Objeción: Cada súbdito es persona particular. Ahora bien, toda persona particular puede regirse a sí misma suficientemente por la prudencia común. Por lo tanto, no es necesario poner otra especie de prudencia llamada política.
En cambio está el testimonio del Filósofo en VI Ethic. : Es propio de la prudencia de las leyes lo que pertenece al gobierno de la ciudad, como prudencia arquitectónica; pero ésta lleva el nombre común de política, que trata de los singulares.
Respuesta a la objeción: Por la prudencia general se rige el hombre a sí mismo en orden al propio bien; por la política, de que hablamos, en orden al bien común.
Estimado D Felipe:
La objeción 3 del artículo 2, de la cuestión 50 de II-IIae, dice: “Cada uno de los súbditos es una persona particular. Pero cualquier persona particular puede regirse suficientemente por la prudencia común. Por tanto, no es necesario postular otra especie de prudencia llamada política” [“Unusquisque subditorum est singularis persona. Sed quaelibet singularis persona seipsam sufficienter dirigere potest per prudentiam communiter dictam. Ergo non oportet poni aliam speciem prudentiae quae dicatur politica”].
El texto que usted pone a continuación: “En cambio, está el testimonio”, etc., corresponde al SED CONTRA del artículo y no a la tercera objeción. Creo, además, que conviene traducir “Pero en contra” y no “En cambio” porque así va mejor con la naturaleza de la disputatio.
Pero, dejando de lado esta cuestión más bien formal, creo que lo que plantea el texto, en la respuesta a la objeción, es que la virtud individual no es suficiente para que el hombre se rija en orden al bien común. Lo que me me mueve a formular una cuestión. Se ha dicho que asistimos hoy a una progresiva reducción de lo público y a un correlativo crecimiento de lo privado (la “sociedad civil”) que invade, de hecho, lo público. Esta situación, de ser cierta, no parece favorecer, precisamente, el ejercicio de la prudencia política por parte de los ciudadanos. Sin embargo, las democracias modernas -cada vez más referidas a la llamada “sociedad civil”- se fundan en la participación de sus ciudadanos que son quienes, en definitiva, eligen a los gobernantes. Parece, pues, que, por un lado, la democracia moderna es el sistema político que más virtud política exige; pero, por otro, es el que menos favorece el ejercicio de esa virtud. ¿Es esta una contradicción intrínseca de lo que se llama democracia? Y de ser así, ¿cómo se salva?
Un cordial saludo.
Mario
Estimado don Felipe: Lo invito nuevamente para que partcipe en nuestro foro. El Dr. Caponnetto -en mi caso es Mario sin más- ha considerado los textos que Ud. aportó y vale la pena continuar con el diálogo. Incluso si desea proponer alguna cuestión a resolver durante octubre, será bienvenida. En pocos días comenzaremos con la DISPUTATIO. Agradezco una vez más el aporte de cada uno de los participantes. Como dicen los jóvenes de mi pais, el tema "tiene gancho". Un cordial saludo para todos, Germán Masserdotti