERPO Y LA CONVERSIÓN DE TODA LA SUSTANCIA DEL VINO EN SU SANGRE, PERMANECIENDO SOLAMENTE ÍNTEGRAS LAS PROPIEDADES DEL PAN Y DEL VINO, QUE PERCIBIMOS CON NUESTROS SENTIDOS. LA CUAL CONVERSIÓN MISTERIOSA ES LLAMADA POR LA SANTA IGLESIA CONVENIENTE Y PROPIAMENTE TRANSUSTANCIACIÓN. CUALQUIER INTERPRETACIÓN DE TEÓLOGOS QUE BUSCA ALGUNA INTELIGENCIA DE ESTE MISTERIO, PARA QUE CONCUERDE CON LA FE CATÓLICA, DEBE PONER A SALVO QUE, EN LA MISMA NATURALEZA DE LAS COSAS, INDEPENDIENTEMENTE DE NUESTRO ESPÍRITU, EL PAN Y EL VINO, REALIZADA LA CONSAGRACIÓN, HAN DEJADO DE EXISTIR, DE MODO QUE, EL ADORABLE CUERPO Y SANGRE DE CRISTO, DESPUÉS DE ELLA, ESTÁN VERDADERAMENTE PRESENTES DELANTE DE NOSOTROS BAJO LAS ESPECIES SACRAMENTALES DEL PAN Y DEL VINO[31], como el mismo Señor quiso, para dársenos en alimento y unirnos en la unidad de su Cuerpo místico [32]”. Por esto, en el §6 de su Encíclica Mysterium fidei (http://www.vatican.va/holy_father/paul_vi/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_03091965_mysterium_sp.html) afirma: “6. Mas para que nadie entienda erróneamente este modo de presencia, que supera las leyes de la naturaleza y constituye en su género el mayor de los milagros [50], es necesario escuchar con docilidad la voz de la iglesia que enseña y ora. Esta voz que, en efecto, constituye un eco perenne de la voz de Cristo, nos asegura que Cristo no se hace presente en este sacramento sino por la conversión de toda la sustancia del pan en su cuerpo y de toda la sustancia del vino en su sangre; conversión admirable y singular, que la Iglesia católica justamente y con propiedad llama transustanciación [51]. Realizada la transustanciación, las especies del pan y del vino adquieren sin duda un nuevo significado y un nuevo fin, puesto que ya no son el pan ordinario y la ordinaria bebida, sino el signo de una cosa sagrada, y signo de un alimento espiritual; pero ya por ello adquieren un nuevo significado y un nuevo fin, puesto que CONTIENEN UNA NUEVA REALIDAD QUE CON RAZÓN DENOMINAMOS ONTOLÓGICA”. Al respecto, ya había afirmado en el §2: “[…]. En efecto, no se puede —pongamos un ejemplo— exaltar tanto la misa, llamada comunitaria, que se quite importancia a la misa privada; ni insistir tanto en la naturaleza del signo sacramental como si el simbolismo, que ciertamente todos admiten en la sagrada Eucaristía, expresase exhaustivamente el modo de la presencia de Cristo en este sacramento; NI TAMPOCO DISCUTIR SOBRE EL MISTERIO DE LA TRANSUSTANCIACIÓN SIN REFERIRSE A LA ADMIRABLE CONVERSIÓN DE TODA LA SUSTANCIA DEL PAN EN EL CUERPO DE CRISTO Y DE TODA LA SUSTANCIA DEL VINO EN SU SANGRE, CONVERSIÓN DE LA QUE HABLA EL CONCILIO DE TRENTO, DE MODO QUE SE LIMITAN ELLOS TAN SÓLO A LO QUE LLAMAN TRANSIGNIFICACIÓN Y TRANSFINALIZACIÓN; COMO, FINALMENTE, NO SE PUEDE PROPONER Y ACEPTAR LA OPINIÓN, SEGÚN LA CUAL EN LAS HOSTIAS CONSAGRADAS, QUE QUEDAN DESPUÉS DE CELEBRADO EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA, YA NO SE HALLA PRESENTE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. Todos comprenden cómo en estas opiniones y en otras semejantes, que se van divulgando, reciben gran daño la fe y el culto de la divina Eucaristía”. Estimo que valía la extensión el mensaje en vistas del texto comentado. Un saludo cordial, Germán Masserdotti

    Publicado por Alfredo Germán Masserdotti el 10 de Marzo de 2009
  • Estimados Amigos: El destacado en mayúsculas es propio. Afirma Tomás de Aquino: “[…]. Incumbe, pues, la publicación de un nuevo Símbolo a la autoridad a la que compete determinar por sentencia las cosas que son de fe, para que sean mantenidas inalterablemente por todos. Eso COMPETE A LA AUTORIDAD DEL SUMO PONTÍFICE, a quien conciernen —como se afirma en el Decreto— las cuestiones mayores y más difíciles de la Iglesia S. Th. II-II, q.1, a.10). Conviene, me parece, destacar la competencia del Sumo Pontífice en materia doctrinal, como sujeto distinto del colegio episcopal –que por otra parte, es él quien manda al interior del mismo- especialmente en nuestros días, en los cuales desde hace ya varios años tiene un creciente influjo la vetusta ideología conciliarista. Digo vetusta, porque no surge en nuestros días. Con algo más de tiempo y, sin ánimo de desenfocar el tema de este bimestre, merece una consideración histórica algo más detallada. Pero lo cierto es que esta ideología conciliarista en la actualidad se plasma en cierta idea de que el Papa sin la consulta necesaria –según los conciliaristas, por cierto- al cuerpo episcopal –que desde hace unos años hasta la fecha cuenta con una manera prudencial de organización como son las conferencias episcopales- al colegio de los obispos prácticamente no puede pronunciarse, en este caso, en cuestiones de fe y moral. Todo, según estos ideólogos, debería ser fruto del “consenso”, del “acuerdo”, del “diálogo entre pares”, entre cuyos pares incluyen al mismo Papa. Pero el Papa no es un par entre pares, sino el jefe de todos ellos que está por sobre ellos. A propósito de las conferencias episcopales, Juan Pablo II en “Apostolos suos” (http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/motu_proprio/documents/hf_jp-ii_motu-proprio_22071998_apostolos-suos_sp.html) dejó bien en claro que: Art. 1. – Para que las declaraciones doctrinales de la Conferencia de los Obispos a las que se refiere el n. 22 de la presente Carta constituyan un magisterio auténtico y puedan ser publicadas en nombre de la Conferencia misma, es necesario que sean aprobadas por la unanimidad de los miembros Obispos o que, aprobadas en la reunión plenaria al menos por dos tercios de los Prelados que pertenecen a la Conferencia con voto deliberativo, obtenga la revisión (recognitio) de la Sede Apostólica” El n. 22 de “Apostolos suos” dice: “22. Al afrontar nuevas cuestiones y al hacer que el mensaje de Cristo ilumine y guíe la conciencia de los hombres para resolver los nuevos problemas que aparecen con los cambios sociales, los Obispos reunidos en la Conferencia Episcopal ejercen juntos su labor doctrinal bien conscientes de los límites de sus pronunciamientos, que no tienen las características de un magisterio universal, aun siendo oficial y auténtico y estando en comunión con la Sede Apostólica. Por tanto, eviten con cuidado dificultar la labor doctrinal de los Obispos de otros territorios, siendo conscientes de la resonancia que los medios de comunicación social dan a los acontecimientos de una determinada región en áreas más extensas e incluso en todo el mundo. Dando por supuesto que el magisterio auténtico de los Obispos, es decir, aquel que realizan revestidos de la autoridad de Cristo, debe estar siempre en comunión con la Cabeza del Colegio y con sus miembros,(83) si las declaraciones doctrinales de las Conferencias Episcopales son aprobadas por unanimidad, pueden sin duda ser publicadas en nombre de la Conferencia misma, y los fieles deben adherirse con religioso asentimiento del ánimo a este magisterio auténtico de sus propios Obispos. Sin embargo, si falta dicha unanimidad, la sola mayoría de los Obispos de una Conferencia Episcopal no puede publicar una eventual declaración como magisterio auténtico de la misma al que se deben adherir todos los fieles del territorio, salvo que obtenga la revisión (recognitio) de la Sede Apostólica, que no la dará si la mayoría no es cualificada. La intervención de la Sede Apostólica es análoga a la exigida por el derecho para que la Conferencia Episcopal pueda emanar decretos generales.(84) La revisión (recognitio) de la Santa Sede sirve además para garantizar que, al afrontar las nuevas cuestiones planteadas por los rápidos cambios sociales y culturales característicos del tiempo presente, la respuesta doctrinal favorezca la comunión y no prejuzgue, sino que prepare, posibles intervenciones del magisterio universal”. Un saludo cordial para todos, Germán Masserdotti

    Publicado por Alfredo Germán Masserdotti el 15 de Marzo de 2009
  • Estimados Amigos: A propósito de la afirmación de Santo Tomás: “La verdad de fe se encuentra suficientemente explicada en la enseñanza de Cristo y de los apóstoles. Pero, dado que los hombres malvados, como se lee en San Pedro, pervierten para su perdición (2 Pe 3,16) la doctrina apostólica y las demás escrituras, esto hace necesaria, en el transcurso de los tiempos, una explicitación de la fe frente a los errores que vayan apareciendo” (S. Th. II-II, q. 10, a. 10, ad 1) conviene tener en cuenta, a nuestro parecer, el rol de colaboración que cumplen los teólogos en la tarea apostólica que tiene el Sumo Pontífice de confirmar a sus hermanos en la verdad de la fe. En este sentido, la Instrucción Donum veritatis de la Congregación para la Doctrina de la Fe (24 de marzo de 1990) es un documento elocuente. Cito in extenso pues vale la pena hacerlo y para otro momento dejo cierto comentario personal: “A. Las relaciones de colaboración 21. El Magisterio vivo de la Iglesia y la teología, aun con funciones diversas, tienen en definitiva el mismo fin: conservar al pueblo de Dios en la verdad que hace libres y hacer de él la “luz de las naciones”. Este servicio a la comunidad eclesial pone en relación recíproca al teólogo con el Magisterio. Este último enseña auténticamente la doctrina de los Apóstoles y sacando provecho del trabajo teológico rechaza las objeciones y las deformaciones de la fe, proponiendo además con la autoridad recibida de Jesucristo nuevas profundizaciones, explicaciones y aplicaciones de la doctrina revelada. La teología, en cambio, adquiere, de modo reflejo, una comprensión siempre mas profunda de la Palabra de Dios, contenida en la Escritura y transmitida fielmente por la tradición viva de la Iglesia bajo la guía del Magisterio, se esfuerza por aclarar esta enseñanza de 1a Revelación frente a las instancias de la razón y, en fin, le da una forma orgáni-ca y sistemática20. 22. La colaboración entre el teólogo y el Magisterio se realiza especialmente cuando aquel recibe la misión canónica o el mandato de enseñar. Esa se convierte entonces, en cierto sentido, en una participación de la labor del Magisterio al cual está ligada por un vinculo jurídico. Las reglas deontológicas que de por si y con evidencia derivan del servicio a la palabra de Dios son corroboradas por el compromiso adquirido por el teólogo al aceptar su oficio y al hacer la profesión de fe y el juramento de fidelidad21. A partir de ese momento tiene oficialmente la responsabilidad de presentar y explicar con toda exactitud e integralmente, la doctrina de la fe. 23. Cuando el Magisterio de la Iglesia se pronuncia de modo infalible declaran-do solemnemente que una doctrina está contenida en la Revelación, la adhesión que se pide es la de la fe teologal. Esta adhesión se extiende a la enseñanza del magisterio ordinario y universal cuando propone para creer una doctrina de fe como de revelación divina. Cuando propone “de modo definitivo” unas verdades referentes a la fe y a las costumbres, que, aun no siendo de revelación divina, sin embargo están estrecha e íntimamente ligadas con la Revelación, deben ser firmemente aceptadas y mantenidas22. Cuando el Magisterio aunque sin la intención de establecer un acto “definitivo”, enseña una doctrina para ayudar a una comprensión más profunda de la Revelación y de lo que explícita su contenido, o bien para llamar la atención sobre la conformidad de una doctrina con las verdades de fe, o en fin para prevenir contra concepciones incompatibles con esas verdades, se exige un religioso asentimiento de la voluntad y de la inteligencia23. Este último no puede ser puramente exterior y disciplinar, sino que debe colocarse en la lógica y bajo el impulso de la obediencia de la fe. 24. En fin, con el objeto de servir del mejor modo posible al pueblo de Dios. particularmente al prevenirlo en relación con opiniones peligrosas que pueden llevar al error, el Magisterio puede intervenir sobre asuntos discutibles en los que se encuentran implicados, junto con principios seguros, elementos conjeturales y contingentes. A menudo sólo después de un cierto tiempo es posible hacer una distinción entre lo necesario y lo contingente. La voluntad de asentimiento leal a esta enseñanza del Magisterio en materia de por si no irreformable debe constituir la norma. Sin embargo puede suceder que el teólogo se haga preguntas referentes, según los casos, a la oportunidad, a la forma o incluso al contenido de una intervención. Esto lo impulsará sobre todo a verificar cuidadosamente cuál es la autoridad de estas intervenciones, tal como resulta de la naturaleza de los documentos, de la insistencia al proponer una doctrina y del modo mismo de expresarse24. En este ámbito de las intervenciones de orden prudencial, ha podido suceder que algunos documentos magisteriales no estuvieran exentos de carencias. Los pastores no siempre han percibido de inmediato todos los aspectos o toda la complejidad de un problema. Pero sería algo contrario a la verdad si, a partir de algunos determinados casos, se concluye-ra que el Magisterio de la Iglesia se puede engañar habitualmente en sus juicios prudenciales, o no goza de la asistencia divina en el ejercicio integral de su misión. En realidad el teólogo, que no puede ejercer bien su tarea sin una cierta competencia histórica, es consciente de la decantación que se realiza con el tiempo. Esto no debe entenderse en el sentido de una relativización de los enunciados de la fe. El sabe que algunos juicios del Magisterio podían ser justificados en el momento en el que fueron pronunciados, porque las afirmaciones hechas contenían aserciones verdaderas profundamente enlazadas con otras que no eran seguras. Solamente el tiempo ha permitido hacer un discernimiento y, después de serios estudios, lograr un verdadero progreso doctrinal. 25. Aun cuando la colaboración se desarrolle en las mejores condiciones, no se excluye que entre el teólogo y el Magisterio surjan algunas tensiones. El significado que se confiere a estas últimas y el espíritu con el que se las afronta no son realidades sin importancia: si las tensiones no brotan de un sentimiento de hostilidad y de oposición, pueden representar un factor de dinamismo y un estímulo que incita al Magisterio y a los teólogos a cumplir sus respectivas funciones practicando el diálogo. 26. En el diálogo debe prevalecer una doble regla: cuando se pone en tela de juicio la comunión de la fe vale el principio de la “unitas veritatis”; cuando persisten divergencias que no la ponen en tela de juicio, debe salvaguardarse la “unitas caritatis”. 27. Aunque la doctrina de la fe no esté en tela de juicio, el teólogo no debe presentar sus opiniones o sus hipótesis divergentes como si se tratara de conclusiones indiscutibles. Esta discreción está exigida por el respeto a la verdad, como también por el respeto al pueblo de Dios (cf. Rm 14, 1-15; 1 Co 8, 10. 23-33). Por esos mismos motivos ha de renunciar a una intempestiva expresión pública de ellas. 28. Lo anterior tiene una aplicación particular en el caso del teólogo que encontrara serias dificultades, por razones que le parecen fundadas, a acoger una enseñanza magisterial no irreformable. Un desacuerdo de este género no podría ser justificado si se fundara exclusivamente sobre el hecho de que no es evidente la validez de la enseñanza que se ha dado, o sobre la opinión de que la posición contraria es más probable. De igual manera no sería suficiente el juicio de la conciencia subjetiva del teólogo, porque ésta no constituye una instancia autónoma y exclusiva para juzgar la verdad de una doctrina. 29. En todo caso no podrá faltar una actitud fundamental de disponibilidad a acoger lealmente la enseñanza del Magisterio, que se impone a todo creyente en nombre de la obediencia de fe. El teólogo deberá esforzarse por consiguiente a comprender esta enseñanza en su contenido, en sus razones y en sus motivos. A esta tarea deberá consagrar una reflexión profunda y paciente, dispuesto a revisar sus propias opiniones y a examinar las objeciones que le hicieran sus colegas. 30. Si las dificultades persisten no obstante un esfuerzo leal, constituye un deber del teólogo hacer conocer a las autoridades magisteriales los problemas que suscitan la enseñanza en sí misma las justificaciones que se proponen sobre ella o también el modo como ha sido presentada. Lo hará con espíritu evangélico, con el profundo deseo de resolver las dificultades. Sus objeciones podrán entonces contribuir a un verdadero pro-greso, estimulando al Magisterio a proponer la enseñanza de la Iglesia de modo más profundo y mejor argumentada. En estos casos el teólogo evitará recurrir a los medios de comunicación en lugar de dirigirse a la autoridad responsable, porque no es ejerciendo una presión sobre la opinión pública como se. contribuye a la clarificación de los problemas doctrinales y se sirve a la verdad. 31. Puede suceder que, al final de un examen serio y realizado con el deseo de escuchar sin reticencias la enseñanza del Magisterio, permanezca la dificultad. porque los argumentos en sentido opuesto le parecen prevalentes al teólogo. Frente a una afirmación sobre la cual siente que no puede dar su adhesión intelectual, su deber consiste en permanecer dispuesto a examinar más profundamente el problema. Para un espíritu leal y animado por el amor a la Iglesia, dicha situación cierta-mente representa una prueba difícil. Puede ser una invitación a sufrir en el silencio y la oración, con la certeza de que si la verdad está verdaderamente en peligro, terminará necesariamente imponiéndose”. Cito por la web de multimedios.org: http://multimedios.org/docs/d000425/ dado que en el sito web de la Santa sólo figura la versión inglesa del documento referido. Un saludo cordial para todos, Germán Masserdotti

    Publicado por Alfredo Germán Masserdotti el 18 de Marzo de 2009
  • Estimado D. German, tengo que manifestarle mi desacuerdo con su planteamiento y, en consecuencia, con documentos del Magisterio Ordinario de la Iglesia. La función del Papa es "confirmar en la fe, cuando se convierta", y la de los teólogos estudiar las Escrituras, ver cómo se plasman en la vida de la Iglesia y enseñar la doctrina en su pureza. Exntender la infalibilidad del Papa a todas sus palabras, y cosntituirlo en fuente de la Teología, es una prueba de que la Teología hace siglos que dejó de existir, como dijo Benedicto XVI en Ratisbona. El asunto es duro, pero creo que hay que afrontarlo de una vez, porque la fe la hemos convertido en algo irracional con el único fundamento en el Papa. Y no se trata del amor al sucesor de San Pedro, como enseña la doctrina católica, sino en algo rayano en un cierto fanatismo. Un cordial saludo.

    Publicado por el 19 de Marzo de 2009
  • Estimado D. Rafael: Le agradezco si puede explicar sus afirmaciones del 19 de marzo, dado su carácter gratuito y sin respaldo en los textos. Me refiero en concreto a las siguientes: "Exntender la infalibilidad del Papa a todas sus palabras, y cosntituirlo en fuente de la Teología, es una prueba de que la Teología hace siglos que dejó de existir, como dijo Benedicto XVI en Ratisbona. El asunto es duro, pero creo que hay que afrontarlo de una vez, porque la fe la hemos convertido en algo irracional con el único fundamento en el Papa. Y no se trata del amor al sucesor de San Pedro, como enseña la doctrina católica, sino en algo rayano en un cierto fanatismo".

    Al menos a quien le responde y estimo que a varios de los que suelen participar en este foro no se le aplican sus dichos.

    Lo que se afirma gratuitamente se refuta gratuitamente. Alguna vez me aconsejaron, como suele decirse en mi país, no "engancharme" en el "rollo" ajeno -"rollo" es otra expresión argentina, que en este caso significa algo así como "complicaciones"-. Me resulta por demás saludable el consejo. Procuro privilegiar la sensatez a la erudición.

    Un saludo cordial para todos y en especial para D. Rafael, Germán Masserdotti

    Publicado por Alfredo Germán Masserdotti el 20 de Marzo de 2009
  • Estimado D. Germán, seguiré el consejo que usted no siguió, no voy a engancharme en rollos ajenos. Si a algún forista le interesa mi mensaje, ahí lo tiene.

    Un cordial saludo.

    Publicado por el 21 de Marzo de 2009
  • Estimados Amigos:

    Los destacados en mayúscula son propios. Por falta de tiempo no traduzco los textos de Santo Tomás. Tal vez algún benévolo participante y más perito en el estudio de la Sagrada Escritura lo pueda hacer.

    Tomás, al momento de argumentar en favor de la competencia del Sumo Pontífice en la constitución del Símbolo, trae un texto de la Sagrada Escritura que es 1 Co 1, 10: “Que tengáis todos el mismo sentir y no haya entre vosotros disensiones”.

    A propósito de este texto, resulta interesante, en la misma línea argumentativa del Santo, traer a cuento el comentario que hace el mismo Tomás a ese pasaje de la Sagrada Escritura.

    Afirma el Aquinate que el Apóstol induce a los corintios “AD CONCORDIAM, cum dicit ut idipsum dicatis omnes, id est, OMNES EAMDEM FIDEM CONFITEAMINI, et eamdem sententiam proferatis de his quae sunt communiter agenda”.

    Y agrega: “Secundo prohibet vitium contrarium virtuti, cum dicit et non sint in vobis schismata, quia UNITAS ECCLESIASTICA DIVIDI NON DEBET, in cuius signum milites de tunica inconsutili, Io. XIX, 24 dixerunt: non scindamus eam, sed sortiamur de ea cuius sit. SUNT AUTEM PROPRIE SCHISMATA, QUANDO, VEL PROPTER DIVERSAM FIDEI CONFESSIONEM, VEL PROPTER DIVERSAS SENTENTIAS DE AGENDIS, HOMINES UNIUS COLLEGII IN DIVERSAS SEPARANTUR PARTES. Is. XXII, v. 9: scissuras civitatis David videbitis, quia multiplicatae sunt”.

    Por último, concluye su comentario Tomás diciendo: “Tertio inducit eos ad id per quod possunt schismata vitare, scilicet ad perfectionem. EST ENIM DIVISIONIS CAUSA, DUM UNUSQUISQUE PARTIALE BONUM QUAERIT, PRAETERMISSO PERFECTO BONO, QUOD EST BONUM TOTIUS. Et ideo dicit sitis autem perfecti in eodem sensu, scilicet quo iudicatur de agendis, et in eadem scientia, qua iudicatur de cognoscendis, quasi dicat: PER HAEC PERFECTI ESSE POTERITIS, SI IN UNITATE PERSISTATIS. Col. III, 14: SUPER OMNIA CHARITATEM HABETE, QUOD EST VINCULUM PERFECTIONIS. Matth. V, 48: estote perfecti sicut pater vester caelestis perfectus est”.

    A propósito de la relación entre la caridad y la verdad, el actual Sumo Pontífice Benedicto XVI dijo el 5 de abril de 2006 en una Audiencia general:

    “Considerando la Iglesia naciente, podemos descubrir dos aspectos en ella: el primero lo pone de relieve san Ireneo de Lyon, mártir y gran teólogo de finales del siglo II, el primero que elaboró una teología de algún modo sistemática. San Ireneo escribe: "Donde está la Iglesia, está también el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu de Dios, está la Iglesia y toda gracia, pues el Espíritu es verdad" (Adversus haereses, III, 24, 1: PG 7, 966). Así pues, hay un vínculo íntimo entre el Espíritu Santo y la Iglesia. El Espíritu Santo construye la Iglesia y le dona la verdad; como dice san Pablo, derrama el amor en el corazón de los creyentes (cf. Rm 5, 5).

    Pero hay también un segundo aspecto. ESTE VÍNCULO ÍNTIMO CON EL ESPÍRITU NO ANULA NUESTRA HUMANIDAD CON TODA SU DEBILIDAD; ASÍ, LA COMUNIDAD DE LOS DISCÍPULOS DESDE EL INICIO EXPERIMENTA NO SÓLO LA ALEGRÍA DEL ESPÍRITU SANTO, LA GRACIA DE LA VERDAD Y DEL AMOR, SINO TAMBIÉN LA PRUEBA, CONSTITUIDA SOBRE TODO POR LOS CONTRASTES EN LO QUE ATAÑE A LAS VERDADES DE FE, CON LAS CONSIGUIENTES LACERACIONES DE LA COMUNIÓN.

    Del mismo modo que la comunión del amor existe desde el inicio y existirá hasta el final (cf. 1 Jn 1, 1 ss), así por desgracia desde el inicio existe también la división. No debe sorprendernos que exista la división también hoy: "Salieron de entre nosotros —dice la primera carta de san Juan—; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros" (1 Jn 2, 19).

    Así pues, EN LAS VICISITUDES DEL MUNDO Y TAMBIÉN EN LAS DEBILIDADES DE LA IGLESIA, SIEMPRE EXISTE EL PELIGRO DE PERDER LA FE Y, POR TANTO, TAMBIÉN DE PERDER EL AMOR Y LA FRATERNIDAD. POR CONSIGUIENTE, QUIEN CREE EN LA IGLESIA DEL AMOR Y QUIERE VIVIR EN ELLA TIENE EL DEBER PRECISO DE RECONOCER TAMBIÉN ESTE PELIGRO Y ACEPTAR QUE NO ES POSIBLE LA COMUNIÓN CON QUIEN SE HA ALEJADO DE LA DOCTRINA DE LA SALVACIÓN (CF. 2 JN 9-11).

    La primera carta de san Juan muestra bien que la Iglesia naciente era plenamente consciente de estas posibles tensiones en la experiencia de la comunión: en el Nuevo Testamento ninguna voz se alzó con mayor fuerza para poner de relieve la realidad y el deber del amor fraterno entre los cristianos, pero esa misma voz se dirige con drástica severidad a los adversarios, que fueron miembros de la comunidad y ahora ya no lo son.

    LA IGLESIA DEL AMOR ES TAMBIÉN LA IGLESIA DE LA VERDAD, ENTENDIDA ANTE TODO COMO FIDELIDAD AL EVANGELIO ENCOMENDADO POR EL SEÑOR JESÚS A LOS SUYOS. LA FRATERNIDAD CRISTIANA NACE DEL HECHO DE HABER SIDO CONSTITUIDOS HIJOS DEL MISMO PADRE POR EL ESPÍRITU DE LA VERDAD: "TODOS LOS QUE SON GUIADOS POR EL ESPÍRITU DE DIOS SON HIJOS DE DIOS" (RM 8, 14). PERO LA FAMILIA DE LOS HIJOS DE DIOS, PARA VIVIR EN LA UNIDAD Y EN LA PAZ, NECESITA ALGUIEN QUE LA CONSERVE EN LA VERDAD Y LA GUÍE CON DISCERNIMIENTO SABIO Y AUTORIZADO: ES LO QUE ESTÁ LLAMADO A HACER EL MINISTERIO DE LOS APÓSTOLES.

    Aquí llegamos a un punto importante. LA IGLESIA ES TOTALMENTE DEL ESPÍRITU, PERO TIENE UNA ESTRUCTURA, LA SUCESIÓN APOSTÓLICA, A LA QUE COMPETE LA RESPONSABILIDAD DE GARANTIZAR LA PERMANENCIA DE LA IGLESIA EN LA VERDAD DONADA POR CRISTO, DE LA QUE DERIVA TAMBIÉN LA CAPACIDAD DEL AMOR.

    El primer sumario de los Hechos de los Apóstoles expresa con gran eficacia la convergencia de estos valores en la vida de la Iglesia naciente: "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión (koinonìa), a la fracción del pan y a las oraciones" (Hch 2, 42). La comunión nace de la fe suscitada por la predicación apostólica, se alimenta con el partir el pan y la oración, y se manifiesta en la caridad fraterna y en el servicio. Estamos ante la descripción de la comunión de la Iglesia naciente con la riqueza de su dinamismo interior y sus expresiones visibles: EL DON DE LA COMUNIÓN ES CUSTODIADO Y PROMOVIDO DE MODO ESPECIAL POR EL MINISTERIO APOSTÓLICO, QUE A SU VEZ ES DON PARA TODA LA COMUNIDAD.

    LOS APÓSTOLES Y SUS SUCESORES SON, POR CONSIGUIENTE, LOS CUSTODIOS Y LOS TESTIGOS AUTORIZADOS DEL DEPÓSITO DE LA VERDAD ENTREGADO A LA IGLESIA, COMO SON TAMBIÉN LOS MINISTROS DE LA CARIDAD; ESTOS DOS ASPECTOS VAN JUNTOS. SIEMPRE DEBEN SER CONSCIENTES DE QUE ESTOS DOS SERVICIOS SON INSEPARABLES, PUES EN REALIDAD ES UNO SOLO: VERDAD Y CARIDAD, REVELADAS Y DONADAS POR EL SEÑOR JESÚS.

    En ese sentido, SU SERVICIO ES ANTE TODO UN SERVICIO DE AMOR: LA CARIDAD QUE DEBEN VIVIR Y PROMOVER ES INSEPARABLE DE LA VERDAD QUE CUSTODIAN Y TRANSMITEN. LA VERDAD Y EL AMOR SON DOS CARAS DEL MISMO DON, QUE VIENE DE DIOS Y, GRACIAS AL MINISTERIO APOSTÓLICO, ES CUSTODIADO EN LA IGLESIA Y LLEGA A NOSOTROS HASTA LA ACTUALIDAD. TAMBIÉN A TRAVÉS DEL SERVICIO DE LOS APÓSTOLES Y DE SUS SUCESORES, NOS LLEGA EL AMOR DE DIOS TRINIDAD PARA COMUNICARNOS LA VERDAD QUE NOS HACE LIBRES (CF. JN 8, 32).

    Todo esto que vemos en la Iglesia naciente nos impulsa a ORAR POR LOS SUCESORES DE LOS APÓSTOLES, POR TODOS LOS OBISPOS Y POR LOS SUCESORES DE PEDRO, PARA QUE JUNTOS SEAN REALMENTE CUSTODIOS DE LA VERDAD Y DE LA CARIDAD; PARA QUE SEAN, EN ESTE SENTIDO, REALMENTE APÓSTOLES DE CRISTO, A FIN DE QUE SU LUZ, LA LUZ DE LA VERDAD Y DE LA CARIDAD, NO SE APAGUE NUNCA EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO”.

    Un saludo cordial para todos, Germán Masserdotti

    Publicado por Alfredo Germán Masserdotti el 22 de Marzo de 2009
  • Estimados Amigos: En referencia a la enseñanza de la ortodoxia católica y buscando textos que relacionaran la verdad con la caridad, di con este texto del entonces Card. Ratzinger predicado el 18 de abril de 2005, poco antes de ser elegido Sumo Pontífice. Resulta por demás claro para agregarle comentarios. Los destacados en mayúscula son míos. “[…]. Detengámonos sólo en dos puntos. El primero es el camino hacia «la madurez de Cristo»; así dice, simplificando un poco, el texto italiano. Según el texto griego, DEBERÍAMOS HABLAR MÁS PRECISAMENTE DE LA «MEDIDA DE LA PLENITUD DE CRISTO», A LA QUE ESTAMOS LLAMADOS A LLEGAR PARA SER REALMENTE ADULTOS EN LA FE. NO DEBERÍAMOS SEGUIR SIENDO NIÑOS EN LA FE, MENORES DE EDAD. ¿EN QUÉ CONSISTE SER NIÑOS EN LA FE? SAN PABLO RESPONDE: SIGNIFICA SER «LLEVADOS A LA DERIVA Y ZARANDEADOS POR CUALQUIER VIENTO DE DOCTRINA...» (EF 4, 14). ¡UNA DESCRIPCIÓN MUY ACTUAL!

    ¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas!, ¡cuántas modas de pensamiento!... La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas, llevada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice san Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cf. Ef 4, 14). A QUIEN TIENE UNA FE CLARA, SEGÚN EL CREDO DE LA IGLESIA, A MENUDO SE LE APLICA LA ETIQUETA DE FUNDAMENTALISMO. MIENTRAS QUE EL RELATIVISMO, ES DECIR, DEJARSE «LLEVAR A LA DERIVA POR CUALQUIER VIENTO DE DOCTRINA», PARECE SER LA ÚNICA ACTITUD ADECUADA EN LOS TIEMPOS ACTUALES. SE VA CONSTITUYENDO UNA DICTADURA DEL RELATIVISMO QUE NO RECONOCE NADA COMO DEFINITIVO Y QUE DEJA COMO ÚLTIMA MEDIDA SÓLO EL PROPIO YO Y SUS ANTOJOS.

    NOSOTROS, EN CAMBIO, TENEMOS OTRA MEDIDA: EL HIJO DE DIOS, EL HOMBRE VERDADERO. ÉL ES LA MEDIDA DEL VERDADERO HUMANISMO. NO ES «ADULTA» UNA FE QUE SIGUE LAS OLAS DE LA MODA Y LA ÚLTIMA NOVEDAD; ADULTA Y MADURA ES UNA FE PROFUNDAMENTE ARRAIGADA EN LA AMISTAD CON CRISTO. Esta amistad nos abre a todo lo que es bueno y nos da el criterio para discernir entre lo verdadero y lo falso, entre el engaño y la verdad. Debemos madurar esta fe adulta; debemos guiar la grey de Cristo a esta fe. ESTA FE —SÓLO LA FE— CREA UNIDAD Y SE REALIZA EN LA CARIDAD. A ESTE PROPÓSITO, SAN PABLO, EN CONTRASTE CON LAS CONTINUAS PERIPECIAS DE QUIENES SON COMO NIÑOS ZARANDEADOS POR LAS OLAS, NOS OFRECE ESTAS HERMOSAS PALABRAS: «HACER LA VERDAD EN LA CARIDAD», COMO FÓRMULA FUNDAMENTAL DE LA EXISTENCIA CRISTIANA. EN CRISTO COINCIDEN LA VERDAD Y LA CARIDAD. EN LA MEDIDA EN QUE NOS ACERCAMOS A CRISTO, TAMBIÉN EN NUESTRA VIDA, LA VERDAD Y LA CARIDAD SE FUNDEN. LA CARIDAD SIN LA VERDAD SERÍA CIEGA; LA VERDAD SIN LA CARIDAD SERÍA COMO «CÍMBALO QUE RETIÑE» (1 CO 13, 1)”. Un saludo cordial para todos, Germán Masserdotti

    Publicado por Alfredo Germán Masserdotti el 22 de Marzo de 2009
  • Estimado D Rafael:

    Sinceramente, no entiendo su mensaje del pasado 19 de marzo dirigido a D Germán. Sin duda, entre la multitud de desviaciones que pueden hallarse en los católicos existe la llamada "papolatría" que consiste en tergiversar el auténtico sentido de la infabilidad pontificia al suponer que el Papa nunca se equivoca ni siquiera cuando dice "buenos días" o "buenas noches". Sí, esto es verdad. Pero, ¿a quién le cabe este sayo en nuestro Foro? A Germán, sin duda que no. Lo conozco lo suficiente como para poder afirmar que jamás ha pulsado la cuerda de la "papolatría". Por otra parte, los textos y las reflexiones que ha aportado en su casi solitaria intervención en el Foro, son de un gran valor y muy oportunos pues ponen sobre el tapete cuestiones hoy muy debatidas como, por ejemplo, la llamada "colegialidad" y el papel de los teólogos en su relación con el Magisterio.

    Por más que me esfuerce, no logro hallar en los mensaje de D Germán nada que haga pensar que "la fe la hemos convertido en algo irracional con el único fundamento en el Papa", ni nada que pueda calificarse como "rayano en un cierto fanatismo".

    Me parece que sería muy provechoso, dado que es usted teólogo y de los buenos, que nos de alguna opinión respecto de la relación entre la labor de los teólogos y el Magisterio. Esto no es hacerse cargo de "rollos ajenos" sino del "rollo" que, precisamente, tenemos entre manos este bimestre.

    Un abrazo

    Mario

    Publicado por Mario Caponnetto el 23 de Marzo de 2009
  • Estimados Amigos:

    Los destacados en mayúscula son míos.

    A propósito de la enseñanza de la doctrina católica, siempre recuerdo un texto magisterial, la Encíclica “Eccesiam suam” de S. S. Pablo VI que tal vez convenga traer a cuento en este bimestre. Destaco solamente y sin intento de resultar exhaustivo –el documento merece un tratamiento mejor, por cierto- algunos párrafos que considero más salientes.

    En torno a la necesidad de la reforma en la Iglesia, aclara de entrada –y no pierdo de vista el punto que nos convoca en este bimestre-: “Ante todo, hemos de recordar algunos criterios que nos advierten sobre las orientaciones con que ha de procurarse esta REFORMA. La cual NO PUEDE REFERIRSE NI A LA CONCEPCIÓN ESENCIAL, NI A LAS ESTRUCTURAS FUNDAMENTALES DE LA IGLESIA CATÓLICA. La palabra "reforma" estaría mal empleada, si la usáramos en ese sentido. No podemos acusar de infidelidad a nuestra amada y santa Iglesia de Dios, pues tenemos por suma gracia pertenecer a ella y que de ella suba a nuestra alma el testimonio de que somos hijos de Dios(28). ¡Oh, no es orgullo, no es presunción, no es obstinación, no es locura, sino luminosa certeza y gozosa convicción la que tenemos de haber sido constituidos miembros vivos y genuinos del Cuerpo de Cristo, de ser auténticos herederos del Evangelio de Cristo, de ser directamente continuadores de los Apóstoles, de poseer en el gran patrimonio de verdades y costumbres que caracterizan a la Iglesia católica, tal cual hoy es, la herencia intacta y viva de la primitiva tradición apostólica. Si esto constituye nuestro blasón, o mejor, el motivo por el cual debemos dar gracias a Dios siempre(29) constituye también nuestra responsabilidad ante Dios mismo, a quien debemos dar cuenta de tan gran beneficio; ante la Iglesia, a quien debemos INFUNDIR CON LA CERTEZA EL DESEO, EL PROPÓSITO DE CONSERVAR EL TESORO —EL DEPOSITUM DE QUE HABLA SAN PABLO(30)— y ante los Hermanos todavía separados de nosotros, y ante el mundo entero, a fin de que todos venga a compartir con nosotros el don de Dios” (n° 17).

    Y más adelante advierte: “[…] LA FASCINACIÓN DE LA VIDA PROFANA ES HOY PODEROSA EN EXTREMO. El conformismo les parece a muchos ineludible y prudente. El que no está bien arraigado en la fe y en la práctica de la ley eclesiástica, fácilmente piensa que ha llegado el momento de adaptarse a la concepción profana de la vida, como si ésta fuese la mejor, la que un cristiano puede y debe apropiarse. Este fenómeno de adaptación se manifiesta así en el campo filosófico (¡cuánto puede la moda aun en el reino del pensamiento, que debería ser autónomo y libre y sólo ávido y dócil ante la verdad y la autoridad de reconocidos maestros!) como en el campo práctico, donde cada vez resulta más incierto y difícil señalar la línea de la rectitud moral y de la recta conducta práctica. EL NATURALISMO AMENAZA VACIAR LA CONCEPCIÓN ORIGINAL DEL CRISTIANISMO; EL RELATIVISMO, QUE TODO LO JUSTIFICA Y TODO LO CALIFICA COMO DE IGUAL VALOR, ATENTA AL CARÁCTER ABSOLUTO DE LOS PRINCIPIOS CRISTIANOS; LA COSTUMBRE DE SUPRIMIR TODO ESFUERZO Y TODA MOLESTIA EN LA PRÁCTICA ORDINARIA DE LA VIDA, ACUSA DE INUTILIDAD FASTIDIOSA A LA DISCIPLINA Y A LA «ASCESIS» CRISTIANA; MÁS AÚN, A VECES EL DESEO APOSTÓLICO DE ACERCARSE A LOS AMBIENTES PROFANOS O DE HACERSE ACOGER POR LOS ESPÍRITUS MODERNOS —DE LOS JUVENILES ESPECIALMENTE— SE TRADUCE EN UNA RENUNCIA A LAS FORMAS PROPIAS DE LA VIDA CRISTIANA Y A AQUEL MISMO ESTILO DE CONDUCTA QUE DEBE DAR A TAL EMPEÑO DE ACERCAMIENTO Y DE INFLUJO EDUCATIVO SU SENTIDO Y SU VIGOR. ¿No es acaso verdad que a veces el clero joven, o también algún celoso religioso guiado por la buena intención de penetrar en la masa popular o en grupos particulares, trata de confundirse con ellos en vez de distinguirse, renunciando con inútil mimetismo a la eficacia genuina de su apostolado? DE NUEVO, EN SU REALIDAD Y EN SU ACTUALIDAD, SE PRESENTA EL GRAN PRINCIPIO, ENUNCIADO POR JESUCRISTO: ESTAR EN EL MUNDO, PERO NO SER DEL MUNDO; Y DICHOSOS NOSOTROS SI AQUEL QUE SIEMPRE VIVE PARA INTERCEDER POR NOSOTROS(31) ELEVA TODAVÍA SU TAN ALTA COMO CONVENIENTE ORACIÓN ANTE EL PADRE CELESTIAL: NO RUEGO QUE LOS SAQUES DEL MUNDO, SINO QUE LOS GUARDES DEL MAL(32)” (n° 18). A propósito de tratar del deber apostólico, señala Pablo VI su conexión con la conservación de la ortdoxia: “33. ¿HASTA QUÉ PUNTO DEBE LA IGLESIA ACOMODARSE A LAS CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS Y LOCALES EN QUE DESARROLLA SU MISIÓN? ¿CÓMO DEBE PRECAVERSE DEL PELIGRO DE UN RELATIVISMO QUE LLEGUE A AFECTAR SU FIDELIDAD DOGMÁTICA Y MORAL? Pero ¿cómo hacerse al mismo tiempo capaz de acercarse a todos para salvarlos a todos, según el ejemplo del Apóstol: Me hago todo para todos, a fin de salvar a todos?(58). Desde fuera no se salva al mundo. Como el Verbo de Dios que se ha hecho hombre, hace falta hasta cierto punto hacerse una misma cosa con las formas de vida de aquellos a quienes se quiere llevar el mensaje de Cristo; hace falta compartir —sin que medie distancia de privilegios o diafragma de lenguaje incomprensible— las costumbres comunes, con tal que sean humanas y honestas, sobre todo las de los más pequeños, si queremos ser escuchados y comprendidos. Hace falta, aun antes de hablar, escuchar la voz, más aún, el corazón del hombre, comprenderlo y respetarlo en la medida de lo posible y, donde lo merezca, secundarlo. Hace falta hacerse hermanos de los hombres en el mismo hecho con el que queremos ser sus pastores, padres y maestros. El clima del diálogo es la amistad. Más todavía, el servicio. Hemos de recordar todo esto y esforzarnos por practicarlo según el ejemplo y el precepto que Cristo nos dejó(59). Pero subsiste el peligro. El arte del apostolado es arriesgado. LA SOLICITUD POR ACERCARSE A LOS HERMANOS NO DEBE TRADUCIRSE EN UNA ATENUACIÓN O EN UNA DISMINUCIÓN DE LA VERDAD. NUESTRO DIÁLOGO NO PUEDE SER UNA DEBILIDAD FRENTE AL DEBER CON NUESTRA FE. EL APOSTOLADO NO PUEDE TRANSIGIR CON UNA ESPECIE DE COMPROMISO AMBIGUO RESPECTO A LOS PRINCIPIOS DE PENSAMIENTO Y DE ACCIÓN QUE HAN DE SEÑALAR NUESTRA CRISTIANA PROFESIÓN. EL IRENISMO Y EL SINCRETISMO SON EN EL FONDO FORMAS DE ESCEPTICISMO RESPECTO A LA FUERZA Y AL CONTENIDO DE LA PALABRA DE DIOS QUE QUEREMOS PREDICAR. SÓLO EL QUE ES TOTALMENTE FIEL A LA DOCTRINA DE CRISTO PUEDE SER EFICAZMENTE APÓSTOL. Y SÓLO EL QUE VIVE CON PLENITUD LA VOCACIÓN CRISTIANA PUEDE ESTAR INMUNIZADO CONTRA EL CONTAGIO DE LOS ERRORES CON LOS QUE SE PONE EN CONTACTO” (n° 33). Tal vez ayuden estos textos para alguno más perito elabore una reflexión adecuada en torno a la conexión entre enseñanza de la ortodoxia católica y la tarea apostólica.Me animo a sugerir una posible cuestión de disputa para el próximo mes: ¿resulta lícito adaptar el contenido de la doctrina católica a la tarea apostólica -o, como suele decirse hoy, pastoral-? Un saludo cordial para todos. Germán Masserdotti

    Publicado por Alfredo Germán Masserdotti el 23 de Marzo de 2009
  • Estimados Amigos: El P. Leo J. Elders es autor de un estudio en el cual trata sobre “El ascendiente de categorías filosóficas en la expresión de la fe” (EDUCA, Buenos Aires 2003, pp. 153-172). Rescato del mismo trabajo unas consideraciones que pueden resultar útiles para el tema de nuestro foro: “El mensaje evangélico es, de por sí, independiente de cualquier filosofía. La doctrina de la fe y la vida cristiana son realidades sobrenaturales que tienen su propia identidad. Se ve que los Padres y los grandes doctores de la Iglesia se han dejado guiar únicamente por la Biblia y la tradición de la Iglesia en cuanto al contenido y el sentido de los articulos de la fe. Sucede, sin embargo, que ciertas ideas del ambiente cultural influyen en el desarrollo de la doctrina y la vida eclesial. Estas categorías o estructuras funcionan entonces como modelos extrínsecos que, gracias a una cierta analogía con la verdad revelada, ayudan a los cristianos a ser conscientes de la riqueza de la fe. […]. A lo largo de la historia de la Iglesia ha habido interferencias de corrientes filosóficas por el modo como algunos teólogos expresaron la doctrina cristiana. Estas interferencias han sido un factor de progreso en cuanto han conducido a la Iglesia a una reflexión sobre ciertos puntos y han llamado su atención sobre el contenido de su herencia espiritual. Así, las herejías obligaron a los Padres a precisar más el sentido de los dogmas fundamentales de la cristología y la eclesiología. […]. El propósito de Santo Tomás al escribir la Suma contra los gentiles era eliminar en cuanto pudiera los errores contrarios a la fe. Un número inverosímil de errores se citan en el campo filosófico y teológico que contradicen o amenazan la fe” (p. 158-159). El estudio continúa. Por falta de tiempo no sigo ahora. Un saludo cordial para todos, Germán Masserdotti

    Publicado por Alfredo Germán Masserdotti el 30 de Marzo de 2009

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