De la autarquía de la polis

Época II Año 6 Número 5 Septiembre-Octubre 2008
La lectio está cerrada. Ha comenzado la disputatio.

Verba Doctoris

Luego que el filósofo se refirió a las comunidades que se ordenan a la ciudad, él trata acerca de la misma comunidad de la ciudad. Y lo hace en tres partes. In primer lugar muestra qué es la comunidad de la ciudad. En segundo lugar muestra que es natural. En tercer lugar se refiere a la institución de la ciudad, Acerca de lo primero muestra la condición de la ciudad en cuanto a tres cosas. En primer lugar, muestra cómo la ciudad se origina a partir de las otras comunidades. Porque así como el vecindario se constituye a partir de muchas casas, del mismo modo la ciudad a partir de muchos vecindarios. En segundo lugar dice que la ciudad es comunidad perfecta, lo que prueba a partir de esto: dado que toda comunicación de los hombres se ordena a algo necesario de la vida, será comunidad perfecta aquella que se ordene a que el hombre tenga de manera suficiente aquello que es necesario para la vida; tal comunidad es la ciudad. Pues es propio de la noción de ciudad que se encuentren en ella todas las cosas que resultan suficientes para la vida humana, como sucede. Y debido a esto se compone a partir de muchos vecindarios, en los cuales en uno se practica el arte de fabril, en otro el arte textil, y así en los restantes. Por lo que es manifiesto que la ciudad es la comunidad perfecta. En tercer lugar muestra hacia qué está ordenada la ciudad: pues originariamente fue hecha para vivir, a saber, para que los hombres pudieran encontrar dónde vivir con suficiencia; pero sucede que fue establecida no solamente para que los hombres vivan con suficiencia, sino para que vivan bien, en cuanto mediante las leyes de la ciudad la vida de los hombres se ordena a las virtudes.

Commentaria

  • Me confunde un poco la importancia que dan Aristóteles y Aquino a la ciudad sobre el individuo. Pregunto a mis amigos comentaristas para aclarar mi razonamiento ¿la ciudad es una forma accidental o substancial? A simple vista me parece que es accidental, mientras que el individuo es substancial. ¿En qué me estoy equivocando?

    Por otro lado, me pareció interesante la definición de ciudad que da Santo Tomás en este pasaje: comunidad en la que el hombre tiene lo suficiente para la vida. Siendo así, entiendo que lo que se deriva de esto depende de la época. En el pasaje Aquino deduce que “debido a esto (la ciudad) se compone a partir de muchos vecindarios, en los cuales en uno se practica el arte de fabril, en otro el arte textil, y así en los restantes”. Ahora bien, esta conclusión está fuertemente atada a la tecnología de entonces, cuando no se disponía de los medios de transporte y comunicación de nuestro tiempo. Ahora podemos comprar bienes de cualquier parte del mundo por Internet que recibimos en la puerta de nuestra casa, participar en un foro de filosofía internacional por email, hablar por celular desde cualquier lugar en que nos encontremos, etc.

    En este sentido, surgiría la siguiente cuestión para el debate: ¿Hasta qué punto es válida en nuestra época la institución de la polis como comunidad perfecta?

    Publicado por Alejandro Clausse el 11 de Septiembre de 2008
  • Estimado Alejandro: Plantea usted dos cuestiones muy importantes que, estimo, habrán de constituir los ejes de la disputatio. La primera es la relación de la persona respecto de la Polis. Dice usted que le “confunde un poco la importancia que dan Aristóteles y Aquino a la ciudad sobre el individuo”. No veo que ni Aristóteles ni Santo Tomás asignen a la Polis una importancia absoluta por sobre el individuo o en detrimento de éste. A mi juicio, la relación individuo – ciudad no se establece en un solo respecto. Si tiene usted la bondad de leer mi mensaje del día 4 de septiembre y el que, a continuación, enviara el Dr. Enrique Martínez, el día 5, hallará algunas reflexiones que pueden aclarar el punto. Debemos profundizar, creo, en esta dirección. Por cierto, la Polis es una unidad de orden en tanto la persona es una unidad substancial. La segunda cuestión que usted plantea se dirige al centro de nuestro tema: la autarquía de la Polis. En efecto, si la primera cuestión trata de la relación del individuo con la ciudad, esta segunda nos lleva al problema de las relaciones entre la Polis, sociedad perfecta, y las sociedades intermedias llamadas, también, infrapolíticas. ¿En qué reside la perfección de la Polis que la coloca por sobre las otras sociedades? ¿En qué se funda su autarquía (eso que hoy podemos llamar “soberanía”)? Veamos cuál era el sentido de la Polis en el mundo antiguo. La Polis era la culminación del ámbito público, la unión de los hombres para lo no cotidiano, para la libertad y la justicia. Es importante esta idea de lo público pues sólo en el ámbito público se da lo propiamente político. Es el ámbito del hombre libre, del polites. El esclavo, el artesano, la mujer, no son, propiamente, políticos porque no son públicos, pertenecen a un ámbito privado, donde son otras las necesidades vinculadas no ya a la libertad y a la justicia sino a las más básicas de la alimentación, el vestido, la producción de bienes, etc. No olvidemos que la casa (oikos) en Grecia es una unidad de producción y consumo de bienes además de una comunión de personas unidas por la sangre. Como muy bien ha hecho notar Juan Cruz Cruz “la diferencia entre lo privado (como familia doméstica) y lo público (como polis) no es meramente la de necesidad y libertad, sino también la de ocultamiento y exhibición: lo que exige estar oculto (las funciones corporales orientadas a satisfacer las necesidades específicas de generación y las individuales de supervivencia) y lo que requiere exhibición (el logos en su función persuasiva)” (Juan Cruz Cruz, “Sentido del curso histórico”, Pamplona, 1991, p. 231). Ahora bien, si la casa (o la familia) es la expresión cabal de lo privado y la Polis la de lo público (en el sentido de exhibición, no cotidiano, libertad, justicia, etc.), en el medio entre ambas aparece la aldea (komé) donde todavía la vida se ciñe a las necesidades cotidianas pero en la que asoma ya lo público, sobre todo, en la puesta en común del culto religioso. En este contexto ha de entenderse lo que dice Santo Tomás en el pasaje que comentamos respecto de una suerte de complementación de actividades técnicas entre las aldeas o vecindarios. Es innegable que los ejemplos que pone Santo Tomás tienen en vista el grado de desarrollo técnico de su tiempo. Pero esto no hace al fondo de la cuestión: ayer en mula hoy por Internet, el problema es el mismo pues se trata de discernir el ámbito de lo cotidiano del ámbito de lo público y esa “zona intermedia” que era la aldea griega y que hoy la representan las empresas proveedoras de servicios y bienes de consumo. Dicho esto nos resta considerar en qué se funda la autarquía de la Polis. En la suficiencia de medios y recursos materiales para satisfacer las necesidades vitales, por cierto. Pero esto es solamente un primer aspecto que denota el origen doméstico de la Polis. Incluso, la satisfacción de las necesidades vitales no se refiere a las necesidades puntuales, cotidianas y urgentes sino a proveer lo necesario para prolongar la vida en el tiempo con lo que también esta satisfacción de necesidades se sale de lo cotidiano (cf. Juan Cruz Cruz, o. c., p.231). Si seguimos atentamente la lectura del texto, veremos que lo realmente decisivo es la autarquía para la vida virtuosa. La Polis, en efecto, “originariamente fue hecha para vivir, a saber, para que los hombres pudieran encontrar dónde vivir con suficiencia; pero sucede que fue establecida no solamente para que los hombres vivan con suficiencia, sino para que vivan bien, en cuanto mediante las leyes de la ciudad la vida de los hombres se ordena a las virtudes”. Muy otro es el sentido moderno de la Polis. Tal vez una clave fundamental para entender el proceso político de la Modernidad sea el avance creciente de lo privado sobre lo público. Esto lo vio muy bien Hegel en su certera crítica de la sociedad civil de su tiempo. Pero este es otro asunto que quedará para otro día. Un cordial saludo Mario

    Publicado por Mario Caponnetto el 12 de Septiembre de 2008
  • Estimado D. Alejandro. Al plantearme el tema de este mes, lo primero que pensé es a qué se refieren Aristóteles y Santo Tomás cuando hablan de la ciudad. Y encontré un ejemplo muy personal. Yo he vivido toda mi vida en ciudades relativamente grandes. Hace unos años me vine a vivir a un pueblo (relativamente pequeño). La diferencia es que en la ciudad te encuentras toda clase de tiendas, tintorerías, ferreterías, ópticas, etc., y muchas de cada ramo, entre las que puedes elegir. En el conjunto de varios pueblos, en una comarca, te encuentras que en uno de ellos hay una ferretería, en otro una óptica, y si quieres que te limpien la ropa en una tintorería, la tienes que mandar a la ciudad. El coche te permite vivir en un pueblo casi como si estuvieras en una ciudad, yendo de un pueblo a otro. Cuando había que desplazarse en mulas, la cosa era diferente. En el plano cultural y espiritual sucede lo mismo. En un pueblo la única actividad es ir por la tarde a un bar, donde un día y otro se tiene siempre la misma conversación.

    Por otra parte, el cambio que se ha producido en los medios de transporte no es cualitativo, sino cuantitativo, se puede ir más rápido, y más lejos. Pero el comercio internacional ha existido siempre. Aristóteles no ignoraba a los fenicios, ni mucho menos que los propios griegos tenían colonias por todo el Mediterráneo. Y tampoco ignoraba que las ciudades eran abastecidas por los productos de los pueblos.

    Creo que lo que a usted lo confunde no es lo que dicen Aristóteles y Santo Tomás. La confusión me parece que viene, precisamente, del título del tema de este bimestre, "la autarquía de la ciudad". Visto desde este prisma puede parecer que Filósofo y el Doctor Común le dan mucha importancia a la ciudad. Pero no es así. Simplemente dicen que la ciudad es el término del desarrollo de la sociedad humana. No porque no existan otras instituciones superiores o inferiores, de las que la ciudad necesita, sino porque es el mejor sitio para que cada hombre, individualmente, practique la virtud, es decir, alcance la felicidad, o desarrolle plenamente sus potencialidades. Estará de acuerdo conmigo que practicar la virtud es mucho más fácil en una ciudad que en un pueblo, o en un avión volando constantemente de acá para allá. Al menos desde un punto de vista filosófico. Teológicamente es distinto. Me parece que las cosas no han cambiado tanto como pensamos. Incluso la filosofía que rige hoy la sociedad, ya la criticó Aristóteles.

    Respondiendo en concreto a su pregunta, si la ciudad es una forma sustancial o accidental, pienso que ninguna de las dos. Es un complejo variopinto de cosas que hay que observar cómo funcionan cada una de ellas, y en su conjunto. Ahora bien, lo sustancial en la ciudad es que se rija por leyes justas, es decir, fundadas en la naturaleza de las cosas. Lo accidental, todo lo demás.

    Esto es lo que puedo aportar a sus dudas. Un cordial saludo.

    Publicado por el 13 de Septiembre de 2008

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