De la autarquía de la polis

Época II Año 6 Número 5 Septiembre-Octubre 2008

Quaestio

Cuestión acerca de la autarquía de la polis



Segundo problema a resolver:

La polis, cuya nota específica es la autarquía (cultivo de lo propio y posesión de sí), ¿es más perfecta que la persona humana? Si fuera este el caso ¿lo es de un modo extensivo y difusivo o de modo intensivo y colectivo (cfr. S. Th. I, q. 93, a . 2, ad 3, http://www.corpusthomisticum.org/sth1090.html#32369)?

Responsiones

  • Entre los muchos temas que desconozco, uno de ellos es el de la autarquía de la polis. Esperaba que en la Lectio apareciera algún texto de Santo Tomás donde lo explicara, pero los que han aparecido se refieren a la perfección de la polis, no a la autarquía.

    Mi opinión es que el hecho de que una sociedad sea perfecta, según Aristóteles, no quiere decir que sea autárquica. Como explica al principio de la Ética, el hombre es social debido a su imperfección. Por esta imperfección los hombres necesitan ayudarse unos a otros. Y también las ciudades necesitan ayudas externas. Son perfectas solo en cuanto que facilitan a sus habitantes que alcancen su perfección, pero no en todo.

    Al principio de la Política Aristóteles descompone la sociedad en dos sociedades elementales, la del hombre y mujer, y la del que manda y el que obedece (el hombre libre y el siervo). A partir de la familia se desarrollan los núcleos de población, pues la familia no es autosuficiente, y sus miembros necesitan otras ayudas además de las que le da la familia. Los grupos de familias forman sociedades pequeñas, las aldeas, en las que tampoco reciben la ayuda suficiente. Por eso, algunas alcanzan una determinada magnitud, constituyendo una polis. Una polis es el conjunto de familias en el que el hombre obtiene todas las ayudas necesarias para alcanzar la 'virtus', el desarrollo completo de sus capacidades.

    Entendiendo así la lógica que se desprende de los comentarios de Santo Tomás, no veo que de aquí se pueda deducir la autarquía. Aristóteles conocía las relaciones internacionales y la megalópolis. Las megalópolis, según el orden natural de las cosas, se dividen en distritos, que son pequeñas ciudades. Es decir, la megalópolis es un conjunto de varias polis. Éstas son, entonces, un determinado número de familias, en el que los hombres pueden alcanzar su perfección. No porque la polis sea autosuficiente. Sino porque en ella tienen a su alcance además de las relaciones que proporciona la polis, el comercio y las relaciones internacionales y con el propio país.

    Ad primum ergo dicendum, que Aristóteles empieza la Política, explicando que en ella se sigue el mismo método que en las demás ciencias. Primero la 'via resolutionis', descomponer la ciudad en sus elementos. A continuación la 'via compositionis', observando cómo la ciudad se desarrolla a partir de sus elementos, o principios. La estructura social que describe sigue siendo tan válida como cuando él la describió. Y muy útil para analizar las sociedades modernas. Los hombres, a partir de la sociedad hombre y mujer, y de la sociedad del que manda y el que obedece, tienden a formar grupos de una determinada magnitud (ciudades o distritos), en los que tienen más facilidad para alcanzar su perfección.

    Ad secundum la respuesta es algo más compleja. El texto de la Suma Teológica (I, q. 93, a . 2, ad 3) que aporta el Moderador se refiere a la naturaleza. No se puede aplicar a la ciudad porque la ciudad es una creación del hombre. En ningún caso puede ser superior al propio hombre. Otra cosa es que, en la ciudad, los hombres que persiguen fines que están de acuerdo con la naturaleza humana, sean superiores a los que persiguen fines fuera de toda razón. Pero la ciudad en sí, es una entelequia, o un simple lugar donde habitan los hombres.

    Un cordial saludo.

    Publicado por Rafael Quijano Álvarez el 4 de Octubre de 2008
  • No estoy muy de acuerdo con lo que dice Rafael Quijano en la última parte de su interesante intervención.Dice:"es...un simple lugar donde habitan los hombres."Yo creo que tiene que ser algo mas,tiene que ser allí el lugar donde "moran",los hombres.Podemos "habitar",en un inmueble,en un lugar de oficinas,etc.,pero solo "moramos"cuando vinculamos esa simple estadía a un vínculo con el contexto que nos rodea,con los demás. Allí,en ese "morar",adquirimos una personalidad definida.Se ha señalado,y es cierto,etimológicamente,que de allí extraemos lo de "costumbres",o "mores".En esas grandes urbes,si,tal vez sea adecuado el término que se ha empleado, por Don Rafael,o sea el de "habitante".,pero ellos no "moran",porque en el fondo hay una especie de desarraigo,se está un poco de paso.El morar,-y en esto estaría la clave para nuestro estudio,de conformidad a como nos gusta encarar las cosas como cristianos,y seguidores del Aquinate,-nos reclama un echar raíces,generar hábitos y costumbres.En el calor del hogar"moran los dioses"al decir de Heráclito.Y en ello,nos quedamos conformes con que solo sea "una entelequia"? Un cordial saludo.

    Publicado por Jorge Andregnette el 7 de Octubre de 2008
  • Estimados amigos:

    La cuestión planteada da por supuesto que la autarquía (cultivo de lo propio y posesión de sí) es la nota específica de la Polis. Pero ni el concepto de autarquía ni si ella es lo que especifica a la Polis han sido puntos convenientemente aclarados por lo que estimo necesario detenernos sobre ellos antes de responder a la cuestión de fondo, esto es, si la Polis e so no es más perfecta que la persona.

    La biblioteca de este mes menciona la obra de Sergio Raúl Castaño, “El Estado como realidad permanente”; libro excelente que recomiendo a los distinguidos foristas. Pero la mención del Dr. Castaño me ha llevado a consultar en la web un trabajo suyo donde se expone el concepto de autarquía. Se trata de un artículo publicado en la Revista de Derecho, de Valdivia, titulado: “Notas para una fundamentación finalista del poder político: una reflexión aristotélica” (cf. CASTAÑO, SERGIO RAÚL. “Notas para una fundamentación finalista del poder político: una reflexión aristotélica”. Rev. Derecho (Valdivia). [online]. dic. 2001, Vol. 12, No. 2 pp. 83-92. Disponible en la World Wide Web: http://mingaonline.uach.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=SO718 09502001000200005&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0718-0950).

    Creo oportuno transcribir algunos pasajes de este trabajo.

    Comienza el autor definiendo el concepto de autarquía: “La autarquía política no significa sino ser autosuficiente por la participación del bien humano pleno (en el nivel terrenal) que es perfectivo respecto de una sociedad histórica determinada”. Es decir que la autarquía se define en términos de autosuficiencia y ésta, a su vez, de participación de un bien humano pleno de carácter terrenal o temporal. Continúa nuestro autor: “En sede metafísica, le compete predicarse per se como una propiedad de la sociedad política, o Estado (términos que usaremos como sinónimos). “La vida política, en tanto autárquica, comporta una totalidad y un «cierre»; pero esta afirmación no debe malinterpretarse en sentido hegeliano. En primer lugar, no se trata de una totalidad substancial, sino práctica, en la línea del bien y la perfección (entitativamente, de naturaleza accidental). En segundo, el cierre no significa oclusión hostil, ni necesidad dialéctica de un enemigo que deba ser negado, sino perfección positiva y abierta (desde el autodominio y desde lo propio)”.

    Vale decir que estamos ante una propiedad per se de un todo accidental. Tal autarquía, por último, no implica una oposición dialéctica frente a otro sino una perfección positiva en la línea del autodominio en la consecución de un bien perfectivo.

    Creo lícito comparar esta autarquía de la Polis con la del individuo: también aquí se trata de una propiedad per se (en este caso, no de un todo accidental sino substancial) que implica la capacidad de autodominio en procuración de un bien propio.

    Más adelante, el autor menciona la imposibilidad de reducir al infinito las causas en una serie determinada de causaciones, pues, como dice Aristóteles, si se procede al infinito nada causaría nada pues “la virtualidad causal se escabulliría indefinidamente, al no hallarse un primer eslabón que pudiera comunicar tal causalidad a la cadena que de él depende”. Aplicando este principio a las acciones humanas se deduce que en una serie individuos o de comunidades o asociaciones subordinadas unas a otras tampoco es posible proceder al infinito pues siempre habrá que detenerse en alguna instancia de poder que sea la suprema. Por eso escribe: “Análogamente, la acción efectiva del hombre no puede depender de una cadena infinitamente revisable de preceptos prácticos, u órdenes, o decisiones. Si este principio es válido incluso en el nivel del obrar individual, es en el orden sociopolítico donde se manifiesta su más exigente -y patente- perentoriedad. Ante la discrepancia, la desavenencia, el conflicto o la ausencia de unanimidad en un grupo social, la decisión última sobre el camino a seguir puede recaer en la autoridad del grupo social, o en la de otro grupo superior”.

    Y más adelante:

    “En lo que a estas reflexiones interesa, la cuestión se reduce, pues, a lo siguiente: o el Estado (en su sentido cabal y estricto de sociedad política) tiene plena jurisdicción para conducir la vida comunitaria o existirá una autoridad superior e irrecusable con jurisdicción para determinar sobre cuáles de entre sus asuntos internos y externos, y en qué circunstancias, tiene el Estado competencia. En cualquiera de los dos casos, habrá siempre una autoridad “soberana”. Pero se plantea con acuidad si puede existir Estado (sensu stricto) sin esa función de autogobierno, o competencia última sobre sus propios asuntos.

    “Hemos llegado al punto clave de la cuestión de la autarquía, en tanto implica necesariamente la autarjía o autogobierno. Si el bien común completo es también conmensurado a los hombres que buscan y deben buscar su realización en la mejor medida que les es posible, es decir, si la consecución del fin depende de la concreción de un orden que exprese el modo propio en que a esa comunidad mejor le sienta organizarse con miras al fin, si esto es así, será necesaria, entonces, la determinación de ciertos valores ético-jurídicopolíticos. Ahora bien, ¿a quién le incumbirá esa determinación? Y esto en el doble sentido de: quién estará en mejores condiciones para saber dónde reside lo justo concreto (constitucional, legislativo, jurisdiccional, administrativo, etc.); y quién arriesgará más en esa determinación. La respuesta es obvia: a la propia sociedad convocada por el bien humano completo y concreto.

    “Si se niega la posibilidad de verdadera vida política sin autogobierno, surgen dos conclusiones, entre las que se descubre cierta implicación lógica: a) la autarjía política, entendida como posesión de un órgano supremo del que emanan las últimas decisiones irrevisables vinculantes para una sociedad estatal, constituye un elemento necesario, de existencia indefectible, para la vida de esa sociedad, b) aceptada la no integridad del Estado al que le falte esa última instancia de decisión, cabe afirmar que los límites de la estatalidad pasan, respecto de organizaciones sin tal nota, por una órbita superior a la suya, es decir, que el grupo en cuestión reviste, por ello, razón de parte respecto de otro –ya formado o en ciernes– en el que su orden jurídico se integra.

    “A propósito de los términos de marras adelantamos desde ahora que utilizaremos “autarjía” (de "αυτοσ", “sí mismo”, y "αρχη", “poder”) para significar el autogobierno de la sociedad política, con preferencia a la locución “soberanía del Estado”, dado que el término “soberano” implica superioridad comparativa y el Estado –como totalidad social – no es superior a otros ni desde el punto de vista de su naturaleza ni desde el punto de vista jurídico.

    “La superioridad política, económica o militar de un Estado, traducida en intromisión en los asuntos domésticos de otro más débil, podrá ser llamada “intervencionismo” o “imperialismo”, mas no “soberanía”. Si se produjese la incorporación jurídica formal del segundo como una parte del primero, ya habría una sola entidad política, y, entonces, aun, menos cabría hablar de “soberanía” (superioridad que implica por lo menos dos términos). Por el contrario, el órgano de gobierno de la comunidad es superior –de jure y, casi siempre, también de facto– a los demás poderes sociales”.

    El texto es muy claro. Creo que podemos afirmar que la autarjía es una propiedad coesencial de la Polis.

    Un cordial saludo

    Publicado por Mario Caponnetto el 11 de Octubre de 2008
  • Estoy de acuerdo con D. Jorge en que el hombre no "habita", sino "mora". Aunque en realidad se puede decir que hace las dos cosas. Pues como dice Santo Tomás en su comentario al Salmo 48 (nº 10) " 'hombre' se toma a veces por su naturaleza animal, a veces por la racional". En el tema que estamos tratando, la perfección de la polis, se trata del aspecto material de la polis y del hombre (como intentaré exponer en mi comentario a la tercera cuestión que propone el Moderador), por lo tanto a la parte animal. En ese sentido se puede decir que "habita". Aunque, ciertamente, lo propio del hombre es "morar". A partir de las raíces de las que usted habla, desarrollar su parte racional, su persona. Disfrutando de la compañía de los dioses en el calor del hogar, según el pagano Heráclito. A los cristianos nos basta con uno (somos pobres).

    En cambio no estoy tan de acuerdo con D. Mario. Creo que volvemos a los filósofos poetas. Este calificativo, que utilicé en cierta ocasión sin mucho éxito, no es mío, es de Aristóteles en el libro I de la Metafísica, y lo aplica a Platón.

    Mi opinión en este momento es que la expresión "autarquía de la polis" trata de desarrollar una romántica idea de la ciudad que supuestamente tenía Aristóteles. A mi modo de ver no hay tal cosa. Lo que hace el Filósofo es describir la estructura simple de la vida social. A partir de esta estructura simple se comprenden las estructuras más complejas. La polis es perfecta porque es la estructura social más adecuada para que los hombres consigan su fin último, la felicidad. Esto no quiere decir que sea autárquica.

    El texto que cita el Dr. Caponneto del Prof. Castaño, no puede hacerme cambiar de opinión por dos errores graves. El primero, que no cita ningún lugar de Santo Tomás ni de Aristóteles en el que hablen de la autarquía. El segundo es un error muy extendido, y, a mi modo de ver deletéreo. Habla de una consideración metafísica de la polis. La Metafísica, como su propio nombre indica, estudia lo que está más allá de la Física, es decir, las sustancias separadas. La Política, también como su nombre indica, estudia la polis. La consideración metafísica de la polis es equivalente a un estudio matemático de la Moral, o un estudio biológico de los minerales.

    Un cordial saludo.

    Publicado por Rafael Quijano Álvarez el 12 de Octubre de 2008
  • Estimado D Rafael:

    Incurre usted, al parecer, en una contradicción. Respondiendo a D Jorge afirma que “En el tema que estamos tratando, la perfección de la polis, se trata del aspecto material de la polis y del hombre (como intentaré exponer en mi comentario a la tercera cuestión que propone el Moderador), por lo tanto a la parte animal”. Si no entiendo mal lo que usted sostiene es que la Polis se ordena al hombre en cuanto a su parte animal. Pero, pocas líneas después, admite que “La polis es perfecta porque es la estructura social más adecuada para que los hombres consigan su fin último, la felicidad”. ¿En qué quedamos? ¿Se ordena al hombre animal o al hombre como naturaleza racional llamada a un fin último sobrenatural? Le ruego nos aclare este punto.

    Respecto de la autarquía me parece que el texto de Castaño da una definición que ni es romántica ni es poética sino, antes bien, precisa. Puede no compartirse pero no descalificarse con argumentos a todas luces antojadizos. Que no se cite a Santo Tomás ni a Aristóteles no me parece una razón atendible; perdóneme usted, pero no hay que confundir “tomismo” con “lo mismo”. No somos loros de Santo Tomás sino que procuramos ser sus discípulos y pensar siguiendo sus principios.

    Tampoco es admisible lo de la metafísica. En ningún momento se dice que el estudio de la Polis corresponda a la Metafísica; sólo se aclara que la autarquía, “en sede metafísica” se ha de interpretar como una cualidad per se de un todo accidental. Lo invito a que relea el texto y el contexto.

    Por otra parte niega usted que la Polis sea autárquica. Pues bien lo invito al siguiente ejercicio: puesto que no admite la definición de autarquía propuesta por el Dr. Castaño, dénos usted una definición de autarquía y a partir de ella muéstrenos porque la Polis no es autárquica.

    Un cordial saludo en la Festividad de Nuestra Señora del Pilar y Día de la Hispanidad.

    Publicado por Mario Caponnetto el 13 de Octubre de 2008
  • Estimado D. Mario, en primer lugar, felicitar a los amigos del foro por la fiesta del Pilar. El día 12 estuve pendiente del Pilar en el que se funda el catolicismo de la Hispanidad. Pero al enviar la responsio se ve que se me pasó felicitarlos.

    Su crítica me ha resultado muy aclaradora, aunque no creo que esta vez lleguemos a ningún acuerdo. En mi responsio no decía si estaba de acuerdo o no con la definición de autarquía que da el profesor Castaño. Simplemente no la entendí, y me limité a leer sus textos por encima, a ver si había alguna cita. Los he leído ahora más despacio, y me parece entender que, aparte de la definición ininteligible, hace derivar este término del griego 'autarjía' y le da el significado de "autogobierno". La palabra 'autarjía' no existe en griego, o, al menos no viene en mi diccionario de griego. Viene, en cambio, 'autarkeia', que significa "autosuficiencia". Este es el significado que tiene en español, y lo que entiende por autarquía todo el que hable nuestro idioma.

    Esta es la definición de autarquía que hace evidente que la polis no es autárquica, porque no es autosuficiente. Dice usted que el tomismo no es "lo mismo", sino pensar siguiendo los principios de Santo Tomás. En esto estamos totalmente de acuerdo. Pero usted y el profesor Castaño, y supongo que algunos más, faltan a tres principios elementales de Santo Tomás. El primero es que en Filosofía, y en Teología, se debe dar a las palabras el sentido que tienen en el 'usus multitudinis'. Inventar palabras, o darles un significado que nadie conoce, no responde a los principios de Santo Tomás. El segundo principio al que faltan es que la ciencia no consiste en inventar teorías, sino en describir lo que se observa. Decir que la polis, o el estado, se "autogobierna" significa tener poca capacidad de observación, y tomarse en serio la democracia, que supone que es el pueblo el que gobierna. Aristóteles no se la tomaba en serio. Según dice en la Ética, la monarquía es el gobierno de uno que es el mejor; la aristocracia el gobierno de pocos que son los mejores; la democracia el gobierno de muchos que son los peores. Cosa que es evidente. Las ciudades, o los estados, no se "autogobiernan", simplemente todas "tienen un gobierno" (que es una cosa distinta), como podemos observar. Este gobierno se establece según distintos sistemas políticos.

    A estos dos principios generales se añade un tercero más concreto, relativo a la Política. Los principios de la Política se encuentran en la Ética: "Dice (Aristóteles) que pertenece a la política la consideración del fin último de la vida humana. Pero determina sobre él en este libro (la Ética), porque la doctrina de este libro contiene los primeros elementos de la ciencia política." (I Ethic. lect. 2 nº 13).

    ¿Cree, D. Mario, que el término "autarquía" en el sentido que le da el Prof. Castaño, tiene en cuenta alguno de estos principios? A mí me parece más bien que sigue el método cartesiano: inventar hipótesis fantásticas, y tomárselas en serio.

    A la contradicción que usted me atribuye creo que contesto en la responsio que ya he enviado a la cuestión 3ª que propone el Moderador. Lo de la Metafísica nos llevaría mucho tiempo, y se sale del tema del bimestre.

    Un cordial saludo.

    Publicado por Rafael Quijano Álvarez el 15 de Octubre de 2008
  • Estimado D. Rafael:

    Como ya reiteré dos veces para todos los participantes y ahora en particular a Ud., le recomiendo tener en cuenta lo que afirma San Ignacio de Loyola en EE EE [22]: “[...] se ha de presuponer que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y, si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve”.

    A esta altura del debate se trata de UNA SIMPLE ADVERTENCIA. Fuera de que uno puede o no estar de acuerdo con las expresiones de los otros disputadores, algunas de sus afirmaciones no llevan a mantener la concordia durante la disputatio sino a alterarla.

    Estimo que recibirá con buen ánimo mi simple advertencia y no se volverá necesaria otra observación de mi parte.

    Un saludo cordial para todos, Germán Masserdotti -MODERATOR FORI-

    Publicado por Alfredo Germán Masserdotti el 15 de Octubre de 2008
  • Estimado D Rafael:

    Confiesa usted haber leído el texto de Castaño “por encima” y no haber entendido su definición de autarquía. Pero, con su venia, no es lo que se desprende de la lectura de su anterior mensaje. En efecto, califica usted a Castaño de “filósofo poeta”, le reprocha “desarrollar una romántica idea de la ciudad que supuestamente tenía Aristóteles” y le atribuye dos “errores graves”. ¿No es mucho para una lectura por encima? Pero dejemos a Castaño, al menos por ahora, y vayamos al tema de la autarquía.

    Afirma usted que la palabra “autarjía” de la que deriva “autarquía” no existe en griego. Bueno, el Diccionario de la RAE, en su 22 Edición, dice:

    “autarquía1. (Del gr. aùtarjía. poder absoluto). 1. f. Dominio de sí mismo.

    autarquía2. (Del gr. autarkeia, autosuficiencia). 1. f. autosuficiencia. 2. f. Política de un Estado que intenta bastarse con sus propios recursos”.

    Se ve que la palabra existe; de otro modo habrá que suponer que los Ilustres Académicos de la Lengua la han imaginado. Por otra parte, en mi diccionario griego (Freelang), aparecen dos términos sin duda emparentados: “autarjicós”, autoritario, despótico; y “autarjicoteta”, despotismo. No aparece “autarjía”, es cierto, pero lo atribuyo a la pobreza del diccionario. No tengo a mano otro.

    Pero vayamos a la noción de autarquía. A mi modo de ver, autarquía se dice en dos sentidos (tal como lo explica el Diccionario de nuestra lengua, según se vio). El primero, en cuanto indica dominio o potestad (podría derivarse aquí de “autarjía”), es decir, lo que en escolástica se designa como la “potestas regendi”. En un segundo sentido, la autarquía significa la autosuficiencia y deriva de “autarkeia” (de “autós” que significa “el mismo” y. “Árkios” que, en su primer sentido, significa “aquello que descarta el mal”, “que asegura”); de ahí, “lo que es suficiente”. El verbo arkéoo, a su vez, quiere decir “asegurar”, “ser suficiente o necesario”, “estar bien”, etc. Por tanto, en este segundo sentido, la “autarkeia” significa la cualidad de aquello que se basta a sí mismo, que es autosuficiente.

    En el primero de los sentidos apuntados, la autarquía tiene que ver con lo que Aristóteles llama el régimen político (politeia) al que define como “una ordenación de las diversas magistraturas de la ciudad, especialmente de la que domina sobre las otras. Y en todas partes domina el gobierno de la ciudad, y ese gobierno es el régimen” (Política III, c. 6, 1278 b). Esto es, repito, lo que en lenguaje escolástico se llama “potestas regendi”.

    Pero en el segundo de los sentidos, la autarquía tiene que ver con la autosuficiencia de la Ciudad, esto es, con su perfección pues la Polis es autárquica en cuanto que es la comunidad compleja perfecta. Su principio y su fin es el bien común; y es en razón de este fin y de este principio que la pólis se dice autárquica o perfecta y se justifica la potestas regendi y el régimen en su conjunto como norma o como forma.

    Ahora bien; dice usted que la Polis no es autárquica porque no es autosuficiente. ¿En qué sentido no lo es? ¿En que carece de la plenitud de los medios para su fin? Evidentemente, no. Aristóteles, en el Libro I de la Política, caracteriza a la pólis como “comunidad de aldeas” que es propia o máximamente autárquica (1252 b 27-29); la palabra aquí empleada es, justamente, “autarkeia” e incluye no sólo el poseer lo necesario sino lograr una vida plenamente feliz que, es justamente, el fin de la Polis. Por eso, inmediatamente después, se refiere esta autarquía o autosuficiencia al fin, que no es el sólo vivir, sino el vivir bien, es decir, la felicidad o eudemonía. Y concluye el Filósofo: “Aquello por lo que existe algo y su fin es lo mejor; y la autosuficiencia (autárkeia) es un fin y lo mejor” (1252 b 30 – 1253 a 1). Respecto de esta referencia de la autarkeia al fin de la Polis, pueden verse, además, Política, VII, 1326b4; III 9, 1208b 34; Ética a Nicómaco, I, 5, 1097 b 14: “Consideramos suficiente lo que por sí solo hace deseable la vida y no necesita nada”.

    Pero, al parecer, sostiene usted también que la Polis no es autárquica en cuanto que no se gobierna a sí misma. Es decir, en cuanto ella no posee la potestas regendi. Pero esto es absurdo pues alguien, siempre, rige y gobierna la comunidad. Me pone el ejemplo de la democracia al uso actual. Permítame decirle que no tomo en serio la democracia: jamás he caído, gracias a Dios, en semejante ingenuidad. Estas democracias no son otra que oligarquías financieras y partidocráticas. De acuerdo. Pero esa misma democracia, aunque representa un régimen político corrupto, es un régimen político y en él alguien tiene la potestad y alguien la ejerce. Además, como no estamos hablando de los regímenes políticos en particular, el ejemplo no es procedente.

    Por último, afirma que he faltado a tres principios de Santo Tomás. La primera de esas faltas es no haber dado a las palabras el sentido que tienen en el “usus multitudinis”, pues, “inventar palabras, o darles un significado que nadie conoce, no responde a los principios de Santo Tomás”. Creo dudoso llamar “principio” a esto. Que Santo Tomás apele, a veces, al “usus multitudinis” de un determinado vocablo en orden a la claridad no quiere decir que lo haga siempre ni que ello constituya un principio de su sistema. Por otra parte, la palabra “autarjía” no es un invento; tiene, como vimos, su sentido y su justificación etimológica.

    La segunda falta es haber olvidado que “la ciencia no consiste en inventar teorías, sino en describir lo que se observa”. La ciencia, según Santo Tomás, es bastante más que describir lo que se observa. Pero, de todas maneras, ¿qué teoría me he inventado yo? ¿Qué la Polis es autárquica? Eso es lo que debemos debatir; y para ello me pareció oportuno aclarar qué cosa sea la autarquía. No he inventado nada. Precisamente, la atenta observación de la realidad política hodierna es la que ha suscitado el planteo de la cuestión de este bimestre. Frente a la crisis del Estado Moderno, ¿se puede sostener, hoy, que la Polis es perfecta o autárquica? Este es el punto que procuraré desarrollar en la respuesta a la primera cuestión planteada por el Moderador.

    La tercera falta es olvidar que los principios de la Política se encuentran en la Ética. De acuerdo. ¿Cuándo y dónde lo he negado?

    Concluye preguntándome si creo que “el término "autarquía" en el sentido que le da el Prof. Castaño, tiene en cuenta alguno de estos principios” y que, según su parecer, “más bien que sigue el método cartesiano: inventar hipótesis fantásticas, y tomárselas en serio”. Creo, por lo ya dicho, que Castaño no ha faltado a ninguno de los principios mencionados, ni merece ser tenido por cartesiano ni menos por un inventor de hipótesis fantásticas. Antes bien, lo tengo por un hombre serio, estudioso, de sólida formación filosófica tomista y con una obra importante en su haber, pese a su relativa juventud. Digamos, por último, que la noción de autarkeia, en el sentido de autosuficiencia y en su relación con el fin, es mucho más amplia que la sola autarkeia política. Es la autosuficiencia y perfección del fin (entelequia) de la sustancia espiritual; tiene siempre razón de fin y no de medio; requiere de medios, pero los trasciende y es la razón de la perfección de éstos, y no se puede reducir a la inmanencia de la suma de perfecciones de éstos. Es, a la vez, perfección de un todo -el hombre o la pólis- y, en esa misma medida, perfectiva de las partes de dicho todo. Por lo que la mención a la metafísica es pertinente. Pero tiene usted razón; no es este el tema ahora en debate.

    Un cordial saludo.

    Publicado por Mario Caponnetto el 17 de Octubre de 2008
  • (D. Mario, acabo de leer su mensaje, que leeré más despacio, y me permitirá perfilar mis discrepancias. Gracias por su paciencia.)

    Estimado D. Germán: agradezco su corrección, pero creo que no es oportuna. Cuando se anuncia el tema de cada bimestre procuro leer lo que dice Santo Tomás sobre él. La autarquía de la polis no me sonaba de nada, ni encontré ningún lugar donde Santo Tomás hable de ella. El Doctor Caponneto, al que considero mi amigo, y al que no tengo ninguna intención de condenar, en su último mensaje admitía que la autarquía de la polis no es un tema que se plantee Santo Tomás, sino que procede de un pensamiento que se funda en sus principios. Me pedía también mi definición de autarquía. Le di mi definición de autarquía, y le razoné por qué creo que la que el sostiene no se funda en los principios de Santo Tomás. Le pedí, a mi vez, que me dijera en qué principios de Santo Tomás se funda.

    Sé perfectamente que muchas veces molesto a los tomistas. Por ejemplo, cuando opino que el tomismo depende más de Descartes y de Hegel que de Santo Tomás. Por eso procuro exponer mis opiniones de la mejor manera posible. Pero, si queremos conocer mejor a Santo Tomás, me parece que estas situaciones son inevitables. También a mí me molestan otras opiniones. Pero me parece que el foro está para discutir y razonar. Guardando las maneras, por supuesto.

    Publicado por Rafael Quijano Álvarez el 17 de Octubre de 2008
  • Estimado D. Mario. No me negará usted, al menos, que la palabra "autarjía" es rara. Aparece en el diccionario de la RAE, pero no aparece en los diccionarios griegos, a no ser que sean muy amplios (suponemos). Perdone que no conteste a todas las cuestiones que plantea, pues el punto que considero central me ha salido demasiado largo.

    He buscado en los comentarios a la Política de Aristóteles la palabra "autar". En los libros III, lectio 7, al libro VIII, de Pedro de Alvernia no aparece. En los libros I-III, lectio 6, que comenta Santo Tomás, no aparece "autarchia", que sería la "autarjía", sino "autarkia", es decir la "autarkeia" griega (III Politic. lectio 1 nº 8). Aparece una sola vez, aunque el texto es de lo más ilustrativo. La define Santo Tomás como 'per se sufficiens', suficiente por sí mismo, autosuficiente. La expresión 'per se sufficiens', en cambio, la utiliza santo Tomás con mucha frecuencia, refiriéndose, sin duda, a la 'autarkeia' de Aristóteles. En español no se suele entender la autarquía como autosuficiencia en sentido positivo. Creo que todo el mundo entiende la segunda acepción que da la RAE "Política de un Estado que intenta bastarse con sus propios recursos”, dándole un significado negativo. Por eso la expresión "autarquía de la polis" me parece, al menos, poco afortunada. Decir que se trata de una autarquía abierta, no tiene mucho sentido. O es autarquía, o es abierta. Que sea las dos cosas es imposible.

    El interés del texto en el que aparece la palabra "autarkia" está en que concluye de modo evidente qué entiende Santo Tomás por 'per se sufficiens'. En el libro II de la Política Aristóteles hace una historia de la filosofía, según es su costumbre en todos sus libros, analizando las opiniones de los filósofos sobre la ciudad. Previamente, en el prólogo a su comentario, Santo Tomás enuncia que la ciudad es perfectísima porque está ordenada "ad per se sufficientia vitae humanae" (1), a la suficiencia de la vida humana (no al bien común). Al principio del comentario al libro II matiza el fin de la ciudad: "Unde simpliciter verum est quod optima dispositio civitatis est secundum quorumlibet opinionem, prout in civitate potest vivere homo ad votum" (2), "por lo que es verdad que la disposición óptima de la ciudad, según todas las opiniones, es cuando en la ciudad el hombre puede vivir según su voluntad". El texto de la autarquía está al principio del libro III, donde Aristóteles empieza a exponer su propia opinión sobre la ciudad. Santo Tomás da una definición de ella: "cum civitas nihil aliud sit, quam quaedam civium multitudo" (3), "porque la ciudad no es otra cosa que una multitud de ciudadanos". A partir de aquí busca una definición de ciudadano, y concluye una que es común a todos los sistemas políticos: "Et ex hoc potest esse manifestum quid sit civis: non enim ille qui participat iudicio et concione, sed ille qui potest constitui in principatu consiliativo vel iudicativo" (4). Teniendo en cuenta el contexto se puede traducir que, en todos los sistemas políticos, se considera que es ciudadano no el que se beneficia de la administración de justicia y del gobierno, sino el que puede actuar como administrador de justicia y en el gobierno. Aristóteles saca una conclusión: "Ultimo autem ex hoc concludit quod civitas nihil est aliud, quam multitudo talium, qui sic dicuntur cives sufficiens ad autarkiam, id est per se sufficientiam vitae ut potest absolute dici. Est enim civitas communitas per se sufficiens, ut in primo dictum est" (Ibidem); "Por último (Aristóteles) concluye de esto que la ciudad no es otra cosa que una multitud de éstos, que así se llaman ciudadanos suficientes para la autarquía, es decir, para la suficiencia de la vida, como se puede decir de forma absoluta. Pues la ciudad es una comunidad suficiente por sí misma, como se dijo en el libro primero". Dice aquí Aristóteles, o al menos Santo Tomás, que son ciudadanos aquellos pobladores de la ciudad que permiten la autarquía, la suficiencia para la vida humana, al ser capaces de participar en la justicia y el gobierno.

    En el libro I dijo que la ciudad es suficiente por sí misma porque tiene los barrios con los distintos gremios, lo que hoy llamamos industria, y porque tiene varios sistemas para abastecerse de alimentos. El disponer de ciudadanos capaces de intervenir en la administración de justicia y en el poder, es el tercer elemento que completa la suficiencia de la ciudad. Traducir la "autarkeia" por autarquía o autosuficiencia exige explicar que se trata de una autarquía o una autosuficiencia abiertas. Que me parece que tiene aspecto de contradicción. Al menos significa forzar el lenguaje, darle un sentido que en español no tiene. Me parece que es mejor decir que la ciudad es suficiente para el fin de la vida humana, para que los hombres vivan según su voluntad. Esto significa que la ciudad cuenta con los medios de los que dispone, la industria y hombres capaces de gobernar. Y se abastece de aquellos de los que no dispone, como los alimentos. Esta suficiencia se ordena a que los hombres vivan en libertad.

    Un cordial saludo.

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    (1) [79069] Sententia Politic., pr. 4 Cum autem ratio humana disponere habeat non solum de his quae in usum hominis veniunt, sed etiam de ipsis hominibus qui ratione reguntur, in utrisque procedit ex simplicibus ad compositum. In aliis quidem rebus quae in usum hominis veniunt, sicut cum ex lignis constituit navem et ex lignis et lapidibus domum. In ipsis autem hominibus, sicut cum multos homines ordinat in unam quamdam communitatem. Quarum quidem communitatum cum diversi sint gradus et ordines, ultima est communitas civitatis ordinata ad per se sufficientia vitae humanae. Unde inter omnes communitates humanas ipsa est perfectissima. Et quia ea quae in usum hominis veniunt ordinantur ad hominem sicut ad finem, qui est principalior his quae sunt ad finem, ideo necesse est quod hoc totum quod est civitas sit principalius omnibus totis, quae ratione humana cognosci et constitui possunt.

    (2) [79235] Sententia Politic., lib. 2 l. 1 n. 2 Notandum est autem quod ad optimam politiam pertinere dicit, ut homines vivant quam maxime ad votum, id est secundum hominum voluntatem; quia voluntas hominis principaliter est de fine humanae vitae, ad quem ordinatur tota politica conversatio. Unde secundum quod homines diversimode existimant de fine vitae humanae, secundum hoc diversimode homines existimant de conversatione civitatis. Qui enim finem humanae vitae ponunt delectationes vel potentiam aut honores, aestimant illam civitatem esse optime dispositam, in qua homines possunt vivere delitiose vel acquirere multas pecunias, aut consequi magnos honores vel etiam multis dominari. Qui vero finem praesentis vitae ponunt in bono quod est praemium virtutis, aestimant illam civitatem esse optime dispositam in qua homines maxime pacifice et secundum virtutem vivere (possunt). Unde simpliciter verum est quod optima dispositio civitatis est secundum quorumlibet opinionem, prout in civitate potest vivere homo ad votum. Item notandum est quod dicit se consideraturum de politiis communitatum, quae bene dicuntur regi, et de ordinationibus civitatum a sapientibus traditis, quae videntur bene se habere; quia ad inveniendum veritatem, non multum prodest consideratio eorum quae sunt manifeste falsa, sed eorum quae probabiliter dicuntur.

    (3) [79416] Sententia Politic., lib. 3 l. 1 n. 3 Deinde cum dicit quoniam autem civitas etc., ostendit, quod necessarium est determinare de cive, duplici ratione: quarum prima talis est. In omnibus illis quae sunt composita ex multis partibus, necesse est prius considerare partes. Civitas autem est quoddam totum constitutum ex civibus sicut ex partibus, cum civitas nihil aliud sit, quam quaedam civium multitudo. Ergo ad cognoscendum civitatem, oportet considerare quid sit civis.

    (4) [79421] Sententia Politic., lib. 3 l. 1 n. 8 Deinde cum dicit sed habet directionem etc., corrigit praedictam definitionem civis; et dicit quod praedicta definitio potest dirigi ad hoc quod sit communis, quia in aliis politiis quam democratia concionator et praetor non habet indeterminatum principatum, sed haec duo pertinent solum ad eos qui habent determinatos principatus, quia quibusdam horum, aut etiam omnibus, convenit iudicare et consiliari, vel de quibusdam, vel de omnibus. Et ex hoc potest esse manifestum quid sit civis: non enim ille qui participat iudicio et concione, sed ille qui potest constitui in principatu consiliativo vel iudicativo. Illi enim qui non possunt assumi ad talia officia, in nullo videntur participare politia, unde non videntur esse cives. Ultimo autem ex hoc concludit quod civitas nihil est aliud, quam multitudo talium, qui sic dicuntur cives sufficiens ad autarkiam, id est per se sufficientiam vitae ut potest absolute dici. Est enim civitas communitas per se sufficiens, ut in primo dictum est.

    Publicado por Rafael Quijano Álvarez el 20 de Octubre de 2008
  • Estimado amigo D Rafael:

    Según me ilustra el Dr. Castaño, en respuesta a una consulta mía, la palabra "autarjía" no aparece sino en el griego tardío (siglo II D C) y se emparenta con "autarjikós" que significa "despótico". De allí tomó el término "autarjía" para indicar el auto gobierno de la comunidad política, es decir, la "potestas regendi sepisam", a modo de un neologismo.

    Ahora bien; como sucede con todo neologismo se lo puede aceptar o no. A mí me parece válido. Pero no veo razón para rechazar la posición contraria, en este caso la suya, siempre que estemos refiriéndonos a la misma realidad.

    En cuanto al resto de su mesnaje, coincido en general con todo y no veo mayor materia de disenso.

    Le pido disculpas por haber demorado mi respuesta pero en estos días me han sobrepasado algunos problemas.

    Un cordial saludo.

    Publicado por Mario Caponnetto el 27 de Octubre de 2008

Nova responsio

La disputatio de este número está cerrada.
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