Cuestión acerca de la autarquía de la polis
Primer problema a resolver:
¿Puede afirmarse todavía hoy que la polis es sociedad perfecta?
Estimados Amigos:
A partir del comentario de los textos y de las sugerencias de cuestiones que se formularon durante el mes de septiembre, durante el mes de DISPUTATIO propondré paulatinamente una serie de problemas.
Tratando de imitar la modalidad de nuestro maestro común,el título de la cuestión es "Acerca de la autarquia de la polis".
Cada problema puede considerarse un artículo. Por cierto que podrían plantearse más problemas (incluso previos al primero que propongo). Procuré tener en cuenta, con todo, la mayor parte de los debates planteados Uds. Si quedara algún "artículo" sin mencionar de mi parte, los invito a establecer una relación con lo propuesto.
Dejo librado al ingenio de los participantes -los principales protagonistas en nuestro foro- proponer objeciones y respuestas a las mismas.
En el desarrollo de los debates los animo nuevamente a tener en cuenta lo que afirma San Ignacio de Loyola en EE EE [22]: “[...] se ha de presuponer que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende, y, si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve”.
Bajo el amparo de Nuestra Señora del Santísimo Rosario en su mes y en el día solemne de Santa Teresita del Niño Jesús, Patrona de Balmesiana, envío un saludo cordial a todos.
Germán Masserdotti
Estimados Amigos:
Mis saludos y oraciones por todos Uds. en la Fiesta de Nuestra Señora del Pilar y en el Día de la Hispanidad. Dios me ha concedido la gracia de nacer en una patria cuya tradición histórica se nutre de la Hispanidad, y por la tanto, de Catolicismo. Ruego por la salud de mi patria y y también por la de los participantes de nuestro foro.
Luego de unos días de descanso e intercambio académico en la ciudad costera de Mar del Plata, vuelvo a tomar contacto con los participantes del foro y sus interevenciones.
Agradezco su participación -que volveré a leer con más atención en vistas a la DETERMINATIO-. El tiempo -no es mi intención introducción una cuestión ajena a este bimestre- corre velozmente y mientras Uds. aguzan su ingenio frente a las cuestiones planteadas, mi tarea es la de espigar elementos para ofrecer una adecuada síntesis de todo lo dicho.
Sin ánimo de forzar la naturalidad de la disputatio, les pido que procuren resolver la primera de las cuestiones propuestas -¿Puede afirmarse todavía hoy que la polis es sociedad perfecta? - en vistas a seguir participando en los siguientes problemas propuestos.
Un saludo cordial para todos, Germán Masserdotti
Considerando la explicación que durante la lectio me ofreció Rafael a través del ejemplo de vivir en un pueblo o una ciudad, debo confesar que a mi me pasó al revés que a él. Yo nací en una ciudad grande (Buenos Aires), y a los 20 años me fui huyendo a estudiar y vivir en un pueblo en la montaña (Bariloche). Y nunca más pude vivir en una ciudad. Con la tecnología de comunicaciones actual para mi la sociedad perfecta es un pueblo chico. En abstracto diría que me parece mejor la vida pueblerina (con el contacto cosmopolita que ofrece la tecnología) que la vida citadina (en la cual a veces uno se siente aislado). Pero estoy casi seguro que no entendí la pregunta de Alfredo.
Estimado D. Alejandro, su responsio me da ocasión de responder aquí a la primera cuestión que plantea el Moderador, aunque ya la contesté en mi primera responsio a la cuestión segunda, el 4 de Octubre. Me parece que usted no hizo lo mismo que yo y le salió al revés, sino que hizo lo contrario que yo, y le salió al derecho. Pero vamos por partes.
Aristóteles no hizo ningún sistema filosófico ni dio un carácter absoluto a las cosas. Las observó, analizó su naturaleza, y la describió. Uno de los principios fundamentales del Filósofo es que cada cosa tiene una forma de actuar, y por ella conocemos su naturaleza. Pero esta actuación no es uniforme en todos los individuos. Llamamos "naturaleza" de una cosa a la que conocemos por las operaciones que se dan 'ut in pluribus', en la mayoría de los individuos. No sé si usted interpreta el principio de indeterminación de Heisenberg en sentido determinista (como hacen muchos físicos) o en su sentido real. Einstein, que era determinista, negó el principio de indeterminación diciendo que "Dios no juega a los dados". Heisenberg, por lo tanto, decía todo lo contrario, que Dios juega a los dados. Es decir, que las leyes de la naturaleza son estadísticas, porque se dan 'ut in pluribus' (él no lo dice así).
El no haber creado un sistema filosófico, ni haber atribuido un carácter absoluto a las cosas, es lo que hace que la mayoría de los análisis de la naturaleza que hizo Aristóteles tengan una vigencia perenne. Pues, contra lo que creía Hegel las naturalezas no cambian, y mucho menos con la historia, que viene a ser un dios Cronos actualizado. Puede ser que este sea el motivo de que no entienda usted la pregunta del moderador. Los filósofos y teólogos han asumido la teoría de Hegel, y se preguntan si una teoría de hace 2.500 años ha podido sobrevivir al imparable progreso de la historia.
Su experiencia y la mía sobre los pueblos creo que me da un ejemplo perfecto sobre la permanencia de Aristóteles, y de su concepto de la ciudad como sociedad perfecta. Según el Filósofo, el hombre siente un "ímpetu natural", un impulso instintivo a vivir en ciudades. Esto, si alguien lo podía negar en tiempos de Aristóteles, hoy es innegable. Esto responde a una "intención" de la naturaleza: en las ciudades los hombres encuentran los medios para practicar la virtud, es decir, para desarrollar su persona. En otras sociedades más complejas, o en otras más simples que la ciudad, esto no sucede. En este sentido (no en absoluto), la ciudad es una sociedad perfecta. Tenga en cuenta que la Política es la suprema de las ciencias morales. Aristóteles señala que ni todos los hombres quieren ir a las ciudades, ni todos los que van a la ciudad adquieren la virtud. Se trata de la naturaleza de las cosas, lo que se da la mayoría de las veces, que responde a un 'impetus naturae'. Tampoco es la ciudad la que perfecciona al hombre, sino el hombre el que puede alcanzar su perfección en la ciudad. Pues así como el vivir en ciudades es instintivo, perfeccionar la persona es una actividad libre.
Usted dice que a los veinte años se fue a estudiar a Bariloche, un pueblo pequeño. De que se fue a estudiar a los veinte años deduzco que no será tan pequeño. Yo, en cambio, me fui a un pueblo de 1.000 habitantes, donde a partir de los 14 años (enseñanza obligatoria en aquella época) no se podía estudiar. Es más, si te veían estudiando pensaban que estabas loco. En ese pueblo aprendí un refrán sabio. La gente decía que "pueblo pequeño, infierno grande". Las personas para vivir necesitan un determinado espacio vital, que no tienen en los pueblos, porque el contacto humano (decisivo en el desarrollo de la persona para Aristóteles) es agobiante. En las grandes ciudades, en cambio, el espacio vital es excesivo, el contacto humano se diluye, y aparece la soledad. Por eso se produce una reacción contraria al instinto de vivir en ciudades, volver al pueblo. En su caso usted huyó de la megalópolis, y se refugió en la polis. Es lo que suele ocurrir, los que huyen de ciudades grandes se van a urbanizaciones, en las que se mantienen las ventajas de la ciudad. En Bariloche tiene las ventajas de la ciudad, pero menos desventajas que en la gran ciudad. Vive en una dimensión humana. Eso le permite ser aristotélicamente feliz. La cosa le salió al derecho. En mi caso, aparecí en una aldea. Allí fui feliz porque soy cristiano. Pero serlo aristotélicamente era imposible.
Un cordial saludo.
Estimado D. Alejandro. Estoy viendo lo que dice Aristóteles sobre el tamaño de la polis. Es evidente que está desbordado por la sociedad actual, pero creo que le puede interesar, y a todos los foristas, porque al tratarse del análisis de una ley de la naturaleza, da, al menos, materia de reflexión.
El texto es de Pedro de Alvernia, uno de los pocos buenos continuadores de los comentarios que Santo Tomás dejó inacabados. Dice así: "Aquella (ciudad) que se compone de pocos ciudadanos no es suficiente por sí misma, como tampoco lo es la aldea. Pues la ciudad es una sociedad suficiente por sí misma, como se dijo anteriormente. Luego aquella que tiene muy pocos ciudadanos, no tiene razón de ciudad. Y la que tiene una población excesiva, por sí misma es suficiente para la vida, pero igual que lo es una región, no como lo es una ciudad. Porque la ciudad es necesario que tenga un orden civil. Pero que una multitud tenga un orden civil, o es muy difícil, o imposible; y por eso la que tiene una población excesiva, tampoco tiene propiamente razón de ciudad. Por lo tanto la que tiene una población menor que una determinada, y la que la excede, no son propiamente ciudades." (1)
Un cordial saludo.
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(1) [90017] Petrus de Alvernia, In Politic. continuatio, lib. 7 l. 3 n. 11 ... Illa enim quae componitur ex paucis civibus non est per se sufficiens, sicut nec vicus. Civitas autem est communitas per se sufficiens, sicut dictum est prius; ergo illa quae est ex paucis civibus valde, rationem civitatis non habet. Illa autem quae est ex multitudine superabundanti, per se sufficiens est sibi in necessariis ad vitam, sicut regio aliqua, sed non sicut civitas. Civitatem enim oportet habere ordinem quemdam civilem. Multitudinem autem superabundantem habere ordinem civilem aut difficile est valde aut impossibile; et ideo illa quae ex multitudine superabundanti est, proprie rationem civitatis non habet. Sic ergo illa quae deficit a multitudine determinata, et illa quae excedit, proprie civitates non sunt. Nullus enim dux exercitus potest principari multitudini excellenti ad maius, sed determinatae, nec aliquis est praeco qui non habet aliquam magnitudinem vocis, sicut fuit quidam nomine Stentor.
La cuestión es si puede afirmarse todavía hoy que la polis es sociedad perfecta
Si nos atenemos al pensamiento clásico la Polis es la comunidad compleja perfecta. Es compleja porque ella es, realmente, una comunidad de comunidades, es decir, está constituida por un plexo de comunidades -familia, municipios, regiones, gremios, empresas, universidades, etc.- llamadas “sociedades intermedias” o “sociedades infrapolíticas” ligadas entre sí por la amistad política, el vínculo de la subsidiaridad y su ordenación al bien común. Su perfección reside en su fin, esto es, el bien común temporal ordenado, a su vez, al bien común sobrenatural, último fin del hombre. Toda comunidad existe en función de un bien. Aquella a la que compete el máximo bien (temporal), es decir, la Polis, será, por tanto, la sociedad o comunidad perfecta.
Esta perfección de la Polis podemos definirla, siguiendo a Aristóteles, en términos de autarkeia política, término este que aparece tanto en la Ética cuanto en la Política.
En la Ética, los pasajes en los que aparece autarkeia se hallan contenidos en Libro I (c. 7) y en el Libro X (c 7 y 8) y siempre con el sentido de bien perfecto, lo más deseable de todo, aquello a lo que nada necesita añadírsele, último fin, felicidad, que se identifica con la operación más perfecta que es la contemplativa. Santo Tomás, en su comentario, menciona sólo una vez la palabra autarquía. Es en In Ethicorum, X, lectio 10, n. 14: “Ostensum est enim in primo [libro], quod per se sufficientia, quae Graece dicitur autarchia, requiritur ad felicitatem. Huiusmodi autem per se sufficientia maxime invenitur circa speculativam operationem, ad quam homo non indiget nisi his quae sunt necessaria omnibus ad communem vitam: indiget enim necessariis vitae tam sapiens, scilicet speculativus, quam etiam iustus, et reliqui habentes virtutes morales, quae perficiunt vitam activam”.
En la Política, la palabra autarquía la aplica el Filósofo a cosas diversas: por ejemplo, la autosuficiencia de la población conforme con el tamaño de la misma, o la extensión del territorio, o la suficiencia económica, etc. (L VII 1326 b). Sin embargo, el sentido más propio parece desprenderse de lo que se afirma en el Libro I donde la autarquía viene definida, como en la Ética, en términos de autosuficiencia en orden a la vida plenamente feliz, esto es, la vida virtuosa que no es sino lo que podríamos llamar la eudaimonía política (cf. Política I, 1252 b, 29 y ss).
Es interesante subrayar que para el Filósofo la felicidad de cada hombre es la misma que la de la Polis: “Nos falta por decir si hay que afirmar que la felicidad de cada uno de los hombres es la misma que la de la ciudad o no es la misma. También esto es evidente, todos estarán de acuerdo en que es la misma. En efecto, cuantos basan en la riqueza la vida feliz de un ciudadano, esos también consideran feliz a la ciudad entera si es rica. Y los que aprecian sobre todo, la vida de tipo tiránico, estos dirán que la ciudad más feliz es la que manda sobre mayor número; y si alguien admite que el individuo es feliz por su virtud, también dirá que la ciudad más virtuosa es la más feliz” (L VII, 1324 a 15 y ss).
Creo lícito deducir, en el contexto del pensamiento aristotélico, que la ciudad verdaderamente feliz es aquella en las que sus ciudadanos eligen el mejor género de vida, que es la vida virtuosa. Ni las riquezas ni el poder tienen, propiamente, razón de fines últimos del hombre y, por consecuencia, de la ciudad.
Pero la cuestión planteada pregunta si todavía hoy es posible afirmar que la Polis es sociedad perfecta. En tanto esta doctrina clásica tiene, por sí misma, valor y vigencia, no hay dudas de que hoy es posible sostener aquella afirmación. Como lo fue en el pasado y lo seguirá siendo en el futuro. Pero si el sentido de la pregunta -según parece- apunta a si el Estado Moderno es sociedad perfecta, la respuesta ha de ser, según creo, otra.
De hecho, este Estado ha sido levantado sobre una doctrina política diametralmente distinta. Es un Estado que ha perdido, de manera progresiva, toda substancia ética; y en la medida en que ha perdido tal substancia ética ha ido declinado su substancia política. El Estado Moderno acusa una progresiva despolitización; por eso ha perdido su autarkeia, entendida como autosuficiencia en orden a la vida virtuosa.
Por otro lado, al mismo tiempo que se dio este fenómeno en la historia de Occidente, apareció la concepción moderna de la nación (identificada con el pueblo y el Estado) que se convirtió en la unidad de síntesis de todo poder y de toda vida política absorbiendo, así, en mayor o menor medida, la existencia de los cuerpos intermedios o infrapolíticos. Recuérdese que una de las primeras medidas de la Revolución Francesa fue la abolición de los gremios medievales.
Ahora bien, aunque, en principio, nada impedía que el Estado Moderno, en su modalidad de Estado Nación sobre todo, conservara la autarkeia en orden al poder o a la riqueza, no ocurrió así. De hecho, el poder, que se hizo absoluto y totalitario, sufrió un desplazamiento desde los Estados Nación a grupos supraestatales cada vez más amplios y poderosos consolidando, de este modo, el predominio de los grandes centros económicos, el poder ascendente de los banqueros, la progresiva mediatización de los estados nacionales a estructuras mundiales de naturaleza ideológica, financiera, tecnológica, etc. Tal es, al día de hoy, la situación de los estados.
En consecuencia, los estados modernos se alejan de lo que la Tradición filosófica entendió siempre por comunidad perfecta.
Un cordial saludo.