Apreciados amigos,
después de las múltiples aportaciones a la Lectio, que no sólo han incidido en los textos de Santo Tomás, sino que han abierto nuevas perspectivas a partir de los comentarios y de las citas del Magisterio aportadas, sugiero cuatro cuestiones para la disputatio:
1 - La revelación, ¿exige qué haya un sujeto (a saber la Iglesia) que pueda guardar íntegramente el depósito y pueda interpretarlo?
Voy a compartir con los participantes del foro una reflexión sobre la primera pregunta. El tema de fondo que plantea la pregunta siempre me resultó difícil de entender. Trataré de explicar por qué. La respuesta directa a la pregunta parece ser que sí debe haber alguien a quien Dios haya delegado la interpretación de su revelación, aunque más no sea porque si no se daría la posibilidad de que cada uno interpretara como se le dé la gana, terminándose en una inmensa confusión. Sin embargo, surge entonces otra pregunta: ¿por qué es necesaria la interpretación? ¿por qué Dios fue tan críptico en la algunos puntos de la revelación? Por favor, les pido que no se enojen con mi pregunta. No esté en mi ánimo atacar a nadie, sino solamente compartir una duda que nunca pude resolver completamente.
Estimados foristas:
La pregunta formulada por Alejandro Clausse me parece importante y oportuna.
Porque si todo signo linguístico reclamara una interpretación y toda interpretación se diera mediante signos lingüisticos, entraríamos en el cuento de nunca acabar.
Por lo tanto: o hay algunas partes de la revelación (¿cuáles?) que no demandan adiciones interpretativas, o hay interpretaciones que son independientes del lenguaje (¿cuáles?) La respuesta no será fácil.
Pienso que una toda interpretación es una especie de traducción. Allí donde para entender basta la competencia lingüistica no es necesaria ninguna interpretación adicional. En los otros casos, la interpretacion añade, omite, enfatiza o colorea el texto en cuestión.
Algunos teólogos se comportan como si Dios se decidiera a revelar algo pero luego cambiara de idea, por lo cual resuelven ayudarlo.
Una revelación críptica no es una revelación.
Por eso digo que la duda de Clausse pasa a ser una auténtica ratio dubitandi
Con atentos saludos,
C. A. Dufour
También estoy de acuerdo con D. Alejandro. En Santo Tomás y los Padres "interpretar" la Escritura significa explicarla. Es decir, estudiarla y explicarla. Actualmente significa que se puede interpretar de cualquier manera, y nos tenermos que atener a lo que dice el Papa, porque no se puede entender.
Por otra parte la Escritura no "criptica", sino "difícil", porque habla de muchos temas que exceden nuestra capacidad, y porque se expresa en parábolas. Es necesario dedicarle un largo tiempo a su lectura.
Un cordial saludo.
Estimados Amigos: Les deseo una feliz Pascua a todos los participantes de nuestro foro. En referencia a la cuestión planteada por el moderador, mi respuesta es afirmativa. En este sentido, conviene tener presente lo que enseña el Concilio Vaticano II en su Constitución Dei Verbum. En el §7 dice que “Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones. Por ello Cristo Señor, en quien se consuma la revelación total del Dios sumo, mandó a los Apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos” y más adelante agrega: “Mas para que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la Iglesia, los Apóstoles dejaron como sucesores suyos a los Obispos, "entregándoles su propio cargo del magisterio". Por consiguiente, esta sagrada tradición y la Sagrada Escritura de ambos Testamentos son como un espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios, de quien todo lo recibe, hasta que le sea concedido el verbo cara a cara, tal como es (cf. 1 Jn., 3,2)”. Y continúa en el §10: “La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo santo, unido con sus pastores en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, persevera constantemente en la fracción del pan y en la oración (cf. Act., 8,42), de suerte que prelados y fieles colaboran estrechamente en la conservación, en el ejercicio y en la profesión de la fe recibida. Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer. Es evidente, por tanto, que la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no tiene consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas”. Un saludo cordial para todos, Germán Masserdotti
Hmmm ..., que "el número de la bestia sea 666" es más bien críptico que difícil. La pregunta fue ¿por qué es críptica "en algunos puntos"?, no ¿por qué "toda" la revelación es críptica?. Pero OK, si ayuda a la discusión, convengamos en usar la palabra "difícil" en vez de "críptica". Eso de todos modos no resuelve completamente la duda. ¿Por qué se expresó Dios en parábolas que dan lugar a aparentes ambigüedades las cuales requieren explicación? (Remarco el adjetivo "aparentes")
La explicación que suelo encontrar es que así es como Dios decidió hacerlo. Por favor, no quiero que se enojen conmigo por insistir. Acepto humildemente esta explicación. Lo que pasa es que esto genera la siguiente contradicción aparente: parece como si Dios hubiera decidido "jugar" con nosotros dejando una revelación difícil de entender. Una vez un amigo me dijo: "Parece como un ingeniero que dejó escrito un manual de operaciones poco claro".
Un dato de la misma revelación que introduce un elemento significativo en esta cuestión es el pecado original. Esto es interesante porque fortalecería la autoconsistencia de la revelación. Desde este punto de vista, la revelación es críptica para nuestro intelecto "golpeado". A mi me parece vislumbrar algo de esto en la actitud de Jesus perdido y hallado en el templo explicando las escrituras a los doctores de la ley, y también en la del encuentro con los discípulos de Emaús. Quizás por ahí esté la respuesta a mi duda. Pero confieso que no llego a entender bien la cuestión.
Estimado D. Alejandro, la palabra "críptico" me sonó a desusada en su primer mensaje. Pensando por qué no se usa, me parece que se debe a que algo críptico es una cosa que se escribe para que solo lo pueda entender algún experto. Pero la Escritura es para todo el mundo. Santo Tomás y los Padres hablan de oscuridad. San Dionisio de Alejandría, refiriéndose a la "oscuridad y profundidad" del Apocalipsis, dice: "No me constituyo en juez de estas verdades, ni las mido por la pequeñez de mi espíritu o ingenio; sino que haciendo más caso de la fe que de la razón, las creo tan elevadas sobre mí, que no me es posible alcanzarlas. Y así, aunque no puedo contemplarlas, no por eso las estimo menos; al contrario, por lo mismo que no las entiendo, tanto más las adoro y reverencio". Creo que todos los Padres están de acuerdo en que el Apocalipsis no se puede entender. Pero cada vez que se lee se aprenden muchas cosas. El caso del 666 no me parece muy importante. Seguro que algún Santo Padre lo explicará. Hoy hemos olvidado la numerología antigua.
Al hablar usted de "críptico", sin embargo, pienso que no se refiere a la profundidad de las verdades reveladas que superan la razón humana, sino a la forma en que está redactada la Escritura. Y este problema lo plantea el Evangelio. Está escrita para que viendo no vean, y oyendo no oigan. Es decir, que no lo entiendan los que tienen el corazón endurecido, y no quieren ver ni oír ni entender (cfr. Mat. 13, 10 ss). Por lo tanto, la Escritura la entienden los que la quieren entender, es decir, los que la estudian y usan la lógica. Pero poner en pie lo que dice la Escritura lleva mucho tiempo, y es necesario estudiar también las explicaciones de los Doctores. Por eso también su doctrina se resume en el símbolo, que pone al alcance de todos las verdades necesarias para salvarse.
Don Alejandro, su amigo el ingeniero tenía razón. El manual de instrucciones es poco claro. Solo lo puede entender el que tiene interés en la máquina. El que lo explica no es el Papa, sino los Doctores, usando su inteligencia. Hace siglos que ningún teólogo es Doctor de la Iglesia. ¿Será porque no la usan mucho? La función del Papa es dirimir, en casos de conflicto, cuál es la verdadera doctrina de la Escritura. El tema de la ortodoxia no se puede reducir a la autoridad del Papa. El Papa determina con su autoridad. Pero los que enseñan la doctrina, es decir, la ortodoxia, son los Doctores.
Un cordial saludo.
Son interesantes los comentarios de Rafael y la cita de aquellas palabras de Jesús del evangelio de San Mateo. Agrega más dramatismo a la pregunta que planteé. No obstante, creo que la cuestión de fondo no está resuelta. No me parece que todo el que quiera entender, entiende la escritura. Conozco personas de cuya buena fe estoy seguro, que hay partes de la revelación que no logran entender facilmente. Yo mismo le he puesto muchas veces garra, estudio, y buena voluntad, y tampoco he logrado entender bien todo. Siempre hay puntos que parecen contradictorios que uno acepta humildemente, esperando poder entenderlos alguna vez. Por otro lado, la posición que menciona Rafael en el último párrafo, ¿no es la que sostenían los gnósticos? Por favor, no estoy haciendo acusaciones. No soy experto en esto, sólo he leído algo sobre el tema. Por eso me surge la pregunta. ¿Qué diferencia hay entre lo explicado por Rafael y la posición gnóstica?
Estimados Amigos: Surrexit Dominus vere, alleluia, alleluia. Lejos de nuestro amigo ser gnóstico, por favor. Lo que sí no llego a vislumbrar, estimado don Rafael, es su cuestionamiento de la autoridad doctrinal del Papa reduciéndola a una determinación en caso de conflictos. Le agradezco una aclaración para no sacar conclusiones indebidas de mi parte. Un saludo cordial para todos, Germán Masserdotti
Estimados foristas:ante todo Felices Pascuas de Resurrección. En cuanto a lo que plantea Don Rafael,creo que no admite discusión:"los que enseñan la doctrina son los doctores".Doctor por definición,es el que ejerce el "docet",o sea la doctrina,la enseñanza.¿Por que tenemos que reducir la ortodoxia a la autoridad del Papa?Está en lo cierto,su función es "dirimir"o sea concluir,o componer la controversia,en caso de que esta se produzca. De eso no podemos deducir que se cuestiona su autoridad.Por el contrario,tanto no se la cuestiona,que se reconoce en el la autoridad para dirimir,como máxima instancia,en caso de que exista esa controversia. No podemos estar viendo a cada momento un cuestionamiento de la autoridad pontificia en cada asunto,máximo en este,en que es clara la situación:el doctor enseña,elabora la doctrina,que es la ortodoxia.Si se produce un conflicto,entonces recurrimos al Papa,y allí si:Roma habla,causa terminada. Un cordial saludo. Jorge.
Estimados amigos:
Quizá podamos acercarnos a la respuesta teniendo en cuenta la doctrina de Santo Tomás de que las verdades reveladas por Dios son todas ellas verdades “en orden a la salvación”.
Algunas de estas verdades son accesibles (inteligibles) al entendimiento humano. Llegan a conocerlas pocos hombres (sabios y estudiosos), después de mucho tiempo y con mezcla de errores, según el Aquinate. Precisamente para aquellos que no cumplen estas condiciones, pero que necesitan conocerlas para salvarse, las ha revelado Dios. Creo que el propio Santo Tomás llamaba a este conjunto el revelabile.
Pero hay otras verdades a las que jamás se podría acceder desde la inteligencia humana. Son verdades sobrenaturales. Y como tales son reveladas por Dios para que el hombre las acepte por la fe. Estas verdades constituyen el revelatum. Evidentemente hay oscuridad en todas ellas, aunque sólo fuera por la incapacidad humana. Se explica así la expresión de Jesús a los de Emaús: “Qué tardos y torpes sois para entender las Escrituras…”
Quizá la misión que Jesucristo concedió a la Iglesia (no olvidemos que la Tradición es también Fuente de la Revelación) consiste en determinar si las verdades que se puedan derivar de una verdad sobrenatural, contradicen o no a esa verdad original. Y esto sólo puede determinarlo la Iglesia con su Autoridad recibida de Cristo. Así se explica el hecho de que ante una expresión teológica, la Iglesia pueda concederle el título de herejía (incompatible con la verdad revelada) o por el contrario aceptarla como válida (o sea, perfectamente compatible con la verdad revelada).
Nadie con una pura autoridad humana, por muy inteligente y sabio que fuera, estaría capacitado para AUTENTICAR la interpretación correcta de las palabras reveladas. Doctrina completamente contraria a la del libre examen.
No sé si esta podría resultar una explicación aceptable para quienes han planteado la duda. Perdón por la extensión.
Estimados Amigos: Con algo más de tiempo respondo a las consideraciones impugnadoras del magisterio pontificio (que no se reduce a mera resolución de conrflictos doctrinales entre los doctores)pero observo que en realidad, la discusión -como en otras ocasiones- volvió a desviarse, dado que la cuestión es "1 - La revelación, ¿exige qué haya un sujeto (a saber la Iglesia) que pueda guardar íntegramente el depósito y pueda interpretarlo?" y, en este sentido, los doctores que no son el Papa -por ejemplo, los teólogos-, no son quienen guardan e intepretan el depósito salvo que colaboren con el ministerio petrino de confirmar a los hermanos en la fe. Lejos están mis palabras de ser una especie de "papolatría" o algo parecido. Un saludo cordial para todos, Germán Masserdotti
Estimados amigos: Es acertada la expresión de Pedro Javier Moya:"Quizá la misión que Cristo concedió a la Iglesia...etc".Aunque yo me atevería a corregirle en parte,y suprimiría el "quizá" de su frase.Pues,según entiendo, tendríamos que partir de la base de la concesión de esa misión,y el "quizá",que denotaría la posibilidad de que sea cierto lo que el expresa,también tendría el valor,si no estoy errado,de plantear asimismo que no sea cierto.Ahora bien,en esa Iglesia,en conjunto,que ha recibido la misión de determinar si hay o no contradicción de las verdades derivadas con las verdades originales a que Pedro acertadamente alude,están esos teólogos,o doctores, que son los verdaderamente encargados de la determinación.Siempre,por supuesto,sujetos a la autoridad pontificia,en caso de discrepancias,para dirimir y establecer lo cierto,finalmente,e inapelablemente,es decir,la coincidencia de esas "verdades derivadas"con la "verdad original"sobrenatural. Es todo por ahora,atentos saludos.