De la analogía

Época II Año 7 Número 4 Julio - Agosto 2009

Quaestio

La segunda cuestión a plantear en la disputatio de este mes de agosto, a partir de los comentarios realizados en la lectio, es si es posible conocer de Dios qué es, y no sólo si existe.

Responsiones

  • En esta segunda cuastión,se me ocurre,siempre atendiendo por supuesto a lo que los demás puedan aportar,enriqueciendo lo que digo,para abrir una consideración de esta "segunda cuestión,es que debemos partir de la inmensa expresividad q

    Publicado por Jorge Andregnette el 2 de Agosto de 2009
  • Perdón,un mal movimiento en el equipo me ha dejado trunca la consideración.Prosigo,entonces:debemos partir de la inmensa expresividad que nos trae el libro del Exodo(III,14):"El que es","yo soy el que soy"nombre que se da a si mismo,en expresión de esencia metafísica.De allí tenemos entonces la fuente del conjunto de las propiedades que forman su "esencia"física. Si El es el ser que existe por si mismo,deduciríamos de allí sus atributos. Se ha señalado con razón que,por lo tanto,de esa consideración extraemos que hay error en los llamados ontologistas,que sostienen un conocimiento intuitivo de Dios,o el error de los agnósticos,al expresar que Dios es incognoscible en su naturaleza. Espero,como siempre,aportes sobre la utilidad o no de esto que someto a consideración como entrada a esta segunda cuestión. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 2 de Agosto de 2009
  • Como bien remarcó Jorge, las respuestas extremas a esta pregunta llevan al agnosticismo y al ontologismo. Yo agregaría que el tratamiento de esta pregunta es esencial para un sano realismo. En efecto, la cuestión sobre el conocimiento de la esencia de Dios desvelaba a Santo Tomás, al menos según Pedro Calo, el cual comenta que en su juventud Tomás perturbaba a sus maestros con la pregunta "Quid est Deus?" (¿Qué es Dios?).

    La cita de Santo Tomás que encontré al respecto es: “De Deo scire possumus an sit. Non autem possumus scire quid sit” (Suma Teológica, I, q. 3, a. 4.). Es decir, podemos saber que Dios existe, pero no podemos saber qué es.

    Me gustaría citar también el siguiente párrafo de Cornelio Fabro (Dios, introducción al problema teológico, Rialp, 1961, p. 118):

    “La actitud de reserva que adopta el agnosticismo tocante al contenido y los límites del conocimiento humano, tanto por lo que se refiere a las cosas naturales y finitas, como en relación con la naturaleza divina, no sólo puede ser admitida y es parte integrante, sino que además pertenece a la esencia misma del realismo tomista y de la teología católica. Con la salvedad de que, a diferencia de los sistemas agnósticos, que consideran el momento negativo del conocer como exclusivo o al menos como predominante, en el pensamiento de Santo Tomás ese momento asume una función dialéctica, contraponiéndose y coexistiendo con el momento positivo que está llamado a contrarrestar, y por el cual a su vez queda compensado.”

    Estudiando este tema, encontré estas otras citas de San Pablo que aportan otros adjetivos refieriéndose a la imposibilidad de conocer a Dios:

    -arretos (inefable). 2 Cor 12, 4 “fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar”. -anekdiegetos (indescriptible). 2 Cor 9, 15 “¡Gracias sean dadas a Dios por su don indescriptible!” -anexereunetos (inescrutable). Rom 11, 33 “¡Oh abismo de riqueza, de sabiduría y de ciencia el de Dios! ¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!” -anexichniastos (insondables). Rom 11, 33. Ef 3, 8 “la insondable riqueza de Cristo”. -aprositos (inaccesible). 1 Tim 6, 16 “que habita una luz inaccesible, a quien no ha visto ningún ser humano ni le puede ver”.

    Me resultaron también muy interesantes algunos argumentos de la teología apofática. Por ejemplo, Albinus dice que llegamos a Dios, de modo análogo a como se concibe un punto por abstracción de lo sensible: primero se concibe la superficie, después la línea, y por último el punto como lo que es indivisible y carente de dimensiones (definición negativa del punto). De modo análogo, dice Albinus, se llega a Dios a través de remociones sucesivas de predicados.

    Publicado por Alejandro Clausse el 2 de Agosto de 2009
  • Estimados amigos:Importantísimas las citas paulinas que nos trae Alejandro.Hacen meditar.Aunque,me pregunto:¿de allí podríamos concluir,como dice Alejandro,que se refieren a "la imposibilidad de conocer a Dios?".Tomemos una,la de Romanos (11,33):"Abismo de riqueza,de sabiduría y de ciencia el de Dios".Mas bien,me atrevería a decir,-siempre para que todos lo consideremos,-pienso que deberíamos interpretar esto con lo que dice anteriormente,(11,32)de que nos encerró en la desobediencia,para tener de todos misericordia".O sea,me explico,esa exclamación de Pablo se referiría mas bien a los designios inexpresables,o inescrutables por nosotros,de encerrarnos en una desobediencia para que por ella podamos,finalmente,mover su misericordia.Claro que esto,por lealtad intelectual,no refutaría totalmente la interesante reflexión que nos hace Alejandro,al decir que por ese argumento,no podemos conocerlo.Complejo,¿verdad? Comprendamos también que esa expresión:"imposibilidad de conocerlo",podría tener,si no me equivoco,ciertas connotaciones agnósticas,o sea que Dios es incognoscible,y naturalmente que tal expresión no puede ser de recibo entre nosotros.Sus caracterísitcas de Unidad,Inmensidad y Ubicuidad,así como su Eternidad e Inmutabilidad no podríamos expresarla con nuestros medios finitos de expresión,pero aun así,podemos conocerlo. Como siempre,espero aportes,siempre interesantes para rectificar o complementar esto que expreso. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 3 de Agosto de 2009
  • Jorge Andregnette ha planteado muy acertadamente la importancia del problema al que se refiere esta Quaestio al decir. “Comprendamos también que esa expresión:"imposibilidad de conocerlo", podría tener, si no me equivoco, ciertas connotaciones agnósticas, o sea que Dios es incognoscible, y naturalmente que tal expresión no puede ser de recibo entre nosotros”, dado que nos movemos en el marco teórico del pensamiento tomista, independientemente de que nos definamos como hombres de fe. Por ello, el replantearse estas cuestiones reviste una obligación, incluso de carácter moral, si aceptamos las palabras de Anselmo de Canterbury, de las que el mismo Tomás de Aquino reconoce su importancia: “Me parece una negligencia, si una vez lo hemos probado en la fe, no nos esforzamos por comprender aquello en que creemos” (Cur Deus Homo, 1,2).

    Ahora bien, aquello que nos es dado primeramente por la fe y, posteriormente, por vía de la analogía: la certeza de la existencia de Dios, presenta una nueva dificultad que la razón humana debe sortear y que está enunciada en la formulación de esta Questio: “si es posible conocer de Dios qué es, y no sólo si existe”. La aportación de Alejandro Clausse pone de relieve cómo este problema no puede ser obviado. Aunque las citas paulinas por él referidas, como lo ha dicho Jorge, no prueban por sí mismas la imposibilidad del conocimiento de lo qué es Dios, tampoco pueden ser dejadas de lado, pues siguen cuestionando la mente humana.

    El mismo Tomás era consciente de ello, por eso concluye que el conocimiento que podemos tener de Dios en esta vida “no puede ser perfecto y adecuado” (S.Th. I, q. 12, a. 4 et II) por dos razones. La primera se refiere a la naturaleza misma del intelecto, el cual tiene "esse" en la materia corporal; por ello, en el ser humano sólo se puede conseguir un conocimiento perfecto y adecuado de aquéllas cosas que tengan forma en la materia. La segunda razón se apunta al origen del conocimiento, el cual “se somete al principio del sentido” (S.Th. I. q.12, a 12) con los cuales, “nuestro intelecto no puede pretender que conciba algo de la naturaleza divina (id.).

    Con ello se entendería la aportación de Alejandro, la cual recuerda esta imperfección del conocimiento de la esencia divina que tenemos que reconocer. Pero de ello no se deriva que estemos condenados a tener sólo un conocimiento negativo de Dios, como lo pretendían los seguidores del Pseudo Dionisio, pues “la negación por parte del intelecto siempre se funda en alguna afirmación, lo que es patente, pues toda negación se prueba por medio de una afirmación”. (Pot. 7,5). Por lo tanto, cabe la posibilidad de que el conocimiento de la esencia de Dios sea accesible a la mente humana.

    ¿Cómo sea esto posible? Tomás de Aquino propone que se haga por las creaturas, pero teniendo en cuenta que “partiendo de los efectos divinos no podemos conocer la naturaleza divina según lo que es en sí… sino por modo de eminencia, de causalidad y de negación” (S.Th., I, q. 13, a. 8, ad 2), basando su argumentación en el principio de causalidad, cuya validez reconoce. Todo ello quiere decir que se debe partir de las cualidades que se encuentran en las creaturas, de las cuales deben removerse todo modo finito de ser (vía negativa); la perfección de lo finito debe ser predicado de Dios como su causa (vía afirmativa o de la causalidad) y finalmente, esta perfección debe ser predicada de Dios de manera infinita. (vía de la eminencia).

    Así, concluyendo, me parece que las oportunas aportaciones de Jorge y Alejandro apuntan a esta doble característica del conocimiento de la esencia divina. Deberemos aceptar la limitación del sujeto cognoscente y la inconmensurabilidad del objeto que se pretende aprehender. Ello explicaría los términos trascendentes que utiliza Pablo de Tarso y al mismo tiempo el esfuerzo realizado por Tomás de Aquino para explicitar la naturaleza de Dios.

    Publicado por Jorge Luis Ortiz Rivera el 13 de Agosto de 2009
  • Estimados amigos:

    La cita clave de San Pablo en este tema es Romanos, capítulo 1, v. 20 y alrededores. Los gentiles son inexcusables porque conociendo a Dios no lo adoraron. Sin tener la Revelación y la fe, lo conocieron a partir de sus obras, mediante la inteligencia. Pero no lo adoraron ni le dieron gracias, y así cayeron en la idolatría. Desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y divinidad, se deja ver a la inteligencia por medio de las obras creadas.

    La distinción clave de Santo Tomás en el tema del conocimiento de Dios es la distinción entre las perfecciones divinas y el modo propiamente divino de esas perfecciones. Podemos conocer en esta vida lo primero, no lo segundo. Por eso, en esta vida "no sabemos qué cosa es Dios". No porque no podamos saber demostrativamente y con certeza que tales y tales perfecciones (ser, unidad, verdad, bondad, vida, inteligencia, etc.) se dan verdaderamente en Dios mismo, sino porque no podemos saber el modo divino de esas perfecciones, que sólo eso sería tener un conocimiento de la Esencia divina como tal.

    Saludos cordiales

    Publicado por Néstor Martínez el 13 de Agosto de 2009
  • Por eso nuestro conocimiento de Dios es analógico: lo que predicamos de Dios en parte se da verdaderamente en Dios mismo (la perfección) en parte no (el modo finito en que necesariamente tenemos que pensar todas esas perfecciones, ya que las conocemos a partir de las creaturas).

    Saludos cordiales

    Publicado por Néstor Martínez el 13 de Agosto de 2009
  • Sin duda debemos negar todo límite de cualquier cosa que predicamos de Dios, y afirmarla en su grado eminente de máxima perfección posible, pero con eso no llegamos tampoco a contemplar positivamente la perfección divina en cuanto divina.

    Saludos de nuevo.

    Publicado por Néstor Martínez el 13 de Agosto de 2009
  • Este tema de la hasta dónde podemos conocer qué es Dios siempre me pareció fascinante, y además central en el diálogo con los agnósticos. En cierta manera, es el eje de la diferencia entre la religión y la superstición. Es típico, por ejemplo, encontrar textos contra la religión que, si se vieran como un ataque a la superstición, no estarían mal planteados. Los autores de esos textos fallan principalmente en que aceptan una imagen distorsionada de Dios como la esencia de Dios. Por eso, desde un punto de vista práctico, las dos posiciones extremas de esta cuestión son el agnosticismo y la superstición.

    Ofrezco una observación interesante que una vez me hicieron en un coloquio: este problema es similar a las filosofías que pretenden definir al verbo “ser” en términos de otros verbos (el verbo “conocer”, típicamente). La manera correcta de proceder, por el contrario, es reducir todos los términos unívocos al término primario “ser”, que no es unívoco sino analógico.

    Es muy acertada la observación respecto del Pseudo-Dionisio que hace Jorge Luis. Santo Tomás se separa del PS en cuanto éste se acerca al neoplatonismo panteísta. Francisco García Bazán me hizo ver una vez que la diferencia entre el concepto de Dios del cristianismo y el neoplatonismo (y el islamismo, en este aspecto) es que para éste Dios es uno y único, mientras que para aquel Dios es uno y distinto. Ciertamente, es notable la dedicación y cuidado que toma Aquino en separarse del panteísmo, mostrando una y otra vez que la creación no es un resultado necesario, sino el producto de libre albedrío de Dios, y esto implica que Dios es esencialmente distinto del mundo. La distinción entre Dios y el mundo es el quid de la cuestión agnóstica, ya que el agnosticismo propone imponer la norma de no buscar explicaciones de los fenómenos sino en otros fenómenos, es decir en el mundo y no en instancias ajenas o superiores a éste. El científico que admitiese la acción de causas trascendentes o sobrenaturales no operaría como científico, porque con ese proceder destruiría la red de relaciones intramundanas que la ciencia se esforzaría en descubrir para explicar la realidad. Es decir, el mundo debería explicarse por sí mismo. Y en esta conclusión, notablemente, el agnosticismo coincide con la superstición.

    Queda la cuestión práctica de cúal de los extremos es peor (si el agnosticismo o la superstición). Esta cuestión fue (mal)tratada por Pierre Bayle en “Pensamientos diversos sobre el cometa”, donde aprovecha un brote de superstición en Europa a raíz de la aparición de un cometa para saltar a la conclusión de que antes que la superstición es preferible el ateísmo (en ese entonces no existía el término agnosticismo que recién fue acuñado por Huxley dos siglos después). En realidad, según dice Fabro, en la historia de la teología pueden distinguirse las oscilaciones hacia los dos extremos: pesimista y optimista. De todos modos, mi impresión es que hacia adónde se debe inclinar la balanza (sin tocar el extremo) depende de las circunstancias. En estos tiempos que vivimos, creo que es sano mantener una cierta actitud de reserva respecto a los límites del conocimiento, coincidiendo en esto con el agnosticismo, pero difiriendo con éste en el aspecto total que éste pretende adoptar. Debe haber un equilibrio en el conocimiento humano entre estar ordenado a la verdad y a la vez ser inadecuado para expresar lo absoluto, ya que es contingente y relativo.

    Publicado por Alejandro Clausse el 15 de Agosto de 2009
  • Ahora,con gran satisfacción,y con diversos aportes,todos adecuados, vemos una aproximación a nuestra meta:el poder estar ciertos de que podemos conocer,no solamente la existencia de Dios,sino Su Naturaleza.Y es en tal sentido,que considero clave lo que expresa Jorge Luis Ortiz en el penúltimo párrafo de su anterior intervención:"la perfección de lo finito debe ser predicado de Dios como su causa...y esta perfección debe ser predicada de Dios de manera infinita."Estas citas vienen a tener,a mi criterio, directa conexión con las citas paulinas de que nos hemos ocupado.El,como suprema Causa imprime en su obra una semejanza suya.Y por tanto,todas las perfecciones que encontramos en las criaturas son de Dios;las imperfecciones de estas nos van a mostrar lo que no es Dios,y por último,deberemos elevar,al infinito,todas las perfecciones simples,que en esas criaturas,encontramos,en cuanto tales, solamente de manera finita.Aquellos a quienes el Apóstol dirige su reproche no pudieron realizar eso,que es clave para llegar al conocimiento de Dios.Como decíamos,henchidos de vana ciencia,se quedaron allí,sin mas consecuencias. Eminencia,causalidad y negación son los carriles ciertos para el tránsito de nuestro razonamiento humano,según nos enseña entonces,el Aquinate. Saludos.Continuemos este fecundo intercambio.

    Publicado por Jorge Andregnette el 17 de Agosto de 2009
  • En un sentido, el científico tiene razón en querer explicar los fenómenos por otros fenómenos, porque ése es el enfoque propio de las ciencias particulares. El error no lo comete el científico, sino el filósofo (a veces son la misma persona) que concluye que no hay otra explicación posible de los fenómenos, aunque no pertenezca a las ciencias particulares.

    Clásicamente se enseña que los errores extremos en este punto son el agnosticismo y el antropomorfismo. El primero niega toda semejanza de las creaturas con el Creador, el segundo la entiende en forma unívoca. Si por "superstición" entendemos solamente una imagen distorsionada de Dios, entonces el agnosticismo es supersticioso, pues ese Dios absolutamente incognoscible no es el Dios verdadero, sino un ídolo de la inteligencia humana.

    Por eso no me parece que el asunto sea elegir cuál es el error más adecuado para nuestro tiempo, sino buscar y difundir únicamente la verdad. Si planteamos el tema de la balanza, yo diría más bien que justamente, lo que hay que hacer es contrapesar la tendencia viciosa dominante en una época, la cual hoy día sin duda que es el agnosticismo.

    Saludos cordiales

    Publicado por Néstor Martínez el 17 de Agosto de 2009
  • No quise decir que debamos elegir el "error" más adecuado. Me disculpo si eso dí a entender. Me referí al enfoque desde el punto de vista práctico, didáctico, subjetivo. Lo qQuiero decir, cuál es la mejor forma de plantear este problema en el diálogo (el apostolado por ejemplo). Desde esta perspectiva, lo que se quiere transmitir es objetivo, pero el enfoque, la manera de transmitirlo, es siempre subjetivo. Pongo un ejemplo, esperando transmitir esta idea. Si digo "la energía nuclear es la más segura aunque hay gente que todavía no está convencida", digo lo mismo en forma objetiva (pero no produzco el mismo efecto) que si digo: a pesar de que hay gente que todavá no está convencida, la energía nuclear es la más segura".

    En este sentido es que ofrecí mi opinión (este me parece que es un tema totalmente opinable) de que en esta época de agnosticismo imperante es útil un enfoque "de reserva". Porque produce en la psicología del agnóstico una apertura. Al menos en mi experiencia he notado este fenómeno. El otro encuentra un punto de coincidencia cuando uno le dice por ejemplo: "pero yo tampoco creo que haya un dios que está esperando agazapado que uno se porte mal para condenarnos". Algo así era lo que quise decir. Espero haber podido explicarme mejor.

    Publicado por Alejandro Clausse el 17 de Agosto de 2009
  • No logro captar muy bien a que se refiere Alejandro Clausse al decir que "es útil un enfoque de "reserva".El parece partir de la base de que tal enfoque,si lo asumimos por nuestra parte,produce en el agnóstico "una apertura".Tal vez sea algo optimista el enfoque de Alejandro,ya que según como sea el "cerramiento"que tiene ese agnóstico,"se abrirá" o no.Me refiero a que algunos se abroquelan en su agnosticismo y no quieren saber de nada,como a veces he comprobado.No solamente eso,sino que,a veces, si no nos abrimos mucho nosotros,tal vez comiencen ellos a reflexionar sobre lo exacto de su postura.Por otra parte, me pregunto si es de recibo eso de comenzar diciendo"yo tampoco creo que haya un dios..."porque eso dependerá del punto en que se encuentra la polémica con el interlocutor agnóstico.Se que a veces podemos emplear ese argumento de que no creemos en tal o cual cosa de nuestra posición,para que el otro ceda también en algo y comience a entrar en razones,y a buscar coincidencias,pero,siempre hay un pero,en esto tendríamos que estar en guardia para no dejar por el camino cosas importantes,en aras de ese afán de apostolado.Creo que la especialización de Alejandro además,le hace traer ejemplos de polémicas en el plano puramente científico(ej.de la seguridad de la energía nuclear)a los casos en que se polemiza con agnósticos o ateos en los cuales el plano de la discusión gira sobre puntos muy distintos,nada menos que la existencia de Dios o la posibilidad de conocer sus atributos. Lo digo en el plano de franca camaradería y agradeciendo especialmente a Alejandro Clausse por su aporte,el que nos ha llevado a esta reflexión en voz alta. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 17 de Agosto de 2009
  • Efectivamente, coincido con Jorge q

    Publicado por Alejandro Clausse el 18 de Agosto de 2009
  • que depende del grado de cerrazón del agnóstico. Por eso dije que es algo en el plano didáctico y subjetivo. En fin, espero que los ejemplos que se me ocurrieron no confundan.

    Publicado por Alejandro Clausse el 18 de Agosto de 2009
  • Decía Alejandro Clausse: “En estos tiempos que vivimos, creo que es sano mantener una cierta actitud de reserva respecto a los límites del conocimiento coincidiendo en esto con el agnosticismo, pero difiriendo con éste en el aspecto total que éste pretende adoptar. Debe haber un equilibrio en el conocimiento humano entre estar ordenado a la verdad y a la vez ser inadecuado para expresar lo absoluto, ya que es contingente y relativo”. A partir de ello se ha desatado una fructífera discusión que nos ha conducido a la reflexión sobre este tema tan importante. Por las aportaciones posteriores de Néstor Martínez y de Jorge Andregnette, podemos deducir la importancia que esta frase tiene en la reflexión sobre la “Questio” presente.

    A ojos de personas ajenas a la discusión central de todas nuestras aportaciones, pudiera parecer que nos hemos desviado del camino marcado por el moderador. Pero creo, que todos los que hemos participado estamos seguros que se trata de acceder hasta las últimas consecuencias del problema que subyace en la base de la pregunta inicial: “Se puede conocer de Dios su existencia y su naturaleza”. Y es que bajo ese cuestionamiento subyace la pregunta por la capacidad humana de conocer y los límites de ésta.

    Efectivamente, coincido con Jorge, en que los ejemplos expresados por Alejandro surgen desde la especialidad de la que él es experto y, por eso, nos pudieran hacer creer que no son adecuados a la discusión presente. Pero estoy seguro que ese tipo de ejemplos, lejos de diluir las discusiones en temas variados, presentan la posibilidad de establecer un diálogo interdisciplinario de consecuencias positivas. En verdad, el preguntarnos por los límites de nuestro conocimiento es una pregunta obligada, no sólo para el campo de la ciencia experimental, sino también para la Filosofía. En este sentido, el pensamiento del Aquinate también preveía esta necesidad, por ello, no puede entenderse su metafísica, sin su teoría del conocimiento o el hecho de que sostenga que la existencia de Dios, y por ende se su naturaleza, no nos es evidente. Previo a la solución de estas cuestiones, el santo de Roccasecca debe emprender la discusión sobre los alcances y límites de nuestro conocimiento, como lo expresaba en mi aportación anterior.

    Para Tomás de Aquino, el conocimiento humano posee un límite que está dado por su objeto primario: el ser. Es decir, sólo puede conocerse aquello que puede ser entendido a modo de ser. De ahí la importancia que reviste el tema de la analogía propuesto para este bimestre. Desde aquí, la pregunta del agnóstico no carece de sentido, pues habrá que justificar el salto que se da desde los datos otorgados por los sentidos hacia conclusiones de tipo metafísicas. En el fondo es el problema a resolver también en la multicitada frase de San Pablo. En este sentido el agnóstico tiene razón en cuestionar que de las creaturas pueda darse válidamente un salto hasta el Creador. Lo que en el fondo es lo que plateaba Alejandro al referirse al marco en el cuál se mueve la ciencia. Recuérdese cómo ya Hume criticaba la validez del principio de causalidad que es la base del pensamiento tomista en esta cuestión.

    Ahora bien, la cuestión de conceder la parte de verdad que creamos que posee el contrincante teórico, en este caso el agnóstico, soltando ciertas frases que permitan establecer el diálogo, forma ya parte del “methodo diputationis” que utiliza el mismo Tomás de Aquino en sus obras. No se puede discutir, filosóficamente hablando, si no existe un punto común. Es la necesaria apertura que se debe tener en una “Disputatio”. En ese sentido, sólo habría que cuidar lo que concedemos o explicitar el sentido en el que se dice. El mismo “methodo" lo prevé así. Por eso ante la frase “yo tampoco creo que haya un Dios que está esperando agazapado que uno se porte mal para condenarnos”, mereciera unas distinciones por las conclusiones a las que conduce, ya que la frase, por sí misma es anfibológica: DISTINGO la primera parte: Si la fuerza se encuentra en la primera parte, “Yo tampoco creo que haya un Dios”, entonces niego la conclusión que se sigue, pues se estaría concediendo la conclusión del ateísmo. DISTINGO la segunda parte: en cambio si la carga de la frase se encuentra en la segunda parte, “que esté agazapado esperando a que uno se porte mal para condenarnos”, entonces concedo la conclusión que se sigue de ella, pues se acepta la negación de la existencia de una visión caricaturesca de un Dios policía, que a todas luces es contraria a los principios de la fe revelada que profesamos. Eso fue lo que Alejandro hizo en su ejemplo de la energía nuclear, distinguió para evitar equívocos.

    Y ya que estamos en cuestiones lógicas, me permito retomar aquello sobre la diferencia entre religión y superstición. El autor que afirmaba que la superstición acepta una imagen distorsionada de Dios, comete una petición de principio, pues, habría que empezar por demostrar primero que la imagen de Dios que el contrincante a tal postura posee sobre Dios, es efectivamente la verdadera. Yo creo que eso es precisamente lo que esta “Queaestio” intenta dilucidar, al plantearse, si podemos conocer que Dios es y si es posible conocer qué es Dios.

    Publicado por Jorge Luis Ortiz Rivera el 18 de Agosto de 2009
  • Bueno es ese recuerdo del tema de "la superstición".Todos sabemos que el formidable caballo de batalla de los ateos es ese enrostrar de "superstición" a todo aquello que tenga tinte religioso.Y eso ha tenido su buen origen en la ciencia,no,por cierto, en la de aquellos cientìficos que reconocen las limitaciones de la misma y el debido respeto por lo trascendente,por la Fe,sino aquellos "henchidos de vana ciencia".Y el mundo actual está muy impregnado de aquellos errores que difundió Descartes desde 1619 y hasta 1637 en que publica su "Discurso del Método",que precisamente tiene ese título con el aditamento, a veces no mencionado, de que es para.. "buscar la verdad en las ciencias".Yo creo que el problema radica en eso que señala Jorge Luis Ortiz al decir que quiere retomar la diferencia entre religión y superstición."Pues el mundo actual sigue el programa tratado por el filósofo nacido en La Haye en 1596:el predominio de la ciencia,y esta como una praxis,que hace del hombre amo y señor del mundo.Por tanto para esos "científicos",todo religioso es un superticioso.Y a ese hombre,henchido de vana ciencia,no le preocupa si aquel a quien reprueba acepta "una imagen distorsionada de Dios";ese Dios no le preocupa,porque ya lo ha radiado de la vida social.Es ese un hombre que acepta verdades que no pueden probarse con "su" ciencia y es por tanto un supersticioso,y por ende un dañino.Ese espìritu cartesiano,que florece en el siglo XVII va a desembocar en la revolucíón industrial,la sociedad consumista,la manipulación genética y otros males que presenciamos.Frente a todo esto,va mi interrogante:¿podremos nosotros,-en aras de un apostolado que busque convencerlos o atraerlos,-darnos "el lujo" de comenzar siquiera una frase que esté encabezada con "yo tampoco creo en Dios..? A título casi satirico diría que ,con el poder omnímdo de desinformación que poseen los grandes medios de comunicación,si tal polémica fiera dada a conocer,la frase sería convenientemente truncada y se informaría esto:"..yo tampoco creo en un Dios...."y en definitiva,el agnóstico o el ateo saldrían triunfantes,pues las grandes masas recibirìan ese mensaje,conveniente al "pensamiento único".Estimados amigos,es otra reflexión en voz alta que me hago cada noche,cuando paso a sintonizar este magnífico foro en el que,con toda razón,en palabras de Jorge Luis, se quiere dilucidar si podemos conocer a Dios y que es El. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 19 de Agosto de 2009
  • Estoy de acuerdo con la opinión de Jorge respecto a la forma de encarar el apostolado de las masas. Hay que tener cuidado con las palabras que uno echa al viento, porque pueden ser malinterpretadas y causar más confusión.

    Sin embargo, no era a ese tipo de apostolado al cual me quise referir. El enfoque que propuse (basado en mi experiencia en los ambientes agnósticos) es el apostolado de confidencia personal. Son las conversaciones de café íntimas con el amigo. La aproximación que sugiero tiene base epistemológica tomista: todo error tiene dos principios, el principio de movimiento y el principio de negación. Mi sugerencia es acercarse usando el principio de movimiento, para de a poco ir mostrando el principio de negación. Eso es lo que quise explicar con el ejemplo, que me disculpo si no se entendió. Otro ejemplo análogo al que puse antes, fuera del ámbito de ingeniería, es el siguiente:

    1) En este restaurante hay mucho ruido, pero se come bien. 2) En este restaurante se come bien, pero hay mucho ruido.

    La primera sentencia está dirigida a convencer que vaya al restaurante una persona que le gusta comer bien. La segunda está dirigida a convencer esa persona que no vaya al restaurante.

    La razón por la cual señalé esto es que, si bien hay intelectuales (científicos, filósofos, escritores, etc.) claramente soberbios, hay muchísimos que no lo son, y que tienen muchas virtudes humanas mezcladas con sus defectos. En mi experiencia, la mayoría de los intelectuales agnósticos son buenas personas, y encararlos remarcando el principio de negación de su error agnóstico es pedagógicamente errado, produce el efecto contrario. Y recordemos que el objetivo es traerlos al redil, no es asegurarnos que se condenen.

    También es importante darse cuenta que, si bien el apostolado tiene elementos en común con la propaganda, esos elementos en realidad son más accidentales que esenciales. Ya que en el apostolado es el Señor el que actúa a través (o a pesar) de nuestra intervención. De hecho, estas conversaciones tan amenas que estamos teniendo por Internet en este foro también participan de este principio.

    Publicado por Alejandro Clausse el 21 de Agosto de 2009
  • Claro el aporte de Alejandro.Pero me permitiría poner a reflexión un punto que me parece digno de mención.El señala que: remarcar "el principio de negación de su error agnóstico es pedagógicamente errado".Pienso que tal vez eso sería de plena aplicación si ese intelectual que estamos tratando de "traer al redil"no está imbuído del "dogma del relativismo",que se abre camino en forma por demás alarmante en estos tiempos. Pues en estos momentos,como ha señalado con meridiana claridad Mons.Héctor Aguer,Arzobispo de La Plata:"El dogma del relativismo nos ha escamoteado el sentido de la verdad". Si ese intelectual,científico,o lo que sea,-con quien polemizamos-, afirma que "la verdad no existe" nuestros argumentos ya no pueden ser los mismos.O mejor dicho,ya no hay base común para plantear la polémica.Todo ha sido quebrado en cuanto a vías de entendimiento.No podemos hacernos ilusiones de que hay puntos en común.Error que hemos visto,por otra parte,en tantos errados diálogos y "ecumenismos" que se han sucedido desde el Concilio Vaticano II,-gestor de tantos errores,por que no decirlo,-en los que se trata de señalar puntos en común y no se ve,o no se quiere ver,lo que separa,uno de cuyos puntos es la disposición a la verdad objetiva y la convicción de que esta existe y puede ser alcanzada. La actitud de Pilato,con su pregunta:¿Que es la verdad?,fue acompañada de su actitud desdeñosa de volver la espalda a quien es la Verdad y la Vida.¿No es la de estos tiempos? El desembocar,en estos tiempos que nos toca vivir,de aquellos principios cartesianos a que nos referimos,ha dado lugar a esta eclosión dogmática de relativismo,que niega la verdad,una verdad objetiva. Por consiguiente,ese intelectual a quien nos dirigimos,con virudes humanas mezcladas con defectos,que todos tenemos,-es cierto,-está inmerso,como todos nosotros,en este mundo dogmáticamente relativista,y aquel Procurador del Imperio Romano,-que sometió a plebiscito popular la Verdad,-sigue presente haciendo oir su pregunta. Saludos.

    Publicado por Jorge Andregnette el 22 de Agosto de 2009
  • Estimados amigos:

    Entiendo que es verdad que es importante el modo en que nos dirijimos al no creyente y también es importante el cuidar los contenidos. A mí me parece que la solución va por el lado del rigor conceptual, y por eso Santo Tomás es imprescindible.

    Quiero decir, que a la vez debemos evitar dos cosas: deformar la verdad, y cargar al no creyente con pesos innecesarios. Y eso exige rigor conceptual. Dicho de otra manera: la verdad es la mejor política. Porque es la misma verdad la que pone límites a lo que podría ser una actitud cerrada o excesivamente maniquea de parte del creyente.

    Y para eso, nadie como Santo Tomás. Recordemos por ejemplo que en su tiempo sostuvo contra la mayoría de los teólogos católicos que Dios podría haber creado un mundo sin comienzo si hubiese querido, cosa que sólo por la Revelación sabemos que no ocurrió. A muchos les parecía que con esto negaba el carácter creado del mundo. Pero por el contrario, lo que hacía era mostrar que lo fundamental de la creación no es la "patada inicial", sino la fundamentación actual en el ser. Y eso lo hacía, simplemente, porque esa es la verdad, y es más acertado intelectualmente que su contrario.

    Por eso, se falsea (falseamos, muchas veces) la perspectiva tomista de dos modos: o insistiendo sólo en lo que nos separa del no creyente, o disimulándolo. La verdad se levanta siempre por encima de los errores opuestos entre sí y reconcilia siempre los contrarios, en lo que tienen de verdadero, claro.

    No hay nada más sano intelectualmente que la luz. El filósofo cristiano debe hacer luz en las cuestiones, y para eso, debe tener la actitud de rigurosa objetividad que tenía Santo Tomás, que dijo también aquello de "no te fijes quién lo dice, sino qué dice".

    Porque como dice San Pablo, todo es nuestro, nosotros de Cristo, y Cristo de Dios. Santo Tomás vivió ejemplarmente esta verdad a nivel intelectual. Lo que el tomista debe mostrar al no creyente es que la verdad cristiana y católica engloba toda verdad simplemente humana y la potencia al infinito.

    Ahora bien, esto no lo puede hacer, por otra parte, si por razones "tácticas" aceptar partir de principios errados que son los que predominan en su tiempo. El diálogo según el espíritu del tomismo es algo complejo, mucho más rico y tensionado que la mera estrategia de relaciones públicas. El cristiano y el no cristiano sólo pueden estar de acuerdo cuando el segundo se haya vuelto cristiano. Dicho de otro modo: la única fuerza que tiene la verdad radica precisamente en su desnuda objetividad. Ella le muestra al no creyente cuánto coincidimos con él en tantas cosas que él tal vez ni siquiera sospechaba, y también, cuán grande es aún la distancia entre lo que nosotros profesamos y lo que él sostiene.

    Por eso a nosotros nos toca siempre la doble vigilancia de no conceder lo que es falso, y no negar lo que es verdadero, que se resume en un solo, simple y sencillo principio: amar únicamente la verdad.

    En el tema de la Omnipotencia divina, Santo Tomás enseña que la omnipotencia se dirige solamente a lo posible, no a lo imposible, es decir, a lo contradictorio. Una piedra tan pesada que Dios no la pueda mover es contradictoria e imposible, porque al ser creada por Dios, depende totalmente de Él en su mismo ser, y al mismo tiempo, no depende de Él en algo agregado al ser, que lo supone y por tanto depende de él, como es el movimiento. La diferencia entre el Omnipotente y el que no lo es, no es que el primero pueda hacer lo imposible, sino que puede hacer todo lo que de suyo es posible, mientras que el segundo, no.

    El principio de no contradicción vale también para Dios, en en sentido de que Dios mismo es el fundamento último del principio de no contradicción, pues éste se basa en la oposición irreductible entre el ser y el no ser, y Dios es el Ser mismo Subsistente.

    Dios "no puede" hacer lo contradictorio; Santo Tomás dice que es mejor decir que lo contradictorio simplemente no puede ser hecho. Pero eso no es una limitación del poder divino, como no sería limitación la de aquel arquero que tira tan bien que no puede errarle al blanco. Lo contradictorio es el no ser, y hacer el no ser no sería perfección alguna.

    Saludos cordiales

    Publicado por Néstor Martínez el 25 de Agosto de 2009
  • En ese sentido, la frase de Alejandro:

    "Pero el poder de Dios difiere del poder humano en que es infinito, por lo tanto la secuencia es al revés: no existe nada que Dios no pueda hacer, porque lo que Dios no crea no existe. Eso no ocurre con el poder humano: algo puede existir sin que el hombre lo produzca."

    puede ser entendida de diversas maneras. Es verdad que no existe nada que Dios no pueda hacer, porque si existe algo, es que ha sido hecho por Dios, o sea, como él dice, lo que Dios no crea, no existe.

    Pero la pregunta que plantea la objeción de la piedra ilevantable no es si existe algo que Dios no pueda hacer, sino si puede pensarse algo que Dios no pueda hacer, y si, en caso afirmativo, queda en pie la Omnipotencia divina.

    La respuesta estricta sería que no a lo primero, porque lo que cae fuera de la Omnipotencia divina tampoco puede ser pensado, como sucede con todo lo contradictorio: no tenemos, propíamente, una idea del círculo cuadrado, sino solamente una expresión verbal, como dice Aristóteles: no es necesario poder pensar todo lo que se dice.

    De esa respuesta negativa no se sigue que Dios pueda crear una piedra así, porque la razón de que no pueda pensarse tal piedra no es que Dios pueda hacerla, sino que es contradictoria.

    Lo que Dios no crea, no existe, pero hay muchas cosas que son posibles en sí mismas, y Dios no las crea, como por ejemplo, un puente que cruce el Atlántico. Ellas sí caen bajo la Omnipotencia divina, porque si Dios quiere, puede crearlas.

    Saludos cordiales

    Publicado por Néstor Martínez el 25 de Agosto de 2009
  • El párrafo que dice:

    "De esa respuesta negativa no se sigue que Dios pueda crear una piedra así, porque la razón de que no pueda pensarse tal piedra no es que Dios pueda hacerla, sino que es contradictoria."

    se entiende mejor así:

    "De esta negativa no se sigue que Dios pueda hacer eso que no puede pensarse, que es justamente lo que se niega, porque la razón de que no pueda ser pensado algo que Dios no puede hacer, no es que Dios pueda hacerlo, sino que eso no podría ser hecho precisamente porque es contradictorio y por tanto impensable".

    Saludos cordiales

    Publicado por Néstor Martínez el 25 de Agosto de 2009
  • Damos por descontado que no debemos "deformar la verdad".Esa sería una actitud desleal,indigna de quienes aceptan la existencia de la verdad objetiva,válida para todos. Entiendo,por tanto, que debemos contemplar la situación actual,-y a eso se refería mi última intervención,-a la de un "apostolado de confidencia personal"al que acertadamente se refería Alejandro. Porque podemos encontrarnos con lo que era ,-o es todavía,-mas habitual,o sea con aquel intelectual que,partiendo de bases nobles, honestas,diría yo,se resigna ante lo inconmensurable de la verdad,o bien,mas recientemente,ante otro intelectual,fenòmeno de actualidad,que niega la verdad objetiva, la que tiene validez para todos. Ese dogmático del relativismo es un fenòmmeno de nuestro tiempo. Ese relativista no es tolerante,y a veces cuando se encuentra con alguien que le plantea la existencia de un verdad objetiva se molesta,saliendo a relucir lo falso de su postura,pero no transando en apearse de ella. A esta "cultura del relativismo" no le interesa si existe la verdad,mas bien,ella no existe.Y entonces,en general, al imponer sus dogmas de relativismo,aunque suene contradictorio,se siente satisfecha cuando todo termina en un "consenso".Generalmente con abdicación de la verdad.A esto se ha referido Mons.Michel Schooyans,expresando que: "no se harán referencias a ningún principio fundamental,porque todas las referencias fundamentales han sido eliminadas...bajo la apariencia de "tolerancia",o de "pluralismo",se nadará en el relativismo,corolario fatal del agnosticismo y del escepticismo."(Rev.E-Aquinas.Abril 2005.Pg.9.) A este problema me refiero,es de actualidad,y como interesados en el resplandor de la verdad("Veritatis Saplendor"),no nos puede ser ajeno. Saludos. Ante ese debemos encontrar un método,si es que podemos acometer con probabilidades de éxito tal empresa.

    Publicado por Jorge Andregnette el 26 de Agosto de 2009
  • Perdón,corrijo dos erratas:"fenómeno" y "Veritatis Splendor". Queda hecha la salvedad. Gracias.

    Publicado por Jorge Andregnette el 26 de Agosto de 2009

Nova responsio

La disputatio de este número está cerrada.