De la analogía

Época II Año 7 Número 4 Julio - Agosto 2009

Quaestio

La primera cuestión a plantear en la disputatio de este mes de agosto, a partir de los textos propuestos en la lectio, es si es posible usar bien la analogía de proporcionalidad bien la analogía de atribución para hablar de Dios.

Responsiones

  • Estimados amigos:

    Quisiera aclararme el estado de la cuestión en torno a la analogía en Santo Tomás, al menos según los textos presentados.

    En estos textos, Santo Tomás habla a veces de la analogía como “proporción”, y otras veces, como “relación”.

    Cuando habla de la analogía como “proporción”, distingue a veces entre analogía de “proporción” y analogía de “proporcionalidad”, y otras veces, entre la analogía de “muchos a uno” y de “uno con uno” o “uno a otro”.

    La analogía de “proporción” implica una “proporción mutua” y una relación “recíproca”, y por eso no puede aplicarse a lo que decimos de Dios. La de “proporcionalidad”, al no implicar esas cosas, sí puede ser camino para decir algo de Dios.

    En cuanto a la analogía de “muchos a uno”, es rechazada por que implicaría algo previo a Dios y las criaturas. Sí es válida la analogía de “uno a otro”.

    Da la impresión que se hablase aquí de tres analogías diferentes: una, en la que varios guardan relación a uno, otra, en la que uno guarda relación a otro, y otra, en la que hay una semejanza de relaciones entre dos pares de cosas. Habría que ver si y cómo se puede reducir esto a la alternativa “atribución” o “proporcionalidad”.

    La cuestión sería, finalmente, para los casos que se admiten como aplicables a nuestro lenguaje sobre Dios, si esta analogía de “uno a otro” es lo mismo que la analogía de proporcionalidad, o algo distinto. En el primer caso, parece que no habría otra analogía que la de proporcionalidad, para hablar de Dios, en el segundo, ¿se podría considerar que esta analogía de “uno a otro” es la de atribución?

    Es interesante de todos modos que la analogía de “uno a otro”, en una de las clasificaciones, venga dentro de la analogía considerada en general como “proporción”.

    Por supuesto que esta forma de plantear el tema se limita a los textos presentados y habría que ver si no hay otros textos de Santo Tomás sobre la analogía que agreguen datos al tema.

    Saludos cordiales

    Publicado por Néstor Martínez el 1 de Agosto de 2009
  • Propongo la siguiente aproximación a esta cuestión (a riesgo de simplificar demasiado): los dos tipos de analogía en cierta manera se corresponden con las dos operaciones centrales del conocimiento. Atribuir por analogía es por ejemplo decir que un alimento es sano, lo cual es una síntesis por la cual se reconoce en el analogado secundario (e.g. la comida) un género superior (salud) propio del analogado principal (el ser humano que se alimenta); es decir se encuentra un principio, se induce. Encontrar una proporción análoga es por ejemplo decir que el calor fluye desde lo más caliente a lo más frío de manera semejante a como el aire fluye desde donde hay más presión a donde hay menos. Es lo que en matemática llaman un isomorfismo. Aquí, en cierta manera se está deduciendo.

    Aquino usa los dos tipos de analogía para describir aspectos de Dios. Un ejemplo tomista de atribución análoga es: “por semejanza podemos afirmar que algo le damos a Dios, en cuanto Dios acepta lo que le damos” (Suma contra los gentiles, 1, 93). Un ejemplo tomista de proporción análoga es que nuestro intelecto práctico es a lo que conoce, como Dios es a lo que conoce (Suma teológica, 1-2.3.5 ad1).

    O sea, se puede usar ambos tipos de analogías para referirse a Dios. Pero lo importante es que realmente sea una analogía, y no una equivocación. En ambos casos hay algo en común, pero en la analogía lo que es común es esencial (al menos parcialmente en el aspecto que se está considerando), mientras que en la equivocación lo que es común es accidental. Equivocamos cuando “estiramos” la analogía más allá de lo que la analogía lo permite. Por ejemplo: si Dios es todopoderoso debería poder crear una piedra que El no pueda levantar. Una manera de ver resolver esta inconsistencia es darse cuenta que decimos que Dios es todopoderoso por analogía con un hombre con mucho poder. Pero el poder de Dios difiere del poder humano en que es infinito, por lo tanto la secuencia es al revés: no existe nada que Dios no pueda hacer, porque lo que Dios no crea no existe. Eso no ocurre con el poder humano: algo puede existir sin que el hombre lo produzca.

    Publicado por Alejandro Clausse el 17 de Agosto de 2009
  • Estimados amigos:

    Continuamos la reflexión sobre la analogía, apuntando a clarificar en lo posible el concepto, teniendo en cuenta la intervención de Alejandro.

    Para plantear de modo general el tema de la analogía se podría partir de esta pregunta: ¿De qué modo se puede aplicar a un sujeto un predicado en un sentido en parte igual en parte diferente a aquel en que dicho predicado se atribuye a otro sujeto?

    Parece evidente que ambos sujetos tienen que tener algo en común y algo que los distingue, y que el término análogo que se predica de ambos debe coincidir sólo en parte con eso común.

    Sin embargo, lo de "común" se niega por parte de los que dicen que entre Dios y la creatura no hay nada "común", propiamente hablando, sino que solamente la creatura se asemeja al Creador, sin que el Creador por su parte se asemeje a la creatura.

    El tema de la analogía en el discurso sobre Dios, por otro lado, es parte nada más del tema de la analogía en general, como lo muestra el ejemplo de "sano". Es posible que eso de lo "común" funcione en las analogías que no tienen a Dios como uno de sus sujetos análogos.

    Pero eso deja en pie el problema de encontrar una noción general de "analogía" que se aplique a todos los casos.

    Queda la noción de "semejanza". Lo que requeriría la predicación analógica es una cierta semejanza entre diversos sujetos, en base a la cual, un mismo término se predicaría de todos ellos, con un sentido que, junto con esa semejanza, incluye también una diferencia. Algo así como la misma cosa, realizada diversamente cada vez.

    Eso es claro en el caso de la atribución, por ejemplo, "sano". La salud está en el animal como en su sujeto, en la medicina como en su causa, en el color del rostro como en su signo manifestativo.

    No parece una analogía de proporcionalidad, porque la relación que hay en cada caso entre la salud y el sujeto de la proposición es diferente: el animal es el sujeto de la salud, la medicina, su causa, el color del rostro, su signo. Mientras que la analogía de proporcionalidad se basa en una semejanza de relaciones: 3 es a 6 como 4 es a 8.

    Se podría preguntar si en esta analogía matemática hay semejanza o identidad de relaciones, a saber, la relación de la mitad al todo. Tal vez se pueda mantener que hay sólo semejanza, si pensamos que la relación de 3 a 6 no es solamente la de la mitad al todo, sino además la relación específica que hay entre esas dos cantidades, que incluye, por ejemplo, que el segundo surge de sumarle 3 al primero.

    Aquí viene otro problema, que es si la semejanza, en la analogía, designa solamente lo de "en parte igual"; o también lo de "en parte diferente". Es decir, si la semejanza es una identidad, que va acompañada de una diversidad que no es parte de la semejanza misma, o si "semejanza" quiere decir a la vez una identidad y una diversidad.

    Sea como sea, al final parece que tiene que haber una identidad bajo algún aspecto, si no, la misma "semejanza" quedaría sin base alguna. Por ejemplo, Santo Tomás enseña que en la predicación analógica respecto de Dios, la perfección afirmada es la misma, el modo en que esa perfección se da en Dios, es diferente y no es alcanzable por nosotros en esta vida.

    Eso de que la perfección es "la misma" parece afirmar la identidad a ese nivel, y la semejanza global, de la creatura respecto del Creador, estaría dada por agregarle a esa identidad en la perfección en cuestión, por ejemplo, la "bondad", la diversidad entre los modos de darse esa perfección en ambos casos, es decir, en Dios y en nosotros.

    Según esto, entonces, la semejanza incluye a la vez la identidad y la diferencia, bajo distintos aspectos, obviamente.

    Se podría pensar que a esto hay que agregar que nuestro concepto de "bueno" está inevitablemente marcado por la finitud, por lo que aquí surgiría otra diferencia más: no sólo no captamos el modo divino de la bondad, sino que tampoco captamos la bondad en sí misma sin agregarle la finitud propia de nuestro modo de ser y de conocer.

    Pero a esto se podría responder que la bondad en sí misma es precisamente la Bondad divina, Bondad Subsistente, y que entonces, todo lo "analógico" de nuestro conocimiento viene exclusivamente de la limitación que nos es propía.

    Se podría ver de extender lo que Santo Tomás dice acerca de la perfección y el modo en que ésta se realiza en cada caso, a los otros casos de analogía, por ejemplo, a "sano". La salud, decíamos, está de un modo en el animal, de otro modo en la medicina, de otro modo en el color del rostro. Esto parece funcionar entonces con la analogía de atribución, hay que ver qué ocurre con la de proporcionalidad.

    En el caso de 3:6 y 4:8, se puede decir que la misma perfección, es decir, el ser la mitad de algo, se da de modos diferentes en ambos casos: en un caso implica que el mayor es tres unidades más grandes que el menor, en el otro, que es cuatro unidades más grande. En un caso, es una relación entre un impar y un par, en el otro, entre dos pares. Etc.

    La ventaja que esto tendría sería ver que la distinción tomista entre las perfecciones y el modo en que existen no es aplicable solamente a Dios, sino que el Aquinate aplica a la analogía teológica lo que es propio de la analogía en general.

    Pero sigue habiendo una diferencia, y es que en el caso de Dios, el modo divino de las perfecciones no lo podemos conocer en esta vida. En este sentido, la noción de "analogía", aplicada a nuestro conocimiento de Dios, tiene algo de la limitación propia de nuestro conocimiento, que no parece tenerlo cuando se aplica a ejemplos como el de "sano", en el cual podemos conocer todos los modos en que se da la perfección "salud".

    Dicho de otra manera, en ejemplos como el de "sano", la limitación de la perfección es solamente ontológica: hay un solo "analogado principal", el animal, en el cual la salud se realiza en forma sustancial, en los otros, se realiza en forma derivada, imperfecta, secundaria.

    Mientras que en la analogía teológica, la limitación es también gnoseológica, porque en uno de los analogados, Dios, el modo en que se realiza la perfección en cuestión, por ejemplo, "bondad", es infinito, y por tanto, trasciende nuestra capacidad de conocer propia de entes finitos.

    Esto del "analogado principal" hace surgir también otra dificultad, a saber: ¿es principal en sentido ontológico, o gnoseológico, o ambos, o esto varía según los casos? ¿Es "principal" porque es lo que ante todo se conoce y en relación a lo cual se conoce todo lo demás, o porque es el caso fundamental, sustancial, de realización de la perfección en cuestión?

    En el caso de "sano", parece ser ambas cosas: la salud se realiza ante todo en el animal sano, y también la conocemos ante todo a partir de esa misma realización. En las otras cosas está por relación con el animal sano, y así también es como la conocemos en ellas.

    Pero en el caso de Dios, no parece ser así. Dios es primero en el orden del ser, pero no lo es en el orden del conocer. Ontológicamente, sin duda que es el "analogatum princeps" de todo lo que se atribuye de Él, pero gnoseológicamente no parece, porque todo lo que se le atribuye ha sido conocido primero en las creaturas, ya que a Él mismo lo conocemos solamente a partir de las creaturas.

    Saludos cordiales

    Publicado por Néstor Martínez el 25 de Agosto de 2009
  • El ejemplo de la proporción numérica que menciona Néstor es útil, pero puede confundir, porque como él mismo señaló no queda claro a qué relación en común nos estamos refiriendo. Si la definimos por la relación “el segundo número es el doble del primero”, en realidad la proporción no es analógica sino unívoca. Si solamente la definimos mediante el ejemplo, hay varias relaciones unívocas posibles, y entonces más bien la proporción es equívoca. No obstante, en matemática hay otras analogías propiamente dichas. Por ejemplo, una función es una relación entre dos variables, y una funcional es una relación entre dos funciones. Pero me disculpo, no quiero ponerme demasiado matemático.

    Lo que me gustaría señalar es que en la analogía de proporcionalidad hay “similitud” entre cuatro términos (no igualdad). En una similitud hay algo común (un género o cuasi-género), y en ese sentido en última instancia se basa en la univocidad. Por ejemplo, en la analogía “el calor fluye desde lo más caliente a lo más frío, como un gas fluye desde donde hay más presión a donde hay menos”, el calor y el gas concuerdan en algo común: fluyen desde donde una propiedad física es mayor a donde es menor (temperatura en un caso y presión en el otro). Pero para que no sea una univocación, en las relaciones también debe haber algo diferente. En este caso, la cantidad de calor o gas que fluye se relaciona de diferente manera con la diferencia de temperatura o de presión: si la diferencia de temperatura aumenta cuatro veces la cantidad de calor que fluye aumenta cuatro veces, mientras que si la diferencia de presiones aumenta cuatro veces la cantidad de gas que fluye aumenta sólo dos veces. Y lo que es importante es que esta diferencia desde el punto de vista de la descripción formal no es accidental, sino esencial. Así, para que haya una analogía, debe haber algo esencial en común y algo esencial diferente. Mientras que en una univocación, no hay nada esencial diferente; si hay diferencias son accidentales. Y en una equivocación no hay nada esencial en común; lo que hay en común es accidental. Disculpen la tecnicidad del ejemplo, pero no encontré otro que me ayudara en la explicación.

    Desde esta perspectiva, el error agnóstico es sostener que todo lo que digamos sobre Dios sería equívoco, ya que sólo habría coincidencia accidental. En el otro extremo, el error fideísta afirma que lo que digamos sobre Dios sólo tendría diferencias accidentales con Dios. La posición tomista es el punto medio entre ambos extremos: cuando uno dice “Dios es padre” dice algo sobre la esencia de Dios, pero hay diferencias esenciales entre padre y Dios.

    Nunca puede haber equivocidad absoluta en nuestras analogías sobre Dios al aplicar lo que conocemos en las criaturas, porque hay una relación causal de por medio (i.e. Dios es causa de las criaturas). En cambio cuando hay equivocidad absoluta no se puede reconocer ningún orden o relación entre las cosas sobre las que se predica confusamente, ya que es totalmente accidental que un nombre se atribuya a cosas diferentes; y esto no es lo que ocurre en el caso de Dios con las criaturas.

    Hay otro aspecto importante de remarcar en el uso de la analogía para referirse a Dios. Lo que se atribuye al analogado secundario es siempre relativo al analogado primario. En realidad la predicación del analogado primario es unívoca, es la única que es absoluta. El término analógico común se predica de una cosa de acuerdo a su significado perfecto, y de otras cosas sólo relativamente. ¿Cómo se detecta cuál de los significados en un grupo analógico es el propio, el perfecto? Aquino no responde esta pregunta directamente en ninguno de sus trabajos. En la Suma Teológica (1, 13, 5) dice “El nombre predicado analógicamente de múltiples maneras significa diferentes relaciones con algo central”. Se podría inferir entonces que él sostendría que esto se logra por el seguimiento de los “vectores semánticos” que constituyen la “red” de conexiones analógicas, hasta encontrar el significado central.

    La dificultad con la analogía entre Dios y las criaturas es que nosotros sólo conocemos el significado de los nombres referidos a las criaturas, que son analogados secundarios. La analogía más fácil de manejar es la inversa, o sea es más fácil cuando se conoce el significado de una palabra con referencia al analogado principal (como cuando se dice que el cuerpo está sano) y se lo aplica al analogado secundario (como cuando se dice que una comida es sana).

    Publicado por Alejandro Clausse el 29 de Agosto de 2009

Nova responsio

La disputatio de este número está cerrada.